Capítulo 40
Las tierras de la familia en ese lugar eran bellísimas, nunca imaginé que las plantaciones de los viñedos fueran así, a simple vista y siendo protagonista en vivo esas tierras eran inmensas y las líneas de la vid perfectamente sembradas parecían no tener fin. Los colores que se mezclaban en el lugar eran preciosos e indescriptibles y el aire que se podía respirar era deliciosamente embriagador. Luego de conocer los terrenos fuimos a la planta de procesamiento principal y la tecnología que usaban me había dejado sin habla, sin contar las más estrictas normas de calidad que podía verse hasta en la vestimenta de los empleados que estaban allí para evitar contaminación. Nosotros debíamos vestir igual que ellos si deseábamos entrar por lo que Giulio desistió para no perder mucho tiempo y con ver todo a través de enormes cristales fue suficiente, usar botas y batas especiales, redes en el cabello, unas gafas y mascarilla nos haría parecer que estábamos creando y manipulando alguna especie de químico delicado y al menos ese proceso no le gustaba a él. Después de ver todo eso fuimos a las bodegas donde ya está el producto final reposando y listo para exportar, notar como Enrico y Piero sonreían con satisfacción era muy grato, pues ese era el resultado palpable de su esfuerzo como empresarios del vino que ya llevaban en el mercado más de un siglo ofreciendo la más alta calidad en sus bebidas. No les bastó eso y me llevaron a conocer lo que me habían ofrecido; las cavas en donde el preciado líquido reposaba en las barricas. El olor en ese lugar era extrañamente incitante, una mezcla de madera, frutas y fermentado alcohol lo inundaba y por orden de Enrico, uno de los empleados más allegados que nos acompañaba en el recorrido destapó parcialmente uno de los barriles y sacó con cuidado el líquido ayudado por una “venencia[31]” con destreza y delicadeza elevó el brazo y desde una altura considerable lo vertió con gracia en una copa que luego me ofreció, sonreí y la acepté. Llevé la copa a mi nariz, inhalé profundamente cerrando los ojos y luego bebí un poco, retuve el líquido en mi boca para degustarlo un momento y luego con lentitud lo tragué, gemí y me saboreé.
—¿Y bien? —me preguntó Enrico curioso.
—Sencillamente indescriptible —contesté sin dejar de saborearme—. Los vinos Di Gennaro son una delicia al paladar.
Los hombres sonrieron complacidos.
—Amo a catadoras como ella —sonrió Enrico.
—Yo también —secundó Giulio sin dejar de mirarme, viniendo de él sus palabras se podían interpretar de otra manera.
Bajé la cabeza sonriendo apenada.
—No soy profesional señor, sólo una aficionada —le hice ver al abuelo con modestia.
—Y esas son las opiniones más sinceras y acertadas —insistió.
—Lo que has probado es el sabor de nuestra calidad —me dijo Piero haciendo lo mismo al beber.
—Una calidad que nos caracteriza y nos tiene donde estamos —añadió Giulio reaccionando.
—En el lugar que merecemos —corrigió Enrico muy orgulloso y sonriente—. Los vinos Di Gennaro ocupan el puesto número siete entre los diez mejores vinos del mundo, según lo ha dicho la última edición de una prestigiosa revista americana en su sección de gourmet que nos recomienda, algo que nos impulsa a seguir dando lo mejor de nosotros y poner en alto a nuestra bella Italia.
—Y no descansaremos hasta hacerlo mejor y seguir escalando y posicionarnos entre los mejores cinco, debemos esforzarnos más —opinó Piero en su modestia.
Sonreímos.
—Y vaya que sí debemos esforzarnos más —dijo Giulio mientras caminábamos—. Desde el año pasado Francia lidera en primer lugar en producción y calidad seguido por España y Estados Unidos, definitivamente Italia ha perdido terreno y debemos recuperarlo. Este año hay que escalar posición ya que, según los paladares más exigentes el vino italiano es el mejor como también lo dice otra prestigiosa revista británica.
—Y nuestra casa vinícola es de las mejores así que no hay excusas —secundó Enrico.
Compartiendo impresiones avanzamos hacia la salida y volvimos a las oficinas principales donde los futuros clientes e inversionistas de los que Giulio me había hablado —y que ya habían llegado— nos esperaban, afortunadamente el ruso que mencionó hablaba inglés por lo que no hubo problemas para comunicarnos. A ellos también les mostrarían sus instalaciones en el mismo recorrido que me dieron a mí.
Para mi tranquilidad no se tenía planeado un almuerzo formal sino un refrigerio en un área reservada al aire libre en los jardines, cerca de las oficinas para compartir impresiones entre los señores y los inversionistas que estaban encantados, una excusa para mí que sólo me limitaba a beber y a no probar ningún bocadillo. Giulio hablaba con ellos pero con menos participación que su padre y abuelo, toda su atención la tenía yo. Los señores Di Gennaro estaban muy contentos por los posibles tratos que iban a cerrarse y que haría expandir su mercado hacia otros destinos, algo que los llenaba de orgullo y satisfacción.
—¿Te ha gustado todo? —me preguntó él acercándose a mí un momento.
—Por supuesto, esto es fascinante.
—¿Lo imaginabas así? —observó a su alrededor para disimular.
—La verdad no.
—Eloísa yo quisiera que habláramos…
—Debo ir al baño —lo interrumpí.
—¿Me estás evitando? —frunció la frente.
—No, pero los clientes, socios, inversionistas o lo que vayan a ser quieren tomarse unas fotografías con ustedes y ya sabes el problema que tengo con eso —sabía lo que ellos pensaban y para colmo al dichoso ruso ya madurito no le fui indiferente—. Por favor discúlpame con todos pero deben tomárselas sin mí.
—Claro yo me encargo y te cubro —exhaló.
—Gracias —sonreí y lo dejé.
Para cuando volví ya los invitados estaban subiendo a sus camionetas limosinas porque ya se iban, fue un alivio para mí, de menuda prueba me había liberado pero sabía que tarde o temprano tenía que lidiar con la curiosidad de la familia ya que estaba segura que habían notado que no comía como lo dijo Giulietta y que evitaba los espejos también. Tenía que estar preparada para contestar sus preguntas cuando llegara el momento.
—¿Nos vamos? —insistió Giulio.
—Vámonos —secundé.
Volvimos a las camionetas y otra vez viajaríamos de manera individual siendo los señores los que salieran primero, pero en determinado paraje él le pidió a Francesco detenerse. Estacionó la camioneta a un lado de la carretera.
—Francesco espéranos con los motores apagados —le ordenó a su chofer—. Mi asistente y yo necesitamos hablar algunos asuntos en privado y lo haremos al aire libre, lejos de la tensión de una oficina.
—Como diga señor.
Salimos de la camioneta y ante mi curiosidad, caminamos introduciéndonos entre el paisaje de viñedos por un lado y amplias colinas por el otro hasta que nos perdimos de vista y del camino principal, seguramente él conocía sus tierras mejor que nadie y debía de darle toda mi atención a lo que él deseaba del momento. Nos detuvimos a la sombra de algunos árboles.
—¿Qué sucede? —pregunté.
—Ya no puedo más Eloísa —me miró—. Esta situación se está volviendo incontrolable para mí.
—¿A qué te refieres?
—A nosotros, Eloísa necesito saberlo de ti, necesito que me digas de una vez qué es lo que quieres de mí.
—Yo… la verdad… —comencé a tartamudear desconcertada por su pregunta.
—Ya no es una relación laboral —se acercó más a mí—. Por favor ya no finjamos eso, supe quien eras de la manera más…inusual y debido a eso me confesaste quien eras pero sé que lo hiciste creyendo que me alejaría de ti por miedo pero sucedió todo lo contrario. Eloísa me buscaste creyéndome el hombre que te arrebataron, me buscaste creyendo que él podía volver a ti a través de mí, yo no soy él pero… —se detuvo cerrando los ojos y exhaló—. Si lo que soy te sirve de algo por favor acéptame.
—¿Cómo? —abrí más los ojos.
—Por favor ya no te resistas —me sujetó de la cintura—. Sé que quieres tenerme, por mi parecido con él o por lo que sea sé que lo deseas, yo puedo hacerte feliz, permite que te dé la felicidad que siglos atrás te arrebataron, como el hombre que soy, como Giulio no como Edmund, él no podrá volver a ti pero aquí estoy yo, ayúdame a ser como quieres que sea pero siendo yo, el empresario italiano no un noble inglés.
—Giulio yo…
—Piensa en las palabras de la abuela —insistió con desesperación—. Son tantas cosas extrañas y al menos tienes las respuestas que deseabas, ahora ya sabes por qué me parezco a él, míralo como una segunda oportunidad del destino, no la desperdicies, tú eres inmortal pero yo no soy eterno, aquí estoy yo ahora y lo que soy lo pongo a tus pies, tómame.
Abrí la boca al escucharlo, necesitaba digerir sus palabras.
—Yo… no esperaba esto… —bajé la cabeza.
—Prometo tener paciencia —levantó mi barbilla para que lo mirara—. Sé que me verás a mí y no a él, sé que me darás un lugar especial en tu corazón, ahora soy yo el que quiere que seas mía, lo he deseado desde que entraste por primera en vez en mi oficina, desde que tu tristeza se quedó clavada en mi mente supe que no eras una mujer común y no me equivoqué y no lo digo por tus poderes sino por tu manera de ser, eso me cautivó desde ese momento y sentí que deseaba tenerte más cerca. Desde ese momento no dejé de pensarte y sentí que debía protegerte sin conocerte porque desde que te vi sentí algo inexplicable que seguramente ahora ya tiene su respuesta. Reconozco que soy diferente, soy otra persona, una que parecía esperarte, me encontraste y no me eres desconocida, siento como si hubiera despertado de un largo sueño y ahora veo todo mejor, con otra perspectiva. Hace unos días no era nadie y ahora gracias a ti tengo un propósito, me cambiaste de manera radical y me he encontrado a mí mismo, eso lo hiciste tú. No entiendo lo que me pasa pero siento que de alguna forma he vuelto a ti Eloísa y debido a eso nunca podré volver a estar con otra mujer, tú y yo debemos estar juntos, quiero estar contigo, solamente contigo.
Estaba temblando y antes de que pudiera rechazarlo me sujetó del rostro y pegó mi frente a la suya, suspiró.
—Giulio… —susurré.
—Soy yo el que está contigo ahora y si me aceptas prometo hacerte inmensamente feliz, prometo darte la felicidad que te quitaron, prometo que volverás a tenerla, prometo vivir sólo para eso.
Quería llorar, cerré los ojos y suspiré también, lo que estaba pasando nunca me lo imaginé.
—Perdóname por lo que sucedió en la mañana —insistió—. Soy un estúpido que no se midió, no debí dudar de ti y el no estar en mis cabales me cegó más, estaba muy molesto por lo que sucedió con Antonella pero fue mi liberación y me sentí bien por haberlo hecho, me avergonzó hacerlo delante de mi familia pero todos fueron testigos de que eso ya terminó. Mi desesperación no era por ella sino por ti porque teniéndote tan cerca estás lejos a la vez, necesitaba pensar la manera de cambiar el rumbo de mi vida pero no solo sino contigo y me atormentaba saber que tú no deseabas nada conmigo. Sentí celos de Donato, los sentí desde que llegamos y su gusto por la americana no me hace confiarme, imaginé que pudo haberte seducido y que llegarías a simpatizar con él y todo eso sumado al alcohol me nublaron más la razón, luego verte venir sola, en ropa de dormir y sucia para colmo me hizo suponer muchas cosas, perdóname, no debí dudar. Cuando supe después que él no estaba en la casa me sentí mal por mi estupidez, pensé en ir a tu habitación y pedirte disculpas pero preferí darte tu espacio y que se te pasara el enojo porque sinceramente te tuve miedo, te provoqué y a pesar de eso fuiste benévola, me merecía la bofetada, olvidé quien eras. Regresé a mi habitación y sin desvestirme me lancé a la cama a llorar de rabia mi actitud hacia ti, lloré por ti Eloísa, el imaginar perderte hizo que sintiera el más insoportable hueco de dolor en el pecho como nunca antes lo había sentido, me di cuenta de lo importante que eres para mí, mucho más de lo que imaginé y por eso ya no puedo con esto. Estando en la cama me dormí sin darme cuenta y te soñé Eloísa, soñé contigo, discúlpame por el irrespeto pero lo confieso; te soñé desnuda, ¿te das cuenta del deseo que me quema por tenerte? Sí, estabas desnuda para mí, la silueta de tu cuerpo me invitaba a disfrutar de él, la parcial oscuridad te cubría pero ha sido la mejor visión del erotismo que he tenido. Noté el contorno de tus piernas, tu estrecha cintura, estabas de lado acostada en la cama y sensualmente a manera de incitarme tus caderas mostraban una copa que sostenías con una mano, la sed me secó la garganta y más que el vino deseaba probar algo más y beberme todo de tu cuerpo, me provocabas, me invitabas, he caído preso de tu seducción y ya no puedo más. Eloísa sin que muevas un dedo estoy rendido a ti y ya no soporto el seguir fingiendo y ocultarlo, no quería reconocerlo pero esto va más allá, más que deseo, más que pasión, los sentimientos son más fuertes y me dominan.
—Giulio… —estaba desconcertada ante su confesión.
—No digas nada sólo déjame besarte, no me rechaces y déjame sentirte, siente también de esta manera mi devoción hacia ti.
Sujetándome la cara me besó con fuerza e intensidad, sus labios devoraban los míos llevándolos cautivos por su dominio, me hizo abrir la boca exigiéndome entrega y su lengua comenzó a saborearme al sentir que participaba de él, era un deseo dominante, intenso, delicioso, nuestras lenguas se entrelazaban insistiendo en rogar por más, la desesperación de ese encuentro que era entre dos se estaba volviendo una sola entrega. Quise apartarme porque la llama del deseo invadió mi cuerpo pero no pude, solamente su beso envió poderosas descargas de placer que terminaron concentrándose en mi vientre, en mi vagina, para luego estallar en mi sexo como los fuegos artificiales, expandiéndose y cubriéndome en indescriptible bienestar por todo mi cuerpo, el cosquilleo y las palpitaciones en mi intimidad me excitaban más y no me podía controlar, gemí de placer junto con él. Sin saber cómo rodeé su cuello con mis brazos y al hacer eso sus manos bajaron a mi cintura, me apretó a él, fue un momento intenso en donde por fin nos correspondimos y dimos rienda suelta a lo que ya no podíamos negar ni detener, ya no podía reprimirse, quería que él fuera mío y sin darme cuenta, ya era mío. Poco a poco bajamos el ritmo, él temblaba buscando su aliento y yo también necesitaba asimilar lo que había pasado.
—Eloísa… —susurró mi nombre extasiado pegando su frente con la mía de nuevo a la vez que con ambas manos y las palmas abiertas me acariciaba toda la espalda recorriéndome de arriba hacia abajo, cerró los ojos y se mordió los labios. Sonrió complacido.
Estaba un poco aturdida sin poder reaccionar por la sensación pero aún así no me soltaba de su cuello, acariciando también su nuca como una necesidad de tenerlo así de cerca, pero antes de que pudiera yo agregar algo coherente el sonido de un rugido que llegaba con el viento me alertó, abrí más los ojos y bajando mis manos a su pecho me separé un momento para verlo, él no dejaba de sonreír por haberle correspondido pero al ver mi expresión se desconcertó, reaccioné tarde. Una ráfaga más fuerte con sonido de truenos nos azotó con violencia separándonos, yo caí a un lado pero el voló a varios metros más adelante, su grito congeló mi sangre y más cuando lo vi, James en su forma de hombre lobo sin importarle nada lo tenía del cuello y suspendido del suelo aprisionándolo en uno de los árboles, mi corazón se detuvo cuando vi el pecho de Giulio sangrar, James le había dado un zarpazo dejándole tres marcas de sus garras en su piel. Giulio lo miraba horrorizado porque jamás se esperó ver algo así y aunque se sujetaba de la muñeca de James sabía que nada podía hacer, con sólo un movimiento el licántropo le destrozaría el cuello matándolo en el acto y lo iba a hacer, estaba palideciendo. Rápidamente corrí hacia James para detenerlo antes de que lo matara en su furia, me quité el cinto de plata que llevaba y brincando sobre su espalda le rodeé su cuello con el mismo, lo apreté intentando asfixiarlo para que se debilitara, rugió con más fuerza mostrando todos sus colmillos, la plata le hacía daño, lo quemaba.
—Basta James ¡suéltalo! —apreté la cadena, él no dejaba de rugir y moverse con fuerzas a modo de que me cayera de su espalda.
Soltó a Giulio quien cayó al suelo inconsciente y él mismo también debilitado se puso en cuatro patas quedando yo en su lomo montándolo.
—Déjalo James, por favor no le hagas nada, yo no quiero lastimarte tampoco —insistí.
Confiando en él lo solté, la plata más mi fuerza le marcó el cuello y me dolió verlo así. Se incorporó y sacudiendo la cabeza me rodeó, retrocedí a campo abierto a modo de alejarlo del cuerpo de mi jefe y distraerlo, estaba furioso, no dejaba de rugir y sólo media el tiempo para atacarme. Sabía que ya estaba cansado de esta situación que nos rodeaba y era el momento de decidir, temía por lo que pudiera pasar.
—James transfórmate en hombre, tenemos que hablar.
Caminando lentamente en sus cuatro patas, rodeándome y sin dejar de verme y rugir sacudió la cabeza otra vez pero en señal de negación. Me mostró sus colmillos.
—No vas a hacerme nada, lo sé —insistí.
Noté como su mirada se volvió hacia Giulio que estaba ajeno a todo y temía por las heridas que tenía en su pecho, no dejaba de sangrar. Se impulsó para querer atacarlo y yo me interpuse.
—No James, lo sabes, no vas a hacerle nada porque tendrás que pasar sobre mí —sujeté con fuerza mi cinto y lo tensé amenazándolo.
Estaba furioso, no dejaba de rugir y mostrar sus colmillos, yo retrocedía más a modo de que me siguiera.
—Tu problema es conmigo no con él —insistí—. Mi jefe no tiene la culpa de parecerse a Edmund, fui yo la que lo buscó, él es inocente James, descarga tu ira conmigo no con él. Por si no te has dado cuenta ya me metiste en un buen lío, míralo, está herido e inconsciente, ¿qué crees que le voy a decir a su familia? Esta situación va a propiciarme un despido James, ¿ya estás contento?
Se sacudió y frente a mí se transformó en hombre pero no desnudo esta vez sino con lo que le quedaba de un jean roto y gastado que no llegaba a sus pies sino a sus pantorrillas, estaba descalzo y con su sudado torso haciendo que la luz del sol le mostrara brillo en su bronceada piel.
—Te lo dije —sentenció—. No serás de él, ¿me crees estúpido? Le correspondiste en ese beso, te encendió al deseo, algo que no me permites a mí, es doloroso Eloísa, no tienes idea de cuánto.
Sus ojos brillaban reteniendo las lágrimas, estaba dolido no podía negarse y también me dolía verlo así, yo lo consideraba mi amigo pero desgraciadamente yo no era lo mismo para él.
—James no hagas una locura —necesitaba persuadirlo—. Acabas de cometer un error muy serio, atentaste contra la vida de un importante empresario italiano, tú podrás huir y escapar pero yo no porque esto que pasó me convierte en la principal sospechosa, van a arrestarme y si muere… —me detuve y respiré tranquila, no quería pensar, necesitaba controlarme—. Van a condenarme.
—Vendrás conmigo.
—No voy a huir, eso será peor, daré pie para que crean que yo tuve algo que ver, desgraciadamente no puedes herirme de la misma manera y hacer parecer todo un asalto o algo así. La policía creerá que yo fui la culpable, nada de lo que diga les hará creerme.
—Poséelos como siempre lo haces, entra en su mente y haz lo que quieras con ellos, podrás escapar, no entiendo tu preocupación.
En ese momento sentí la presencia de alguien más, no era Damián, miré a mi alrededor pero no lograba verlo, su olor era inconfundible y al notarme James también lo supo, su olfato era mucho más agudo que el mío.
—¿Lo sientes? —preguntó—. ¿Otro problema con el que tengo que lidiar?
—Cómo es posible… —susurré dando vueltas en mi mismo sitio sin lograr entender.
—No entiendo como no lo has sentido antes, te ha seguido desde hace mucho tiempo, nos hemos visto frente a frente, nos odiamos, él me ve con desprecio y yo deseo hacerlo pedazos. ¿Quién es Eloísa? ¿Por qué te sigue?
—No creí que continuara existiendo —volví a susurrar—. ¿Cómo es posible que se pasee a plena luz?
Miré al cielo, era un atardecer pero siempre había la suficiente claridad, no era posible que con los siglos fuera más fuerte.
—Hola preciosa —le dijo a mi mente—. Es un enorme placer volver a verte.
Lo escuché con tal claridad como si lo tuviera frente a mí.
—¿Cómo es posible que…?
—¿Que aún exista? —me interrumpió—. La vida que nos ha tocado es tan excitante como también aburrida, ¿no crees? La soledad y el vacío son una tortura insoportable y el castigo a nuestra condición.
—¿Qué quieres?
—A ti, esta vez te quiero a ti, vine por ti —contestó sin rodeos.
Mi sangre se congeló.
—¿Quién es Eloísa? —insistió James—. No me importa dejar la vida quitándolo de este mundo y mandándolo a las tinieblas donde pertenece, sé que te busca, te sigue, te quiere para él. ¿Quién demonios es ese tipo? ¿Cuándo se conocieron?
—Hace muchos siglos… —contesté mecánicamente.
Debía alejarme, debía dejar la Toscana, a la familia Di Gennaro, a él y mi lugar en la empresa, la situación era muy peligrosa y hasta de mi Caterina debía alejarme dejándola con ellos, no lo pensé y me entristecí, nunca lo imaginé. Lo que me seguía era mucho más que una sombra tenebrosa, mucho más que un señor de la oscuridad, un depredador peor, en comparación lo que yo hice no fue nada, él me supera con gran magnitud, yo fui un hada dulce de cuentos y mis actos se quedan como juegos. Él era mucho más que la maldad reencarnada, su dominio era irracional, un asesino letal, era uno de los ángeles negros sedientos de sangre, era el significado de la muerte para todos los que me pudieran rodear si él estaba cerca de mí acechándome. Era fiero, descabellado, lo sentía, se había fortalecido de manera exagerada y tenía un poder mucho más ilimitado que yo. El darme cuenta de su presencia y saber que estaba tras de mí hacía que no soportara la tensión que mi cuerpo estaba sintiendo.
—Un príncipe como pocos —dijo Damián entrando en escena jugando sutilmente con su bastón.
—No es un príncipe —repliqué sin pensar.
—Pues te informo que ahora lo es —insistió—. Un príncipe que tiene en su poder una inmensa riqueza y como bien piensas se ha fortalecido con el paso de los siglos. Es poseedor de una legión incontrolable e ilimitado poder Eloísa, no lo provoques y será mejor que cedas gustosa a sus caprichos.
Miré a Damián y su manera burlona de sonreírme al mismo tiempo que miraba a James con una extraña satisfacción que me asustó.
—Nunca —sentenció James desafiándolo.
—Tú ya no serás un dolor de cabeza para mí.
—¡Basta! —supliqué—. Por favor ya basta con todo esto.
—Tienes razón —secundó James mirándolo—. Ya basta con esto y hoy será el día que todo acabará.
Rugiendo su rabia se transformó en lobo y sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre Damián, quien con un solo movimiento de su mano lo elevó por encima de él lanzándolo a varios metros. Aulló de dolor al caer.
—Tienes razón pulgoso insolente, hoy será el día que todo acabará pero para ti —le sentenció.
—¡No, Damián! —me quité mi chaqueta y corrí hacia él para detenerlo cuando caminaba hacia James que estaba aturdido en el suelo.
Lo sujeté por detrás pero al extender sus brazos algo salió de su espalda clavándose en mi pecho y haciendo que también volara con fuerza a varios metros de distancia, al caer al suelo arrastré una polvoreada que también labró otro camino entre las colinas toscanas, eso no iba a tener explicación lógica para quien lo mirara. Al ver eso James no dudó en incorporarse y correr para atacar a Damián que me miraba furioso, lo que salió de él fueron sus alas demoníacas con las cuales me había herido y las cuales volvió a esconder. Sacudí la cabeza para pensar con claridad y al menos sentí alivio al ver que él todavía seguía en el suelo, inconsciente pero estaba allí en cambio el otro… se había ido, su presencia que sentí a distancia había desaparecido dejándonos a todos allí en esa batalla entre potestades que llegaría a su final y en la cual él no tenía nada que ver.
Escuchar el aullido de James otra vez me hizo reaccionar, Damián lo había golpeado con tal fuerza que hizo un cráter en el suelo, otro asunto que no tendría explicación. La bestia estaba siendo sometida por él.
—¡Damián basta! —corrí de nuevo hacia él sintiendo el dolor de mis heridas que tardaban en desaparecer.
Estaba sobre el lobo y con su bastón amenazaba con ahorcarlo apretando su cuello, James se retorcía en debilidad, sangraba por las llagas que lo quemaban, en mi velocidad sujeté a Damián de los hombros y con todas mis fuerzas lo aparté de James lanzándolo también a una distancia considerable. Al caer, la tierra tembló y el cielo claro comenzó a oscurecerse en truenos y nubes que cubrieron todo o al menos a nosotros, el viento también comenzó a azotar con más fuerza, el demonio estaba furioso.
—Serás castigada Eloísa —su voz como los mismos truenos me amenazó cuando auxiliaba a James que débilmente se había transformado en hombre ya—. Por osar provocarme, desafiarme y enfrentarme sin el más mínimo respeto voy a castigarte. Te llevaré al inframundo y en la más oscura, húmeda y pútrida prisión después de ser azotada con ardiente fuego pasarás una buena temporada, así que ve despidiéndote de tu italiano y de todo lo que ha sido tu vida inmortal. Te pudrirás de esa manera hasta que tu inmortalidad te deje o yo decida quitártela y tu alma me pertenezca para ser atormentada por toda la eternidad. ¿Crees que el dichoso lago de fuego y azufre es sólo para mí? Antes de que eso ocurra ya me habré llevado a miles de millones y millones y tú vas a esperarme allá, eso te lo aseguro.
—James… —susurré al verlo herido, no hice caso a las palabras de Damián pero tampoco las iba a olvidar, tenía mucho miedo.
“El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” recordé el pasaje del Apocalipsis y definitivamente mi nombre no estaba allá. El precio que había pagado y mi estatus por fin expiró, el plazo se venció según los deseos del príncipe de la mentira.
—No olvides que habrá un juicio final, tu destino es inevitable —ataqué.
—Y el tuyo comienza ahora —sentenció.
Con sólo mirarme me elevó a unos metros del suelo, sentía como mi cuerpo estaba siendo estrujado y el aire cada vez se hacía menos. Sentí como si tuviera una soga o un ardiente látigo en mi cuello que me estaba ahorcando.
—Ya no me sirves Eloísa, me cansé de ti —el rugido tenebroso de su voz penetró mi cabeza—. Fue un placer haberte conocido y haberte utilizado como el arma que quise pero ya no te necesito, ya no eres la misma que transformé y lo que ya no sirve se desecha.
Era el final, sentía como el mismo látigo pero con púas enlazaba mi cuerpo apretándolo más e hiriendo mi carne y haciéndome sangrar, el dolor era indescriptible e insoportable.
Al momento la sensación desapareció y caí al suelo, volví a respirar un momento. Abrí los ojos y vi a James nuevamente como lobo que lo había atacado teniendo entre sus fauces el cuello de Damián, quería arrancarle la cabeza. James sabía que no tenía oportunidad y llevaba las de perder, Damián acabaría con él en segundos y yo no sabía qué hacer para que esa pelea acabara, lo único cierto era que su vida ya tenía un precio y la mía también. Damián se las estaba cobrando todas y era el único que saldría victorioso en la batalla.
—Ángel… —susurré intentando reponerme, no sabía a quién más acudir—. Ángel por favor dame tus fuerzas. “Mi carne y mi corazón desfallecen…”
—Continúa —su voz sonó en mi cabeza.
—“Más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” —proclamé con mi boca.
—Hollarás al cachorro de león y al dragón.
—Más a mí no llegará —confirmé.
Nuevas fuerzas llegaban a mí, me levanté decidida a enfrentarlo sin importar lo que pasara, debía intentar salvar a James y de paso a mi jefe cuya condición incierta me asustaba.
Corrí hacia Damián y brincándole le sujeté por detrás mirando como James le tenía clavados sus colmillos, me miró furioso.
—¿Así que ahora si tienes las fuerzas de tu angelito? —preguntó como si nada.
—Tengo una fuerza mayor que la tuya, una fuerza que conoces y sabes de quién proviene. Ángel fue el conducto, aquel que es más poderoso está conmigo y me da el poder para atarte.
—De mí no vas a librarte, ¡eres mía! —gritó furioso desplegando sus alas demoníacas otra vez cuyas púas se ensartaron en mis piernas pero no lo solté.
Grité de dolor, traspasó mis piernas de lado a lado y la sangre me salía a chorros, estaba clavada en él.
Damián comenzaba a dejar la forma que siempre me había mostrado, su apariencia de hombre empezaba a transformarse en lo que realmente era. Con fuerza sujetó a James de sus fauces y lo empujó antes de arrancarle la cabeza de esa manera, a su caída volvió a hacer otro agujero en el suelo arrastrándolo a varios metros y a mí, al ver que seguía sujetándolo hizo que su cuerpo se encendiera en llamas lo que provocó que me quemara, lo soltara y liberara mis piernas cayendo al suelo con un ardor espantoso.
—¡Ya me tienes harto niña estúpida! —Rugió sacudiendo la cabeza como si algo le molestara, su piel mostraba una especie de escamas como los reptiles y llagas como la lepra, comenzaba a mostrar algo parecido a la mutación entre hombre, reptil y murciélago. Tenía garras largas y filosas, grandes colmillos, una nariz esquelética, orejas puntiagudas y extraños cuernos de carnero comenzaban a crecer de su cabeza, a simple vista su piel roja tenía la apariencia de haber sido desmembrada mostrando únicamente la viva carne. Me miró furioso y apretó la punta de su bastón en mi cuello—. Voy a terminar con tu amigo de una buena vez y luego vendré por ti porque tú te vas conmigo a vivir tu castigo eterno, del cual no te vas a librar y del que nunca podrás huir.
Caminó lentamente hacia James blandiendo su bastón, intuí lo que iba a hacer.