Capítulo XXVII
Mi explicación a Dylan
Gracias a Dios él ya estaba allí.
Me apenó hacerlo esperar tanto, debía disculparme.
—Mil perdones por el retraso —le dije apresurándome a él que estaba cerca de la ventana—. Tuve que despedir al rey que salió al parlamento.
—No se preocupe, entiendo —estaba un poco serio.
—Dylan por favor —supliqué—. Escúcheme.
—No tiene nada que decirme, no se sienta en la obligación.
—Si lo estoy, no puedo permitir que usted piense… lo que no es.
—Creo que su excelencia fue muy claro.
¡Dios! Lo sabía, había escuchado todo;
—No Dylan, él, yo… —estaba muy nerviosa de nuevo—. Las cosas no son lo que parecen.
—Yo creo que sí.
Exhalé sintiéndome mareada, no sabía qué decir;
—Por favor escúcheme —lo sujeté de ambos brazos, iba a olvidar quien era y a rogarle como una mujer normal—. Jonathan es… él y yo no somos nada, nunca lo fuimos, por favor quiero confiar en usted… —comencé a sentirme más mareada, miraba todo de colores, me sentía helada.
—Majestad tranquila —me sujetó en sus brazos, por poco y me desmayo.
—Dylan… —susurré en su pecho, me abrazó, escuché y sentí su suspiro.
—Venga, vamos a sentarnos —me llevó a uno de los sillones sentándose a mi lado—. ¿Se siente mejor?
—No, no me siento mejor, por favor suplico su discreción en lo que sea que haya escuchado —evité que la voz me temblara.
—Majestad usted está muy asustada, tranquila, no me gusta ver ese miedo.
“Terror” —pensé.
—Majestad está helada —sujetó mis manos, ambas y me miró desconcertado.
—Dylan… —dije mordiéndome los labios—. Por favor no vaya a mencionarle nada de esto al rey, Lou… Ludwig es… —respiraba aceleradamente.
—¿Le ha hecho algo? —preguntó seriamente.
—No, no, no, es sólo que su carácter es…
—Lo sé, es iracundo.
Bajé la cabeza;
—Dylan voy a ser sincera con usted —puse mi mano encima de la de él, me miró fijamente—. Lo que escuchó… por favor le ruego no comentarlo con el rey, la relación entre él y Jonathan ha sido un poco más llevadera estos años pero no siempre fue así, ellos no fueron amigos desde el principio, es una larga historia y…
—¿Su excelencia está enamorado de usted? —preguntó haciéndome abrir los ojos y tragando en seco, yo no podía disimular.
—Lo estuvo cuando nos conocimos pero quiero creer que en estos años… ya no.
—Pues yo le puedo asegurar que lo sigue estando, aún casado.
La temperatura de mi cuerpo bajó, sentí que no podía respirar;
—Dylan mi corazón es del rey —intenté no llorar—. Le juro que lo amo más que a mi propia vida, en mi mente sólo existe él.
Me miró tristemente, cometí una indiscreción sin darme cuenta, lo herí, sin querer le había dado la respuesta que él quería, olvidé completamente con quien estaba hablando;
—Dylan, perdón yo… —me llevé una mano a la cara—. No sé, lo siento, yo…
—No se preocupe —suspiró.
—No piense mal, leí su mensaje anoche, me sorprendió, pero le confieso que también me gustó, pero justo cuando iba a contestarle… él llegó a la habitación. Me asusté y lo único que se me ocurrió hacer fue borrar el mensaje, lo siento, le sugiero que haga usted también lo mismo.
Bajó su mirada y frunció el ceño, tensó sus labios;
—Lo siento —apreté su mano—. Es por nosotros mismos, debemos cuidarnos las espaldas.
—¿Ludwig no confía en usted? —preguntó seriamente.
—Sí claro, ¿por qué la pregunta?
—Pareciera que no.
Bajé la cabeza de nuevo, no supe qué decir, no sabía ni podía justificar su inseguridad;
—Es obvio que él sabrá de esta plática —continué—. Por favor diga que hablamos sobre los animales, sobre sus necesidades, sus alimentos, medicinas, lo que sea pero por favor, él no puede enterarse de esto mucho menos de lo de Jonathan, temo las consecuencias…
No pude más y llevando una mano a la boca cerré con fuerzas mis ojos, no pude evitarlo, lloré;
—Majestad… —Dylan acarició mi mejilla con la punta de su índice.
—No acostumbro mentir —dije sin levantar mi cara, me sentía avergonzada—. No soy una mentirosa ni mucho menos le oculto las cosas al rey, es sólo que…
—Tiene miedo.
Asentí sin remedio, esa era la verdad, no podía ocultarlo;
—No me gusta su temor.
—Por favor… —insistí.
Levantó mi cara y me hizo verlo, me miró fijamente por un momento, me reflejé en sus ojos;
—Lo que sea que haga lo haré por usted, por verla bien y tranquila.
Olvidé el protocolo y lo abracé, él me correspondió y suspiró, sentí alivio.
Esa mañana cumplimos con nuestras obligaciones, Dylan estuvo en las caballerizas y yo más tranquila en la habitación de los gemelos retomando las tutorías como un repaso de la semana, pronto terminaría el mes y después de la celebración de nuestro aniversario de bodas retomaría mis obligaciones como reina, seguramente mi oficina me extrañaba, así que comenzaría poco a poco a incorporarme de nuevo y a trabajar de la mano de Víctor en lo que a las clínica infantiles se refería, teníamos la idea de organizar un evento para recaudar fondos y llevar esas clínicas y sus beneficios a dos estados más del reino que aún hacían falta.
Durante el almuerzo lo hicimos todos en familia a excepción del rey y Randolph que no pudieron acompañarnos, el rey me había llamado para disculparse por no regresar a tiempo así que la comida no contó con su presencia. Independientemente entendía su deber y era algo a lo que aún no me acostumbraba pero haciendo a un lado eso me di cuenta de otra cosa, la tensión entre Dylan y Jonathan y más en el primero que no podía disimular;
—¡Oh que belleza! —exclamó Regina, por lo que todos nos desconcertamos—. Constanza mira.
Una de las sirvientas traía un enorme y hermoso ramo de rosas rojas en un delicado florero de cristal, que me dejó sin aliento;
—¿Y eso? —pregunté asombrada.
—El rey las envía majestad, son para usted.
Sonreí y suspiré, no esperaba esa sorpresa;
—Están divinas, llévelas a la habitación por favor.
Asintió y salió del comedor, el perfume de las rosas se quedó en el comedor;
—Qué lindo gesto de Ludwig —dijo Regina—. Te adora cada día más.
Noté que Jonathan y Dylan estaban serios y preferían ignorar el asunto;
—Está agradecido —le dije con la intención de romper un poco la tensión—. Hoy por la mañana tuvo un disgusto y yo como siempre le brindé mi apoyo.
—¿Qué pasó? —insistió Regina.
—Hay sectores que comienzan a dividirse e insisten y presionan por un gobierno, además… algunas personas ahora están cuestionando su posición.
—¿Cómo?
—Eso no es bueno —dijo Jonathan.
—Lo mismo creemos todos —le dije—. Ludwig necesita a su familia ahora más que nunca, necesita sentirse apoyado ya que ignoramos qué sombra está lavándoles el cerebro a estas personas.
—Eso es el colmo —dijo Regina después de beber un poco de jugo—. Bórdovar ha estado bien, ¿Qué le pasa a toda esa gente?
—Lo mismo me pregunto —le dije exhalando y reclinándome en la silla.
—Ese asunto no es normal y hay que dar con los que estén detrás de todo eso —dijo Jonathan firmemente—. Sus planes pueden ser muy peligrosos y el rey debe de tomar medidas y seguramente muy extremas y drásticas si quiere acabar con ellos, eso es traición y sólo se paga de dos maneras: la cárcel o la muerte porque yo no sugeriría un exilio, creo que ya sabemos las consecuencias.
—Amor me extraña oírte hablar así —le dijo Regina mirándolo asombrada—. Sonaste un poco agresivo y tú no eres así.
—Fue sólo una opinión, sabéis que esto de los títulos nobiliarios a mí no me interesa pero está de por medio vuestra posición como prima del rey, recordad que está en juego vuestros privilegios los cuales podéis perder.
—Cierto, no había pensado en eso, aunque no vivamos en Bórdovar tenemos el título de un ducado, la segunda región más importante del reino y una posición que le sigue en línea a los príncipes herederos, es posible que también se metan con nosotros.
—Hay que tener cuidado —le dije—. Por lo pronto nuestro deber es apoyar al rey en lo que decida y permanecer unidos, no se trata únicamente por la posición de la familia real sino por lo que somos como personas, Ludwig es el descendiente directo, hijo de reyes, tiene la realeza en la sangre por partida doble, por ambos padres, es la cabeza suprema de una monarquía que aunque sea parlamentaria no pasan sobre su autoridad, no entiendo porqué ahora quieren cuestionarlo, no es ningún usurpador, nació príncipe heredero, ha sabido cumplir con su deber y velar por su gente, me duele que quieran traicionarlo.
Estaba preocupada y no podía disimularlo, no sólo por él sino por nuestros hijos, ellos eran inocentes y tenía mucho miedo del rumbo que esta situación tomara;
—Tranquila Constanza —me dijo Regina—. Ludwig no va a dejarse amedrentar.
—Reconozco que casi no puedo dormir debido a esto, he tenido sueños extraños, primero que una mujer enfurecida armada con una hoz lo… —llevé una mano a mi boca—. Lo decapitaba.
—¡Dios santo! —exclamó Regina—. Es horrible.
—Luego que yo estaba perdida en medio de un bosque y miraba a un anciano, a un niño y luego a un hombre maduro, no entendí nada, el anciano me decía que era la experiencia, el niño la inocencia y el otro hombre la madurez, el anciano me decía que quería que llegara a él, el niño que necesitaba de mí para caminar y el hombre me decía que por los momentos estaba con él, la verdad no entiendo nada y no sé qué relación tienen.
—Es muy extraño —dijo Jonathan—. No creo que sea producto del subconsciente, os aconsejo hablarlo con algún especialista.
—No estoy loca —le dije mirándolo desconcertada.
—Tranquila no he dicho eso, pero no creo que debáis dejar pasar el hablarlo con algún especialista, él os podría ayudar.
—¿Me dices que puede ser alguna premonición?
—No sabría deciros.
Todos nos quedamos callados, este asunto comenzaba a hacer presión;
—Jonathan tiene razón Constanza, no lo tomes a mal, recuerda que estás en busca de un nuevo embarazo y todo esto te afecta, debes estar tranquila y Ludwig también, esto que está pasando… les está molestando para lograr el embarazo.
—Aún tengo esperanzas que el bebé haya sido concebido en Venecia —sonreí.
—Y yo lo deseo de todo corazón pero aún así, tu deber es estar tranquila por él, debes apoyarlo sí, pero mantente al margen de algunas cosas, por tu tranquilidad emocional debes hacerlo.
Asentí sin remedio, sabía que tenía razón;
—Pues como la reina dice nuestro deber es apoyar al rey y estar con él en estos momentos —dijo Dylan—. La familia real puede contar con mi absoluta lealtad.
Curvé mis labios y con mis ojos le agradecí su gesto pero también noté que su mirada y la de Jonathan se cruzaron seriamente, sólo ellos sabían lo que pensaban o lo que se dijeron, otro asunto en el cual ya pensaba. Intentamos terminar de comer en paz.
Después de verificar que los niños habían comido bien me retiré a mi habitación, por alguna razón me sentía cansada emocionalmente y era debido al estrés, sentía mi cuerpo pesado y necesitaba descansar un poco. Me acerqué a las rosas en mi tocador e inhalé largamente su perfume, era dulce y delicado como cuando algunas veces él era en la cama, sonreí al pensarlo, leí la tarjeta que traía y la cual no había visto;
“Mi amada Constanza:
Eres lo más hermoso que me ha pasado en la vida, no sé qué haría yo sin ti, el rey se rinde a tus pies, soy completamente tuyo como desees imaginarlo.
Te amo”
Suspiré mordiéndome los labios como si hubiese sido la primera vez, deseaba tenerlo en frente para demostrarle cuán mío era, él hacía todo para tenerme de rodillas y estar más enamorada cada vez más, lo amaba, Loui era todo para mí, absolutamente todo y en la noche se lo iba a demostrar, me apresuré a buscar mi móvil e inmediatamente le envié un mensaje:
“Gracias por las rosas amor, están bellísimas, ¿Sabes que tus detalles me tienen de rodillas ante ti? Soy completamente tuya también y esta noche te lo voy a demostrar.”
Lo envié y sin querer bajar de mi nube de ensoñación me acosté en la cama, saqué el diario de la reina y me dispuse a leer un rato, tenía que aprovechar el tiempo que me quedaba ya que pronto me sería difícil leerlo al ritmo que me había acostumbrado.
Comenzaba a abrir el libro cuando…
“Fue sólo un pequeño detalle amor mío, tú te mereces el mundo entero a tus pies, espero ansioso lo que vas a demostrarme esta noche, no sabes cuánto lo deseo.”
Sonreí de nuevo, definitivamente él era el dueño de mis suspiros, le contesté:
“Yo también lo deseo y vuelvo a decirte que me tendrás de rodillas, así que puedes imaginarlo”
Seguía sonriendo al mandarlo, Loui no iba a concentrarse en su reunión, sería mejor que lo dejara en paz o tampoco me dejaría leer, como supuse al momento llegó su respuesta:
“¿Literalmente de rodillas? Amor mío dime si es lo que estoy pensando porque de ser así… me estás convirtiendo en el hazme reír de este lugar, me estoy retorciendo en mi silla y evitando que mi erección se note.”
No pude evitar carcajearme llevándome una almohada a la cara, sería mejor que lo controlara;
“Pues puede ser que sí sea lo que estás pensando, pero no quiero ser la causante de tus cambios de color que ya me los imagino, puede ser que sientas calor y es normal, mi amor en la noche saciaré tu curiosidad, será mejor que te concentres en lo tuyo, tu mente debe de estar lúcida en el parlamento pero sabes que mi corazón está contigo, te amo y espero ansiosa que llegues.”
Lo mandé de nuevo, esperaba que se controlara pero su respuesta fue inmediata:
“Ese es tu efecto en mí, ese es tu dominio sobre mí y aunque yo esté aquí, mi mente, mi corazón y mi deseo son por ti y para ti.
P.D. No esperaré hasta la noche así que prepárate, en cuanto yo llegue, ni la ducha ni la cama serán suficientes.
Te amo.”
“¡Oh wow! Me encanta su advertencia” —pensé muy feliz.
Preferí no contestarle para dejarlo en paz y que se concentrara en su labor, al igual que yo debía hacer un lado la excitación que me provocaba al pensar en sus respuestas, ya solucionaríamos eso cuando él llegara, por los momentos quería leer un poco y enfocarme en el diario de mi suegra.