Capítulo XVIII

 

Mi Duda

 

Para el medio día que estábamos compartiendo un almuerzo en familia en una de las terrazas una llamada nos quito la alegría, nos disponíamos a degustar el postre pero se trataba del doctor Khrauss y obviamente necesitaba hablar con Loui, su expresión me sorprendió y su piel de pronto perdió color y se puso helada. Levantándose de la mesa besó mi frente y se dirigió con el teléfono en mano a una de las esquinas, parecía que no quería ser escuchado;

—¿Por qué Loui se puso así? —le pregunté a Randolph.

—No tengo idea, seguramente será por el problema del doctor Valder.

—No creo que Loui se haya puesto así por él, lo noté con un semblante de preocupación, me extraña.

—Con todo respeto majestad creo que son imaginaciones suyas —dijo Randolph mientras saboreaba el postre—. Usted sabe cómo es él y como puede cambiar de humor fácilmente.

—En eso secundo a Randolph. —Dylan también disfrutaba el postre—. Tener que atender una llamada inoportuna en pleno postre pone de malas a cualquiera.

—Pues no creo que sean imaginaciones mías, Loui no está molesto por la llamada, está preocupado que es diferente, parecía que la esperaba y no la esperaba a la vez.

Randolph se limitó a seguir comiendo al igual que Dylan, daba la impresión de querer ignorar mi comentario y eso me desesperó más, así soy y debido a eso ni siquiera sabía que sabor tenía el postre. Al momento él regresó la a mesa;

—¿Amor que pasa? —pregunté curiosa.

—No es nada amor mío —besó mi mano.

—Debería de probar el postre majestad —le dijo Randolph—. Está muy bueno.

Me daba la impresión de que Randolph le estaba protegiendo las espaldas pero eso no logró despejar mi mente, al contrario, ese nudo de resistencia que se hacían me hacía exhalar y contener mi paciencia que intentaba controlar;

—Tienes razón Randolph, voy a probarlo. Amor mío, ¿me sirves un poco por favor?

—Con gusto —contesté tratando de no mostrar mi impaciencia—. ¿Dijo algo el doctor sobre Víctor?

—Veo que no se te escapa nada. —Loui me miró a la vez que negaba con la cabeza.

—Ya sabes cómo soy. —Le serví un pedazo de tarta con crema.

—Efectivamente, al parecer la hermana de Víctor ya reaccionó pero… su estado de shock es muy severo, su mente está ausente y no habla.

—Que horrible —fruncí el ceño.

—Pobre chica —dijo Dylan reclinándose en su silla.

—Y pobre doctor Valder —dije soltando el aire—. Como su hermano es muy duro lo que él está pasando y la impotencia que debe sentir lo debe de poner más mal, sin poder hacer nada para ayudar a su hermana eso debe de ser terrible.

—Al parecer tendrá que tomar una decisión con respecto a ella —dijo Loui—. Y lo más sano, es muy posible que no regresen a su residencia, el trauma sigue allí y es peligroso que ella pierda completamente la razón.

—¿Y entonces?

—El doctor Khrauss le recomendó lo mismo que tú —continuó mientras probaba el postre—. Y al parecer está considerando traerla a Bórdovar.

—¿Y el novio? —Preguntó Dylan—. ¿Qué dirá él de todo eso?

—No tengo idea —contestó Loui—. Pero lo que diga o piense no le valdrá nada a Víctor, es la salud de su hermana y él es el único responsable de tomar decisiones en cuanto a ella, por su bienestar y por él mismo.

Me imaginaba a Víctor solo, desesperado e impotente por esta situación y deseaba hacer mucho para ayudarlo, era un hombre noble y merecía mucho apoyo, apoyo que yo estaba dispuesta a darle. Cuando terminó el postré Loui y Randolph necesitaban hablar de muchos asuntos así que se encerraron en el despacho casi toda la tarde, mientras los niños y yo tratábamos de decorar el salón principal para dar la bienvenida al ambiente navideño, Dylan se nos unió y al ver todos los adornos la melancolía lo abarcó un momento, supo que en poco tiempo tendría que regresar con su familia y seguramente no volvería a Bórdovar;

—Ya pronto se irá de Bórdovar —le dije notando su intención de suspiro—. Y podrá pasar las fiestas navideñas con su familia, eso es lo mejor.

—Sí —tomó un cascanueces en entre manos y lo observó—. No hay nada como la navidad en familia.

—Esta semana y las siguientes tengo una agenda muy apretada —le dije mientras decoraba la chimenea con las velas—. Las donaciones deben de estar listas para enviarlas antes del fin de semana, luego se aproxima el cumpleaños del rey el cual me encargo de celebrar, luego tenemos otro aniversario de bodas y después llega también el cumpleaños de los gemelos.

—Serán días de fiesta. —Me miró por un momento—. Me gustaría algún día llegar a… ser tan dichoso como lo es Ludwig, es muy afortunado de tener una familia y una mujer como usted.

Ambos nos quedamos en silencio por un momento y mientras traté de olvidar lo último que dijo, me dirigí a una mesa cercana a él para coger unas bellotas pero él gentilmente trató de alcanzarlas primero para dármelas, lo que hizo que nuestras manos se tocaran sutilmente. Ese roce me dio una sensación extraña y no puedo describir lo que me hizo sentir, la mirada de Dylan buscó la mía y no entendía lo qué quiso decirme con el melancólico lenguaje de sus ojos;

—Si gusta… —comencé a decir tratando de disimular que no había pasado nada—. Puede irse después de las fiestas, sería muy grato para Loui tenerlo aquí y que pueda compartir con nosotros esos días.

—El honor será mío —dijo mientras apenado se dirigía a la ventana.

El silencio se hizo presente de nuevo y al parecer los temas de conversación se habían acabado, después de colocar las bellotas que adornaban la chimenea me dispuse a colocar las guirnaldas en la parte alta de la misma pero cuando logré subir unos cuantos escalones de un pequeña escalera que tenía a la mano un mareo en mí se hizo presente, fue algo muy intenso y comencé a sentir que me faltaba el aire;

—Majestad, ¿Se siente mal? —escuché que Gertrudis me preguntó.

Con un gesto de la mano le dije que no era nada pero sentía que no podía respirar, el mareo se hizo más intenso y de repente ya no sentí mi cuerpo, todo lo vi negro, antes de caer unos brazos me sostuvieron y la temperatura de mi cuerpo bajó completamente, no perdí del todo el conocimiento y agradezco a Dylan su oportuna intervención, era la segunda vez que me evitaba una caída. En el momento en que me sujetaba en sus brazos Loui y Randolph llegaban al salón y la expresión de preocupación de ambos fue mayúscula;

—¿Qué pasó? —preguntó Loui mientras corría hacia mí.

—Estuvo a punto de caer —dijo Dylan mientras me colocaba en uno de los sofá.

—¡Dios ha perdido el color! —escuché que dijo Loui.

—Comenzó a sentirse mal —dijo Gertrudis asustada—. Y si no es por la oportuna intervención del doctor se hubiera caído.

—¡Vaya corriendo por alcohol! —le pidió Randolph.

—Randolph llama al doctor Khrauss —le dijo Loui mientras sostenía mi mano—. Dile que venga, ¡ahora!

—No, no es necesario, pronto me sentiré mejor. —Logré decir con el poco aire y la consciencia que tenía.

—Randolph has lo que te dije —insistió Loui.

—Por favor —continué tratando de evitar el deseo de vomitar—. No quiero que haga un viaje en vano, para cuando llegue ya estaré mejor, mañana que vayamos al castillo podrá verme.

—Lo siento. —Loui besó mi mano—. Para mañana ya será tarde y yo quiero saber tu estado ahora, tu presión ha descendido mucho y tu piel aún no recupera su color, Randolph llámalo y dile que venga preparado… dile que traiga una pequeña maleta y sus cosas personales para que se quede esta noche.

—Muy buena idea majestad —secundó Randolph mientras cogía el teléfono—. Es tarde ya para que el doctor venga y se vaya luego, será un invitado a cenar esta noche.

—Loui no exageres, por favor…

—Amor mío por favor compláceme —insistió mientras besaba mi frente—. Estaré más tranquilo después que te revise.

En ese momento Gertrudis llegaba con el alcohol y solo el hecho de sentirlo me provocó más náuseas y un leve dolor de cabeza;

—Será mejor que la lleves a la cama —le sugirió Dylan—. Es necesario que descanse.

Quiero terminar de decorar.

—Ni lo pienses —dijo Loui—. Que lo haga la servidumbre, tú no estás bien.

—¡Mami, mami! —decían los gemelos que se acercaban a mí.

—Mami no se siente bien —les dijo Loui.

—No los asustes —le dije mientras sentía sus manitos tocado mi cara.

—¿Desea tomar algo majestad? —me preguntó Gertrudis.

—Algo muy dulce, un jugo me caería bien.

—Vamos. —Loui me sostuvo en sus brazos—. Te llevaré a la cama y descansarás lo que resta de la tarde.

—Por favor Gertrudis, encárguese de los niños —le dije.

Con mucho cuidado Loui me llevó en sus brazos a nuestra recámara y el solo hecho de cerrar los ojos y sentir un leve movimiento hacía que todo me diera vueltas en la cabeza, sentía como si no llegara el suficiente aire a mi cabeza y eso me asustaba. Cuando llegamos a la habitación me colocó en la cama acomodándome las almohadas y cubriéndome con el edredón como a una niña, sentía frío y calor a la vez y ese cambio de temperatura no me hacía sentir bien;

—Descansa amor mío. —Acarició mi cabeza y mi rostro y se sentaba a mi lado—. Trata de dormir un poco por mientras llega el doctor.

—Loui no me engañes —sujeté su mano—. Tú sabes que es lo que tengo y no quieres decírmelo.

—Amor mío no te preocupes —besó mi mano—. Como dijo el doctor tu cuerpo debe de estar desintoxicándose y a eso se deben los malestares.

—Eso no lo creo, no es la primera vez que dejo de planificar y no me había pasado antes, tú sabes los resultados de mis análisis y siento que me ocultas algo.

En ese justo momento Gertrudis subió con mi jugo lo que hizo que Loui se salvara de tener que darme una explicación, al menos por el momento;

—Majestad los niños están llorando por usted —me dijo.

—¿Cómo? —Me asusté—. Que vengan, tráigalos, quiero que estén conmigo un momento.

—Amor mío no te sientes bien —dijo Loui.

—No me importa, los niños no podrán dormir así, es más tendrían pesadillas por eso, por favor Gertrudis, tráigalos a los tres.

Rápidamente fue por ellos aunque a Loui no le hiciera gracia, sabía que los niños no me dejarían descansar pero lo que yo sentía me asustaba y más que nunca deseaba pasar cada minuto con ellos. Al poco rato llegaron y los gemelos corrieron a la cama, Leonor le aferró sus bracitos a su papá y Ludwig deseaba subirse a la cama para estar conmigo. Mientras Loui levantó en sus brazos a Leonor y ayudó a Ludwig a subirse a la cama, le pedí a Helen que también pusiera en la cama a mi pequeño Randolph el cual gateó hacia mí y me sentí mucho mejor teniendo a mis hombres entre mis brazos. Tanto Gertrudis como Helen nos dejaron un momento en privado y en ese momento me sentí dichosa, tenía a Loui y a mis hijos, todos juntos por un momento, ellos eran mi tesoro;

—Amor mío necesitas descansar —insistió mientras sentaba a Leonor en sus piernas.

—Quiero estar un momento así, quiero que estemos todos juntos por un momento, además el doctor no tardará en llegar y entonces tú y él tendrán que darme una explicación y decirme que me está pasando.

Constanza no te obsesiones con eso, eso va a hacerte más daño.

—Pues depende de ustedes, detesto sentirme así y ni siquiera tengo el consuelo de que se trate de un embarazo, además tu expresión te delata, estarías muy feliz, no preocupado, no me ocultes nada por favor, te lo suplico.

Al poco rato, Randolph llegó con el doctor Khrauss y entonces todos tuvieron que desalojar la habitación, me despedí de los niños y le pedí a Gertrudis y a Helen que se hicieran cargo de ellos, mi Ludwig quería comenzar a llorar pero lo entusiasmé con la idea de ir a la cocina por un delicioso flan de vainilla con caramelo lo cual lo calmó un poco. Cuando todos se fueron Loui se quedó conmigo y el doctor procedió a revisarme de nuevo, al terminar me hizo tomar una pastilla para sentir alivio pero seguía teniendo la presión baja y los mareos persistían, el leve dolor de cabeza me molestaba también y esa extraña debilidad que sentía me preocupaba;

—Hay un remedio común para hacer subir y estabilizar la presión —dijo el doctor—. Y es que se tome una soda, normal no dietética, al parecer la cantidad de azúcar que tienen ayuda un poco pero le aconsejo no abusar, también debe de mantener dulces a la mano de los cuales tampoco debe abusar, debe de comer mucha fruta a toda hora cualquiera que sea, por los momentos le he traído estas vitaminas y estas otras que son hierro puro, esto le ayudara con la leve anemia que tiene.

—Y supongo que tomando las vitaminas y el hierro, “sin abusar” ¿me sentiré mejor? —pregunté con un poco de sarcasmo.

Ambos hombres se miraron en complicidad;

—Perdón doctor —continué—. Creo que no debí decir eso pero me hace sentir mal que me oculten las cosas y ya que está hoy aquí, quiero que me diga que es lo que tengo. ¿Dónde están mis análisis? Quiero verlos.

—Amor mío por favor, tu actitud ofende al doctor y él no hace más que seguir mis instrucciones.

—Tus órdenes querrás decir —arremetí sin pensar en la falta de respeto, me miró fijamente y yo bajé la cabeza ante mi arrebato—. Perdón doctor mi esposo tienen razón, usted está en la obligación de obedecer una orden de él, pero creo que si la perjudicada soy yo tengo todo el derecho de saberlo, es mi salud y yo soy la única que debe decidir al respecto.

Ambos hombres se miraron de nuevo y mi paciencia ya se estaba agotando, por fin Loui miró en los ojos del doctor una especie de súplica y haciendo un gesto con su mano le permitió hablar mientras él se dirigía a la ventana llevando los brazos hacia atrás de su espalda y sujetándose los puños con fuerza;

—No es nada grave majestad —continuó el doctor Khrauss—. Es sólo un poco de hipoglucemia, sus malestares se deben a que sus niveles de azúcar están bajos, fue por eso que le sugerí las sodas y los dulces.

—¿Hipoglucemia? —Pregunté levantando una ceja—. No entiendo porqué si he cuidado siempre mi alimentación.

—También puede ser hereditario, son muchos los factores pero lo bueno es que si se detecta a tiempo se puede tratar sin problemas.

—¿No se supone entonces que deba de tomar alguna glucosa en pastilla? —Insistí sin tragarme el cuento—. ¿Y no se suponía que eran sólo síntomas de una desintoxicación que me está produciendo el anticonceptivo? Ah… y ¿No será un riesgo esto del azúcar baja si llego a quedar embarazada?

—Constanza ya es suficiente —Loui se giró seriamente hacia mí—. Ya conozco por dónde vas y que es lo que pretendes, tus dudas serán respondidas después, por ahora es necesario que descanses y trates de dormir un poco para que te sientas mejor, por mientras el doctor y yo nos reuniremos con los demás hasta esperar el momento de cenar. Ordenaré que te preparen un sándwich con un poco de ensalada y papas horneadas si lo deseas, pero por ahora quiero que descanses, si no lo haces no esperes que los malestares especialmente tu dolor de cabeza desaparezca, la pastilla que te has tomado te ayudará, por favor ya no pienses en nada y descansa.

Sin dejarme decir nada más besó mi frente y salió de la habitación con el doctor, Loui sabía cómo contraatacar pero no olvidaría mis sospechas, estaba segura, esto no era anemia ni azúcar, esto podía ser algo más, de no ser así no hubiera pasado por alto el verme en los brazos de Dylan y sus celos extraños hubieran hecho acto de presencia de nuevo, aunque seguramente no ignoraría eso y era mejor que me preparara por si las dudas. Loui no deja pasar nada que le molestara y tarde o temprano esa escena saldrá a la luz de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nieblas del pasado 2
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