Capítulo XXVIII

 

De nuevo en casa

 

****

El viaje de regreso fue muy tranquilo, demasiado.

Tanta paz y quietud poco me gustaba, me concentraba en observar el vasto mar sin escuchar nada más que el mismo sonido del agua, había mucha calma, suspiraba y suspiraba, no podía mentalizarme el separarme de él, no me hacía nada de gracia, quería llorar y desahogarme pero no frente a él que intentaba mostrarse fuerte y feliz, sé que él también sufre y debo ser su refrigerio, debo ser su paz, debo ser fuerte por él.

Tita estaba melancólica, después de este viaje jamás volvería a ser la misma, debía de aprender de ella y tener esa fortaleza aunque me consumiera por dentro, ella había dejado atrás a su primer amor y yo aún no me separaba del mío y ya sentía que no iba a poder continuar. Esa noche sin que nadie lo supiera en la oscuridad de la habitación y estando en la cama lloré, mi corazón comenzaba a desgarrarse, el dolor que sentía comenzaba a ser insoportable y no estaba segura de poder resistirlo.

Llegamos a Madeira y tomamos el avión que nos llevó directo a Madrid y luego a Barcelona, cada segundo que pasaba y que acercaba más nuestra separación era un suplicio para mí y ya no encontraba más la manera de controlarme y no derrumbarme ante él. Cuando llegamos a la casa esa tarde Tita dio gracias a Dios en su melancolía pero yo sentía el peso del mundo sobre mí, mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho, latía  a mil y mis nervios comenzaban a notarse, haber pasado una semana completa en la maravillosa compañía de Leo fue un sueño para mí, pero ahora que despertaba a la horrenda realidad todo se volvía una pesadilla.

—Estoy muy agradecida por todas sus atenciones su alteza —le dijo Tita reverenciándolo—. Sin duda fueron unos días inolvidables —suspiró—. Gracias por todo.

—El enorme placer ha sido mío mi lady —besó su mano—. Yo estoy más que halagado y complacido, no cabe duda que el destino se encargó de encajar las piezas de nuevo.

Tita curvó sus labios y suspiró de nuevo, entendió las palabras de Leo.

—Le deseo un feliz viaje y todo el éxito del mundo en su carrera militar, ¿Cuándo sale?

—Mañana al amanecer. —Mi corazón se encogió al escuchar eso, sentía que ya no podía respirar—. Muchas gracias por sus buenos deseos, le prometo estar pendiente y encontrar el tiempo para comunicarme con ustedes, prometo que cada minuto libre del que disponga será para Leonor.

Comencé a respirar aceleradamente, me amaba y yo a él también, no quería que se marchara, no quería verlo partir, este dolor comenzaba a ser más insoportable.

—Y yo se lo agradezco —le dijo Tita—. Por ahora yo me retiro, estoy agotada, me duele la cabeza y quiero descansar.

—Como desee mi lady —Leo asintió.

Tita volvió a reverenciarlo y después de besar mi frente subió a su habitación.

—¿Estás bien cariño? —me preguntó él notándome.

Yo sentía un nudo que me aprisionaba la garganta, no quería hablar, mi voz temblaría.

—Leonor… —acarició mi cara.

—Leo no voy a soportar esto, no sé lo que voy a hacer —lo abracé con fuerza obedeciendo a mi instinto—. No puedo soportar este dolor, no después de haber pasado una semana completa juntos.

—Lo sé cariño, me siento igual —me apretó a su cuerpo y suspiró en mi cabello—. Esto es una agonía también para mí.

—Es horrible… —susurré sin fuerzas.

—Cariño no llores por favor —levantó mi cara—. No quiero llevarme esta imagen de ti, no así.

—Leo…

—¿Quieres que salgamos juntos a alguna parte? Todavía tengo un poco de tiempo antes de irme al hotel.

Negué, no quería salir, nada podía animarme.

—¿Qué quieres hacer entonces? —besó la punta de mi nariz.

—Sólo quiero estar así —lo miré a los ojos directamente—. Quiero tenerte muy cerca, respirar tu perfume, sentir la calidez de tu pecho, quiero estar en tus brazos y que no me sueltes nunca.

—Leonor… mi Leonor… —suspiró.

Quisimos sentirnos así por un momento, nuestro silencio decía mucho, sólo éramos él y yo y quería que ese momento durara una eternidad.

—Cariño yo… —sujetó mi cara de nuevo, su pulgar limpió mis lágrimas—. No sé lo que me pasa contigo, pero eres tan especial en mi vida que siento que eres indispensable, te necesito Leonor, quiero tu alegría, tu vivacidad, tus sentimientos, te quiero Leonor, te quiero completa, te quiero sólo a ti.

—Así me tienes —le confesé—. Soy tuya, desde que te vi la primera vez a través del agua en aquella fuente, te pertenezco por entero, todo lo que soy es sólo para ti.

El azul de sus ojos me adoraba, su mirada devota me estremeció en sus brazos, sonrió, me besó con fuerza, deseábamos bebernos, me aferré a su cuello y él me apretó a su cuerpo, nuestro aliento tenía dueño, él era mío y yo completamente suya en todas las formas que era capaz de imaginar, era amor, nuestro amor.

—Lamento no poder despedirte como se debe —le dije apenada reposando mi cabeza en su pecho—. Una cena formal hubiese sido lo apropiado.

Él sonrió.

—En ese caso ¿qué te parece si comemos juntos?

Lo miré desconcertada.

—¿Quieres una pizza? —preguntó pícaramente.

Sonreí, la verdad era que se me antojaba, asentí mordiéndome los labios.

—Bien —besó mi frente—. En ese caso voy a pedir que la traigan.

Salió un momento a buscar a sus guardaespaldas, cuando regresó me pidió que nos sentáramos en los sillones del salón para ver un poco la televisión mientras esperábamos.

Esa noche al despedirse mi corazón se fue con él.

Tita no volvió a salir de su habitación, no tenía hambre, sólo tomó un poco de té y volvió a dormir, la entendía, ella necesitaba su espacio y yo también.                                                                                                                                                                                                

Al encender la radio en mi habitación lo primero que escuché fue una canción de mi Camilo, suspiré porque reconozco que lo había olvidado y volver a escucharlo su voz me hipnotizó por un momento, era bellísimo también, pero mi Leo lo superaba y sin querer mordí mis labios porque ambos me hacían suspirar, pero al ponerle atención a la canción me di cuenta que ya no me hacía gracia porque me hacía sentir lo que experimentaba en ese momento, el vacío y el frío que la ausencia de Leo me dejaba;

 

“Te vas amor pero te quedas
Porque formas parte de mi
Y en mi casa y en mi alma
Hay un sitio para ti.

Sé que mañana al despertarme
No hallaré a quien hallaba
Y en su sitio habrá un vacío
Grande y mudo como el alma.

Algo de mí, algo de mí, algo de mí
Se va muriendo
Quiero vivir, quiero vivir
Saber por qué te vas amor.”

 

Mi querido Camilo agudizó más mi estado de ánimo, apagué la radio y enterrando mi cara en las almohadas preferí llorar.

Ese lunes no quise ir a clases, mis ánimos estaban por el suelo, era media mañana y yo seguía en la cama, me ardían los ojos de tanto llorar, no quería hablar ni ver a nadie, no tenía la cabeza para nada.

—¿Mi niña? —Tita tocó la puerta y entró—. ¿Estás bien?

Yo miraba la ventana, deseaba ser un pájaro y volar hasta donde estaba él, mis lágrimas brotaban solas, no podía controlarlas.

—Mi niña tranquila —corrió hacia mí y se sentó a mi lado—. Te ves fatal, Leo te ama no tienes porque llorar así.

—Lo extraño abuela, comencé a extrañarlo desde que salimos de…

Por un momento olvidé el nombre del lugar.

—Bórdovar —terminó de decir ella—. El reino de tu príncipe se llama Bórdovar, no lo olvides es muy importante y significa mucho para tu novio.

—Tienes razón sería imperdonable.

“Bórdovar, Bórdovar, Bórdovar” —repetí mentalmente.

—Mi niña tienes que controlarte y ser fuerte, a Leopoldo no le gustaría verte así.

—Lo sé.             

—Piensa que él también sufre, pero tiene un deber y es su obligación cumplirlo, ¿harás tú lo mismo?

Asentí bajando la cabeza, Tita tenía razón, el día era otro y él seguramente ya estaba en Inglaterra preparándose para cumplir su deber y yo en mi cama en una completa desfachatez y sin ánimos para incorporarme a mis clases, no era justo, estaba siendo egoísta.

—Vamos mi niña sal de la cama, métete al baño y arréglate, baja desayunar algo que necesitas comer, entiendo que estés melancólica pero sólo por hoy, mañana te incorporas a tus clases, ¿está bien?

—Como quieras —asentí sin remedio.

Besó mi frente y salió de la habitación, ella tenía razón, debía ser fuerte, no sólo por él sino por mí misma.

Después de desayunar, de darle de comer a mis mascotas y de reportarme con algunas compañeras que me ayudarían a ponerme al día con su ayuda, noté a Tita en el jardín sentada en una de las sillas y con su mente perdida seguramente pensando en él, recordé el libro que el duque me había prestado y haría tiempo para leerlo por las noches. Salí para encontrarme con ella, creo que ambas necesitábamos compañía y hablar para desahogarnos.

—¿Tita estás bien? —le pregunté sabiendo que no lo estaba.

—Ay mi niña… —me extendió la mano para que me sentara a su lado—. Intento estar bien.

—¿Piensas en él? —pregunté tontamente, asintió y suspiró.

—Él fue… mi primer amor.

—¿Y sigues enamorada de él?

—No lo sé —suspiró de nuevo—. No sé qué hacer ni qué sentir.

—¿Ya hablaste con el tío?

—Lo llamé para avisarle que ya estamos aquí, vendrá el fin de semana, de lo otro… no, no le he dicho nada, no tengo el valor.

—Te entiendo, prometo no decir nada.

—Gracias, ¿Llamaste a Hans?

—No, aún no.

—Hazlo.

—Lo haré después, cuando me sienta mejor.

Nos quedamos calladas por un momento, seguía pensando en el dichoso libro y era necesario que la abuela supiera de eso, no me gustaba ocultarle las cosas así que preferí hablar.

—Abuela… el duque me prestó un libro extraño, me dijo que ni siquiera su hijo y Leopoldo lo querían y que seguramente a mi me gustaría y sería su heredera, ¿Tienes idea a qué se refiere?

—No mi niña —frunció el ceño—. No tengo idea, ¿Qué libro es?

—No lo sé, aún no lo leo pero es extraño, antiguo, a simple vista parece ser un libro de hechizos.

—¡Dios santo! —se asustó—. Tendrás que mostrármelo, no creo que Ludwig a estas alturas crea en cuentos de fantasía o esté vinculado a las ciencias ocultas, me aterra pensar que ahora simpatiza con la masonería o algo así.

—No, no se trata de eso, creo… la verdad es que aún no lo leo.

—Y no lo leerás hasta que yo lo haga primero, si tiene algo que ver con lo que te mencioné… voy a guardarlo en la caja fuerte hasta que Leo vuelva y se lo lleve, muéstrame ese libro.

—Sí, está bien, lo haré no te preocupes, ahora… me gustaría saber… —sujeté su mano—. ¿Cómo haremos para continuar? Sin duda esta semana… después de esta semana es obvio que no volveremos a ser las mismas.

—Mi niña, yo también estoy tan confundida como tú, entiendo tu posición en cuanto a Leopoldo pero yo… la verdad no me justifico.

—¿Qué no te justificas? Abuela tu vida a dado un enorme giro y muy drástico, esta experiencia hará que ni tú ni él vuelvan a ser la misma persona.

—Mi niña… nosotros ya somos un caso perdido.

—No abuela, no digas eso, míralo como una segunda oportunidad, pueden volver a intentarlo, han pasado por mucho, ambos, merecen ser felices juntos ahora que se han vuelto a encontrar.

Tita me miró incrédula y no sabía si había escuchado bien.

—¿Qué te dijo él a solas? La verdad me extraña que hayas cambiado tanto tu opinión sobre él ya que parece que estás de su parte.

—Abuela él fue sincero conmigo, me dijo lo que fue su matrimonio, lo que vivió, imagino que como rey fue un enorme peso y como hombre… una desolación, él no fue feliz y no dejó de amarte, nunca dejó de pensar en ti, se siente culpable hasta por la muerte de su esposa y eso es un remordimiento más. Tú fuiste todo para él, puedes volver a serlo.

—Debe ser difícil vivir con remordimientos —suspiró—. Creo que debo compadecerlo también.

—Él está consciente que tuvo la culpa de todo y ese tormento no lo ha dejado en paz, debes darle otra oportunidad.

—No es fácil mi niña, él es un hombre y puede actuar como mejor le parezca, las cosas le son más fáciles ¿pero yo? Para mí no lo son, ni siquiera tengo el valor de hablarlo con George, conoces su temperamento, se va a enfurecer, me admira por guardar celosamente la memoria de su padre, no me va a perdonar que ahora y a mi edad quiera sentirme una quinceañera. ¿Y Lorna?¿Te imaginas cuando lo sepa? No quiero que nuestra relación se vea afectada por esto, no quiero que cambie.

—Abuela el amor te pondrá a prueba de nuevo, tú decides si quieres luchar esta vez o ser cobarde, que no te importe lo que los demás piensen, tú y el duque estaban destinados a estar juntos y ahora que se han encontrado pueden tomar una decisión, la edad no importa, no pienses en eso, al menos en él el amor sigue vivo, esa llama sigue intacta, está viva y arde como desde el principio, él está dispuesto a luchar y a enfrentarse a todo por ti, ¿Harás tú lo mismo? ¿Puedes perdonarlo y darle otra oportunidad? Eres mujer pero no la misma de los años treinta, eres más fuerte, madura y sensata, sé que harás lo mejor para ambos porque lo merecen.

Tita me miró asombrada, no creía lo que había escuchado de mí, estaba sonrojada y con su abanico se dio un poco de aire, curvó sus labios y sintió un poco de esperanzas.

—My lady —nos interrumpió una de las sirvientas—. La señorita Leonor tiene una llamada de larga distancia.

—¿Quién? —pregunté imaginando que era Hans.

—Su novio.

Sonreí entusiasmada y corrí hacia el salón, mi corazón daba saltos olímpicos al igual que mis piernas, el sólo hecho de escuchar su nombre, mi amor, mi Leopoldo que se reportaba me hacía la mujer más feliz de la tierra.

Cuando terminé mi fugaz plática con él después aproveché llamar a Hans, se alegró mucho de escucharme y de saberme en Barcelona, quería todos los detalles de nuestro paseo y me dijo que intentaría viajar el fin de semana para verme y saber todo. Algo que no tenía muy claro era decirle sobre la verdadera personalidad de Leo, era un príncipe real y tenía su reino propio, ¿Cómo iba a decirle eso? ¿Cómo iba Hans a tomarlo? ¿Cómo iba George a tomarlo? Y en el mero caso de George ¿Cómo iba a tomar que mi Tita se encontrara con un viejo amor? La verdad el asunto comenzaba a complicarse.

Aún estando en el estudio una de las sirvientas llegó a decirme que la abuela había subido a su habitación y que me esperaba allá, así que sin retrasarme más subí a verla para encontrarme de nuevo con ella.

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Nieblas del pasado 2
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