Capítulo XVIII
Escapando de la presión
En los siguientes días traté de disimular y no hacer caso a mis pensamientos, suficiente malestar y tensión sentía por el problema con Juliana como para estresarme más y aunque la francesa decía haberse ido yo no bajaba la guardia. Ya faltaba poco para el año nuevo y estaba decidida a pasar la celebración en familia y en el mejor ambiente que pudiéramos tener. A los tres días ya mis malestares menstruales habían disminuido y estaba más animada, Loui me consentía y me hacía sentir amada para que mi estado de ánimo estuviera bien, el bienestar que me producía era muy agradable y sentía que con su cariño, cuidados y amor yo me recuperaría en todos los sentidos y estaba decidida a darle ese próximo heredero que tanto quería.
Para el último día del año me sentía mucho mejor, bajé a la cocina para indicar el menú de la cena y hacer una reunión amena con la familia. Cuando terminé de dar las indicaciones y regresaba a la habitación de los niños una de las sirvientas me entregó un sobre que llegó para mí, lo tomé y fruncí el ceño, me encaminé lentamente observándolo al derecho y al revés, me daba desconfianza, me daba miedo, no quería leer, pensé en “ella” en la francesa e imaginé lo que deseaba decirme, no debía permitir que mi tranquilidad emocional se viera alterada pero no soportando la curiosidad lo abrí y me sorprendió su contenido; eran dos cartas de naipes, el rey y la reina de espadas pero sin cabeza. Mis manos comenzaron a temblar al ver aquello sin saber qué pensar, sentí mi cuerpo helado y estuve a punto de desfallecer, si no hubiese sido por Randolph que en ese momento me encontró y me sostuvo en sus brazos llevándome al sillón más próximo para sentarme, con seguridad me hubiera desvanecido;
—Majestad ¿Qué le pasa? ¿Se siente mal? ¿Quiere que llame al médico?
—Loui, Loui, quiero ver a Loui —susurré intentando respirar.
En ese momento una de las sirvientas fue llamada por Randolph para que le avisara al rey que estaba en su despacho;
—Majestad dígame que le pasa, está pálida y helada.
—Randolph, la nota, me dieron una nota…
—¿Nota? ¿Qué nota?
La señalé porque la había dejado caer al suelo, él se levantó y se apresuró a recogerla, miró su contenido;
—¿Qué es esto? —preguntó observándolas.
—¡Constanza! —gritó Loui que junto con Jonathan se acercaron corriendo a mí, me abrazó—. Amor mío, ¿Qué tienes? ¿Qué pasó?
—Loui, Loui… —lo abracé asustada.
—Majestad estáis muy pálida, será mejor que descanséis —dijo Jonathan al verme.
—Majestad, mire. —Randolph le dio el sobre y le mostró las cartas.
—¿Qué es esto? —preguntó seriamente al verlas.
—Una broma de mal gusto obviamente —contestó—. Esto es lo que tiene mal a su majestad.
—Constanza ¿Quién te dio esto? ¿Cómo llegó aquí?
—No lo sé, sólo me dijeron que era una nota para mí.
—Randolph no permitas que la reina reciba ningún sobre, vigilen toda la correspondencia que llegue, es necesario que esté tranquila y no reciba estas impresiones, toda correspondencia llévala a mi despacho, nada llegará a la reina sin antes revisarlo yo, ¿Entendido?
—Como ordene majestad.
—Ven amor mío, vamos a la habitación, descansa un momento.
—Loui tengo miedo…
—Tranquila, no hagas caso, vamos.
Mientras subía con el rey a una de las sirvientas que pasaba Randolph le ordenó un té de tilo para mí, estaba muy nerviosa, entendía perfectamente el mensaje de esa nota, cada vez más sentía que mi pesadilla se volvería realidad y eso me aterraba, tenía mucho miedo y no podía disimularlo, esas “advertencias” me quitaban la paz.
Intenté tranquilizarme y no pensar en las cartas de naipes, por la noche nos vestimos para recibir el año nuevo y cuando todos estuvimos listos nos reunimos en el salón principal y luego nos dirigimos todos en familia al comedor, ese día también el doctor Khrauss, Víctor y Virginia nos acompañaron, intentamos estar felices ignorando la realidad que nos rodeaba e hicimos planes que esperábamos se concretaran, uno de los deseos del rey obviamente fue que en poco tiempo le diera la buena nueva de mi embarazo, pidió a Dios por mi salud, por sus hijos, por su familia y por su reino, porque el año que comenzaba llegara cargado de bendiciones. Disfrutamos la cena, el brindis, el postre y luego esperamos las doce campanadas en el salón con champagne, uvas, nueces y deliciosos bocadillos. Recibimos todos juntos y en el más cálido ambiente, la llegada del año nuevo.
La mañana del primero de Enero todos en familia viajamos a la ciudad, hubo también un servicio religioso en la catedral para dar la bienvenida al año nuevo y en donde Loui, dio también un pequeño discurso afianzando cada año su compromiso como rey. Después se hizo un pequeño recorrido por la calles de la ciudad usando esta vez las camionetas blindadas ya que no podíamos confiarnos de toda la seguridad, de esa manera, el rey, los príncipes, Randolph, los duques y yo saludamos a todas las personas que encontrábamos a nuestro paso. Intentaba sonreír al saludar y mostrar el mismo cariño que la gente me mostraba pero mi duda persistía en que cualquiera entre la multitud no podía ser confiable, empezaba a sentir la misma desconfianza que sentía años atrás y sabiendo a esa mujer libre tenía un motivo más para sentirme así, no podía confiar en nadie que me rodeara, cualquiera podría venderse y dar información sobre nosotros.
Al regresar al castillo el rey ofreció como todos los años un almuerzo a los nobles, ministros y autoridades eclesiásticas por el año nuevo, así que como familia real nos reunimos en uno de los enormes salones para compartir esa tarde. El doctor Khrauss nos acompañó también al igual que Víctor acompañado por su hermana obviamente, que seguía sin responder a estímulos, era cuidada por una dama que estaba su disposición así que eso tenía un poco tranquilo a Víctor, ya era tiempo que ella comenzara a responder pero no lo hacía y eso realmente era preocupante. Noté el interés que Gastón demostraba por la joven, él se mantenía cerca de nosotros pero su mente y ojos estaban con ella lo que hizo confirmar mis sospechas desde que la vio en el cumpleaños de los gemelos, la chica le atraía y mucho, desgraciadamente había un abismo entre ellos, no sólo la posición de la joven sino el problema de su salud.
El parlamento le planteó al rey un asunto que los estaba dividiendo; la posibilidad de un gobierno político. Bórdovar había contado con un primer ministro que fungía en calidad de presidente por decirlo así y aunque algunos estaban a favor y otros en contra, a Loui no le pareció la idea de un gobierno político por los dolores de cabeza que conllevaba y por la sencilla razón de evitar un golpe de estado hacia la monarquía en un futuro, Randolph lo secundaba pero los ánimos de algunos “codiciosos” comenzaban a caldearse y esa situación no le estaba gustando al rey, él era la suprema cabeza por encima de todos, su corona y título no estaba de adorno como en otras monarquías, todas las almas de Bórdovar se rigen por él y no se trataba del absolutismo sino de una tradición de siglos que él no iba a ser el primero en cambiar. Prefirió tomarse las cosas con calma y ocultar su preocupación.
Por la noche tuvimos una cena de año nuevo en familia y estando en la mesa sirvió para comentar todo lo vivido ese primer día del año;
—¿Te preocupa la posición del parlamento Ludwig? —le preguntó Regina.
—No es fácil la situación —contestó después de beber un poco de vino—. Esto no es otra cosa más que ideas, se están dejando influenciar y es lo que no puedo permitir.
—No lo debemos permitir —secundó Randolph—. La situación política de los gobiernos, específicamente los partidos que se forman y sus seguidores siempre trae problemas, habrá más divisiones, siempre unos estarán a favor y otros en contra y una vez en el poder intentaran las reelecciones, un gobierno le costará una fortuna a la monarquía y luego será al revés, se valdrán de artimañas e inventarán que la monarquía está de más y pueden intentar un derrocamiento, poco a poco ellos irán acaparando todo y la suprema cabeza irá quedando a un lado, los golpes de estado son muy comunes, hasta ahora Bórdovar ha estado muy bien sin un gobierno político, no podemos dividir al pueblo, no se puede dividir un reino, así no va a sostenerse.
Llevé una mano a mi cuello y comencé a rozarlo, me sentía un poco incómoda, suficiente estrés y tensión había ya como para que surgiera una nueva presión para el rey. Yo nunca entendí los temas políticos, es más siempre detesté la política, me aburría y siempre me molestaba por muchas razones, no quería que las cosas en Bórdovar fueran diferentes a como las había conocido, yo quería que todo siguiera igual;
—¿Constanza…? —Loui sujetó mi mano y la besó ante mi melancolía.
—Tú sabes que yo te apoyo en lo que decidas —sonreí—. No puedo meterme en esos asuntos porque… nunca me gustó la política, basta ver la situación de muchos países con respecto a eso y como dice Randolph, la historia detrás de todo eso no es nada agradable.
—Pero… ¿crees que tu negativa traiga consecuencias? —insistió Regina al dirigirse a él.
—Espero que no, intentaré ganar tiempo, quieren que me muestre a favor y de la luz verde para eso pero no lo voy a hacer, es más quiero llegar al fondo de esto y saber quién está detrás de esas ideas que han venido a alborotar el gallinero.
No podía evitar disimular mi incomodidad, ese tema comenzaba a ponerme tensa y Loui lo notó;
—Pero ya no hablemos más de eso —continuó a la vez que me guiñaba un ojo—. Suficiente hemos hecho hoy, intentemos descansar.
—Hablando de eso… —Regina miró a Jonathan—. Hemos decidido regresar en estos días a Turín.
Todos los miramos y Loui habló con su mirada, eso no le parecía;
—Regina, no creo que deban salir…
—Lo siento Ludwig, pero en todo este tiempo aquí no hemos tenido noticias de Juliana, nadie sabe nada, sé que está siendo rastreada hasta con sabuesos pero no podemos estar así, además Jonathan necesita regresar a su labor de médico, su clínica lo requiere y yo no quiero que se vaya solo, mi deber es estar con él y acompañarlo.
—Eso lo entiendo y no lo discuto pero les sugiero esperar un poco más, recuerda que tú eres un blanco fácil, Juliana va a buscarte y te va a encontrar.
—Es un poco peligroso —les dije y enfoqué mi mirada en Jonathan—. Deben de pensar en ustedes y en el pequeño, sus vidas y bienestar es más importante que cualquier cosa.
—Haré lo mismo que vosotros —dijo Jonathan—. Redoblaré la guardia en el château y no saldremos a ninguna parte sin los guardaespaldas, estaremos en constante comunicación así que creo que no habrá nada que temer.
—¿Están seguros? —insistió Loui.
—Ya lo decidimos —contestó Regina.
—¿Y cuándo se van? —Loui exhaló resignado.
—El día cinco —contestó Jonathan—. Hay una operación de corazón abierto que requiere mi presencia con urgencia para el día ocho y ya está programada.
—Bueno, si no hay nada más que hacer…
—Vengan con nosotros —dijo Regina a la vez que tomaba un poco de jugo—. A ustedes les caería bien unos días de vacaciones, lo necesitan y ahora que Constanza está mejor pues… tal vez logren que llegue el nuevo heredero.
Loui y yo sonreímos, bajé la cabeza ruborizada, recordamos que ya lo había mencionado, la idea me parecía muy tentadora;
—Constanza y yo ya lo habíamos considerado —dijo Loui—. Yo mismo lo sugerí, pero ahora… creo que sería un riesgo viajar, además todos juntos seremos un blanco aún más fácil.
—Ya no seas pesimista, a Constanza le haría bien —insistió Regina—. Una pequeña luna de miel en otro ambiente y en otro escenario ayuda a cualquier mujer, recuerda la tensión que tiene, el viaje les ayudaría a ambos.
—En parte me parece que su excelencia tiene razón —secundó Randolph—. La reina no ha estado bien y un viaje le ayudaría a su estado de ánimo.
—Para ambos sería bueno —dijo Jonathan—. El bienestar físico y emocional es esencial para lograr un embarazo, la tensión que ambos tenéis no es buena y eso retrasará vuestros planes, sé que ambos estáis bien y no tenéis problemas para procrear pero el ciclo ovular se puede ver alterado y la calidad del esperma también, os digo esto como médico, es necesario que ambos tengan ese bienestar emocional que necesitan y cuando menos lo esperen la feliz noticia llegará.
—Su excelencia tiene razón —volvió a decir Randolph bebiendo su café—. No estaría mal unos días de relajación para ambos fuera de este ambiente tan tenso, son demasiadas cosas juntas que es natural no tener tranquilidad y por el bien de ambos creo que será necesario aceptar la sugerencia que plantea su excelencia.
—¡A Venecia! —dijo Regina con entusiasmo—. Podemos ir unos días a Venecia a la villa de Jonathan, es preciosa y muy romántica, pasaremos unos días de ensueño.
—Puedo tomar unos días más después de la operación y disfrutar unos días allá el próximo fin de semana —dijo Jonathan—. El clima está helado también pero no será impedimento para estar un poco cerca del agua.
Loui y yo nos miramos y volvió a besar mi mano;
—¿Te gustaría? —me preguntó.
—Sí, mucho —sonreí.
—¡Perfecto! —Aplaudió Regina entusiasmada—. Me alegra mucho que todos juntos vayamos a Italia.
Terminamos la cena de manera más amena, hablando de cosas agradables y compartiendo impresiones como nos gustaba hacerlo.
A la hora de dormir y mientras Loui se daba una ducha yo aproveché para seleccionar nuestra ropa y preparar el equipaje con tiempo, no quería seguir estresada y no quería pensar en nada más, en el fondo un viaje me ilusionaba, necesitaba respirar otro aire y pasar unos días en otro ambiente como lo dijo Regina, me entusiasmaba mucho la idea y más el seguir “trabajando fervientemente” en lograr el embarazo, sonreí con sólo pensarlo, me hacía mucho bienestar y me agradaba la sensación;
—¿Feliz amor mío? —Loui entró al armario vistiendo sólo el pantalón de su pijama y secando su cabello con una toalla, me mordí los labios al verlo, su deseable pectoral comenzaba a sacudirme.
—Sí, me entusiasma —sonreí tímidamente al verlo tan sexy, hasta olvidé lo que estaba haciendo.
—Ya lo veo. —Se acercó mirando a su alrededor—. ¿Te gusta mucho empacar?
Bajé la cabeza asintiendo muy sonriente, la verdad si quería viajar, unos días afuera nos servirían mucho;
—Me alegra que hayas cedido al viaje, la verdad me hace falta.
—Creo que unos días no nos vendrán mal —rodeó mi cintura y me besó suavemente—. Tendremos que aprovechar muy bien el tiempo.
Suspiré sabiendo a lo que se refería y yo pondría todo de mi parte gustosa;
—¿Te siente mejor? —preguntó al notarme ansiosa.
—Sí.
—¿Y tus malestares?
—Tuve una pequeña jaqueca durante el almuerzo, pero no he sentido mareos.
—¿Y tu…?
—Mi periodo ya se fue —sonreí.
—Mmmm… —musitó besando mi cuello—. Eso me alegra mucho, te he extrañado estos días.
—Yo también —sucumbía a él.
—¿Comenzamos a trabajar de nuevo?
—Por supuesto.
Me besó apasionadamente con esa sed de necesidad que ambos destilábamos, me levantó en sus brazos y saliendo del armario me llevó a la cama, no quería pensar en nada más sólo en entregarme a él, lo deseaba, lo necesitaba, lo anhelaba. Nos entregamos como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez, él quería todo de mí y yo quería todo de él, fuimos uno no sólo en cuerpo sino también como lo éramos ante todo, en alma y corazón.