Capítulo 41

 

El odio de Damián ya era incontrolable, sabía que iba a matar a James sin dudarlo porque ya estaba colmado y cuando vi que de su bastón sacaba lo que era su fina espada que más bien era un filoso y letal estilete de plata, con las fuerzas que disponía me levanté y me enfrenté a él con agilidad para detenerlo. El lobo permanecía en el suelo aturdido.

—¡Apártate Eloísa! —me advirtió—. La vida de este sarnoso acabará ahora.

—No Damián, no voy a permitirlo —me había interpuesto entre ellos.

—¡Te ordeno que te apartes!

—No vas a matarlo por deporte o por placer, no voy a permitirlo.

—Sabes que no puedes detenerme, ¿verdad? ¿Por qué juegas a ser la heroína?

—No juego a ser nada, simplemente te advierto que tendrás que matarme primero antes que a él.

—Nunca me imaginé que me desafiaras de esta manera, nunca creí que este perro realmente te importara tanto.

—Es mi amigo.

—Que quiso ser tu amante y no le diste la oportunidad, lástima, se quedó con las ganas, se hubiera ahorrado este momento, tú le hubieras ayudado para que llegara hasta el final.

—No vas a matarlo Damián —sentencié.

—Tú no lo vas a decidir.

Con un movimiento de su mano como si apartara lo que le estorbaba me hizo volar de nuevo a varios metros haciendo que me estrellara en el tronco de un árbol cuyo impacto me aturdió, caí al suelo.

—Niña tonta, ahora observa el final de tu pulgoso.

Levantó la hoja de plata pero antes de que pudiera darle el golpe lo arrastré, con la velocidad de un rayo lo embestí, mis fuerzas regresaban a mí por otro poder diferente y por el deseo de proteger a James. Vi como desplegó sus enormes alas y con las garras logró detenerse del arrastre que le di haciendo un enorme surco en la tierra. Sabía que eso no le había hecho nada.

—Te advertí que no lo ibas a tocar, te estoy desafiando Damián, no te tengo miedo.

El cielo con nubes oscuras tronaba, los relámpagos comenzaban a  iluminar la oscuridad y la tierra tembló un poco, sentí que algo maligno se aproximaba a nosotros y temí más. Me giré para auxiliar a James que ya se había convertido en hombre, estaba herido y me acerqué a él.

—James… —murmuré acariciando su cara.

—Mi Eloísa —susurró mirándome como un hombre enamorado.

—Eres fuerte, te pondrás bien.

Me sentía mal por las heridas en su cuello más que las de su cuerpo, sangraba demasiado y no pasaría mucho tiempo para que pudiera seguir teniendo la cabeza en su lugar. Comencé a llorar, no iba a resistir.

—Lamento no poder cuidar de ti y de la niña como te lo prometí.

—No me digas eso —lloré al ver su agonía.

Tosió escupiendo sangre y cerró los ojos intentando seguir respirando pero al momento los abrió y su mirada dulce cambió por el terror de ver lo que estaba detrás de mí, lo sabía y antes de girarme para detener a Damián otra vez —porque sabía que iba a apartarme— lo hizo él con agilidad poniéndome bajo su cuerpo, en segundos ambos gritamos de dolor, Damián había encajado el arma de plata en su espalda la que lo había traspasado por completo, haciendo que a su vez la filosa hoja se encajara también en mí. Mis lágrimas de dolor brotaron y grité con fuerza, el rostro de James no pudo ocultar el dolor tampoco, pero no esperaba ver el rostro de asombro y susto que el mismo Damián me mostraba a mí que lo miraba a la cara.

—No, no, ¡no! —rugió en un grito temblando de la rabia.

Yo no entendía su actitud.

—Eres libre Eloísa —me susurró James con las pocas fuerzas, su sangre y la mía se mezclaron, el peso de su cuerpo estaba sobre mí mientras mis manos se apoyaban en sus brazos.

—¿Qué? —logré susurrar también.

—Al fin eres libre de él, el poder de Dios se completó, ya no eres inmortal.

Mis lágrimas caían sin parar y sin dejar de verlo, tampoco entendía eso, sólo sentía el inmenso dolor en mi estómago traspasado y un frío congelante en todo mi cuerpo.

—¡Maldito seas James! —le gritó Damián con voz tenebrosa, la furia por fin lo había transformado en un ser espantoso, tan espantoso como nunca lo había visto. Esa era la verdadera imagen del demonio que se mostraba con claridad, era tan horrible como indescriptible—. ¡Maldito seas!

Un estruendo resonó en los cielos, más nubes oscuras lo cubrieron, truenos y relámpagos lo iluminaban, furioso Damián sacó el estilete haciéndonos gritar de nuevo y gritando él su rabia —a la vez que juntamente extendía sus brazos y alas— nos hizo eco amenazando con hacernos sangrar los oídos. James tuvo la fuerza para quitarse de encima de mí y caer a mi lado, ambos estábamos llenos de sangre, giré mi cabeza y lo vi.

—James… —susurré sin parar de temblar sujetándome el estómago.

Me giré para acercarme a él, me incliné en mi codo, la sangre no dejaba de salir de él ni de mí.

—Mi Eloísa —volvió a decir—. No fuiste mía de la manera en la que quise pero en mi corazón sí.

—James ¿por qué lo hiciste? —las lágrimas no me dejaban verlo bien.

—Porque siempre te amé —susurró—. Lo hice desde que nos conocimos, ¿lo recuerdas? Han sido muchísimos años pero que para mí no han pasado, nada ha cambiado en mí desde entonces y sólo viví para acrecentar mis sentimientos.

—Sentimientos que no correspondí como lo merecías —sujeté su mano y la besé—. Perdóname James, en toda mi eterna existencia jamás conocí a alguien igual que tú y en mi corazón o lo que tenía de él siempre tuviste un lugar especial, fuiste lo mejor que pude haber conocido, fuiste lo mejor que estuvo cerca de mí y te lo agradezco.

—Y hoy me demostraste que te importé, te amo —susurró sonriendo y acariciando mi cara, me miró por un momento y luego cerró los ojos, suspiró, exhalando dejó de respirar, se fue.

—¡No James! ¡James! —lloré gritando su nombre llamándolo desesperada.

Inmediatamente sentí como la tierra tembló, parecía que iba a abrirse.

—¡Eloísa! —reconocí la voz que me llamaba.

Corrió como pudo y se encontró conmigo, cayó al suelo y me sostuvo en sus brazos apartándome de James, lo vi, estaba realmente asustado al verme. Llevó su mano a mi estómago y sus lágrimas comenzaron a caer.

—Dime que no vas a morir, dime que no vas a desaparecer, dime que vas a estar bien… —su voz se cortó.

Miré al cielo y en un hueco las nubes se abrieron, los rayos del sol se infiltraban por allí pero los truenos no cesaban y el viento soplaba con mayor fuerza.

—¡Dios! Todo tu cuerpo está herido, has sangrado demasiado —insistió—. Eloísa…

—Ya no están, ya no los veo, se fueron, ya estoy sola —fue lo primero que susurré.

—No Eloísa, no estás sola, aquí estoy yo contigo —su voz me hizo reaccionar.

—Giulio —susurré al verlo.

—Sí preciosa, aquí estoy contigo y yo no voy a dejarte, por favor no lo hagas tú también —limpió mis lágrimas.

—Creo que mi tiempo se acabó, por favor cuida de Caterina y no la dejes —susurré sintiendo mi cuerpo muy liviano, sentía que algo se atragantaba en mi garganta, mis lágrimas caían—. Por favor… si mi cuerpo se conserva como cualquier otro llévame a Comwellshire, déjame reposar con los míos.

—No, no me digas eso, sé que estarás bien —noté que miró mi estómago y su expresión me dijo todo pero disimuló—. No estás tan mal, es posible que… sólo sea una herida superficial, tal vez no haya tocado algún órgano vital, te llevaré al mejor hospital de la ciudad o haré traer el helicóptero de la empresa y si debo llevarte a Roma lo haré pero no te dejaré morir.

—Hay cosas que no las decidimos nosotros pero te agradezco la preocupación y el interés por mí.

—No morirás Eloísa, dime en qué creer para que vivas y lo haré, te quiero a mi lado, conmigo y para siempre, no como mi asistente, no como mi empleada, te quiero a mi lado como mi esposa y como la madre abnegada, dulce y cariñosa que serás para Caterina y para nuestros hijos.

Lo vi reteniendo el aire y abrí más los ojos, sentía ahogarme, sentía que algo quería vomitar y lo expulsé, sangre salió de mi boca, inhalé con fuerza como si fuera la última vez. El aire en mis pulmones ya no era suficiente y las palpitaciones de mi corazón comenzaron a menguar y mi temperatura a descender más.

—Sí preciosa —acarició y cara apartando mi cabello—. Estoy perdidamente enamorado de ti y te quiero, quiero hacerte mi esposa porque te amo y no concibo un minuto sin tu presencia.

—Hace que una moribunda sienta sus últimos momentos como la gloria signore —sonreí—. Gracias por la confesión.

—Es la verdad Eloísa, desde el fondo de mi corazón te lo juro, créeme.

—Lo creo —inhalé otra vez quejándome por el dolor, sentía fuego en mi estómago y miles de cuchillos penetrando mi piel.

La tierra tembló otra vez y el cielo se iluminó, vi como un ejército vestido de resplandeciente blanco descendía y a la vez se detenía a cientos de metros, no tocaron la tierra. De pronto vi como una especie de centella roja con la velocidad de un rayo dejó su ejército oscuro y se precipitó a ellos y sólo uno de ellos lo enfrentó de la misma manera, los demás no se movieron. La luz blanca y brillante lo encontró a igual velocidad y al ver que iban a chocar sin remedio supe que el estruendo sería de proporción catastrófica, con la poca fuerza me giré para abrazar el cuerpo de James y Giulio a su vez me abrazó también para protegerme. Al chocar una luz cegadora brilló con tal esplendor así como el trueno que se escuchó, el suelo tembló con fuerza, parecía que la tierra se iba a abrir y tragarnos, una batalla entre el bien y el mal se libraba en el plano espiritual y ni siquiera los testigos que presenciábamos eso íbamos a vivir para recordar la experiencia. El viento huracanado amenazaba con arrastrarnos, el ruido era ensordecedor, el suelo que se abría en fisuras desprendía la tierra, la oscuridad del momento era como la media noche y sólo los relámpagos alumbraban las nubes grises y densas que chocaban aclarando un poco el sitio donde estábamos. Si eso era el fin del mundo ninguna persona viva estaba lista para presenciarlo.

Una fría y espesa niebla nos cubrió helándonos, sentí como lo que estaba debajo de mí era arrastrado.

—No, no, no, ¡James! —grité al sentir que lo apartaban de mí.

Algo parecía llevarse su cuerpo sin que pudiera detenerlo y al momento desapareció.

—James… —susurré su nombre y lloré sintiendo el horrible vacío de su pérdida, sentía dolor por haberlo perdido.

—No te irás Eloísa ¿me escuchas? Por favor quédate conmigo —suplicó Giulio abrazándome con fuerza.

Sin saber cómo sujeté su mano haciéndole saber que estaba con él.

—Si vas a morir moriré contigo Eloísa, ¿escuchaste? —Susurró en mi oído—. No quiero la vida sin ti y si tu vida se acaba aquí la mía también.

Besó mi sien y el viento gradualmente comenzó a cesar, el ruido parecía alejarse, lentamente sentí cómo él giró mi cuerpo poniéndome en sus rodillas y lo estrechó contra el suyo sin dejar de besar mi frente y mi cabeza. La luz del cielo que se aclaraba volvía a brillar, las nubes descubrieron el sol de un atardecer.

—Ya todo terminó Eloísa, por ahora —reconocí esa voz también.

—¿Ángel? —intentaba abrir los ojos pero no podía, la luz me cegaba.

—Sí soy yo —lo vi y me sonrió, era el mismo de siempre.

Lo vi frente a frente ¿Cómo estaba yo de pie? No, no lo estaba, giré mi cara y vi mi cuerpo en los brazos de Giulio, lloraba desconsolado sin dejar de abrazarme. Me miré las manos, mi espíritu había dejado mi cuerpo, no sentía dolor pero si me entristecí.

—¿Ángel…? —ni siquiera sabía qué decir.

Me miró esperando que terminara.

—Pregunta —me motivó.

—¿Qué pasó? ¿Qué fue todo eso? —preferí preguntar eso y omitir lo que realmente quería preguntar, era obvio que mi tiempo se había terminado por fin.

—Una pequeña muestra de lo que será el Armagedón[32] pero aún no es el tiempo.

—Vi el cielo abrirse, vi un gran ejército vestido de blanco resplandeciente, vi…

—¿Que alguien se enfrentaba al mal y peleaba por ti? —sonrió.

—Sí.

—Fui yo Eloísa, era mi deber hacerlo por fin ya que fui asignado para ti desde que naciste, en otro plano de luchas de poder mi deber era enfrentarlo por ti.

—¿Es eso posible? ¿Ustedes pelean nuestras batallas?

—Les ayudamos que es diferente.

—Pero estás intacto, yo pensé que había sido…

—¿Él? —sonrió—. Él aún no vendrá Eloísa, pero su regreso está cerca, el que una vez vino como siervo volverá como rey y todo ojo le verá, en las nubes aparecerá, con espada en mano y a juzgar.

Abrí mis ojos asustada, sabía a quién se refería.

—Al que sea la gloria me dio el poder para pelear por ti —continuó—. Como ves el ejército de Dios siempre marcha listo para pelear pero no se involucraron mientras los otros no atacaran y no lo hicieron, tuvieron miedo.

—¿Qué pasó con él?

—Regresó al abismo donde pertenece pero errará siempre y andará como león rugiente buscando a quien devorar, por eso hay que resistirlo.

—¿Pero y yo? El pacto con él…

—Siempre hay un poder más fuerte, hay poder en la sangre Eloísa, en el sacrificio y en la redención.

—No entiendo.

—Tu sangre y la de James se unieron en el ataque, el pacto se rompió por eso. Damián sabía que uniéndote a James y a su naturaleza volverías a ser humana perdiendo todas tus facultades otorgadas por él, fue por eso que siempre evitó que se unieran, te necesitaba y James era la clave desde el principio y por eso atemorizó a su tribu para asegurar lo que tenía, no deseaba perderte de esa manera así los mantuvo alejados. James se valía de eso para provocarlo, sabía que no sólo se trataba de la amenaza a su gente sino de tu liberación pero en la amenaza también había una sentencia y los obligó a callar y a nunca decirte nada. James te amaba y te quería para él, deseaba liberarte y que lo aceptaras como pareja, estaba dispuesto a renunciar a su naturaleza de licántropo y volverse un hombre normal sólo para ti. Ellos tienen sus propias reglas, leyes y costumbres, debido a su salvajismo un tiempo atrás los antecesores de James fueron su mano izquierda y primeros al mando de todas las demás ramas de licántropos que luego se derivaron, pero en una pelea de potestades y seres sobrenaturales contra el ejército del cielo “los oscuros[33]” junto con los demás subordinados les dieron la espalda como traición cuando se vieron sitiados por “los siete[34]” y por el ejército de Miguel guiados por Gabriel dejándolos a merced de ellos para que fueran los primeros en ser lanzados al abismo pero el líder de los licántropos se ofreció a Gabriel a través de Sariel[35] sin oponer resistencia y al verlos cansados, heridos y con la maldición a cuestas de ser mitad hombres y mitad bestias el ángel se compadeció llegando a un acuerdo; vivirían de nuevo en la tierra como lo que eran pero con la condición de romper relaciones con el mal, evitando unirse entre ellos, respetando la vida humana de sus semejantes, viviendo del fruto de la tierra que debían trabajar y vivir en paz con la naturaleza misma. Si un licántropo de ellos se unía a un ser de las tinieblas ajeno a su naturaleza sólo por lujuria el trato entre ellos llegaría a su fin pero si lo hacía por un sacrificio de amor él y su pareja obtendrían la redención, no de manera sexual sino así, por verdadero amor, algo que James entendió en el último momento. De haber regresado estos licántropos al yugo de Damián los hubiera extinguido como venganza y ellos a su vez por el mismo motivo hubieran peleado en resistencia otra vez vengándose también, el caso es que a él le importaba más no perderte que lidiar con un ejército de lanudos rebeldes un buen rato que lo mantendría ocupado.

Ahora entendía las palabras de James cuando dijo “no más desprecio, no más idolatría” ellos habían dejado el paganismo, ese era el motivo por el cual nunca miré a su abuelo transformarse en lobo, ellos se habían convertido a la fe y por mí él seguía en su necedad de seguir siendo lo que era.

—No te preocupes —supo lo que pensaba—. James se arrepintió en su último aliento y recibió la absolución. Damián tampoco obtuvo poder sobre él. Puedes estar tranquila.

—James… —susurré sintiendo el dolor de su ausencia.

—Son los extraordinarios los que hacen los cambios, los ordinarios seguirán siendo indiferentes.

—¿Y yo? ¿Qué pasará conmigo? —pregunté sin dejar de verlo a él, Giulio lloraba sin consuelo aferrado a mi cuerpo.

Ángel me miró y luego volvió su vista atrás de mí, me instó a ver también. Cuando lo hice  no podía creerlo, él estaba a distancia, me miraba, era el mismo, nada había cambiado.

—¿Edmund…? —susurré incrédula.

No estaba solo, junto a él aparecieron su padre y también Bruce, me llevé una mano a la boca cuando miré a mi madre que llevaba de la mano a Ewan, mis lágrimas cayeron.

—Mi familia —murmuré de nuevo, di dos pasos pero Ángel me detuvo.

—Es el momento de decidir Eloísa —me hizo verlo asustada.

—¿Decidir qué?

—Lo que deseas.

—¿No te entiendo?

—¿Reunirte con ellos o regresar a la vida?

—¿Cómo? —volví a ver a mi familia, si había algo que deseaba con toda el alma era estar con ellos por fin.

—Quiero ir con mi familia —le contesté sin dudarlo—. Quiero volver a ellos, quiero estar con Edmund.

—¿Y estás preparada para responder todas sus preguntas?

—¿Preguntas?

—Sus dudas en cuanto al porqué nunca cruzaste el umbral junto con ellos en 1,386.

Bajé la cabeza y retuve la respiración, ¿de verdad iba a decirles lo que hice después de la masacre? ¿Iban a perdonarme las atrocidades que cometí?

—No lo habías pensado, ¿verdad?

Negué, no sabía qué hacer.

—Debo enfrentarlos —contesté—. Deben saberlo, lo hice por ellos, era la única manera de poder vengarlos, sólo con ese poder podía hacerlo, deben entenderme. Ese fue el precio que pagué para que descansaran en paz, para hacerles justicia.

—¿Y para tu satisfacción?

—También, no voy a negarlo.

—Deja el pasado Eloísa, libérate de él por fin, deja esa carga de odio y esa sed de venganza, eso sucedió hace mucho tiempo. Para ser libre completamente debes dejar todo atrás.

—Es algo que jamás olvidaré.

—No digo que lo olvides, pero sí debes despojarte de ese resentimiento, quienes hicieron todo el mal están pagando su castigo y será eterno, no te unas a ellos porque también te atormentarán.

—No te juzgamos hija —mi madre me dijo a distancia, la miré asustada.

—Mamá… —susurré entre lágrimas, quería abrazarla.

—Cumpliste un destino y aunque aquí estamos esperándote todavía no es tu tiempo —dijo Bruce abrazando a mi madre.

—Fuiste muy valiente Arabella —secundó Ewan—. Me siento orgulloso de ti.

Me llevé ambas manos a la boca sin parar de llorar, ellos estaban hablando conmigo, por fin algo que deseé desde hacía más de seis siglos se volvía realidad.

—Una guerrera como pocas —añadió mi suegro—. Yo tampoco te juzgo querida, actuaste como lo haría cualquiera en tu lugar. Tomaste una decisión y cambiaste tu destino, por nosotros que seguíamos vivos en tu memoria y corazón y por ti misma y tu supervivencia.

Yo estaba sin palabras y ahogada en mi llanto, lo que más deseaba era abrazarlos a todos.

Corrí hacia ellos pero justo antes de alcanzarlos me topé con una barrera que me detuvo, algo invisible, como una pared, como un cristal, podía tocarlo pero no verlo.

—No sabes cómo he deseado volver a verte y estar contigo, ha sido demasiado tiempo —dijo Edmund por fin fijando sus ojos en mí.

—Edmund mi amor, yo también —comencé a golpear la barrera desesperada—. Quiero estar contigo, volver a ti…

—Pero las cosas han cambiado —me interrumpió.

—¿Qué? —puse las palmas de mis manos en lo que creía era el cristal, él hizo lo mismo al otro lado y de esa forma quisimos creer que podíamos tocarnos.

—Estás tan hermosa como siempre mi amor, nada ha cambiado en ti pero si en tu vida —desvió su mirada mostrándome a quien se aferraba de mi cuerpo sin dejar de llorar.

—Edmund… —no hallaba excusas—. Él… es un… una persona muy diferente a ti, su parecido contigo me llevó a buscarlo, creí que tú estabas dentro de él, yo deseaba creer eso, lo anhelaba. Deseaba volver a tenerte sabiendo que podías estar dentro de ese cuerpo pero no fue así… luego la situación… el giro de las cosas… yo no sé lo que hice —lloraba desesperada—. Mi amor yo nunca he dejado de amarte, Edmund perdóname por faltarte como tu prometida, en mi corazón siempre fuiste mi esposo, mi amado, mío y sólo mío.

—Lo sé mi amor y no tengo nada que perdonarte, a pesar de todo lo he podido sentir entre la angustia de no tenerte, de saber que estabas todavía en el mundo de los vivos y no conmigo. No tienes idea de cómo te busqué cuando todo pasó y no tienes idea de la desesperación que me atormentó al saber que no estabas con nosotros pero lo entendí, entendí lo que había pasado aunque no lo asimilaba ni lo reconocía, me negaba a hacerlo, no podía conformarme. Al principio no podía creerlo pero después fui testigo y como dice mi padre yo tampoco te juzgo, nuestro recuerdo permanecía ardiendo en ti y eso te impulsaba a actuar como lo hiciste, de haberte perdido yo hubiese actuado igual o tal vez peor, no hubiera descansado hasta acabar con todos los que me quitaron mi felicidad y por eso entiendo tu dolor como también lo entiendo a él.

Volvió a verlo y yo giré mi vista, Giulio estaba desconsolado.

—Ese hombre está sufriendo lo que yo no sufrí y es ver perder lo que ama, entiéndelo también —insistió.

No podía creer lo que me estaba diciendo.

—¿Cómo puedes decirme eso? —inquirí desconcertada—. ¿No estás celoso?

—Por alguna razón de él no lo estoy —confesó—. Es como si fuera yo mismo. ¿No te parece?

—Pero no lo son —insistí—. Un lazo familiar y muy lejano no es suficiente.

—Él está desesperado y está ofreciendo su vida a cambio de la tuya —me susurró Ángel refiriéndose a Giulio.

—Y eso es amor —insistió Edmund.

—Edmund… —me era imposible creer lo que él decía—. ¿Ya no me amas?

—Por supuesto que si mi amor, lo que siento por ti no ha cambiado absolutamente nada.

—¿Entonces?

—Tienes otra oportunidad mi Arabella —continuó intentando sonreír y evitando llorar—. Ahora tienes la oportunidad de iniciar una nueva vida y vivir lo que no pudimos disfrutar nosotros.

—No Edmund… no me digas eso, yo sin ti… ya no quiero vivir así, no quiero seguir así, ya no puedo. Ha sido demasiada soledad, demasiado vacío, ya no...

—Pero debes hacerlo, ya no estás sola, recuerda que adquiriste una responsabilidad, una nena te espera y te necesita.

—Una niña que fervientemente con todo su corazón no se cansa de bendecirte y de pedirle a Dios por ti Eloísa —dijo Ángel.

—Caterina… —murmuré.

—Tu redención —dijeron ambos al mismo tiempo.

—Ella estará bien con los Di Gennaro, confío en que la adoptarán y la cuidarán bien —seguía en mi necedad.

—No te resistas a tu verdadero sentir mi amor, ¿sabes por qué no puedes pasar de este lado y estar con nosotros?

Negué.

—Porque tu corazón decide otra cosa, tú misma creas esta barrera —contestó evitando mostrarme su tristeza.

—¿Qué? No, no —comencé a golpear mis palmas en ella, no entendía y estaba muy confundida.

—Tienes una nueva razón para continuar, no sólo la niña sino… él.

—Edmund no me digas eso, tú no por favor… —no soportaba la desesperación.

—Vive tu segunda oportunidad, yo intentaré estar cerca de ti a través de él, créeme.

—Edmund no…

Comencé a sentir que algo me atraía a Giulio alejándome de mi familia.

—Edmund, ¡Edmund! —grité al ver que se alejaban.

—Vive una nueva vida mi amor —insistió con una mirada dulce pero indescriptible, su tranquilizadora voz notaba paz—. Nunca olvides que te amo y que algún día nos volveremos a ver.

La imagen de todos ellos comenzaba a desaparecer, a lo lejos miré otro hombre que me decía adiós y lo reconocí, era Roldán y a cierta distancia en otro grupo estaba otro al que creí no volver a ver; el hermano John asentía sonriéndome y leí sus labios que murmuraron “Bonnie” su mirada y dulzura no reprobaban lo que hice ni en lo que me convertí, asentí también saludándolo. Más lejos miré a Agnus y a Beth que me decían adiós y también noté a otra persona que si era totalmente desconocido para mí pero que mi corazón me dijo de quien se trataba cuando me sonrió; era Rodrigo, mi padre biológico.

—Es hora Eloísa —me dijo Ángel—. Regresa a la vida, no todos tienen una segunda oportunidad para vivir e iniciar de nuevo, valora el regalo que se te ha concedido.

No dije nada más, lo único que sabía era que la tristeza que sentía por haber visto a los míos y volver a perderlos… no la podía ocultar, me dolía demasiado.