Capítulo 36
Por la mañana el tiempo fue muy ameno, sorteando el desayuno familiar con la excusa de pasear con Caterina para disfrutar el aire fresco de la mañana evité ponerme en evidencia con los demás por el problema de la comida. Para la niña pedí un tazón de cereal, un yogurt de fresas y un sándwich de jamón para que comiera en la habitación y luego juntas vestidas lo más casual —ella en camisita rosa pálido, short de corduroy blanco al igual que los tenis y yo de blusa de encaje Chantilly gris, pantalón de tela negro y zapatillas de igual color— salimos a caminar para disfrutar la mañana. A cierta distancia pudo ver a los corderos de nuevo y entusiasmada se acercó a ellos, muy amablemente el pastor que los dirigía le hizo cargar un borreguito bebé que se escondía bajo su mamá. Caterina no se cansaba de acariciarlo con ternura, verla sonreír me hacía feliz también, luego cuando lo soltó vio como el borreguito buscaba otra vez a su mamá y ella lo recibió acariciándolo, noté que se puso triste y me incliné para abrazarla, a mí me pasó lo mismo, la niña recordaba a su mamá y eso era algo que no borraría de su memoria. Me abrazó sollozando también.
—¿Eres un ángel Eloísa? —me preguntó cuándo de la mano regresábamos a la villa.
—No, ¿por qué lo preguntas?
—Porque no eres como todos, eres especial.
—No te entiendo.
—No comes, no duermes, no te ves en el espejo y hablas con el otro ángel también, ¿no eres de verdad?
Asustada me hizo detenerme, me miró y yo no sabía qué decirle, debía confiar en su inocencia infantil.
—Nena… —me incliné a ella mordiéndome los labios—. Soy una persona normal, extraña pero normal. Tengo algunos privilegios que… no puedo explicarte porque no tienes la edad para saberlo ni entenderlo pero soy una persona normal, créeme.
—Tengo miedo de que desaparezcas y me quede sola otra vez —dijo con tristeza.
—No nena, no voy a desaparecer, estaré contigo cuidándote, te lo prometo, ¿quieres hacerme un favor?
Se frotó los ojitos y asintió.
—No le digas a nadie lo que me acabas de decir, a nadie, si dices eso me vas a meter en problemas porque la gente no cree en cosas extrañas, ¿lo harás? ¿No lo dirás a nadie?
—Lo prometo.
—Gracias chiquita —la abracé y luego volví a verla—. Mira lo que tengo para ti.
Saqué de la bolsa de mi pantalón una joya especial, una cadena que sabía que ella usaría con dignidad.
—Que bonita cadena Eloísa —sonrió—. ¿Es para mí?
—Sí cariño, es un regalo y es para ti —la acerqué a su cuello y se la puse.
—¿Era tuya? —miró el dije mientras la sostenía.
—Sí, era mía —la observé en su cuello—. Fue un regalo de un buen amigo.
—Me gusta mucho, gracias, la voy a cuidar mucho —me abrazó con ternura.
Suspiré sintiendo el aroma de su cabello. Caterina se había vuelto alguien muy especial para mí en tan poco tiempo y sabía que nadie mejor que ella portaría un regalo como ese. Estaba segura que el viejo John estaría complacido, era la niña, su inocencia y su dulzura la que merecía llevar una joya como esa, era mi decisión y sabía que él la aprobaría.
Volvimos a la villa.
Llegando Giulio mismo nos recibió y después de saludarnos me dijo que por la tarde me mostraría la propiedad, estaba ansioso porque montáramos juntos. Nos llevó a una de las terrazas donde todos estaban reunidos departiendo como familia, al llegar hice que Caterina saludara a todos ante su timidez y en ese momento Christina me dijo que el pediatra no estaba en Florencia sino que en Roma y que vendría hasta el Lunes por la tarde por lo que habría que esperar para la revisión de Caterina, pero a su vez me presentó a la persona encargada para cuidar de la niña, se llamaba Filippa y era una mujer que pasaba los cuarenta, de tez blanca y ojos claros. Se acercó a saludarnos y a ganarse la confianza de Caterina, la convenció de llevarla al salón de la televisión para que al mismo tiempo comiera una rica gelatina de cerezas por lo que la niña aceptó aún temerosa, le di un beso y se fueron.
Giulio, su padre y abuelo me dieron clases sobre el proceso de sus vinos y el secreto para obtener una bebida de su calidad que podía palparse en las delicadas botellas que ya conocíamos. No sólo era la diferencia que había en la elaboración del vino blanco, rosado y tinto sino todo lo demás; desde la llamada vendimia donde se seleccionaba la fruta —bajo algunas reglas de vinificación para su calidad— determinando el grado de alcohol que se deseaba gracias al sabor de su azúcar dado en la fermentación después, siendo antes estrujada, prensada y convertida en zumo después de descansar en contenedores especiales llevados a la bodega de procesamiento. Por regla general se dice que “el orden de los factores no altera el producto” pero en el caso de los vinos sí, ya que al menos el tinto requiere de pasos a la inversa en comparación con el blanco y el rosa, algo que puede confundir a quien no conoce el proceso así que es mejor aprender mucho sobre esto. Me decían que iba a ver en primera fila las extensas cavas donde ya reposaba todo y deseaban que probara directamente el líquido de la barrica a la copa para apreciar el sabor del vino almacenado. Ver como hablaban con tanto entusiasmo de su trabajo era admirable y el pasar ese conocimiento a generaciones de la familia era aún mejor, notaba como Giulio amaba lo que hacía, amaba la empresa de su familia y daba lo mejor de él en su desempeño, no así Donato que parecía ser un poco más indiferente o al menos prefería coquetear más con la asistente de su primo que poner atención a lo que sus superiores decían.
Después de estar con todos ellos un momento y mientras esperaban la llegada del pintor y su pareja y la otra prima de Giulio y después de repasar el itinerario de lo que sería el siguiente día, mientras uno a uno nos dejaba en la terraza y yo buscaba la excusa de volver con Caterina, la nonna me detuvo.
—¿Eloísa?
—Signora.
—¿Podrías quedarte un momento por favor?
—Por supuesto.
Volví a sentarme y ella se acercó a mí para sentarse a mi lado.
—Querida me gustaría hablar contigo.
—Dígame.
—Es sobre… tu… posición.
—No entiendo.
—Me refiero a… tu deber con mi nieto.
Levanté una ceja porque no entendía las intenciones de sus palabras, le prometí a él que no iba a meterme en la mente de su familia y debía cumplirlo.
—¿Mi deber? ¿Se refiere a mi trabajo con él?
—Me refiero a todo lo que los une y no sólo el trabajo.
—Signora Giulietta…
—Dime sólo Giulietta o Julieth como prefieras, soy inglesa antes de mi nacionalidad italiana.
—Grazie.
—Querida soy mujer así que te pido que seamos sinceras porque te entiendo —me sostuvo la mano—. Eres un muy buen elemento para mi nieto y más por su posición como presidente de la sucursal española, agradezco el apoyo que le brindas, se nota lo bien y satisfecho que está contigo por no decir que realmente está feliz, ¿te das cuenta lo que eso significa?
—Por favor no malinterprete nada, él tiene su novia y…
—Esa escuálida no es nada, para él no significa nada más que una carga, él debe librarse del peso de esa relación, él no ha sido feliz con ella, lo ha intentado que es diferente pero es más costumbre que otra cosa. No hay amor y menos en ella, para Antonella Giulio es sólo una obsesión por lo guapo, por su posición y por su dinero pero que no me diga que lo ama.
—¿No le cae bien?
—Nunca lo hizo, desde el principio me pareció frívola, superficial, ni siquiera es un estuche bonito, a ella sólo le interesa su carrera y donde su esquelética figura la pueda llevar. Si tanto amara a mi nieto estuviera aquí sabiéndolo en Italia y no en Nápoles.
—Ella está en España —cometí la indiscreción
—¿Qué?
—Fue a buscarlo pero no pudieron verse, sólo sé que hablaron por teléfono.
—Pues es igual y pareciera que lo hace a propósito, vaya coincidencia que él viene a Italia y ella no está en el país, como sea eso me tiene muy molesta. No le gustan las reuniones familiares y no se le puede obligar, mejor para mí, así evito que la bilis se me reviente con sólo verla. Es inmadura y sólo piensa en divertirse y en su vida social.
Curvé mis labios y bajé la cabeza, era mejor que nunca supiera lo que yo si sabía sobre ella porque la abuela de mi jefe sería capaz de darle veneno como primera opción y yo gustosa la secundaría.
—Sólo tú puedes hacer que mi nieto olvide a esa mujer, sólo tú puedes hacer que no piense en ella —insistió.
—Yo sólo soy una empleada y no tengo el derecho…
—Para Giulio eres mucho más que eso. Yo quiero verlo feliz y entusiasmado en su trabajo y eso lo puede lograr sólo contigo, ya lo hace.
—Giulietta ¿se da cuenta de lo que me está diciendo?
—Por supuesto y para ser más directa te diré que me gustas para él, me da gusto que él no te vea como una simple empleada, ¿acaso no te has dado cuenta? Lo he notado y he observado cómo te mira.
—Yo… no soy la mujer perfecta para él.
—¿Estás comprometida con alguien?
—No.
Ella miró mi anillo.
—El anillo es… una joya familiar —le aclaré escondiendo un poco la mano.
—Si eres una mujer libre eres perfecta para él, eres hermosa y competente, lo entiendes como jefe y supongo que también como hombre, ¿no te gusta?
—¿Qué no me gusta?
—Él, ¿acaso no es encantadoramente apuesto?
Bajé la cabeza de nuevo y sonreí.
—Tu actitud me ha respondido —sonrió también—. Agradezco el aprecio que le tienes y que te preocupes por él, ese es un buen comienzo y una ventana al amor.
—¿Al amor? —reaccioné y la vi.
—Así es querida —se paró y me palmeó la mano—. El amor comienza con los pequeños detalles y sé que ambos lo hacen mutuamente por el bienestar del otro y eso me da mucho gusto.
Guiñándome un ojo y muy sonriente me dejó en la terraza, era mi aliada no había duda, una persona única que me había mostrado simpatía y cariño, algo que agradecía.
Me había dejado en esa terraza según ella para que pensara las cosas pero al momento sentí algo que no me esperaba y me asusté, detrás de unos cipreses a distancia pude verlo, era James y estaba furioso. Me acerqué al borde del balcón y nos miramos, debía buscar la manera de calmarlo y que no hiciera nada malo que pudiera afectarnos ni a él, ni a mí, ni a la familia que era muy ajena a todo.
—Tranquilo —le hablé en telepatía.
—¿Buscas una nueva familia? —me contestó.
—Es trabajo James, ¿lo entiendes?
—¿Y eso te hace estar con él en su misma casa?
—Su familia es muy hospitalaria, además acabo de adoptar a una niña.
—¿Qué?
—Hablaremos a la media noche cuando ya todos duerman, ¿sí? Yo te buscaré.
—Te estaré esperado.
Asentí y en ese momento una de las sirvientas me buscaba para decirme que ya la señorita Lucrezia Di Gennaro había llegado así que bajé al salón para reunirme con los demás.
Nos presentaron y era muy amable aparte de bonita, de piel blanca, cabello oscuro y los mismos ojos azules de su abuela por lo que me extrañó compararla con su hermano. Ella estudiaba una maestría en negocios porque hacía alarde con orgullo de que sería la heredera de su padre en cuanto a su lugar en la empresa, ya que insistía en que Ángelo jamás lo haría por su carrera en la pintura aunque fuera el mayor y en Donato obviamente no se podían tener esperanzas y era algo con lo que lo pasaba molestando y más, cuando no reparaba en decirle lo irresponsable e inmaduro que era y que con él no se podía hablar en serio porque todo lo tomaba a broma, comentarios que obviamente a él no le hacían gracia. Estando en el tiempo con ella avisaron que ya la lujosa camioneta del pintor llegaba y la nonna no pudo ocultar su emoción también, todos salimos al pórtico para recibirlo y Giulio no pudo evitar fruncir el ceño al ver cómo llegaba, andaba con guardaespaldas de verdad que lo protegían y eso era abrumador y hasta exagerado como opinó el mismo Donato rodando los ojos, pero cuando salió de la camioneta fui yo la que no pudo evitar abrir más los ojos, era un hombre guapísimo, sumamente atractivo, con una sonrisa deslumbrante que podía someter a cualquier mujer, nariz fina y mentón cincelado, labios perfectos y unos ojos celestes cristalinos imposibles de olvidar. Disimuladamente miré a Giulio y luego me volví al pintor, vaya primos, vaya estampa de familia, entre ellos dos era imposible decidir en cuanto a belleza y perfección masculina, que cuerpo, que mentón, que porte, yo misma sacudí la cabeza reaccionando a lo que me provocó, me afectó ver a un hombre como él, tenía más parecido con su hermana Lucrezia que con Donato cuyos ojos de avellana y cabello castaño claro no encajaban con los perfiles de sus hermanos y eso lo hacía un tanto diferente físicamente. Todos lo saludaron con alegría y él mismo —el pintor— no paraba de reír, se notaba realmente feliz y más cuando la mujer que lo acompañaba salió de la camioneta también, alcé las cejas al verla, ahora entendía su felicidad, era muy hermosa, con un cuerpo que parecía esculpido por las curvas que le resaltaban ya que el jean azul y la blusa blanca de botones frontales le ayudaba mucho a su figura, el rojo de su cabello suelto brillaba con la luz del sol que la bañaba sin contar sus atrayentes ojos azules también. La nonna y su esposo se quedaron atónitos cuando él la presentó, noté como Giulio la miró de pies a cabeza y en ese momento sí quise saber lo que pensaba pero quien estaba más afectado al verla fue Donato, no podía cerrar la boca y ni siquiera parpadeaba, no disimulaba y ahora respiraba tranquila porque sabía que sus intenciones de Casanova tenían otro rumbo así que ya no sería un dolor de cabeza para Giulio sino para su propio hermano. Nos presentaron también y no pude evitar sonreírle cuando el pintor hizo lo mismo extendiéndome la mano, vaya que era un hombre en toda la extensión de la palabra y me había quedado sin adjetivos para seguir calificándolo pero tuve que disimular por su pareja a quien también saludé, la simpática pelirroja sin duda era una verdadera belleza americana que podía darse el lujo de tener comiendo de su mano a un magnate italiano.
Mientras todos se reunían para almorzar yo con la excusa de Caterina que era una niña ajena a la familia les pedí disculpas por no hacerlo con ellos para acompañarla a ella en la habitación, estando solas y juntas ella se sentía mejor y más a gusto, además ambas éramos huéspedes que nada teníamos que ver con los asuntos familiares por lo que juntas nos sentíamos mejor en algo en lo que sólo ella y yo encajábamos; en la soledad.
A media tarde ya Giulio no podría mostrarme su villa porque había que prepararse para la fiesta familiar, algo que lo aliviaba por el motivo que ambos conocíamos; la visita de su supuesta novia que deseaba evitar, lo que no contaba era que sus planes no iban a salir como esperaba. Cuando ya la nonna había dispuesto todo para la reunión y mientras estábamos en el patio trasero, las mujeres sentadas y los hombres de pie con sus copas en mano y yo tenía a Caterina en mis piernas la sentí, era algo que nadie esperaba y menos él, llegó sin avisar. La tipa esa había llegado de improvisto, había dicho el Lunes y llegó antes arruinando los planes de Giulio a quien miré y en mis ojos pudo ver lo que deseaba decirle. Frunció el ceño, apretó los labios, exhaló con lentitud, cambió completamente su semblante a uno tenso y antes de que pudiera acercarse para preguntarme lo que pasaba, una sirvienta se adelantó para dar aviso a la familia.
—La señorita Antonella Bellini acaba de llegar.
A todos se les quitó la sonrisa y la molestia se dejó sentir, Giulio tensó más la mandíbula y estando Giulietta cerca de él lo único que ella hizo fue sujetarlo de una mano alentándolo. Sus padres lo miraron al otro extremo de la mesa central y sus primos igual, la pelirroja no entendía la actitud de la familia y yo fingía tampoco entender.
—Que pase —ordenó Piero con seriedad.
—¿La señorita se quedará? —insistió la sirvienta—. Trae su equipaje, vino directo del aeropuerto.
Giulio exhaló haciendo a un lado la copa de vino que bebía, todos lo miraron.
—Sería una descortesía no mostrarnos amables —opinó Christina.
La nonna y su marido se miraron tratando de decidir rápido la solución a la situación que obviamente le molestaba a su nieto.
—Que le preparen otra habitación —ordenó Giulietta sin remedio.
—¡Buon pomeriggio! —entró al patio alzando la voz con toda su pompa llamando la atención.
Saludó a todos los que conocía uno por uno siendo Donato el que más le sonriera y la abrazara mostrándose tal para cual, pero a nosotras, a la pelirroja y a mí nos miró de manera extraña y con altivez y me observó más a mí mirándome con Caterina y eso no me gustó, un menosprecio a la niña no se lo iba a permitir ni así fuera una descendiente de los Saboya. Con toda la intención abrazó y besó a su novio aferrándose de su brazo muy feliz, queriendo mostrarse la mujer cariñosa que no era, pero lo que en realidad quería era dejar claro que Giulio era de ella y de nadie más. Entre frías presentaciones y un ambiente tenso la tertulia continuó, ella estaba feliz por haber llegado a tiempo para la reunión de familia mientras que los demás sentían que ya se les había estropeado su estadía, parecía que gozaba más de antipatía que de la gracia de la familia.
Para la reunión familiar Caterina se quedó con la persona que la cuidaba y volvió a llevarla al salón de televisión, allí pintaría sus libros mientras miraba algún programa favorito y de igual forma iba a comer a su antojo. Estando en mi habitación vestida con el albornoz del baño me senté frente al tocador para peinarme y maquillarme antes de vestirme pero no dejaba de pensar en él, no estaba de buen ánimo, exhalé, dudaba en presentarme a la reunión pero no tenía excusa y además, daría pie para que las especulaciones comenzaran y fueran acertadas porque ella ya comenzaba a sospechar que la actitud de “su novio” se debía por otra mujer que esperaba conocer muy bien, sospechaba de mí y pasara lo que pasara iba a afrontarlo. Me peiné con un moño a la nuca y me maquillé lo más sutil que sabía, seleccioné un vestido negro ceñido al cuerpo e iba a calzar de nuevo unas amenazas de casi doce centímetros, usar esos “stilettos” poca gracia me hacía. Mientras extendía el vestido sobre la cama tocaron la puerta y sabía que era él.
—Adelante —me arreglé el escote del albornoz.
Entró y me miró inmediatamente, sabía que no miraba nada frente al espejo del tocador que debía reflejar mi imagen pero eso ya no le importaba, intentó sonreír pero no podía fingir lo que sentía y no estaba bien obviamente, ni siquiera se había vestido para la reunión.
—Preciosa —susurró.
—Gracias, pero aún no me visto.
—Te ves bien de cualquier manera, aún en un albornoz, me gusta tu peinado y tus facciones —volvió su vista a lo que miró en la cama—. Sé que vas a deslumbrar con ese vestido, algunos no dejarán de suspirar.
Lo dijo con melancolía, sabía que uno de los que suspiraría sería él mismo aunque lo hiciera en sus adentros.
—Espero estar a la altura de la reunión —intenté animarlo—. Pero, ¿se te olvida tu cuñada? Sin duda la que va a deslumbrar será ella.
—Ángelo es afortunado —suspiró acercándose al espejo mirándose su decaído semblante—. Esa mujer parece sacada de la fantasía, físicamente es perfecta de pies a cabeza, Donato no se la cree, la bautizó “lujuria” porque dice que mujer más sensual que esa no había conocido. Se quedó corto con los adjetivos, dice que debe ser perfecta para la pasión, el deseo y el sexo desenfrenado, al sinvergüenza se le disparó el libido fantaseando con ella y será mejor que Ángelo no lo sospeche porque no es tan manso como aparenta, podrá ser pintor y tener esa sensibilidad pero con lo suyo es estrictamente celoso y por muy hermano que sea va a ponerlo en su lugar.
—Al menos sus deseos estarán enfocados en ella ahora.
—Y no creo que bromee y menos sabiendo que ella es californiana, ahora si está interesado en la agencia en América, tanto, que va a convencer a mi tío para hacerlo cuanto antes, si es posible haciendo presión hasta en la misma junta directiva.
—¿Tanto así? —me sorprendí.
—Tanto que su hermana Lucrezia no se lo cree tampoco, su repentino interés es en extremo exagerado, el sinvergüenza no disimula nada.
—Entonces será mejor que la novia de tu primo se encierre bajo llave en su habitación a la hora de dormir.
—En eso él no podrá hacer nada.
—¿Por qué?
—Porque Ángelo nos ha sorprendido a todos diciendo que son pareja y que duermen juntos, no quiso que la nonna le preparara habitación aparte a ella, un punto menos a las intenciones de Donato si esperaba lograr algo pero fueron los expresos deseos de Ángelo, no quiere separarse de ella y eso es sorprendente, puede ser una falta de respeto a la moral de la familia pero Ángelo fue honesto y al menos se agradece. La chica americana será la primera mujer en su habitación privada y en su exclusiva cama, un privilegio para ella y él prometió portarse bien.
—Pues sí que debe de estar enamorado, déjenlo que disfrute su amor.
—Pienso que una mujer así debe ser en parte un dolor de cabeza.
—¿Cómo?
—No es nada grato tener a una mujer que también otros desean, Ángelo tiene serios problemas en ese aspecto o los va a conocer ahora.
—Me extraña oírte hablar así —me acerqué a él.
—No me hagas caso, creo que necesito divagarme.
—Lo entiendo.
—Sabes, tengo una curiosidad.
—Dime.
Se apoyó en el tocador de espaldas al espejo para verme.
—¿Miras tu imagen?
—Sí.
—¿Y cómo supiste cuando los demás no te miraban?
Exhalé.
—Fue justo poco después de terminar mi venganza, debía intentar seducir a un tipo para el que Damián tenía planes, planes que yo llevaría a cabo y no me dijo, era una reunión de nobles en Francia, nadie me conocía y me valí de eso. Caminamos por uno de los pasillos para salir a un balcón con vista al mar cuando justo antes de salir… le pasó lo mismo que a ti en Segovia, había un enorme espejo que decoraba la pared y a su grito me asusté, me miró horrorizado porque no me vio en el reflejo, me acerqué para callarlo y lo que hizo fue gritar más y pedirme que me alejara no sin antes llamarme “bruja” cosa que me molestó mucho. Armó tremendo escándalo y antes de que los guardias aparecieran tuve que actuar, lo sujeté del cuello y él oponiendo resistencia comenzó a forcejear, ya no podía controlarse, no podía callarlo. En ese momento me aturdí también que mis poderes mentales no funcionaban para dominarlo así que sólo tuve la opción de hacer una sola cosa y él, Damián, me susurró que lo hiciera, no tuve más remedio que obedecer, la única manera de callar a ese desquiciado fue lanzándolo a las rocas y lo hice. Obvio después de eso Damián escuchó mis reclamos por su broma, yo no tenía claro lo de mi imagen y así fue como lo supe, desde ese momento fui más cuidadosa y tomaba mis medidas en cuanto a eso.
Bajé la cabeza apenada.
—Eloísa lo siento —me levantó la cara sujetando mi mentón—. Soy un estúpido no debí preguntarte eso, no hoy, ni aquí.
Exhaló también, estaba decaído.
—¿No quieres que baje? si es eso dímelo, invento lo que sea —le dije al notarlo así.
—No es eso, has sorteado bien tu condición, además es tu deber estar como mi asistente, pero… —su tristeza y decepción no la podía ocultar—. ¿Lo sabes verdad?
—Estás mal por ella.
—Mi familia no está bien, la han recibido y le han preparado una habitación pero no es lo que yo quería.
—Debes hacer lo que tengas que hacer, es tu oportunidad.
—¿Pero en la fiesta de la familia?
—¿Ya no pueden posponerla?
—Ya no hay marcha atrás —cerró los ojos y los apretó—. Las cocineras están preparando todo y la familia ya se están vistiendo también, de nada vale cancelarlo, ya no y además a ella le entusiasma.
—¿Y de casualidad no quiso dormir contigo también? —pregunté con sarcasmo.
—Claro que sí, me dijo que hiciera lo mismo que Ángelo, que si él podía tener a su mujer en su cama yo tenía el derecho de hacer lo mismo, insistió en que está deseosa de estar conmigo.
Tragué con disimulo, no sería mala la idea de que tuviera algún pequeño accidente, levanté una ceja tensando los labios.
—Pero no será así —acarició el contorno de mi cara—. Con ella no quiero absolutamente nada, más que acabar con todo de una vez.
—Pues al mal paso darle prisa.
Me sujetó las manos y las besó.
—Le pediré a Donato que venga por ti para que no bajes sola, ¿te parece?
—Me da igual.
—Quería que bajaras de mi brazo pero…
—Tranquilo, entiendo, sólo haz lo que tengas que hacer, mira esto como una oportunidad.
Asintió y caminando lentamente salió de la habitación, notaba que lo que sentía era un enorme peso y debía deshacerse de eso cuanto antes para su tranquilidad y la de su propia familia.