Capítulo XX
Una joven enamorada
Después de comprobar que los niños estaban bien y que habían merendado algo rico me dirigí al ático. Pronto Loui regresaría y ya no tendría tiempo para estar allí así que lo aproveché. Al llegar lo primero que hice fue ver los cuadros que estaban guardados, algunos eran paisajistas, otros cotidianos como de frutas y flores sobre mesas y otros que estaban cubiertos de papel —y sellados como para que no se dañaran o para que nadie pudiera verlos— estaban muy bien sellados y atados con lazos no muy gruesos, así que supuse que serían importantes y por consecuencia estaba segura que se trataban de ella. Eran de diferentes tamaños y formas, los habían rectangulares y ovalados, traté de quitar el papel en uno de ellos, uno muy grande y pesado, los lazos tenían nudos muy bien hechos y apretados así que con cuidado bajé de un extremo el lazo y busqué la manera de abrir el papel sin rasgarlo para poder ver al menos un poco la pintura que era. Logré hacerlo y pude ver un momento la pintura, me sorprendí porque no parecía que era la madre de Loui, por lo poco que pude ver era una pintura con aire medieval, la mujer era pelirroja de cabello ondulado con una corona de oro con perlas blancas sobre su cabeza, parecía tener los ojos cerrados pero al parecer era que miraba hacia abajo, mirando algo a alguien, su expresión era un tanto triste aunque no pude ver sus labios, el fondo de la pintura era como de un color vino-marrón no se podía distinguir. Esa pintura me era conocida pero no podía recordarla. Traté de acomodar el papel de nuevo de la manera en la que estaba y subí de nuevo el lazo que sujetaba ese extremo, tenía mucha curiosidad por ese cuadro pero antes de hacer algo más debía de hablarlo con Loui, al fin y al cabo sólo él era el único que podía decidir sobre los objetos que estaban en el ático. Decepcionada por no poder hacer nada más salí de allí y me dirigí a mi habitación de nuevo, quería leer un poco el diario de la reina antes de que Loui llegara lo cual sería pronto. Al llegar busqué en su cajón y me acosté en mi canapé para seguir con la lectura, eso haría que el tiempo volara para esperar su regreso;
*************************
El tío George que extrañaba nuestra presencia por la casa supo donde estábamos y fue a buscarnos, nos encontró abrazadas a la abuela y a mí sollozando y abrazadas en un conmovedor silencio. Al ver que habíamos llorado se unió a nosotros y sentándose en el brazo del sofá nos abrazó con ternura uniéndose a la escena también, ellos eran mi tesoro, ellos lo eran todo para mí.
Al siguiente día me levanté muy feliz por lo que me esperaba, saber que volvería a verlo hacía que mi corazón brincara de un lado a otro en mi pecho como si se tratara de una pelota de ping pong. Después del desayuno decidí arreglar mi habitación de otra manera, quería muchas flores aparte de los bellos tulipanes que besé en cuanto me levanté, quería pinturas, quería decorar con cortinas de colores rosas y moradas, quería adornos de cristal y tantas otras cosas así que hice una lista antes de salir de compras con la abuela, quería que mi recamara fuera la de una mujer no la de una niña, así que cuando estuve lista y la abuela también nos fuimos de compras, además se acercaba mi cumpleaños eran muchas las cosas que tendríamos que comprar, fue una mañana muy agotadora. Aprovechamos almorzar afuera ya que el tío no estaría con nosotras por asuntos de trabajo, trataba de mostrarme tranquila y relajada pero era imposible, Tita creía que era por mi cumpleaños la emoción que no podía ocultar pero no era por eso sino por él, a pesar de intentar tener mi mente ocupada esa mañana ni un tan solo segundo dejé de pensar en él y sentía emoción por saber que pronto, en unas cuantas horas más podía verlo, eso hacía que el corazón se me atravesara en la garganta y no pudiera comer bien. Cuando regresamos a la casa procedí a llevar mis cosas a mi recámara y también aproveché para darle un baño a Florentina, esa sería mi excusa para volver a salir al parque, la llevaría a pasear, sólo esperaba que la abuela me dejara salir sin problemas y aún más, que no me fuera a acompañar, estaba cansada por las compras y esperaba que deseara seguir descansando, necesitaba ir sola y hablar con él, conocerlo más, saber quién es y que hace, de donde es y donde vive, le hablaría de mi fiesta y esperaría que me acompañara ese día, se lo presentaría a la familia y entonces… Puede que sea el comienzo de algo maravilloso.
Después de mi baño me arreglé muy bien con un pantalón rosa pálido que me ceñía muy bien mi figura y dejaba al descubierto parte de mis pantorrillas, escogí una blusa blanca ceñida sin manga con un escote recto que dejaba al descubierto mis hombros, un maquillaje sutil acentuando mis ojos y un ligero brillo rosa pálido también me hacían ver muy bien, me puse un collar de perlas blancas a juego con unos aretes y me hice una coleta alta en mi cabello que sujeté con un pañuelo de estampado floral que terminaba de complementar todo mi atuendo. Cuando me vi al espejo pensé que tal vez no era buena idea la blusa y él podía malinterpretar y creer que me había vestido así con alguna intención lo cual me asustó un poco, sólo esperaba que no pensara mal de mí. Me miraba muy bien así que calzándome unas zapatillas blancas de tacón liso y perfumando mi piel salí de mi habitación para buscar a Tita y solicitar su permiso para salir con Florentina la que ya también estaba muy olorosa y limpia para poderla presumir. Tita descansaba en su canapé, entré con cuidado a su habitación y le susurré al oído, entre dormida y despierta me contestó y me recomendó no tardarme mucho lo que dio mucho alivio. Dándole un beso en la frente salí apresuradamente, le pedí a Marcos que me llevara de nuevo al parque y mi expectativa y emoción aumentaba cada vez más, saber que en unos cuantos minutos lo vería de nuevo me llenaba de alegría y mi corazón brincaba de un lado a otro como si estuviera en clases de equitación, el nerviosismo se apoderaba más de mí a medida que se acercaba el momento, deseaba verlo de nuevo, deseaba saber que nos deparaba el destino en esta tarde, deseaba saber hasta dónde llegaríamos con esto, me bastó muy poco para enamorarme y eso me daba miedo, creo que iba demasiado rápido, el estar enamorada era ya un paso muy serio y al parecer me había saltado todo lo anterior. Me aterraba que él no sintiera lo mismo que yo, seguramente sólo le atraía nada más, comenzaba a sentir miedo y ser yo la única que sufriera por esto. Cuando llegamos al parque le pedí a Marcos que me esperara unos minutos, bajé del auto y me encaminé con Florentina hacia la fuente, a medida que mis pasos avanzaban mi corazón sentía detenerse, ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaría haciendo lo correcto? Temía enamorarme, temía que este hombre entrara más a mi corazón y después no pudiera arrancármelo, temía sufrir un engaño como mi madre, temía morir por amor. Cerca de la fuente había un engramado precioso así que me senté un momento para que Florentina disfrutara la hierba y se entretuviera un momento, él no había llegado así que me serviría para matar el tiempo y esperarlo. Trataba de pensar en Florentina y en las sensaciones nuevas que debía de sentir al estar en la grama, es sólo una cachorrita y según la tarjeta que le dieron al tío apenas tiene mes y medio de haber nacido así que cabe perfectamente en la palma de mi mano, mientras intentaba jugar con ella me acosté por un momento en la hierba mientras Florentina moviendo su colita se acercaba a mí para tocar mi cara con su nariz, esa sensación me dio risa y sin darme cuenta, cerrando mis ojos comencé a reír como si se trataran de cosquillas cuando de pronto lo escuché:
—Hola preciosa, eres más hermosa de lo que recordaba.
Esa voz me hizo volver a la realidad y abriendo mis ojos asustada lo vi parado junto a mí sosteniendo otro tulipán, estaban tan asustada que la mente se me bloqueó y no supe que más hacer, sólo me perdí en sus hermoso ojos y en esa deslumbrante sonrisa que me habían hechizado por completo, al momento de intentar moverme él me detuvo;
—Por favor no te muevas —dijo mientras me contemplaba hipnotizado, me estaba tuteando como en la nota—. Déjame verte así y recordar lo bella que te ves acostada en la hierba, envidió a la tierra que te sostiene y que acaricia tu escultural figura.
Su comentario me había asustado y más lo último que había dicho, así que no le hice caso y me senté arreglándome la ropa y el cabello, me había ruborizado;
—Perdón —insistió sentándose a mi lado y ofreciéndome la flor—. No fue mi intención incomodarte, es sólo que eres una visión que…
Se quedó callado por un momento y suspiró, su insistente mirada sobre mí me incomodaba un poco y no sabía cómo interpretar eso, tenía que ser fuerte y resistirme.
—¿Cómo…? —Intenté disimular mi titubeo y concentrarme, tomé la flor y olvidé lo que había dicho—. ¿Cómo es que me pudo enviar flores a mi casa? ¿Cómo supo…?
—Fue fácil, simplemente te seguí antes de que desaparecieras de mi vista y observé el coche que te esperaba, me fijé en la placa y en un extraño escudo que lleva, hice mis averiguaciones y listo. Supe quién eras y donde vivías, inmediatamente pedí las flores para que las enviaran a esa dirección y celebro no haberme equivocado.
—Me asusta —bajé la cabeza—. Aunque mi familia descienda de linajes nobles yo no me considero de la realeza y ya que usted tiene el poder de averiguar rápidamente las cosas y sabe un poco más de mí, creo que es justo que yo sepa también un poco más de usted, ¿No le parece?
—Me parece bien —asentó con la cabeza—. Para comenzar creo que deberíamos tutearnos para entrar en confianza y ahora sí, ¿Qué deseas saber?
—Está bien, me gustaría saber tus intenciones, nos conocimos ayer y fuiste muy galante, luego me enviaste flores a mi casa y tu tarjeta me hizo estremecer, si esto es alguna clase de juego será mejor que me lo digas.
—Eres muy directa, me gusta eso, ¿Crees que lo que expresé en la tarjeta no es suficiente? creo que fui muy claro y ambos lo entendimos todo, si no, no estuviéramos aquí de nuevo, ¿No lo crees?
—“Si sentiste lo mismo que yo” —decía la nota—. Yo sé muy bien lo que sentí, ¿Y tú?
—Leonor… —tomó mi mano y la sostuvo para besarla—. Es obvio que ambos sentimos exactamente lo mismo, me gustaste desde el primer instante en el que te vi, eras una maravillosa visión a través del agua de la fuente, fue como si algo me hubiera impulsado a mirarte y desde ese mismo instante te clavaste en mí. No sé lo que pasó pero siento algo especial que no me había pasado antes, nadie me había quitado el sueño como tú lo has hecho y eso me asusta.
Trataba de asimilar cada palabra que él había expresado y no podía creerlo, también le gustaba como él a mí y también sintió exactamente lo mismo que yo ya que me había quitado el sueño y la emoción de saber que lo volvería a ver, no me había dejado dormir en toda la noche;
—Mi cumpleaños es pasado mañana —le dije tratando de desviar la conversación y acariciando a Florentina—. Y me gustaría presentarte a mi familia, como amigo claro, si no te molesta.
—Claro que me gustará —sonrió—. Me hace feliz saber que nos conocimos en un buen momento y celebro otro año de felices primaveras para ti.
—Como ya sabes donde vivo, no será necesario darte la dirección, será pasado mañana a las 19:30 hrs. Mi familia sólo son mi abuela y un tío así que no tienes por qué preocuparte.
—¿Tendría que preocuparme? —preguntó con una ligera sonrisa.
—Tanto mi abuela como mi tío son un tanto celosos, pero es por determinadas circunstancias, ellos deben de estar al tanto de todo lo que hago y conocer a mis amigos, o al menos a los que me frecuentan.
—Me parece bien —alzó una ceja—. Eres una joya muy preciada… para ellos y tienen razón de cuidarte, ¿Tienes muchos amigos que te frecuentan?
—Algunos —contesté mientras sostenía a Florentina entre mis piernas—. Los conocerás en la fiesta y ahora que somos amigos… ¿Aún no me has dicho quien eres en realidad?
—Bueno al menos te dije mi nombre —sonrió de nuevo—. Y no te he mentido en eso, obviamente no soy español como tú tampoco lo eres, me di cuenta por tu acento, tengo veinte años, realizo un viaje de estudios por Europa y estoy unos días de vacaciones por España haciendo un recorrido por sus ciudades; Sevilla, Madrid, Valencia, Asturias, Segovia y ahora Barcelona, mi recorrido no acaba aunque creo que ya no tengo la intención de seguir hacia el que era mi próximo destino, creo que deseo quedarme aquí el tiempo que me reste, hubo alguien que me ha cautivado y creo que ya no podré mirar nada más.
Bajé la mirada al oír eso y me ruboricé un poco, le gusta viajar, es un alma libre y eso me daba que pensar, además estaba joven, ambos somos jóvenes, es normal que se piense sólo en diversión.
—Fue un gusto haberte visto hoy —me puse de pie—. Debo regresar a la casa, además el chofer lleva rato esperándome.
—Será muy difícil esperar hasta pasado mañana —Se levantó también sujetándome con su mano para apoyarme y ayudarme, esa corriente eléctrica que recorrió mi cuerpo era sólo el comienzo de lo que él me provocaba—. Quisiera volver a verte antes, al menos hasta ese día.
—¿Porqué hasta ese día?
—Fue sólo un decir.
—Si gustas ven a almorzar mañana a mi casa —me atreví a decir muy sonriente—. Además mi abuela y mi tío estarán encantados de conocerte.
—Me encantaría —dijo sin haber soltado mi mano.
—Entonces hasta mañana —me despedí regalándole una ligera sonrisa y mirándolo fijamente.
—Contaré las horas —besó mi mano lo cual casi hace que me derrita.
Apresuradamente regresé al coche y regresamos a la casa, me sentía feliz pero a la vez tenía cierta nostalgia y no sabía por qué, sentía que el encuentro no había sido lo que esperaba aunque él fue un poco más abierto, al menos aceptó la invitación a comer y eso era un primer paso, si quisiera jugar conmigo me hubiera inventado cualquier excusa pero no lo hizo. Seguramente si es serio y eso me agrada, una vez que mi familia lo conozca sus temores desaparecerán y nos darán más confianza o al menos eso esperaba con todo el corazón. Deseaba que lo que fuera que estuviera comenzado entre nosotros durara mucho tiempo, así como presentía que había llegado a mi corazón para quedarse.
*************************
Al poco rato de estar leyendo alguien había entrado en silencio dándome una agradable sorpresa, Loui ya había llegado y había dado la orden de que no se me avisara para sorprenderme, me sujetó fuertemente de la cintura estando en el canapé lo cual me había asustado haciendo que el diario cayera al suelo;
—¡Loui me asustaste! —Exclamé mientras me reponía del susto y él se moría de la risa enterrando su cara en mi cuello lo cual hizo contagiarme.
—Te imaginaba dormida —besó mis labios—. ¿Descansaste bien?
—Lo suficiente, así que mañana volveré a mis labores, sin peros.
—Me parece bien —me levantó en sus brazos y me llevó a la cama—. Me da gusto saber que estás mejor.
—Regina llamó —le dije cuando ya estábamos en la cama y él se acostaba extendiendo sus brazos, lo cual yo aproveché para sentarme a horcajadas sobre él y comenzar a desvestirlo.
—Mmmmm… ¿Y qué dice? —Preguntó suspirando mientras cerraba los ojos disfrutando el proceso de caricias que mis manos le daban—. ¿Cómo va su embarazo?
—Pues muy bien. —Lenta y sensualmente desabotonaba su camisa—. No ha tenido malestares y seguramente podrán viajar la próxima semana, le recordé las festividades que tenemos como todos los años y harán lo posible por venir.
—Me alegra —dejó escapar un leve gemido de placer y suspirando al mismo tiempo. Lo miré fijamente y mordí mis labios.
—También… —intentaba concentrarme en hablar—. Dice que Jonathan compró una villa en Venecia.
—Eso está muy bien —soltó el aire casi en éxtasis—. Sería bueno ir a pasar unos días por allá, ¿No crees? Hace mucho que no voy a Venecia.
—Lo mismo pensé —dije muy sonriente—. Me gustaría estar en tus brazos paseando al mismo tiempo en una romántica góndola.
—Me agrada la idea —susurró como si el sueño lo estuviera venciendo mientras yo hacía pucheros, ¿Tendría sueño? Quería excitarlo no dormirlo.
El observarlo con ese semblante de tranquilidad que hacía verlo muy apuesto con sus ojos cerrados y esa ligera sonrisa en sus perfectos labios me estremeció, inconscientemente comencé a saborearme y al descubrir su pecho no pude evitar la tentación de llevar mis labios a su olorosa piel la cual tenía una incitante fragancia que ponía mi mente en blanco. Besé cada curva con tiernos y cortos besos para degustar todo su maravilloso y perfecto pectoral a la vez que intentaba desabrochar el cinturón de su pantalón;
—¿Constanza que haces? —preguntó con una pícara sonrisa manteniendo sus ojos cerrados.
“Tres, van tres” —pensé.
—Nada —contesté levantando mi cabeza para mirarlo.
—Eres muy traviesa —estaba muy sonriente.
—Sólo intento desvestirte para que estés cómodo —dije modestamente—. Llegas muy cansado y quiero atenderte, ¿Qué tiene de malo?
—Eso, nada, el problema es que llevas otra intención a tus planes.
—Que mal pensado eres —lo miré fijamente—. Pero si no quieres que lo haga, no lo haré.
Me levanté de la posición en la que estaba y me senté en la cama un tanto decepcionada, al momento que me quitaba él se levantó apresuradamente y me acostó colocándose encima de mí;
—Sé que es lo quieres —susurró en mi oído, levantando mi pierna y haciéndome sentir su potente y poderosa erección—. Pero creo que vengo algo sucio y además he transpirado aunque el clima este helado, así que…
—¿Así que, qué? —pregunté conteniendo mi respiración y estremeciéndome debajo de él esperando con ansias que dijera las palabras mágicas.
—Que te parece si me acompañas a la ducha —continuó diciendo suavemente con su ardiente aliento en mi cuello que hacía crecer mi excitación—. Y estando allí pues…
“Sí, sí, sí…” —pensaba sintiendo casi un orgasmo.
—¿Pues qué? —Insistí cerrando los ojos e intentando controlar mi deseo de arrancarle la ropa de una vez—. Estoy dispuesta a recibir sugerencias, es más quiero tomarlas muy seriamente al pie de la letra.
—En ese caso… —susurró—. Puedo permitirte hacer conmigo todo lo que quieras.
—¿De verdad? —Pregunté muy feliz como si fuera a cobrar el premio mayor de la lotería—. ¿Prometes que me vas a dejar hacer todo lo que yo quiera?
—Lo prometo —besó la punta de mi nariz—. Pero a cambio creo que también merezco un premio, ¿No crees?
—Lo que quieras —estaba saboreándome placenteramente a la vez que tocaba con fuerza esa erección por la que yo rogaba y sucumbía—. Puedes hacer conmigo lo que quieras.
—¿Es un trato? —preguntó muy sonriente mientras se levantaba y me extendía su mano para llevarme al baño.
—Es un trato —contesté muy feliz a la vez que sujetaba su mano y lo seguía.
Sentía a Loui muy cambiado en ese aspecto, el querer compartir la ducha estando en el palacete era una proeza y últimamente le gustaba hacerlo y yo, más que encantada, me gustaba consentirlo a cada momento y hacerlo sentir amado. Quería que se sintiera bien porque él soportaba todo por amor a mí, complacerlo de la manera en la que él quería era lo de menos para mí. Estando en el baño nos besamos apasionadamente tratando de bebernos, terminé de quitar su camisa dejando al descubierto su hermoso pecho y su deseable espalda, quité definitivamente su pantalón como por arte de magia de mis hábiles dedos para dejar al descubierto esos bóxers que le ceñían su deliciosa y fornida figura. Justamente en ese momento, me giró de espaldas a él para besar mi cuello, tocar mis pechos y levantar mi bata que había andado todo el día, sus manos comenzaron a recorrer ese camino ascendente por toda mi pierna hasta llegar a su destino, al lugar de su deleite, se abrió paso a través de mi ropa interior y comenzó a hacer ese sensual y ardiente masaje que me hacía sucumbir a él sin reservas y decirle sí a todo lo que quisiera, sus dedos comenzaron a jugar dentro de mí lo cual ya me había hecho gemir de placer mientras que con la otra mano masajeaba mis pechos libremente, jugando con mis pezones, sus majestuosos toques, sus besos, la fuerza con la que me sostenía pegada a él y la erección que sentía sobre mi trasero me estaban llevando al límite del placer. Con sutileza desató el nudo de mi bata descubriendo mi cuerpo y deslizándola por mi piel hasta que cayó al piso, en ese momento se acercó a la ducha para abrir la regadera y escoger la temperatura del agua, estábamos casi desnudos y al volverse hacia mí con mirada oscura y seductora me giró a él de nuevo y me besó con fuerza como si quisiera tragarme, sus manos recorrían y acariciaban mi cuerpo y mientras yo disfrutaba tocar su gruesa espalda, haciendo bajar mis manos sutilmente bajé sin más su bóxer dejándolo completamente desnudo y con una deliciosa y apetecible erección a la vista para contemplar, sonreí y mordí mi labio inferior. En venganza él hizo lo mismo y bajando sus labios a mis pechos sus manos sujetaron mi panty y lo deslizó cayendo a mis pies, besaba con fuerza mis pezones a la vez que apretaba mis muslos y con los dientes mordía mi estómago hasta llegar a mi vientre el cual lamió, yo cerré mis ojos para sentir plenamente esa sensación y me aferré de su cabello, deseaba sentirlo dentro de mí. Mientras disfrutaba del momento él se detuvo haciéndome volver a la realidad, lo miré desconcertada y él me observaba;
—¿Loui? —pregunté levanté una ceja.
Su mirada pícara y su silencio me tenía sin habla, subió lentamente hasta ponerse a su altura de nuevo y sujetando mi barbilla con suavidad me dio un tierno beso en la boca;
—¿Quieres castigarme? —insistí.
—¿Eso crees? —preguntó muy sonriente sintiéndose don Juan triunfante.
—¡Ahora terminas lo que empezaste! —le exigí con todos los derechos prácticamente arrastrándolo hacia la ducha.
Nos metimos bajo el agua ante su asombro por mi determinación, la temperatura era sumamente agradable y bajo la regadera nos besamos de nuevo, el sentir el agua sobre nuestra piel nos excitó aún más, sus manos me tocaban con fuerza y yo de igual forma me aferraba a él, el sentir su erección me desconcentraba un poco así que calmé la sed que tenía con respecto a eso, sutil y lentamente bajé besando y lamiendo su pecho, su estómago y al llegar a hincarme aproveché para colocar el tapón y hacer que la bañera se llenara de agua, deseaba hacer el amor dentro del agua y estaba dispuesta a pelear porque mi capricho se cumpliera. Al notar él lo que había hecho sonrió pícaramente haciéndome estremecer y mientras sujetaba muy coqueto su cabello mojado hacia atrás, mi cara quedó justamente a la altura de su perfecto miembro el cual acaricié e introduje en mi boca sin pedir permiso, comencé a succionar y a degustarlo de forma deliciosa, adentro y afuera, lentamente a la vez que apretaba su perfecto trasero. Loui jadeaba de forma placentera a la vez que acariciaba mi cabeza y enredaba sus dedos en mi cabello mojado, saboreaba gustosamente todo con mi lengua como si se tratara del más dulce bombón, despacio y suavemente, ese movimiento lo hacía mover sus caderas intencionalmente buscando más;
—Constanza amor mío… —suplicó buscando el aliento—. Creo que ya es suficiente o no podré controlarme.
Lentamente lo saqué de mi boca;
—No hemos terminado —levanté mi mirada observando su expresión de placer.
—Por supuesto que no. —Se inclinó a mí sentándose en la tina que se llenaba de agua—. Ven encima de mí, móntame.
La idea me había avivado más y con gusto le obedecí, me senté a horcajadas sobre él haciéndome penetrar su miembro, la excitación nos estremeció completamente y sujetándome con fuerza de las caderas comenzaron los movimientos, arriba y abajo, adelante y atrás, ese delicioso y lento vaivén que nos enloquecía de placer y nos hacía perder los sentidos, era nuestra intimidad. Mientras el agua nos cubría, su boca buscó mis pechos de nuevo y comenzó a lamerlos con su lengua suavemente, al crecer la excitación los succionó con fuerza y eso me estaba haciendo perder la razón. Al escuchar mis gemidos me sujetó con fuerza de la nuca y de la espalda para besarnos de nuevo, los movimientos se intensificaron al sentir nuestra piel arder por el deseo de llegar al clímax;
—Tu boca y tu piel me saben a gloria estando bajo el agua —decía entre jadeos.
—Lo mismo digo —lo observé fijamente.
—Cambia de posición —susurró en mi oído—. Te quiero de espaldas a mí, quiero masajear tus pechos y acariciarte libremente.
Su petición me había encendido más la piel y sentía que en cualquier momento tendría un orgasmo con sólo escucharlo hablar. Obedecí de nuevo y me coloqué siempre a horcajadas sobre él pero me sorprendió al abrir sus piernas y empujarme hacía adelante para quedar en medio de él, luego me atrajo a su pecho para tocar los míos con toda libertar al mismo tiempo que habría mis piernas, acariciándolas y deslizando una de sus manos hasta su paraíso. Al sentir su toque masajeándome y sus dedos penetrándome, sentía que un remolino de sensaciones se apoderaban de mi cuerpo al mismo tiempo que me consumían, el placer de sentir su mano en mi pecho jugando con mi pezón y sus dedos dentro de mí, amenazaban con quitarme definitivamente el aliento y con elevarme a un potente orgasmo;
—Loui… —intentaba decir al sentir que mi cuerpo ya no respondía a mí.
—Eres deliciosa amor mío —susurraba en mi oído besando mi cuello—. ¿Te gusta que te toque así?
—Me encanta —respondí casi en un hilo de voz sintiendo como majestuosamente sus dedos entraban y salían de mí—. Más, quiero más, más, sí…
—Dámelo todo, eres completamente mía y yo soy todo tuyo, ven a mí.
Al escucharle decir reaccioné de mi éxtasis y decidí cómo quería mi orgasmo, me separé de su espalda y con fuerza cerré sus piernas para sentarme de nuevo a horcajadas sobre él siempre dándole la espalda, con determinación sujeté su miembro que era mío y me hundí sobre él, comencé a moverme de nuevo hacia adelante y hacia atrás mientras él me sujetaba fuertemente de mis caderas para impulsarme aún más, mi ser iba a explotar a medida que se acercaba inevitablemente el momento en toda su magnitud y sujetándome con fuerza de los bordes de la tina y amenazando con quebrar el mármol, gruñí, ya no podía más, iba a estallar en miles de partículas en el universo de nuestro placer;
—Oh Loui… —jadeaba— más…
—Tómalo todo, así… —susurraba él también impulsando con fuerza sin soltar mis muslos—. Fuerte, duro, vamos, ven a mí.
—Oh sí… —gemía como si el tiempo se hubiera detenido, necesitaba respirar—. Así, sí, más… ¡ah!
Se inclinó pegando mi espalda a su pecho con fuerza, ahogó un ronco y placentero gruñido mordiendo mi hombro, exclamando al mismo tiempo, llegando juntos a un potente, arrollador y delicioso orgasmo dentro del agua que nos estremeció por completo, llevándonos velozmente por una autopista hacia el cielo. Sin fuerzas y sin aire que respirar, dejé caer mi espalda sobre su pecho donde me abrazó tiernamente reclinándonos en la tina, acariciando nuevamente mis pechos y dándome cortos besos en el cuello, habíamos dejado que todas nuestras fuerzas y esencia, corriera junto con el agua.
—Es hora del gel. —Añadió muy sonriente cuando dejó de jadear y logró hablar.