Capítulo 38
Nadie tenía ánimos ni de seguir hablando ni de remover el tema, el pintor seriamente mirando el piso le acariciaba la parte baja de la espalda a su novia que abrazaba mientras ella, muy calladita fingía acomodar su corbatín y le acariciaba el pecho a la vez pero muriéndose de la curiosidad por saber lo que había pasado. Donato estaba que no se creía lo que su primo había hecho ni tampoco Flavius y Lucrezia quienes negaban en un incómodo silencio. Piero y Enrico tampoco dijeron nada y se limitaban a exhalar, al igual que Christina que deseaba ir con su hijo pero la nonna —quien sentía más lástima por la modelo que otra cosa— le indicó lo contrario.
—Como ex suegra será mejor que vayas a su habitación Christina —le sugirió Giulietta a su nuera—. Antonella tiene más rabia que tristeza y al menos no quiero que mis valiosos objetos de cristal y porcelana paguen las consecuencias.
—Es obvio que no querrá dormir aquí —contestó obedeciéndola poniéndose de pie.
—Pero es muy tarde para que se vaya —replicó la nonna.
—Que una de las camionetas esté lista por si las dudas —ordenó Enrico—. Christina tiene razón y con seguridad querrá irse a Florencia a un hotel, dada la situación no es conveniente que siga aquí.
—No hay problema, si eso quiere yo la llevo en la mía —dijo Donato.
—Es muy peligroso que regreses solo en la madrugada Donato —le hizo ver su tío Piero—. Es mejor que el chofer la lleve.
—No te preocupes tío, yo estoy acostumbrado a manejar de madrugada.
Todos lo miraron y supieron por qué lo decía, era el fiestero de la familia.
—Si gustas yo los acompaño y regresamos juntos —le sugirió Flavius.
—Niños la carretera es una soledad y recuerden su posición —les dijo la nonna—. ¿Qué les voy a decir a sus padres si algo les pasa?
—Pues que Ángelo nos preste a sus guardaespaldas y listo —insistió Flavius dándole la solución.
—Esperemos que al menos sea sensata y no se vaya hoy, que espere a que amanezca, es una buena excusa para no despedirse de nadie porque dormiremos —opinó Lucrezia dándole más interés a sus uñas que admiraba.
—Tranquila familia —insistió Donato—. Flavius y yo la llevaremos a Florencia, la dejaremos en el hotel que quiera y los dos nos regresamos, así de simple.
Los abuelos negaron resignados, convencerlo de lo contrario no sería posible. Christina subió a verla y en ese momento la mujer que cuidaba a Caterina llegó a buscarme un poco asustada.
—Señorita Eloísa Caterina tiene una crisis de nervios.
—¿Cómo? —me puse de pie.
—¿Qué le pasa a la niña? —preguntó Giulietta.
—Salió corriendo del salón de televisión gritando que había visto algo muy feo.
—¿Y qué estaba viendo en la televisión? —insistió Enrico.
—No signore, no fue en la televisión sino en la ventana.
—¿Dónde está? —fingí ser humana pero lo sabía todo.
—Se fue para su habitación y se metió debajo de la cama llorando.
Me apresuré a verla lo más rápido posible, Caterina no estaba asustada por puro gusto.
Llegué a la habitación y corrí llamándola, me hinqué para sacarla.
—Caterina nena, aquí estoy. ¿Qué te pasa?
—Eloísa él es un monstruo.
—¿Quién es un monstruo?
—Señorita lo siento, la nena me desconcierta y también me asusta —dijo Filippa llegando tras de mí—. Estábamos muy bien y de repente se puso así.
—No se preocupe, tranquila, yo veré que tiene, ¿nos deja solas por favor? Seguramente a mí me diga lo que le pasa.
—Le juro que la cuido bien —insistió.
—Lo sé, no lo dudo, ya mañana será otro día y estará mejor, gracias.
Asintió apenada y saliendo cerró la puerta.
—Caterina sal cariño, por favor —le extendí la mano.
La niña me obedeció y al salir me abrazó, temblaba mucho, su corazón latía muy deprisa, temía que le pasara algo.
—Nena tranquila —la abracé también—. No tienes porqué asustarte. ¿Qué fue lo que pasó?
—Es muy feo Eloísa, es un monstruo —sollozaba—. Dice que son amigos y que tú lo conoces.
—¿Cómo era?
—Horrible, tiene cuernos, garras, verrugas, colmillos, pezuñas y alas de murciélago.
—¿Qué? —me aturdí.
—Eloísa tengo miedo, ¿es el diablo? Quiero a mi ángel, quiero que Ángel esté conmigo.
—Tranquila cariño.
—Primero parecía un perro enorme, lo vi y por eso me acerqué a la ventana.
—¿Un perro enorme? —fruncí la frente.
—Sí, muy grande y de pelo café oscuro, salió de la oscuridad de unos árboles.
Lo del perro entendía que era James pero el otro…
—Debes cuidarla Eloísa —Ángel aparecía y al escucharlo Caterina corrió hacia él, Ángel se inclinó y la abrazó, le acarició la cabeza y logró tranquilizarla.
—¿Qué es todo eso que dice la niña? —inquirí asustada.
—El perro del que habla creo que lo sabes, él está aquí buscándote, debes solucionar ese problema porque no se irá de aquí hasta lograr lo que quiere.
—¿Y el otro?
Me miró y besando la frente de Caterina la hizo dormir, levantó su cuerpecito en sus brazos y la llevó a la cama, le quité los zapatos y la arropé.
—Si no hago esto la niña no dormirá —le acarició la frente—. Como también es mejor que no recuerde nada —sabía que le estaba haciendo olvidar todo y continuó—: El otro es parte de ellos, Caterina lo vio en su forma original, un príncipe de las potestades de las tinieblas al servicio de él.
—¿Y por qué se atrevió a asustar a la niña?
—Porque buscan provocarte, el plano espiritual que es ajeno a los humanos puede romper el equilibrio en determinado momento y por un lapso de tiempo porque siempre hay quienes buscan enfrentarse cuando son provocados también y recuerda que no miden su agresión al momento de atacar.
—Esto es muy serio, no debí venir, están acechando esta casa y a la familia.
—Las huestes espirituales de maldad no descansan, están por todas partes.
—Por supuesto que están por todas partes —esa voz me hizo reaccionar y por instinto me interpuse entre él y la niña cuando la miró—. ¿Qué es esa broma de que tienes una niña?
Me extrañaba no haber recibido antes su visita y ahora ya lo sabía.
—No puedo ausentarme unas cuantas horas sin que tú Eloísa me sorprendas, pero esta vez de una manera no muy agradable —insistió caminando lentamente para observar a quien estaba en la cama—. Primero que el perro de James está aquí contigo y definitivamente le llegará su fin, ¿pero a ti ahora te florece un instinto maternal que nunca habías conocido? ¿Qué significa eso de que tienes a una niña bajo tu protección?
—Es mía, la quiero, quiero rescatarla de su miseria, quiero darle todo lo que nunca ha tenido.
—¿Quieres redimirte con sangre inocente?
—No sangre, es un ser vivo y yo veré porque lo siga siendo.
—¿Me provocas?
—Con la niña no te metas —Ángel fue quien lo provocó—. Ella me tiene a mí y sabes bien que tú y yo contenderemos.
—Tu pacto es conmigo Eloísa no con él —me miró molesto ignorando a su rival—. Una niña no se va a interponer así que ve buscando la manera de deshacerte de ella porque sabes bien que no puedes tenerla. Así como sabe de Ángel sabrá de mí y por ser lo que es no me verá como tú me ves, así que si no quieres que enloquezca a tan tierna edad por no estar preparada para compartir tu mundo será mejor que la devuelvas a la calle de donde la encontraste.
—¿Cómo sabes que estaba en la calle? —apreté los puños.
—Porque lo sé todo, veo todo y escucho todo, el mundo entero es mi territorio y me pertenece junto con todo lo que hay en él.
—¿Y no haces nada a la vez? —Fui yo la que lo provoqué—. Vaya territorio el que te adjudicas. ¿Tú y tus peones no se hartan de ser tan inútiles e indiferentes?
Apretó el bastón que cargaba, sus guantes de cuero sonaron en el metal, tensó la mandíbula y me miró furioso exhalando lentamente.
—No tienes opción Eloísa —sentenció—. Será mejor que vuelvas a ser la misma y devuelvas a esa niña a donde pertenece. No juegues a estas alturas a querer ser la madre que nunca fuiste, no voy a permitir estorbos en mis planes —se acercó a la ventana y luego volvió a mirarme—. Las arenas corren en tu contra y sabes que el tiempo en la misma se acaba, si sigues así ya no seré tan benevolente contigo y te buscaré una sustituta porque “los nueve[28]” también se están colmando. Mi paciencia se agota y tú también ya me estás hartando.
Desapareció y asustada me senté al lado de Caterina, su sentencia y amenaza no era en vano. Sabía perfectamente quienes eran “los nueve” y uno de ellos fue el que Caterina miró, parte de cada uno de ellos estaba en mí y era de esa manera como mis poderes permanecían. Si Damián decidía otra cosa no sólo me entregaría a ellos, a los “innombrables[29]” sino que literalmente llegaría el final de lo que había sido mi existencia inmortal y mi alma pagaría el precio en una condenación eterna.
Media hora más tarde y después de la visita de Giulietta para ver cómo estaba la niña y constatar que se había dormido me preparé para quedarme a su lado en vela como era mi costumbre. Desmaquillándome y vistiendo mi bata de seda me acosté junto a ella acariciando su cabello, tenía que convencerla de no decir nada de lo que vio si es que recordaba algo, nadie en la familia iba a creerlo y hasta dudarían que se tratara sólo de la imaginación de una niña. Pensando tanto en ella como en Giulio me quedé así, al menos sabiendo que esa mujer siempre sí había decidido irse me tranquilizaba un poco ya que esa situación se había acabado, pero al momento recordé mi cita con James y me incorporé, besé la cabecita de Caterina otra vez.
—Ángel debo salir para ver a James, se lo prometí —le hablé a la habitación sabiendo que estaba con nosotras aunque no lo miraba.
—Ve, yo cuidaré de la niña —su voz me contestó.
—Gracias —respiré tranquila.
En ese momento tocaron la puerta y evitando colmarme por la interrupción la abrí, me sorprendí ver a quien menos esperaba, era ella con una expresión de furia que trataba de controlar.
—Signorina —fue lo único que dije.
Sin decir nada me bofeteó con fuerza.
—¡Maldita zorra descarada! ¿Me crees estúpida? Sé perfectamente que por tu culpa él me ha dejado así que deja de actuar con tu decencia fingida porque a mí no me engañas. Sé que eres su amante.
Me sujeté la cara y me controlé porque deseaba sujetarla del cuello y ahorcarla de una vez.
—Hazlo —sentí la voz de Damián susurrándome—. Quítala de una vez de tu camino.
—No —Ángel se metía diciendo lo contrario—. No hagas nada Eloísa, ya no manches más tu alma, recuerda a la niña.
—Por respeto no tomo represalias contra usted signorina pero se equivoca conmigo —me contuve en una absurda sumisión en la que tuve que hacer malabares para controlarme.
—Lo sedujiste estúpida no lo niegues —seguía insultándome—. Fue por ti, por ti él me humilló frente a su familia y es algo que jamás voy a perdonarte.
Evitaba entrar en su mente y poseerla, deseaba hacer que regresara a su habitación y se lanzara del balcón, un suicidio no extrañaría a nadie pero sería una mancha para la familia la muerte de esta mujer en su propiedad, un escándalo que podría afectarles. Por ellos me tragué mi furia también.
—Yo no he hecho nada, lo que pasó fue decisión del signore —insistí.
—Decisión que tomó por ti mujerzuela descarada, por algo te trajo a Italia ¿no? imagino que en la oficina te ofreces como cualquier ramera y te hincas ante él para volverlo loco mientras se la chupas.
Bien decía el dicho “el león cree que todos son de su condición” las tácticas que ella usaba creía que las demás también o como se lo dijo él mismo “el que las hace las imagina” eran sus suposiciones lo que la tenía así, volverla loca no sería difícil.
—¿Y por las noches? —insistía en provocarme—. ¿A qué hotel te lleva? ¿Crees que abriéndole las piernas vas a tenerlo? ¿Crees que ofreciéndote vas a hacer que te tome en serio? ¿Crees que las sesiones de sexo son suficientes?
—Por favor basta.
—¡Confiesa!
Quiso golpearme otra vez pero la detuve, apreté su muñeca y no pudo ocultar su mueca de dolor, la miré fijamente.
—Aquí la única zorra eres tú —le dije con determinación—. ¿Quieres que él sepa los pormenores de tu aventura en Positano? Aquí la que se entrega como una cualquiera ansiosa de rogar por placeres eres tú, eres peor que una gata en celo, no eres ejemplo para reclamar nada. Las mujeres decentes todavía existen y las que son como tú arden por la envidia de saber que nunca serán como ellas, porque son amadas por quien son sin necesitar de artimañas para tener a un hombre en la cama.
—¡¿Cómo te atreves maldita?! ¡Suéltame o comenzaré a gritar! Diré que me has insultado faltándome el respeto.
—Anda grita —la sujeté del cuello, deseaba apretarlo hasta desprenderle la cabeza—. Di lo que quieras, total la que está en mi habitación eres tú, tú misma viniste a buscarme, a insultarme, golpearme y provocarme ¿A quién crees que le van a creer?
—Voy a denunciarte, diré que me has vigilado y ahora me chantajeas.
—Haz lo que quieras, total, al signore nunca más lo tendrás de ninguna manera.
—¡Te vas a arrepentir! —comenzaba a palidecer—. ¡Juro que te vas a arrepentir!
Antes de que la mandara al otro mundo la solté, cayó hincada sujetándose el cuello y tosiendo.
—Intentaste matarme —apenas y hablaba—. Voy a mandarte a la cárcel.
Me incliné y volví a sujetarla pero esta vez del cabello, se quejó cerrando los ojos porque poco me faltó arrancárselo de la cabeza.
—Mírame —le ordené—. Abre los ojos.
—No.
—¡Mírame! —volví a decir, obedeció asustada.
—¡Dios! ¡Tus ojos! ¡Tus ojos!
—No has visto nada —comencé a poseerla.
—Pero…
—Calla y escucha, estás decidida a irte —entré en su mente—. Vete ahora, deja a Giulio y a su familia en paz, este encuentro en esta habitación no lo recordarás.
La solté y me levanté, poseerla fue demasiado fácil, era débil de mente. Tranquilizándose hizo lo mismo y sin decir nada salió de la habitación, como le dije no iba a recordar nada pero para mi colmo yo no iba a olvidar lo que pasó.
—Fue mejor Eloísa, deja que se vaya, estoy orgulloso de ti —me dijo Ángel a quien miré parado junto a la cama cuidando de Caterina.
Asentí exhalando y tratando de tranquilizarme concentrándome en lo que realmente debía hacer, encontrarme con James.
Rápidamente en sigilo salí a la puerta y desaparecí por un corredor de la casa. James me esperaba a unos cuantos kilómetros de ella.
Al llegar lo sentí, ya estaba esperándome, salió como bestia detrás de un ciprés, resoplaba y rugía, sus ojos refulgían como el brillante bronce.
—James cálmate, por favor no te pongas así, si quieres hablemos ahora pero por favor… no le hagas daño a nadie.
Se acercó a mí en su misma forma, sabía quién era, me rodeó y yo intenté apelar a su todavía juicio que lo hacía razonar a medias.
—Vuelve a ser hombre, así no podremos hablar —insistí.
En esa forma James alcanza el tamaño de un toro cuando está en cuatro patas y más de los dos metros cuando se erguía en dos, mostraba su pectoral marcado como humano al igual que los músculos de sus peludos brazos pero sus enormes y filosas garras podían matar a un humano promedio sólo de un zarpazo y de esa manera despedazarlo sin ningún problema.
—James adopté una niña, la rescaté de la miseria, quiero cuidarla —le dije para intentar tranquilizarlo—. ¿Por qué permitiste que te viera? ¿Por qué te acercaste a la villa?
Rugió molesto acercándose más a mí a la vez que intentó sacudirse mostrándome su desagrado, estaba conteniéndose y su peludo ceño fruncido me amenazaba con una furiosa mirada mostrándome también sus filosos colmillos, pasaba la lengua por ellos como si quisiera devorarme.
—No me hagas perder mi tiempo, ya que no quieres hablar me voy —le dije molestándome, su actitud no me intimidaba.
En cuanto le di la espalda se abalanzó sobre mí pero fui más ágil y lo esquivé, volvió a atacarme de frente lanzándose sobre mí y al tenerme bajo su cuerpo aproveché para darle una patada lanzándolo también hacia atrás, no me atacaba con la intención de matarme sino de asustarme.
—Ensuciaste mi bata y mi cabello, ahora si estoy molesta —le reclamé poniéndome de pie sacudiéndome todo.
Se sacudió también y frente a mí se transformó en hombre otra vez, gradualmente bajaba de estatura y de anchura, su rostro de animal se contraía para dar paso al humano y todo el pelo que cubría su cuerpo también desaparecía como si tuviera la facultad de meterse por los poros dentro de su piel. Volvía a ser hombre, agitado y desnudo, tensó su musculoso cuerpo para seguir provocándome e incitándome a su modo, caminó lentamente hacia mí.
—¿Qué pretendes? —inquirí molesta mientras seguía quitándome el sucio.
—Una recompensa a mi paciencia que ya se agotó —contestó por fin.
—Igual que yo, ya me harté —lo miré desafiándolo—. Ya basta James, deja de seguirme, no interfieras en mi vida ni en mis acciones, ¿por qué te dejaste ver por la niña?
—Quería saber si lo que me dijiste era verdad.
—¿Y lo comprobaste?
—¿Por qué Eloísa?
—Porque es mi deseo, quiero a la niña.
—¿Y será tu hija?
—Sí.
Exhaló más con tristeza que con enojo, bajó un momento la cabeza y luego volvió a mirarme.
—James vuelve a los tuyos —me acerqué a él sintiendo lástima—. Por favor libérate de esa obsesión que sientes por mí, yo nunca podré corresponderte.
—¿Porque estás enamorada de él?
—Porque Edmund sigue estando muy presente en mí, jamás lo voy a olvidar.
—Y porque él se parece mucho a tu hombre no lo niegues, te conformas con fingir ser su empleada con el único propósito de estar cerca de él, ¿eso es suficiente para ti?
—James mi prioridad ahora es la niña, debo cuidarla y protegerla, uno de ellos también dejó que ella lo viera y como era obvio la niña se aterrorizó. Ángel dice que buscan provocarme, Damián está furioso, si eres mi amigo y me amas como dices por favor… —me acerqué más—. Ayúdame a cuidar de Caterina.
—¿Así se llama?
—Sí y podrías ser su tío, ¿no te parece?
—Por ti intentaría ser más un padre.
—Tú puedes procrear, yo no, James porque te quiero como amigo te lo aconsejo, busca una mujer como tú, deja que te ame y te dé los hijos que quieras, vive feliz con tu gente y ya no te expongas a la furia de Damián.
Volvió a exhalar y giró su vista un momento, James era un hombre muy atractivo y con un carácter encantador cuando estaba de buen humor, sus ojos, su sonrisa, sus facciones, todo él era apuesto. Hijo de la tierra, hermano de la naturaleza, amigo de sus amigos pero un enemigo letal cuando era provocado.
—James… —acaricié su cara—. Esta familia me recuerda a la tuya, tan unidos, tan cercanos y trabajadores de lo suyo, el patriarca me recuerda mucho a tu abuelo, él vela por su familia en su sabiduría y viven felices por esa obediencia y armonía. Son gente como cualquier otra, por favor respeta sus vidas, respeta esta tierra.
—¿Qué pasará con él? —me miró evitando tocarme, se moría por sentirme en sus brazos.
—No lo sé, sigue siendo mi jefe.
—¿Y tú seguirás por ese camino en el que te has empecinado?
—Mira quien lo dice, pero ahora me interesa más la niña y debo vigilar que ese demonio no vuelva a asustarla.
—Yo lo enfrentaré si lo hace.
Lo miré con asombro.
—¿De verdad? —sonreí.
—Por ti y por la niña sí.
—Gracias —lo abracé y luego volví a verlo sujetando su cara—. Pero no te expongas, no quiero que te pase nada.
Intentó sonreír pero desistió y volvió a su acostumbrada tristeza.
—Mi bisabuelo nos contaba historias frente a la fogata cuando era un niño —cambió un poco de tema—. Nos hablaba de un pacto que se rompió con los oscuros y de una nueva oportunidad que nos redimió a medias gracias a “los resplandecientes[30]” los que para nosotros son los grandes espíritus del altísimo y desde entonces nosotros ya no somos vistos con desprecio sino que tenemos nuestra propia tierra y somos dueños de nuestra propia vida y destino si hacemos valer el pacto. Los que se han desviado saben a lo que se exponen y por eso algunos se han extinguido cuando han peleado por su cuenta con algún oscuro o son seducidos por ellos, no más idolatría, no más magia negra y por eso el odio de él contra nosotros pero nosotros también lo odiamos y el que mi abuelo haya llegado a un acuerdo con él condicionándome para no tenerte debido a su chantaje, eso no me basta para que me aleje de ti. Nosotros tenemos una cuenta pendiente con los traidores que nos utilizaron y tarde o temprano la vamos a cobrar.
“¿Traidores que los utilizaron?” No sabía exactamente sobre lo que él hablaba pero recordé lo que le dijo él a Damián aquella noche en mi apartamento sobre una venganza y me asustaba y más el pensar que su existencia también llegara a su fin, porque el creerlos la mano izquierda de Damián al parecer no era suficiente para asegurar sus vidas.
—No entiendo James, no sabía eso de ustedes y los que llaman resplandecientes, creí que ustedes estaban bajo el dominio de Damián.
Apretó la mandíbula como si hubiese querido decir algo pero no logró articular palabra y yo esperaba que lo hiciera.
—Otro día sabrás la historia, recuerda que yo soy el rebelde, el que siempre lo provoca llevándole la contraria —exhaló, sentí que había preferido cambiar de tema.
—Pero por favor no dejes que algo te pase —lo abracé sintiendo algo extraño—. James, ¿puedes sentir mi cariño?
Me abrazó y suspiró.
—Desearía más que fuera amor —susurró.
Me dolió, me empiné y bajando su cabeza besé su frente. No dije nada más y regresé a la villa dejándolo en esa penumbra en la que se ocultaba.
Al llegar al jardín trasero y caminando como otra persona más no me esperaba ver a alguien cuya voz autoritaria me hizo brincar.
—¿De dónde vienes?
En definitiva estaba débil mentalmente, era Giulio que aún vestía de esmoquin pero con el corbatín suelto, la camisa blanca medio abierta y la chaqueta en su brazo, parecía haber estado largo rato a solas en el exterior de la casa y agradecí que James no lo hubiese atacado si supo que estaba solo fuera de la casa. En eso noté luces en una de las habitaciones y supe que era la de Lucrezia, exhalé y preferí mentir por si escuchaba “casualmente.”
—Salí a tomar aire.
—¿A las casi dos de la mañana? —inquirió seriamente viendo su reloj de puño.
—Ya sabe cómo soy “signore” —enfaticé mostrándome sumisa, él aún no captaba lo que intentaba decirle y el por qué actuaba así.
—¿Y por qué vienes sucia? —escrutándome con su mirada me recorrió toda, me acomodé el cabello y me quité un poco más de ramitas secas de ciprés de la seda y cabello, estaba delatada.
—Resbalé y me caí —le contesté.
Me miró muy serio sin creerme.
—Caramba Giulio, vaya mal carácter el que te cargas —la voz de su prima que salía a su balcón le hizo rodar los ojos, odiaba las interrupciones—. ¿Vas a desquitarte con Eloísa?
Lentamente se giró para verla.
—¿No piensas dormir? —le preguntó tragándose la molestia por el comentario.
—Ya casi —le sonrió mientras seguía peinando su cabello.
—Buenas noches o madrugadas señorita Lucrezia —le dije avanzado hacia la entrada trasera.
—Buonanotte cari —se despidió agitando su mano.
Cuando me acerqué a la puerta de vidrio y ya estábamos ocultos a la vista de las habitaciones él me detuvo.
—¿Dime qué pasó? —susurró, su aliento a vino me molestó, parecía haber bebido mucho.
—¿Estás ebrio? —lo enfrenté con otra pregunta.
—No.
—¿Bebiste de más por ella? —apreté los puños y endurecí la mirada.
—No por ella, sino por mi situación, nuestra situación, ¿no ves que es por ti que comienzo a desesperarme?
Lo miré asombrada, deseaba saber si era verdad lo que decía.
—No uses esa excusa —intenté caminar y volvió a detenerme del brazo.
—No es una excusa —me susurró casi en los labios aprisionándome contra el vidrio y su cuerpo.
—Giulio basta, no juegues, sabes bien que puedo desaparecer en este instante.
—Pero no lo harás —acarició mi cara.
—Ve a la cama, no estás bien, cuando amanezca será otro día y hablaremos.
—Si voy a la cama iré pero contigo.
Sin saber cómo le di una bofetada cuando dijo eso e intentó besarme, no razonaba y era su instinto el que lo dominaba, sacudió la cabeza para reponerse aunque se la di suave, como generalmente una mujer la puede dar, le había faltado el respeto a mi jefe pero era la única manera de hacerlo entrar en razón, estaba segura que lo que había pasado no lo iba a recordar con claridad a la luz del día. Sin esperar que dijera algo o que alguien se diera cuenta y nos mirara preferí avanzar y dejarlo allí, me sentí mal y evitando llorar desaparecí y volví junto a Caterina.
Hora y media más tarde y cuando controlé mi enojo por lo sucedido, escuché llegar las camionetas, estaba acostada junto a la niña así que cerré los ojos para concentrarme a mi manera y los vi, eran ellos, tanto los primos Di Gennaro como otra camioneta con guardaespaldas. Miré a Donato sonriendo con picardía mientras le entregaba sus llaves a uno de los guardias para que se encargara de su camioneta y ahondando más en él lo supe; su felicidad se debía a que estaba saciado sexualmente. Aprovechó “instalar” a su ex-cuñada en el hotel subiendo con ella y su equipaje dejando a Flavius a cargo de su camioneta en el estacionamiento subterráneo, esa fue su excusa y según él consolarle, pero entre roces de él encendió la chispa, ella se prendió rápidamente olvidando su enojo y ambos sin pensarlo dieron rienda suelta al momento. Donato la había seducido a su manera y ella estando también excitada se dejó llevar constatando aún más la zorra que era, ella lo necesitaba y él también pero más imaginando a la pelirroja y de esa manera, así de pie a un lado de la puerta comenzaron a besarse y él, sujetándola a horcajadas después de tocarla a su antojo de esa manera la penetró. La embestía con fuerza impulsándose y estampándola en la pared, lo disfrutaron así un momento pero luego él la bajó, muy dominante la giró de espaldas a él e inclinándola en una pequeña mesa con espejo y candelabros que decoraba dicha pared la volvió a penetrar por detrás haciendo que ella se sujetara con fuerza del mueble por el ímpetu con la que la empujaba hacia adelante. Donato parecía ser sexualmente agresivo y dominante pero entre jadeos y movimientos lo hicieron rápido y en menos de cinco minutos ya habían terminado. Aún con las secuelas de su orgasmo ella quedó un tanto aturdida por lo que le había permitido hacer y él, agitado pero como si nada hubiese pasado se arregló la ropa y solamente diciéndole “tenías razón, sólo quería meterla en donde sea” le dio una nalgada y ante la mirada atónita de la mujer que tenía la boca abierta le guiñó un ojo y añadió: “estuvo bien, gracias por la sesión” y salió muy feliz dejándola en la habitación. Más cínico no podía ser, contrario a lo que se cree no es la vanidad el pecado favorito de Damián sino la lujuria, esa es la verdadera perdición del hombre y la destrucción de su vida y entorno, lástima que cuando se dan cuenta ya es tarde porque no hay remedio al daño y en este caso sería mejor que Giulio no se enterara de eso porque por lo que puedo sentir... habrán consecuencias.