Capítulo XXVI

 

La Amenaza

 

Definitivamente nuestra paz y tranquilidad había desaparecido, Loui estaba muy nervioso aunque no quisiera reconocerlo y tratara de disimularlo. No sé qué cosas pasaron por su cabeza pero las decisiones que se tomarían serían muy drásticas. Los días que restaban serían los más largos de toda mi vida, sentía que el peso del mundo estaba sobre nosotros;

Randolph, ordena a la guardia doblar esfuerzos —le dijo Loui muy seriamente poniéndose de pie—. Quiero que vigilen los perímetros del palacete, nadie debe entrar ni salir, no al menos hasta mañana por la mañana.

—Como usted diga majestad.

—También todo lo que estaba planeado tendrá que suspenderse —ordenó.

Lo miré muy confundida e incrédula;

—Pero Loui ya casi todo está hecho —le rogué—. Y además por eso Jonathan y Regina viajaron.

—Por nosotros no te preocupes —dijo Regina.

—Lo siento amor mío pero todas las fiestas se cancelan —sentenció—. Es por seguridad.

—Pero Loui… —insistí—. Es tu cumpleaños y el de los niños y…

—Constanza lo siento —dijo firmemente—. Como rey debo de pensar fríamente y como padre y esposo aún más, es mi familia la que está en peligro, no nos vamos a arriesgar a que cualquier persona disfrazada de lo que sea esté cerca de nosotros, no puedo poner en peligro a lo que más amo sólo por unas celebraciones, lo siento, las fiestas de cumpleaños se cancelan.

—Su majestad tiene razón —dijo Jonathan calmando a Regina—. Sería una imprudencia pensar en fiestas teniendo el peligro cerca.

—No te preocupes por nosotros Constanza. —Regina intentaba dormir a Leopoldo en sus brazos—. No he venido a verlos sólo por unas fiestas, hemos venido a visitarlos como familia y porque deseamos pasar un tiempo con ustedes.

—Perdón, lo siento —dije un poco apenada—. Tienen razón, el estar juntos es lo más importante, al menos todavía tenemos la navidad y el año nuevo para compartirlo íntimamente.

—Es mejor así amor mío. —Loui besó mi frente—. Pero también he pensado otra cosa.

—¿El qué? —le pregunté tontamente sabiendo su respuesta.

—Tendremos que regresar al Ange Château, aquí no es seguro.

—Pero Loui… —hice pucheros y arrugué la frente—. Después de estar tan bien aquí y después de que por fin te has adaptado ahora quieres que nos vayamos, no…

—Amor mío lo siento —acarició mi rostro—. Pero es por nuestra propia seguridad.

Ludwig tiene razón Constanza —dijo Regina—. Este es un lugar muy bonito pero debido a las circunstancias será mejor estar en un lugar más seguro, no podemos estar a merced de Juliana, ahora estoy considerando seriamente hablar con ella si la tengo en frente.

—Sería muy peligroso —le dijo Jonathan—. Ahora sería yo el que no os permitiría hacer eso, sería una locura.

—Jonathan tiene razón —secundó Loui—. Además ya es tarde para eso, tuviste la oportunidad cuando se te pidió hacerlo, ahora sería muy peligroso, no nos será posible a ninguno de nosotros tener a esa mujer enfrente sin que nos haga algo, ya no es posible Regina, esa mujer no querrá hablar con nadie, ya es tarde.

Todos nos quedamos en silencio tratando de beber el té que nos habían servido, Regina fue la única que no bebió debido a su embarazo, algunos té por inofensivos que sean en el embarazos pueden ser peligrosos y prefirió no arriesgarse;

—Lo que yo sugiero por ahora es que empaquemos y preparemos las maletas —dijo Loui después de un momento.

Yo sólo me limité a suspirar, no quería irme del Boîte de Rêves, me sentía muy mal, por fin había logrado que Loui se adaptara al lugar, por fin creí que pasaríamos una temporada en el palacete pero en un abrir y cerrar de ojos las cosas se habían complicado, nuestro tiempo como familia se había arruinado por un incidente en el que insistía que no era un accidente. No me sentía bien, estaba triste, molesta, nerviosa y con el corazón en la garganta. Es decepcionante creer que tus planes no pueden salir como quieras, es frustrante y peor si hay algún culpable de por medio. La única pregunta que viene y golpea tu mente en esos momentos es “¿por qué sucedió? ¿por qué ahora?”

—Casi puedo leer tu mente amor mío. —Loui me miró fijamente—. No necesito que hables, sé que estás molesta y peor aún que no esperabas esto, pero no voy a arriesgarme a que suceda una desgracia sólo por tomar unas vacaciones, así que será mejor que vayamos a nuestras habitaciones a empacar.

Obviamente voy a aceptar tu decisión a regañadientes —le dije sin remedio—. Pero con una condición.

—¿Y cuál es? —preguntó levantando una ceja.

Que no canceles las celebraciones —contesté.

—Pero Constanza…

—Por favor —insistí—. Sé que lo que no quieres es una gran fiesta en donde hayan muchas personas y en donde cualquiera se pueda introducir y hacernos algo, estoy consciente de eso, pero al menos permite que se haga una celebración íntima y familiar, sólo nosotros, por favor.

—Creo que podré con eso, está bien, se hará como quieres y ahora será mejor que nos retiremos a empacar, quiero que nos vayamos mañana temprano.

Todos obedecimos la sugerencia de Loui y nos retiramos a nuestras habitaciones, en el caso de los invitados no tendrían trabajo ya que tenían sus maletas listas, pero nosotros… Ya estábamos bien instalados y ahora era momento de hacer las maletas de nuevo. Le pedí a Helen y a Gertrudis que empacaran todo lo de los niños, absolutamente todo, incluyendo los juguetes, sólo nuestros objetos personales y la ropa sería lo único que llevaríamos por los momentos, el resto Loui había decidido que se mandaría a traer después ya que no había tiempo para ordenar todo de nuevo. Las personas encargadas que llegaron con nosotros también se irían acompañándonos, incluyendo a nuestros perros, pero las demás cosas materiales llegarían después. Al momento de empacar todo sentía que no tenía cabeza para pensar, era horrible hacer todo de manera rápida, no sabes por dónde comenzar, me sentía con la mente bloqueada.

Cuando cada quien terminó lo suyo nos reunimos para cenar, nadie tenía apetito pero intentamos comer, la tensión comenzaba a respirarse en el ambiente y no sabíamos que más hacer.

En las noticias no se había hablado nada más y Randolph que estuvo pendiente con las llamadas todavía no sabía nada, ni rastros de Juliana, la mayoría de los cadáveres ya habían sido identificados pero ella no estaba allí, los médicos especializados y la policía se había desplazado por la ciudad en busca de los que habían desaparecido durante la explosión y aunque a algunos los encontraron deambulando perdidos en su mente, a ella todavía no y eso me daba una mala impresión. Nadie me quitaba de la cabeza que eso no había sido un accidente, alguien lo planeó y ayudó a escapar a esa mujer, al pensar eso comprobé las sospechas que siempre tuve; Juliana nunca estuvo loca.

A la hora de dormir fue otro cuento, a pesar del té mi ansiedad no se calmó y mis nervios seguían allí, me movía de un lado a otro sin poder encontrar tranquilidad, Loui intentaba dormir pero aparentemente yo no lo dejaba. Me atrajo hacia él, hacia su pecho, besaba lo alto de mi cabeza, acariciaba mi cara, mi brazo, yo cerraba los ojos acariciando su pecho pero no podía controlarme, no lograba tranquilizarme, hasta que sin decir nada levantó mi cara con la punta de sus dedos en mi barbilla y me besó con intensidad, ese beso me estremeció y pude poner un momento mi mente en blanco. Al sentir que le correspondí me giró hacia el colchón colocándose encima de mí y comenzó a tocar mis piernas, levantó la seda y logrando abrirse paso colocándose en medio sentí su erección y en ese momento quise olvidarme de todo. Lo besé y lo besé como si no deseaba que dejara de hacerlo, me desnudó completamente haciendo él lo mismo y nos entregamos esa noche. Haciendo el amor liberamos la tensión que sentíamos y la ansiedad no nos calmaba nada, excepto amarnos el uno al otro, lo hicimos de una manera intensa como sólo nosotros lo sabíamos hacer, besos, abrazos, caricias, roce, fricción, una penetración profunda y placentera que nos unía cada vez más y que era sólo nuestro, nuestro momento, nuestro éxtasis, nuestro amor. Al desprendernos de toda la tensión pudimos conciliar el sueño y como dos amantes que se habían entregado gozosos al placer de la pasión pudimos dormir y descansar hasta esperar juntos el amanecer, la luz de un nuevo día lleno de incertidumbre.

A media mañana y después del desayuno ya todo estaba listo para dejar el Boîte de Rêves, mientras el equipaje estaba siendo llevado a las camionetas yo me encargaba de no olvidar nada de los príncipes, a pesar de la noche de pasión que Loui me dio me sentía triste, no quería dejar el palacete, miraba como los sirvientes quitaban todos los adornos navideños y el árbol que había puesto y quise llorar, le echaba un vistazo a las pinturas de mi suegra y sentía un nudo en la garganta, no sabía que me estaba pasado pero también deseaba vivir en el  Boîte de Rêves, era un lugar diferente y no quería salir de allí, sólo habíamos estado unos días y también sentía que amaba ese lugar. ¿Qué tenía de especial? No tenía idea, pero me había enamorado al igual que la madre de Loui. Cuando miraba sus retratos toque mi bolso para asegurarme de llevar el diario, eso era algo que no pensaba dejar, pero la aventura vivida en el ático era algo que nunca iba a olvidar y estaba dispuesta a regresar. Le di las llaves a la encargada y le pedí que mantuviera cerrado bajo llave para que nadie entrara, ya que mis planes era volver y a ver con tiempo y detenimiento, todo lo que había allí. Cuando todo estuvo listo comenzó la peregrinación de regreso, de las ocho camionetas que nos trajeron en la mudanza regresábamos en cuatro y otras dos en las que viajaba Gastón con la guardia, una de las camionetas encabezaba en primer lugar y la otra nos resguardaba al final, Loui, los príncipes, las nanas, Randolph, Dylan, Jonathan, Regina, los encargados de la cocina y hasta nuestros perros, todos regresábamos ese Lunes a la realidad y entonces supe que nuestra corta estadía y el deseo que tenía de unas vacaciones familiares en un lugar especial, se habían terminado.

El viaje fue tranquilo pero por mi parte en silencio, Loui  manejaba como siempre su camioneta y aunque besaba mi mano —la que quería que la llevara en la suya mientras sujetaba la palanca de los cambios— él notaba mi melancolía. Detestaba que las cosas no salieran como las esperaba, detestaba que las cosas cambiaran drásticamente, detestaba que mis planes fueran alterados y no se llevaran a cabo, detestaba que la tranquilidad de mi familia estuviera amenazada, en ese momento sentía más rabia que miedo y ni yo misma sabía cómo actuar.

Cuando llegamos nos instalamos en “nuestro hogar” gracias a Dios la solicitud de Randolph al actuar siempre es bendita, la noche anterior había llamado para que tuvieran todo listo para nuestro regreso, así mismo para que estuviera lista la habitación de los duques. Me sentía muy extraña, como si fuera huésped en mi propia casa, sólo esperaba que los niños tuvieran muy fuertes sus defensas y soportaran el frío del castillo, a pesar de toda la calefacción me parecía un lugar helado. Una vez instalados y sin ánimos de hacer nada más nos dispusimos a tomar un pequeño refrigerio en lugar de almuerzo, estábamos muy desanimados y todo nuestro entusiasmo o al menos el mío se había ido al caño. No podía disimular mi estado de ánimo, sólo faltaban un par de días para el cumpleaños de Loui y sentía miedo, no sabía qué hacer;

—Es increíble cómo pueden cambiar las cosas de un momento a otro —dijo Randolph rompiendo el hielo en la mesa.

—Yo me siento un poco más tranquilo estando aquí —dijo Loui—. Al menos esta es una fortaleza y de ahora en adelante se doblará la seguridad, ningún miembro de la familia saldrá sin que la guardia los acompañe, especialmente tú amor mío, no quiero que salgas si ningún motivo.

Sujetó tiernamente mi mano y la besó dulcemente, lo miré intentando comprenderlo pero ahora me sentía en una prisión y tenía razón, no podíamos salir sin motivo y sin la guardia;

—Quería que este fin de año fuera diferente —dije suspirando con tristeza—. Al menos quería pasar Diciembre y Enero en un escenario diferente y lo estábamos logrando, pero ahora…

—Tranquila Constanza. —Regina me miró—. Los imprevistos siempre suceden y son cosas que no se pueden prever, nadie se imaginaba lo que pasaría y como dice Ludwig, lo más importante es nuestra seguridad y la de nuestros hijos.

Cuando Regina mencionó a los niños mi corazón dio un brinco y sentí que se encogió, el duque había atentado contra mí para darle a Loui a donde más le doliera, esta mujer podía hacer lo mismo con nuestros hijos. No pude evitar estremecerme del miedo, con sólo pensarlo comencé a sentirme mal y el terror se apoderaba de mí, no dejaba de pensar en la pesadilla que había tenido y sentí que la sombra de la maldad y de la muerte podría rodearnos, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y tragué en seco, un nudo en la garganta me estaba ahogando;

Veremos qué es lo que sucede. —Loui sujetó mi mano y la besó—. Pero al menos aquí estaremos seguros, Randolph estará al tanto de las averiguaciones y estaremos informados, lo importante es no perder la calma y tratar de sobrellevar lo que está sucediendo, tenemos que seguir adelante como si nada hubiera pasado, por muy difícil que sea.

Terminamos de comer y al menos yo seguía mal anímicamente, necesitaba recostarme un poco, pensar que estaban todas las maletas hechas y que había que ordenar de nuevo el armario me decepcionaba aún más. Me retiré de la mesa antes que los demás y aprovechando que los niños ya habían comido y estaban jugando, me dirigí a la habitación a la cual Loui me acompañó. Necesitábamos poner en orden las ideas y aunque se tratara del rey, él también sentía miedo y a su manera estaba nervioso, sólo que era más fuerte y por el bien de su familia trataba de disimularlo. Al llegar a la habitación y ver las maletas, torcí la boca y preferí ignorarlas, me acosté en la cama dejando caer mi humanidad en ella, obviamente secundada por mi amado;

Siento un cansancio mental —dije acostándome boca abajo—. Como un agotamiento emocional que no sabría describirte, me siento bloqueada y no sé qué hacer.

—Es debido a lo que ha sucedido amor mío. —Loui besó mi sien mientras se acostaba casi encima de mí dándome un placentero masaje en los hombros—. Esta situación nos va a generar muchas tensiones.

—Nos está generando ya muchas tensiones —lo corregí—. Es imposible no sentir miedo, sé que Regina está igual pero trata de disimularlo.

Y eso me preocupa, esa mujer debe de estar muy resentida con ella, Regina puede ser un blanco fácil, voy a hablar con ellos seriamente, no sería conveniente que regresaran a Italia luego, si esa mujer está viva e intenta vengarse los buscará a ellos también.

—Loui tengo mucho miedo… —me giré a él y lo abracé.

—No te preocupes amor mío —besó mi frente y acarició mi cara—. Voy a hacer todo lo que está a mi alcance para proteger a mi familia.

—Loui yo me moriría si te pasa algo —dejé escapar una lágrima—. Por favor quédate siempre conmigo.

—Eso es lo que más deseo —besó la punta de mi nariz—. Que estemos juntos, siempre.

Diciendo esto nos besamos con mucha intensidad. Sus besos eran una droga para mí, los necesitaba, los deseaba, el sabor y la suavidad de sus labios eran todo para mí, sus besos eran míos, los pedía día y noche, mi piel ardía por ellos y respondía a su tacto, mi rey era todo lo que yo deseaba y necesitaba en esos momentos.

Mientras estábamos en nuestro clímax y nuestras manos ya habían llegado a otros rumbos el toque de la puerta nos interrumpió, era Randolph que había llegado con dos notas urgentes para el rey, al parecer habían llegado por la mañana y una de las sirvientas que hacía la limpieza las recibió, Randolph al tenerlas procedió a dárselas a Loui inmediatamente. No quiso interrumpirnos más y nos dejó solos de nuevo para seguir descansando en la intimidad de nuestra recámara;

—¿De qué se tratan? —pregunté.

—No lo sé —contestó sentándose en una de los sillones—. Vamos a ver qué es.

Me acosté en la cama de nuevo boca abajo para tener una mejor vista de mi amor y mientras acomodaba las almohadas para estar más mejor, noté la expresión de Loui que cambió, se puso serio y pálido;

—¿Todo bien? —insistí.

Al parecer no me había escuchado o estaba en shock lo que hizo que me sentara en la cama al verlo, su actitud me asustaba y más su silencio, Loui no puede ocultarme nada, sabe que no puede disimular;

—Loui amor, ¿Qué pasa? —comencé a sentir mi cuerpo helado.

—Perdón… ¿Que decías?

—Loui no es hora de bromas —le dije levantándome y dirigiéndome hacia él—. ¿Qué dice la nota?

—Es… es… —balbuceaba al hablar lo cual me extrañaba mucho—. No es nada importante.

—Mi amor sabes que no puedes ocultarme las cosas, vi la expresión de tu cara, ¿Se trata de Juliana?

—No, no es nada de eso —contestó tratando de doblar la nota, la que más bien quiso rotar.

—Loui eres incorregible —salté hacia él—. A ver déjame ver.

—¡No! —exclamó ya un poco tarde cuando le había logrado quitar la nota.

Me extrañó que intentara quitármela y evitara leerla, sabía que eso no sería nada bueno de lo contrario no se hubiera puesto tan nervioso. Leí la nota:

“Mon cher Ludwig:

Para el tiempo que recibas esta nota ya te será difícil tratar de escapar de mí, ansío de ganas por volver a verte, han pasado varios años pero quiero revivir contigo… viejos tiempos. Espérame.

Bisous,

Dione R.”

Cuando leí la nota mis colores y la temperatura de mi piel habían cambiado y no para bien, miré la expresión de Loui y él sabía perfectamente quién le escribía la nota, creo que eso lo había asustado más que la fuga de Juliana;

—¿Y bien? —dije seriamente—. ¿Vas a decirme que significa esto?

—Es…

No encontraba las palabras justas para hablar, estaba pálido, el sudor de su frente delató sus nervios y no podía ocultar nada, más le valía pensar bien sus palabras, no podía engañarme;

—¿Es qué? —insistí alterándome—. No soy ninguna tonta, esta nota es de una mujer y francesa, ¿Vas a decirme con tu propia boca de quién se trata?

—Creo que ya lo sabes —contestó seriamente tragando en seco.

—¿Es ella? ¿La francesa de la que una vez me hablaste?

—Sí.

—¿Y?

Según la nota está por llegar —sujetó su cabello y liberó el aire.

—¿Y esa otra nota también es de ella? —pregunté mientras se la arrebataba de su mano.

Sin poder hacer nada, Loui no intentó quitármela y la abrí para leer lo que decía:

“Sus días están contados, la cuenta regresiva está en marcha, el tiempo corre en su contra. Pagaran lo que hicieron y se acabará todo, esto sólo es el principio del fin.

El Siniestro.”

La nota me había destrozado los nervios y comencé a temblar sin control, me había quedado muda y sin poder reaccionar, sin darme cuenta la nota cayó de mis manos al suelo. Al verme Loui se acercó a mí y recogió la nota, la leyó, seguidamente me abrazó con fuerza sin que yo pudiera reaccionar, mi mente estaba en blanco y no pude pensar. Poco a poco dejé de sentir el calor y el frío de mi cuerpo, algo salió de él y me sentí liviana, todo estaba oscuro, no escuchaba nada, no podía gritar ni moverme, sentía que había caído en un abismo y en un eterno vacío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nieblas del pasado 2
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