Capítulo XI
El Reencuentro
El día transcurrió normal, a pesar de saber a mi amado lejos de la ciudad no dejaba de pensar que esa mujer ya estaba en Bórdovar y para colmo no sola, sino con su “amante” o al menos eso nos hacía creer. Por la tarde me dediqué a refrescar la memoria de los gemelos con las tutorías pendientes y después de la cena me retiré temprano a descansar. Estando en la cama, Loui me llamó de nuevo para darme la buena nueva de que regresarían al siguiente día por la tarde lo cual me llenó de alegría pero al momento se me quitó, sabiéndolo de nuevo en el castillo, la zorra francesa atacaría de nuevo y eso me molestaba mucho. Tenía que hacer algo y buscar la manera para que esa tipa se fuera del reino, no toleraba su presencia y menos, la del hombre que la acompañaba. En la oscuridad de la habitación comencé a sentir temor, intentaba dormir de una manera y luego de otra, miré el techo, la ventana, cerraba mis ojos pero no lograba conciliar el sueño, pensaba en él, en sentirlo, en desearlo, pero eso me ponía peor. Me senté en la cama y sujeté mi cabeza, sentía que no podía pensar, mi respiración se tornó acelerada por un momento y comencé a sentir un extraño frío, no sólo por el clima sino por miedo. Me recliné en el respaldar de la cama y prendí mi lámpara, me serví un poco de agua y me la bebí de un sorbo, en el cajón de mi mesita que estaba entre abierto miré el diario de la reina y preferí seguir leyendo para distraerme y lograr que Morfeo me visitara.
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Cómo a las cinco de la tarde una de las sirvientas llegó a decirnos que tanto el príncipe como el duque —su alteza y su excelencia dijo ella— nos esperaban en uno de los salones privados para compartir un pequeño refrigerio, así que como Tita y yo estábamos vestidas de manera casual sólo nos retocamos el maquillaje y el peinado y acompañamos a la mucama. A Tita no le hacía ninguna gracia pero no había otro remedio y además debo reconocer que el estar encerrada en la habitación me estaba aburriendo exageradamente, además se debían aclarar las cosas en ambas parejas. Cuando llegamos al salón ya estaban esperándonos y al vernos, obviamente se levantaron de la mesa y se apresuraron a recibirnos y a saludarnos.
“Bendita caballerosidad de nobles” —pensé.
—Cariño, tan bella como siempre —me dijo Leo a pesar de andar yo con el cabello suelto, con un conjunto de pantalón y blusa ceñida al cuerpo un tanto escotada, me miró hipnotizado y besó mi mano—. Gracias por aceptar la invitación.
—Gracias a ti —le contesté notándolo como el hombre del que estoy enamorada, la mirada dura y desconcertante que le había visto hace unas horas, había desaparecido.
—Mi lady —besó la mano de Tita—. Muchas gracias a usted también.
—No tiene nada que agradecer —dijo Tita—. Soy yo la que agradece sus atenciones.
El duque se acercó a nosotros y la tensión se dejó sentir un momento, estaba consciente que le había faltado el respeto y no tenía más remedio que pedirle disculpas.
—Que bueno verte de nuevo querida —me dijo tomando mi mano para besarla también—. Y Leopoldo tiene razón pero yo digo que sobrepasas tu belleza, es cuestión de herencia y eso no lo puedo negar, mi nieto es realmente muy afortunado.
Cuando dijo eso inmediatamente miró a la abuela y ella se incomodó un poco ante lo que había dicho, era obvio que lo de la “belleza heredada” lo decía por ella.
—Gracias excelencia —le dije haciendo una reverencia—. Por favor le ruego me perdone por lo que le dije, fue una imprudencia y una malcriadeza, una falta de respeto, por favor…
—Tranquila niña —me interrumpió dándome una palmadita en la mano—. Tuviste toda la razón en hacerlo y desahogarte, me gusta que tengas carácter, eres honesta y no escondes lo que sientes, serás una digna compañera para el futuro rey.
Sus palabras me habían dejado helada y no pude disimular, agradecí sus elogios pero lo último que había dicho fue lo que más me asustó, la verdad no me miraba en ese papel, al menos no todavía y eso me asustaba mucho.
—Gracias —me limité a decir mientras Leo me aferraba a él, sujetándome de la cintura a modo de darme confianza por lo dicho por su abuelo.
Realmente estaba asustada pero pude leer en la expresión de sus ojos un “no me dejes, te necesito” y pensar así me derretía en sus brazos. ¿Habría algo que pudiera negarle a este hombre? Creo que no, todo él me hace decirle “sí” a todo.
La mirada del duque se dirigió de nuevo hacia Tita y ella también lo miró, ambos tenían mucho que decirse, tomó la mano de la abuela y la besó largamente y con devoción, sólo él sabía lo que sintió en ese momento y estoy segura que Tita sintió esa corriente eléctrica que estremeció su cuerpo como a una quinceañera aunque tratara de disimularlo, sensación que seguramente ya había olvidado. El reencuentro con un antiguo amor no debía ser nada fácil y más, cuando seguramente ambos ya habían olvidado y enterrado ese pasado, no era nada fácil volver a revivir lo que una vez sintieron y lo que el tiempo no pudo matar, era evidente, el amor nacía de nuevo entre ellos, aunque no lo quisieran reconocer.
—Gracias por estar aquí —le dijo el duque a Tita sin soltar su mano—. Es un placer contar con… la exquisita presencia de ambas.
Tita se quedó mirándolo fijamente, creo que un reencuentro así nunca lo esperaron.
—Gracias a usted —le dijo Tita haciendo una reverencia.
Ellos necesitaban su tiempo para hablar y aclarar las cosas, pero no creía que Tita quisiera que la dejara sola con él, sé que todavía no asimilaba todo esto, así que ni modo, estaríamos los cuatro hablando aunque fuera sólo del clima.
—Por favor… —dijo Leo tomándome más firme de la cintura—. ¿Nos sentamos a la mesa?
Tita y yo asentimos con la cabeza y el duque que no soltaba su mano, la llevó a su brazo ofreciéndoselo para acompañarla, se estaba portando muy caballeroso y al menos eso me dio mucho alivio. Ambos hombres nos acomodaron las sillas para sentarnos cómodamente y cada uno se sentó justo frente a la abuela y frente a mí, obviamente el duque frente a ella y Leo frente a mí. Nos miramos disimuladamente con Tita, no podíamos dejar que nos intimidaran, la verdad el asunto se podía poner un poco incómodo, obviamente no podíamos disimular nada. Al momento Leo dio la orden para que sirvieran todo, bocadillos dulces y salados se miraban deliciosos, ensaladas verde y de frutas, vinagretas y mermelada, sin duda toda una explosión de sabores que fue servido de inmediato acompañado de vinos y té. Cuando todo estuvo listo Leo me mostró algunas cosas de las viandas pero al ver el caviar lo rechacé de inmediato, nunca me gustó es más me provocaba náuseas con sólo verlo por lo que lo retiró un poco de la mesa en consideración a mí, pero cuando intentábamos estar un poco a gusto y en confianza el duque soltó la pregunta del millón;
—Me dice Leopoldo que desean regresar mañana temprano, ¿Les es incómodo estar aquí?
Tita y yo nos miramos sin poder disimular, yo casi me atraganto con una uva y ella se limitó a tomar un sorbo del humeante té, yo había sido la causante de esto así que era yo la que lo tenía que arreglar.
—La culpa es mía excelencia —le contesté—. Fui yo la que tomó la iniciativa y creo que usted más que nadie sabe porqué.
Me miró atentamente mientras tomaba un poco de vino, me sentía apenada y me limité a bajar la cabeza. Leo tomó mi mano para darme confianza, la verdad que su abuelo podía ser un hombre intimidante, de intensa mirada azul era igual que la de mi príncipe, “vaya genes” se notaba que había sido un hombre guapísimo y si había sido como Leo le daba toda la razón a Tita, era imposible dejar a un lado a un hombre así, aunque su cabello tenía canas se notaba que había sido oscuro y su piel blanca se apreciaba suave como la de un bebé, sin duda un hombre muy fino y de buen ver todavía, a pesar de su edad se había cuidado y tenía muy buen cuerpo y si yo notaba eso era imposible que Tita lo ignorara, de haber sido una adolescente ella estaría retorciéndose en la silla intentando controlar la excitación, deseaba ver una foto de él en su juventud, estaba segura que había sido igual a mi Leo.
—Disculpe a mi nieta excelencia —le dijo Tita en mi defensa—. Es una niña arrebatada y no midió sus palabras, yo también le pido perdón a nombre de ella.
—No por favor. —Se apresuró a decirle tomando su mano con delicadeza—. Leonor estuvo en todo su derecho y me merecía todo lo que me dijo, agradezco que tenga carácter y diga lo que piense, es una chica auténtica que no puede esconder sus sentimientos y eso me hace sentir muy orgulloso, al saber que a pesar de su juventud tiene mucha madurez y una digna belleza heredada. Leopoldo no podía haber escogido mejor compañera para él, además no quiero que me trates de usted, tú y yo hace mucho que pasamos esa barrera.
Tita se quedó boquiabierta y lo miró fijamente sin poder decir nada, al igual que yo, su mirada intimidante me había hecho bajar la cabeza ¿y al mismo tiempo me halaga? ¡¿Pero se lo dice a ella?! Cuando le di la explicación que quería seguía regio y soberbio y cuando Tita interviene parece un cachorro en manos de su dueña, de verdad que los hombres son extraños y se notaba que éste, seguía bebiendo los vientos por ella, que envidia un amor así, si Tita se lo proponía podía hacer con él lo que le diera la gana, en momentos así es cuando una como mujer se siente poderosa, sólo esperaba que Tita se diera cuenta y no se hiciera la tonta. Este asunto podía terminar muy bien si me detenía a pensarlo, pero eso dependía sólo de ellos dos.
—Yo… —comenzó a decir Leopoldo—. Me siento muy feliz de tenerlas aquí y me gustaría que reconsideraran su decisión, no quiero que se vayan, hay mucho por hacer todavía…
—O decir —lo interrumpí. Los tres me miraron atentamente, especialmente Tita que con sus ojos me rogó que me callara.
—Será mejor hablar sin máscaras —dijo el duque—. Veo que Leonor es una joven muy decidida.
Tita y yo abrimos los ojos al máximo.
—No te preocupes Isabella —continuó el duque mientras sujetaba de nuevo su mano—. Mi nieto ya sabe de ti.
Tita tragó en seco y con la otra mano se llevó una servilleta a la boca, estaba muy ruborizada y su nerviosismo era evidente.
—No por favor, no es necesario —logró decir cuando pudo reaccionar.
—Si es necesario —insistió el duque besando su mano—. Aún estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido.
Yo boquiabierta y Tita sin poder asimilarlo; “Aún estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido”—dijo y en mis adentros suspiré, este hombre estaba demostrándole a Tita su romanticismo, el amor seguía intacto, yo misma deseaba derretirme ante su galantería y al sentir una caricia de Leopoldo en mi mejilla volví de nuevo a la realidad. ¿Quiénes eran estos hombres para tener ese poder de hipnotizar con sólo parpadear?
—Yo no sé qué decir —dijo Leo—. La revelación del abuelo me ha dejado perplejo, jamás imaginé que ustedes… bueno que se conocieron en el pasado.
—Fue hace mucho, mucho tiempo —le dijo Tita—. No tiene caso recordar, es más, hay muchas cosas que a mí ya se me han olvidado.
—¿De verdad? —Preguntó el duque levantando una ceja y mirándola sorprendido—. Porque a pesar de la edad yo si gozo de muy buena memoria y hay cosas que difícilmente se olvidan.
Tita lo miró fijamente y lo mismo hicimos Leo y yo, nos miramos sintiendo que estábamos de más en la escena.
—Lo que sea que vayan a hablar será mejor que lo hablen primero a solas —les dije—. Yo conozco la historia y no sé qué tanto la conoce el príncipe, pero el volver el tiempo y recordar, no será fácil para ustedes. Deben aclarar muchas cosas y despejar todas las dudas, a solas. Esa es mi humilde opinión.
Leo sonrió y besó mi mano también, Tita estaba sorprendida y el duque al parecer muy complacido.
—Insisto —dijo su excelencia muy sonriente—. Eres muy madura para tu edad y eso definitivamente me enorgullece, eres digna nieta de tu abuela, es una enorme dicha para un hombre encontrar a una mujer que reúna belleza e inteligencia a la vez, sin duda mi nieto es muy afortunado. Eres digna de un brindis Leonor, levanto mi copa y brindo por ti, la futura esposa del heredero. ¡Salud!
Apreté la mandíbula para que no se me cayera al piso, me sentí muy halagada y apenada a la vez, pero lo último me había asustado y disimuladamente tragué en seco. Levantamos las copas y nos unimos al brindis, Leo que estaba feliz besó mi frente y Tita sonreía complacida. Preferimos merendar hablando de otras cosas entre ellas, hacerme desistir de regresar a Barcelona lo cual con la aprobación de Tita acepté, haciendo que Leo se sintiera el hombre más feliz en ese momento.
Esa noche se preparó una cena especial para darnos la bienvenida —ya que no pudo ser en el almuerzo— así que Tita y yo tuvimos la oportunidad de arreglarnos y lucir radiantes para nuestros enamorados. Cuando nos reunimos con ellos intentamos olvidar todo un momento y nos dispusimos a pasar un buen rato. Después de compartir una exquisita cena, ambos hombres nos invitaron a bailar, para Leo y yo era algo muy normal pero para la abuela y el duque no era así o al menos no para ella. La suave música de piano que sonaba en el tocadiscos nos envolvía muy románticamente y mientras yo había aceptado la invitación de Leo, la abuela seguía dudando y prefirió quedarse por un momento en la mesa.
—Eres hermosa —dijo Leo mientras me sostenía en sus brazos y yo evitaba derretirme girando con él al ritmo de la música de los valses de Chopin.
—Gracias. —Me limité a decir—. Tú… también eres muy apuesto, hermoso, ¿Eres de verdad?
Sonrió con gusto ante lo que había dicho y asintió con la cabeza.
—Pues creo que sientes que te tengo en mis brazos, puedes sentir mi mano en tu cintura y esto…
Sujetó mi barbilla y llevó mi boca a la suya, era delicioso, era un sueño.
Bajé la cabeza saboreándome cuando volví a la realidad, no quería ser motivo de las miradas de los que aún estaban en la mesa.
—Como ves soy muy real —sonreía mientras me apretaba más a su cuerpo.
—Tengo miedo de despertar, siento que estoy en un sueño y no quiero que se acabe.
—No tiene porqué acabarse —besó mi mano—. Ambos estamos en el mismo sueño entonces, no quiero perderte Leonor, no tienes idea de lo que significas para mí. Te quiero siempre conmigo, a mi lado, no es un juego, nunca he jugado y estoy hablando en serio.
—No me imagino todo esto, tu mundo me aterra, he sido una chica común y corriente, no quiero cambiar, Leo te amo pero no puedo olvidar tu lugar, no sé cómo llamarte y no estoy acostumbrada a la aburrida propiedad.
—Si siendo una persona normal puedo darte tranquilidad entonces eso seré para ti, olvida quién soy, olvida dónde estás, olvida el mal rato que te hice pasar, perdóname.
—Puedo perdonarte pero no olvidar quién eres y eso me asusta.
—Soy sólo un hombre —susurró a la vez que pegaba su frente con la mía y acariciaba mi nariz con la suya—. Un hombre que está profundamente enamorado y que te ama.
Lo miré fijamente, me veía en su cristalina mirada, la hermosura de sus ojos me sometía a él sin palabras, fui suya desde la primera vez que lo vi y supe desde ese momento que no podría ser de nadie más. Acarició mi mejilla y me besó de nuevo. Cuando seguimos bailando noté que Tita y el duque seguían en la mesa y platicaban un tanto serios, cuando me miró por un momento le hice un gesto para que aceptara bailar con él lo que hizo que me pusiera los ojos en blanco.
—¿Notas a nuestros abuelos? —preguntó Leo haciéndome reaccionar al sonido de su voz.
—Sí y creí que la velada les hubiera servido para… una reconciliación.
—Entiendo que no debe de ser fácil, pero hay que respetar sus decisiones.
—Yo… me siento un poco apenada por todo esto.
—Pues yo me siento feliz —susurró en mi oído—. Sé que suena egoísta pero siento que el destino nos ha unido, dejemos que ellos arreglen sus problemas a su manera pero nosotros disfrutemos lo nuestro, el presente que tenemos y el futuro que nos espera.
—¿Futuro? —pregunté asustada deteniéndome por un momento.
—Así es. —besó mi frente—. ¿Piensas que te vas a librar de mí?
Lo miré ruborizada y él sonrió.
—Te quiero conmigo Leonor —insistió—. Sé que te asusta pero no quiero a ninguna otra mujer junto a mí, te quiero a ti, te quiero como mi consorte, como mi pareja, como mi amiga, como mi amante, como mi esposa y como la madre de mis hijos.
Tragué en seco ante todo eso, me derritió pero no me sentía preparada, todo sería maravillosamente perfecto si no fuera por su posición.
—Tranquila. —Me besó en los labios tiernamente y siguió llevándome al ritmo de la música—. Falta mucho para eso, por ahora disfrutemos la velada.
Ver que por fin Tita había aceptado la invitación del duque para unirse a nosotros, me llenó de alivio, sé que estaba nerviosa pero también sé que en el fondo se sentía feliz.
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