Capítulo XV

 

Árbol genealógico de Leonor Hampton

 

Unos quejidos en la madrugada me despertaron, me había costado dormir debido a las emociones de ese día y no supe a qué horas lo había hecho como tampoco supe a qué horas Loui dejó de leer y se durmió también. Al sentir que se movía mucho y que al parecer estaba hablando dormido me desperté completamente y encendí mi lámpara, vi el reloj y eran más de la tres de la mañana, me giré hacia él y en efecto, estaba sudando mucho y no entendía lo que intentaba decir, era algo así como “no, no por favor, no te vayas, no me dejes, quédate conmigo, te necesito” y entonces supe que estaba soñando con ella. Se movía un tanto brusco, tanto de su cabeza como de sus piernas y sus brazos apenas y los movía como si estuviera atado con alguna soga invisible, con cuidado lo toqué y le hablé para que no se asustara y despertara bruscamente lo cual no funcionó, al escuchar mi voz pareció luchar con él mismo y abriendo los ojos de un solo golpe asustado, con la respiración acelerada y bañado en sudor despertó del todo gritando un “no” sentándose en la cama a la vez que me  sujetaba con fuerza del brazo llevándome con él;

—Loui mi amor tranquilo —le dije asustada ante su reacción.

Respiraba muy rápido, su pecho mojado subía y bajaba mientras exhalaba por la boca, estaba completamente desorientado y me miró sorprendido;

—¿Constanza que…?

—Tranquilo —acaricié su cara—. Tuviste una pesadilla.

—Yo… —balbuceaba sin encontrar la respiración—. No sé, ¿Te hice daño?

—No amor, me asustaste, estabas delirando.

Sujetó con fuerza su cabeza con ambas manos y se dejó caer en la almohada de nuevo, cerrando los ojos y evitando llorar, me levanté y le serví un poco de agua para que se calmara, luego cogí un pañuelo de mi cajón y comencé a limpiar el sudor de su pecho y cara. Se tomó el agua muy sediento y al ver que lo acariciaba con el pañuelo, me atrajo a su pecho y me abrazó con fuerza;

Constanza abrázame. —Su tono parecía una súplica—. Por favor, necesito sentirte cerca, muy cerca.

—Tranquilo. —Lo abracé fuertemente—. Aquí estoy, no pienso dejarte.

Su respiración comenzaba a ser normal pero sabía que contenía sus deseos de llorar;

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó un tanto apenado.

—Dímelo tú, al parecer tuviste una pesadilla, ¿Fue por el diario?

—Me perdí leyéndolo y no supe a qué horas me dormí, ni siquiera recuerdo haber apagado la lámpara, creo que… La verdad en este momento ya no sé qué es lo que siento.

—Trata de descansar, son las tres de la mañana.

—No te muevas. —Me rogó—. Quédate así, quiero sentirte aquí, quiero cerrar mis ojos sabiendo que estás aquí, deseo sentir tu aroma y tu calor, déjame acariciar tu piel y tu cabello hasta que vuelva a dormir, temo quedarme solo.

—Amor no tengas miedo. —Lo besé tiernamente—. Me quedaré aquí como quieres, además me encanta la idea de sentir tus manos acariciándome, es la mejor manera de dormir.

Apagué las luces de nuevo y me quedé junto a él como quiso, Loui no parecía un niño asustado pero respeté su decisión de no querer decirme su sueño, además no era hora para hablar. Poco a poco su respiración volvió a ser normal, al parecer mis caricias en su rostro y en su cabello le dieron algún tipo de paz. Dejé de pensar en lo que había sucedido y sintiendo su calor y sus caricias sobre mi piel me quedé dormida.

Cuando amaneció traté de olvidar lo que había pasado, dejaría que fuera Loui el que tuviera la iniciativa de decirme su sueño aunque no hacía falta, sabía que se trataba de ella, sabía que había soñado con su madre. La mañana transcurrió en las tutorías con los gemelos los cuales se portaron muy bien y por la tarde me trasladé al Ange Château para supervisar personalmente al voluntariado que me ayudaba con las donaciones. Ese día Loui había amanecido con un fuerte dolor de cabeza por lo que canceló todo lo que tenía pendiente en su agenda para ese día, yo sabía cuál había sido el motivo pero no quería molestarlo con eso, quiso acompañarme pero me negué y lo obligué a descansar, además tenía que aprovechar su tiempo para leer de manera privada el diario de su madre y volver a ese pasado que desconocía y que a la vez le hacía daño. Di la orden de que de ninguna manera fuera molestado.

Cuando llegué al castillo Randolph tenía todo listo y las personas ya estaban muy entusiasmadas y dispuestas, algo que me alegraba y motivaba mucho. Mientras todos estábamos ocupados y trabajando muy concentrados, unas pícaras risitas de adolescentes llamaron mi atención, se trataba de Dylan que había llegado vencido por la curiosidad y al verlo obviamente, las chicas solteras no dejaban de mirarlo y de murmurar acerca de él. Era un hombre muy guapo no podía negarlo, rubio y de ojos claros, con un cuerpo muy bien formado, su expresión tenía una sensual sutileza que difícilmente pasaba desapercibida para cualquier mujer, su mirada atraía y podía sentirse aún sin tener que mirarlo y su sonrisa, realmente era tan encantadora que podía derretir, lo recocí, su boca y sus labios era muy tentadores lo que estaba haciendo que la temperatura del lugar subiera al extremo y nos olvidáramos un poco del frío. Sabía que no era correcto que pensara así pero no podía evitarlo, Dylan era un hombre atractivo y aún no entendía por qué no estaba casado o al menos porqué no tenía una novia, tenía curiosidad de saber porqué estaba solo siendo el hombre que era. Mientras yo me concentraba en tachar de los listados las cosas que ya estaban listas y empaquetadas, sin darme cuenta se había acercado a mí, trataba de disimular su curiosidad por el trabajo que se estaba haciendo y aunque seguramente tenía pena de dirigirse a mí por mi persona o por mi posición, fui yo la que tomó la iniciativa de hablarle, además era mi deber según el protocolo, era yo la que debía iniciar la conversación;

—¿Qué tal doctor? —Saludé sin dejar de trabajar en mi listado—. Es un gusto verlo por aquí.

—El placer es mío majestad —contestó acercándose a mí y haciendo una reverencia mientras besaba mi mano—. Sólo pasaba por aquí y al ver tanta conmoción no pude evitar y resistir la curiosidad de saber a qué se debía, perdón si le molestó.

—Dylan no diga eso —Lo miré fijamente—. No me molesta su presencia, al contrario que bueno que la curiosidad le ganó, como puede ver es mucho el trabajo y tenemos poco tiempo, en menos de diez días todo esto debe de volar hacia sus destinos.

—Randolph me comentó algo de esto y es admirable su gesto.

Admirable es que apoyen mi iniciativa —dije con modestia—. Al principio no creí que mi llamado fuera atendido pero poco a poco las cosas se han ido dando por si solas y agradezco el apoyo de los países que se nos han unido.

—Todo es por una noble causa —observó todo a su alrededor—. Y siendo usted la encargada de que todo se lleve a cabo a finalidad, es muy difícil negar tal petición.

Los ojos de Dylan se clavaron en los míos y debo de reconocer que aunque me gustaba su mirada me sentí un poco incómoda y todo podía darse a malas interpretaciones como siempre;

—¿Y hablando de peticiones que ha pensado de la mía? —pregunté cambiando de tema mientras caminábamos ya que tenía que seguir supervisando todo.

—Le dije a Ludwig… —hizo una pausa apenado—. Perdón, a su majestad el rey que intentaría darle un informe de todo en estas dos semanas y luego partiré a Holanda para reunirme con la familia para la navidad.

—Sí, algo de eso me comentó pero lo que no sabe es si usted va a regresar después.

Dylan bajó la cabeza y no dijo nada, al parecer no estaba decidido a quedarse, al menos no todavía;

—No se preocupe —respeté su silencio—. Al menos el informe que le dé al rey servirá de algo.

El resto de la tarde transcurrió sin más novedades, entre los trabajos con las donaciones, la compañía y la plática de Dylan el tiempo se fue muy rápido, pronto ya eran las 5:00 p.m. y Randolph se reunió con nosotros para recordarme que ya era hora de regresar. Dylan se ofreció a acompañarme hasta la camioneta que junto con la guardia y Gastón ya estaban esperando por mí, así que no los hice esperar;

—Vendré el resto de la semana —le dije a Randolph antes de subir a la camioneta—. Es necesario avanzar lo más rápido posible, ya tenemos el tiempo en contra y quiero que los paquetes lleguen a tiempo a sus destinos.

—Como usted quiera majestad —dijo mientras gentilmente me abría la puerta—. No se preocupe, el voluntariado está muy entusiasmando en ayudarla y todo terminará a tiempo.

—Eso espero, además recuerde que los voluntarios estarán más entusiasmados cuando terminemos el último día, ya que el refrigerio que los recompensará valdrá la pena. Quiero que se ponga en contacto con Tito y le pida las pizzas de siempre, también quiero pastel de fresas y de chocolate esta vez.

Como usted quiera —volvió a repetir—. Encargaré ese banquete mañana mismo.

—Eso suena muy bien. —Dylan estaba muy sonriente—. Creo que con mucho gusto ayudaré yo también.

Los tres nos reímos por un momento, eso me gustaba, al menos Dylan comenzaba a sentirse en confianza y a no sentir la rigidez de la nobleza;

—Será un placer, toda ayuda en bienvenida —le agradecí y luego me dirigí a Randolph mientras subía a la camioneta—. Todo debe de estar listo antes del día diez y otra cosa, necesito que hablemos usted y yo mañana.

—¿Es en relación a su majestad? —Preguntó asustado—. ¿Es por el motivo por el que no vino con usted?

—Más o menos, es algo un poco delicado, lo hablaremos mañana.

Como desee —besó mi mano e hizo una reverencia—. Esperaré con ansias nuestra plática de mañana, que tenga un feliz viaje y deseo que su majestad se recuperé de su malestar.

—Yo le daré sus deseos, adiós.

—Hasta mañana majestad. —Dylan besó mi mano también—. Será un placer volverla a ver y salude a… al rey de mi parte, espero que esté mejor.

Hasta mañana doctor —le dije ruborizándome un poco—. Y yo también lo espero, gracias, adiós a todos.

Gastón dio la orden para avanzar y rápidamente regresamos al  Boîte de Rêves, me extrañaba no haber recibido llamada de Loui durante la tarde, seguramente se encerró a leer de lleno el diario de su madre o se durmió toda la tarde si los malestares continuaron, él es así cuando le duele la cabeza, no le gusta que le hablen, no soporta el más mínimo sonido, casi no come y prefiere encerrarse a escuchar un poco de música o a dormir después de tomarse una pastilla. Mi rey tiene sus mañas cuando no se siente bien y prefiero que haga todo lo que quiera como un niño pequeño a tener que soportar su carácter y mal humor por un simple dolor de cabeza, en eso reconozco que puede llegar a exagerar.

Cuando llegué lo primero que hice fue ver a mis hijos, ya estaban cenando, su buen apetito me tenía muy contenta, mi pequeño Randolph ya se había comido un puré de frutas y estaba muy feliz jugando en su rincón de la habitación. Después de compartir un momento con ellos me dispuse ir a ver a Loui quien estaba acostado en la habitación y al estar oscura supuse que había dormido desde la tarde, encendí mi lámpara para evitar que la luz le molestara directamente, tenía el diario de su madre entre las manos y muy suavemente se lo quité para no despertarlo, al verlo así, dormido y hermoso y con un semblante tranquilo no puede evitar acercarme y besarlo suavemente en la boca, poco a poco sus labios buscaron ansiosos los míos y sus manos tomaron mi cara, la fuerza del beso calentó mi cuerpo y la excitación se hizo presente, las manos de Loui bajaron a mi cintura y sin darme cuenta recorrieron con fuerza mi muslo hasta llegar a mis piernas de las cuales me levantó para acostarme en la cama junto a él;

—Me encanta despertar así —susurró pegando su frente con la mía—. Me alegra mucho que hayas regresado, te extrañé.

—Yo también te extrañé —suspiré a la vez que me saboreaba—. Saludos te mandan Randolph y Dylan y desean que te mejores.

—Me siento mucho mejor —besó mi nariz—. No sé cuánto tiempo dormí, después que te fuiste me tomé una pastilla con un té y luego me puse a leer de nuevo el diario de mi madre, me perdí en sus letras y no supe a qué horas me dormí, hasta ahora y me alegra mucho despertar de esta manera, me encanta que lo hagas así.

—Y a mí me place hacerlo. —Le di un suave beso en la boca—. Me da mucho gusto encontrarte mejor.

—¿Qué tal tu tarde? —preguntó besando mi cuello y acariciando mi pierna subiendo lentamente por ella para tocar mi piel.

—Loui… —traté de contener el aliento—. No hagas eso o no podré darte detalles de nada, además quiero darme una ducha.

—Buena idea —dijo levantándose y llevándome con él—. Vamos a la ducha, yo también necesito una, sirve que matamos dos pájaros de un tiro.

—¿Ah sí? —pregunté muy sonriente.

—Por supuesto —Me sujetó fuertemente de la cintura y me besó hasta perder el aliento—. Hacemos el amor primero y luego en la tina me cuentas todo.

Abrí mis ojos y mi boca sin procesar lo que había escuchado pero me entusiasmaba la idea;

Me encanta tu sugerencia —correspondí a su beso mientras entrábamos al baño y cerrando la puerta, dejaba toda su tensión afuera.

Después de cenar, de hablar de mi estadía en el castillo, de darles el beso de las buenas a los niños y de estar listos para dormir, Loui me mostró lo que había leído en el diario de su madre. Efectivamente ella comenzó a escribir días antes de su cumpleaños número diecisiete y fue un día especial porque fue cuando conoció al que sería el padre de Loui. Me sentía muy agotada por la agenda del día pero le pedí el permiso para poder leer un momento antes de dormir a lo que accedió, era algo que quería compartir conmigo y eso me hacía sentir muy bien al respecto, pero al hojear intencionalmente el diario en las páginas interiores encontré algo que llamó mi atención; se trataba del origen de la familia de la reina Leonor, un corto relato de sus antecesores y obviamente al tratarse de un hecho histórico no reparé en leer eso primero, sin duda era algo muy interesante y decía lo siguiente;

Mi Árbol Genealógico

Nota: Los nombres resaltados son mis antecesores.

Felipe V (1683-1746) Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Milán y soberano de los Países Bajos. A la muerte de Carlos II.

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María Antonia Fernanda de Borbón y Farnesio (1729- 1785) Séptima y última hija del monarca con Isabel de Farnesio. Infanta de España y Reina de Cerdeña por su matrimonio con Víctor Amadeo III.

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Maria Teresa de Saboya (1756-1805) Princesa de Saboya y condesa de Artois.

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Carlos Fernando de Artois, duque de Berry  (1778-1820)

El duque de Berry, príncipe real de Francia estuvo casado secretamente en primeras nupcias con una dama inglesa llamada Amy Brown Freeman, de la cual tuvo que separarse para contraer un segundo matrimonio más acorde con su rango. En 1816 se casó con María Carolina de Borbón-Dos Sicilias.

Carlos había servido en el ejército de Condé entre 1792 y 1797 y luego en el ejército ruso en contra de Napoleón. Para 1801 fijó su residencia en Inglaterra después de que su familia fuera exiliada y en 1805 conoce a Amy Brown Freeman, se casaron en una ceremonia secreta en 1806 siendo oficiada por el mismo padre de Amy por cuestiones religiosas y porque el duque no tenía el permiso de su familia haciendo caso omiso a la misma. En 1808 nace la primera hija del duque, Charlotte y en 1809 nace la segunda llamada Louise, a principios de 1811  nació Amelié y a mediados de 1812 nace Catherine. Pero la derrota de Napoleón y la ascensión de su tío como Luis XVIII de Francia en abril de 1814 lo transformó en general en jefe del ejército francés por lo que se va a Francia dejando a Amy y a las últimas niñas en Inglaterra. Debido a que su hermano mayor Luis Antonio, duque de Angulema y su esposa Madame Royale (María Teresa de Francia) no tenían hijos, el duque de Berry estaba considerado como heredero al trono de Francia. Sus ocupaciones militares lo mantienen ocupado pero al ser ahora el sobrino del rey de Francia, sus intereses políticos fueron mayores, se separó de Amy definitivamente anulando el matrimonio (lo cual se dice que no fue necesario ya que ella era sólo su amante) para casarse con la noble italiana en 1816.

Ese mismo año y por razones desconocidas Amy decide entregarle a su hijas Amelié y Catherine a una prima suya que vivía en Edimburgo, la cual no podía quedar encinta y las reconoció como hijas suyas,  por cuestiones de seguridad y con la aprobación de la madre les quitó el apellido paterno para que usaran sólo el Brown. Mary Brown vivía junto a su esposo un noble caballero inglés llamado John Wilckfort en una preciosa finca en las afueras de Edimburgo y las niñas Wilckfort-Brown pasaron los siguientes años con una infancia tranquila. A principios de 1819 la feliz noticia de la espera por fin llega a la pareja y poco después de dar a luz a su único varón al que llamaron John, la nueva familia se muda a su propia mansión en North Yorkshire a finales de ese año.

Mary y John fueron buenos padres para las niñas y nunca hicieron distinciones entre ellas y su hijo. En 1820 y tras la noticia del asesinato de Carlos Fernando ese mismo año en París, por fin deciden cerrar ese capítulo que envolvía las vidas y el origen de las niñas.

Las niñas crecieron normalmente con la debida educación y en 1834 Amelié Wilckfort-Brown de 23 años contrae matrimonio con un noble alemán de la rama palatina de la casa Wittelsbach cuya antepasada fue reina consorte de España a finales del siglo XVII. La familia del novio gozaba de buena posición y después de la luna de miel, residirían en Baviera. En 1835 nace el primero de dos hijos, al que llamaron Maximiliano.

Nota: Amelié vivió y tuvo sus hijos en Alemania.

Dos años después en 1836 (el mismo año que muere exiliado su abuelo paterno Carlos X de Francia) y convirtiéndose al catolicismo, Catherine de 24 años también contrae nupcias con un noble español de una rama de la casa Borbón (por vía materna) llamado Fernando de Aragón por lo que también después de la luna de miel, residirían en Zaragoza.

Nota: Catherine que después se llamó Catalina vivió y tuvo sus hijos en España.

A finales de 1837 recibe carta de Amelié donde le dice que se están haciendo las gestiones necesarias para que su hijo Maximiliano o Karl (que había nacido ese mismo año) fueran el prometido de la recién nacida duquesa de Baviera Isabel, hija del duque Maximiliano y de la princesa Ludovica de Baviera.

De la unión de Catherine a quien en España la conocían por Catalina, nació en 1838 su primogénito al que quiso llamar John en honor al hombre que ella conocía como su padre pero su marido la convenció de llamarlo en español Juan, así el niño se llamó Juan Fernando llevando el nombre de su padre y de su marido.

Para 1840 Mary de 60 años enfermó gravemente y pidió ver a sus hijas una vez más, las parejas con sus familias llegaron a Yorkshire, Amelié con sus dos niños de cinco y tres años y Catherine con su niño de casi dos años, ya esperaba también a su segundo bebé. La reunión familiar fue muy emotiva ya que Mary pudo ver a las que consideraba sus hijas y nietos una vez más. Cinco días después de la reunión familiar y muy tranquilamente en su cama Mary murió sin tener el valor de revelarles su origen. La familia completa se llenó de luto y el dolor se hizo presente, John su marido no tuvo más remedio que resignarse y aceptar la voluntad de Dios, enterró a su amada Mary cerca de las propiedades en donde levantó un hermoso mausoleo en el cual él también pidió ser sepultado junto a ella al morir. Antes de la partida de las jóvenes, John pidió hablar con ellas y decirles la realidad de su origen ya que Mary no había querido hacerlo, las partidas de nacimiento originales mostraban sus verdaderos apellidos “Artois” el cual revelaba que eran hijas de Amy Brown y Carlos Fernando de Artois, duque de Berry y príncipe francés. La noticia y la revelación llenó de asombro a las jóvenes y a sus maridos incluso al joven John que también desconocía todo, ya que aunque Amelié ya estaba grandecita cuando Mary las tomó ella no recordaba mucho a esa edad y la decisión de John de decirles todo era que ya una vez muerta Mary si ellas lo deseaban podían renunciar al apellido Wilckfort que él les ofreció. Al conocer sus orígenes y lo que pasó en ningún momento dudaron en seguir con el apellido del hombre que las crió y al que ellas llamaban padre, era a él el único que reconocían y recordaban como tal y al que le agradecían el cariño brindado, amaron a Mary por haberles dado ese amor de madre que nunca les faltó. Las familias prefirieron no volver a hablar del asunto y el apellido Artois volvió al olvido. El segundo bebé de Catalina, Juan Felipe nació a principios de 1841 y John Wilckfort murió 5 años después de la muerte de Mary a los 70 años. Ambas jóvenes junto al que consideraban su hermano fueron los herederos de la propiedad en Yorkshire, pero al tener ellas ya su vida hecha hicieron las gestiones para que John se convirtiera en el único heredero de la propiedad y de los bienes de la familia Wilckfort-Brown. Un año después el joven hizo también su propia familia.

En 1854 Amelié le escribe a su hermana para decirle que Isabel de Baviera la que hubiera sido su nuera se había casado con su propio primo el emperador de Austria Franz Joseph y no por la ambición de ser emperatriz sino porque él se había enamorado de ella y no de su hermana Elena como se había previsto, ahora sólo restaba que su hijo Max se resignara y posiblemente se fijara entonces en Elena que solamente era un año mayor que él. Algo que veía un poco difícil ya que el joven se había enamorado locamente de la bella “Sissi” y pasaría mucho tiempo para reponerse por haberla perdido.

Para cuando el joven se decidió a los cortejos para con “Nené” ya le fue tarde, unos cuantos meses no le fueron suficientes, en 1858 una nueva carta de Amelié le dice que Elena de Baviera se ha casado con un príncipe llamado Maximiliano de Thurn und Taxis (matrimonio arreglado por Ludovica) por lo que su hijo está sumido en una profunda depresión que lo ha llevado a beber sin medida. En 1860 el joven Max de 25 años muere a causa de cirrosis por lo que Catalina acompañó a su hermana en su dolor pasando una temporada con ella, pero en 1862 su sobrino Karl le escribe a su tía para comunicarle que Amelié había fallecido debido a la depresión. Catalina y su familia viajaron de nuevo a Baviera para asistir a los funerales de su querida hermana.

El segundo hijo de Catalina, Juan Felipe se casó en 1865 con Leonor de Viznaí una noble de la casa de Braganza Sajonia-Coburgo y Gotha y prima segunda del rey Luis I de Portugal. En 1867 nace su primer bebé al que llaman Juan Luis y en 1870 nace una niña a la que llaman Catalina Leonor. Ese mismo año muere a consecuencia de una caída de caballo el padre de Juan Felipe, Fernando por lo que Catalina se sumerge en una profunda depresión que la mata 9 meses después, iba a cumplir 59 años.

Nota: Los hijos de Juan Felipe y Leonor nacen en Madeira.

Con catorce años Catalina Leonor ya vivía enamorada en secreto de su primo Carlos Fernando, (hijo mayor de Luis I de Portugal y heredero al trono) idealizaba su encanto y porte masculino, para ella no existía otro príncipe más guapo que él, era el más hermoso de los hombres en su fantasía de niña siendo su madre la que la ayudara a dejar a un lado su ilusión para que no sufriera en un futuro, cosa que no sucedió cuando el príncipe de casó en 1886 haciendo que en silencio el corazón de la joven se rompiera, su primera desilusión amorosa sólo la superó gracias a su madre. Cuando ella es presentada a la sociedad en 1887 y con nuevas expectativas conoce a muchos jóvenes nobles que la pretenden no sólo por ser descendiente de nobleza española-portugués y prima del futuro Carlos I de Portugal, sino también por ser muy hermosa, pero sus ojos se posan en un noble joven de la rama Glücksburg de la casa de Oldemburgo y de origen finlandés, el joven Erik Sven Lönkhornen —pariente muy cercano de Federico Fernando de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg— realiza una visita de estudios en Portugal y de vacaciones en Madeira, por lo que al conocer a la chica también se enamora de ella. Catalina lo llamaba “mi príncipe vikingo” y ambas familias no tardaron en hacer planes y concretar la unión que se llevó a cabo dos años después. En 1889 Catalina y Erik se casan y después de la luna de miel y de la coronación de su primo Carlos, fijan su residencia en la isla de Madeira.

En 1890 les nace una niña a la que nombran Margarita Catalina en honor a la madre de Erik y a la abuela que Catalina nunca conoció, dos años después en 1892 nace Erik Felipe en honor a los padres de los esposos y en 1895 una niña a la que llaman Catalina Leonor por expreso deseo de la devoción del enamorado Erik hacia su esposa. En 1899 muere Leonor de Viznaí y el siguiente año debido a la tristeza muere Juan Felipe.

Con 18 años en 1908 Margarita Catalina ya es prometida del noble ítalo-español Francisco Alfonso Alessio miembro también de la casa real de Borbón (ya que su padre un veneciano, se casó con una noble descendiente de los Borbones de Dos Sicilias) la boda estaba prevista para el día de San Valentín pero debido al asesinato del rey Carlos de Portugal y de su primogénito Luis Felipe el 1 de febrero del mismo año, la pareja retrasa los planes de boda, la joven y su madre eran muy apegadas a él y la noticia de ambas muertes tan inesperadas las consterna en gran manera. Una profunda tristeza embarga a Catalina Leonor y el terror se apodera de Margarita Catalina por lo que después de la terrible experiencia la joven decide mudarse de Madeira, le ruega a su novio que la despose en Barcelona y se queden allí. La boda se llevó a cabo en Abril de 1908 contando con la presencia del rey Alfonso XIII de España y con su respaldo, por lo que Margarita se sintió más segura quedándose en España.

Entre sus viajes a sus residencias en Barcelona y en la isla de Sicilia, a finales de 1909 nace en España el primer bebé que es llamado Erik Alfonso, para 1911 la pareja intentaba un nuevo embarazo sin obtener resultados lo que tenía preocupada a Margarita, a medidos de ese mismo año Francisco Alfonso recibe la noticia de que un empresario británico de apellido Ismay y amigo de su padre los invita al viaje inaugural el siguiente año de un trasatlántico de lujo que partirá de Inglaterra hacia América por lo que pensaba hacer un viaje familiar y una segunda luna de miel que tal vez lograra el ansiado embarazo, pero la feliz noticia al fin llega a finales de 1911 y Margarita se entera que está embarazada de nuevo lo que hizo que lastimosamente el viaje se cancelara. En Abril de 1912 la tragedia del hundimiento del trasatlántico es noticia mundial y ambos daban gracias a Dios de no haber podido viajar, ya que de haberlo hecho posiblemente no hubieran sobrevivido y Margarita hubiera perecido con seis meses de embarazo y con su niño de casi dos años y medio. En Julio de 1912 en la residencia de verano en Palermo nace Isabella Leonor y llega como la más enorme bendición para sus padres por lo que la familia la llamó “El bebé milagro” ya que evitó que sus padres hicieran el fatídico viaje en el Titanic.

A finales de ese mismo año y regresando a Barcelona se corre el rumor de un posible compromiso entre la niña y el zarévich Alexis heredero del trono ruso quien tenía 8 años, la noticia entusiasmaba a Francisco pero no a Margarita ya que aunque conocían a la familia imperial, estaba en contra de las influencias a las que se dejaba someter la zarina por el “farsante Rasputín” como lo llamaba Margarita, sabía que la zarina confiaba plenamente en él debido a la “supuesta salud” que a cambio le daba al joven heredero. Margarita conocía la enfermedad del príncipe ruso y aunque la hemofilia la padecieron también en la casa de Borbón, su esposo no la tenía por lo que no deseaba que sus hijos o nietos la padecieran, además hacía más de un año que un revolucionario en las propias narices del zar había asesinado a Stolypin su primer ministro y esa situación en Rusia no le daba paz a Margarita. Otro problema que también generaba en el compromiso era la conversión de la niña al cristianismo ortodoxo, pero los intereses familiares como siempre iban más allá y Francisco soñaba con ver a su hija como la futura zarina de todas las Rusias. Entre disputas y malentendidos entre las nobles familias la pareja se mantuvo al margen por el futuro incierto de Isabella, en 1914 nace Juan Francisco el último niño de Margarita ya que el parto casi le cuesta la vida. Pero el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del imperio austro-húngaro, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo es el detonante para dar inicio a la primera guerra mundial, por lo que la pareja decide regresar a Madeira y radicar allí debido a que la mayoría de las potencias europeas se vieron involucradas. Para Julio de 1918 los sorprende el asesinato del zar y su familia, por lo que el terror se apodera nuevamente de Margarita y regresan a Barcelona.

Finalizando la primera guerra mundial en noviembre de ese mismo año hacen una visita social a Inglaterra, aunque Margarita en el fondo se sentía molesta por la falta de apoyo del rey Jorge V para con su primo Nicolás (el zar) ya que al parecer la seguridad nacional era primordial y los intereses eran primero que la familia, por respeto se guardó su opinión pero también sentía reservas en cuanto a un nuevo compromiso que se planteaba; el príncipe John hijo menor del rey se mostraba como un buen candidato para la pequeña Isabella, pero su epilepsia era un gran impedimento y la familia real prefería mantenerlo aislado, por los momentos sólo serían planes y esperaban ver la evolución del príncipe en los años venideros. A Francisco le entusiasmó la idea de que su hija se convirtiera en princesa ya que no pudo ser emperatriz, pero Margarita sintió revivir lo del pequeño Alexis, regresaron a pasar la navidad en Barcelona esperando que las cosas pudieran darse por si solas pero el año nuevo llegó dando un duro golpe a la monarquía británica, desgraciadamente el príncipe John murió en Enero de 1919. Margarita sintió que la mala suerte los rodeaba lo que la hizo volverse muy supersticiosa, prohibió que se hablara sobre posibles compromisos con Isabella rechazando pretendientes para evitar más tragedias, según ella.

Para 1927 cuando Isabella cumplía 15 años la familia regresó a Madeira para festejar allí su celebración, muchos nobles de distintas partes fueron invitados y Margarita sintió que ya era tiempo de dejar a un lado sus miedos y buscar un buen marido para su hija, la misma nobleza española miró con buenos ojos su decisión y no dudaron en dar a conocer sus posibles candidatos, uno de ellos fue don Gonzalo de Borbón y Battenberg infante de España e hijo menor del rey Alfonso XIII que aunque tuviera sólo 12 años ya había sido nombrado Caballero de la rama española de la Orden del Toisón de Oro. Era un gran deportista pero también heredó la hemofilia de su familia y eso le quitó la paz a Margarita, aún así aceptó que al menos los jóvenes se trataran en amistad para ver que podía surgir, pero Isabella ya había conocido a otro joven en su fiesta que la había cautivado; de mirada zafiro, heredero de un lugar desconocido y educado en Alemania, el noble que recién había visto era el joven más hermoso que ella había conocido, pero al no saber nada de él puso en reservas a sus padres y temieron que se tratara de algún farsante que deseaba cazar a una noble y ante los ruegos de Isabella ambos fueron oídos sordos. Por los momentos la joven sólo sabía que su “príncipe desconocido” del que sólo sabía que se llamaba Ludwig, hacía sus estudios en Viena.

Para 1928 y mientras la familia seguía en Madeira, fallecía Catalina Leonor de Aragón y Viznaí de Lönkhornen la madre de Margarita y a la que Isabella quería mucho, la noticia llena de tristeza a toda la familia. A mediados del mismo año, recién pasado su cumpleaños y haciendo caso a sus padres, Isabella obedeció conociendo y aceptando la amistad del infante español, pero no bajaba la guardia pues su corazón ya tenía dueño y aunque muy de vez en cuando se lograban escribir secretamente, sólo las líneas plasmadas hicieron que se enamoraran.

Para 1929 y después de la muerte de Erik el padre de Margarita, la familia regresa a Barcelona para aliviar su dolor y para lograr un mayor acercamiento entre Isabella y Gonzalo. Margarita se sentía muy agradecida con el rey Alfonso XIII y lo admiraba por su labor pública aunque su vida privada fuera otra cosa, él fundó con fondos propios la llamada “Oficina pro-cautivos” cuyo fin era el de intentar conseguir respuestas a los familiares que no sabían nada de sus parientes militares o civiles en zona de guerra y también, intervino a favor de que en la guerra submarina no se atacara a los buques hospitales. Además es destacable su intento de liberar y llevar a España a la familia imperial de Rusia, sin embargo, la revolución bolchevique frustró sus planes. Este hecho había causado al rey una profunda tristeza y Margarita sabía que al fin estaba con las personas correctas.

Entre 1930 y 1931 la situación política en España estaba delicada; aumentaron las manifestaciones antimonárquicas y se acusó al rey de haber auspiciado una dictadura, en Abril de 1931 se proclama la segunda república y con el fin de evitar una guerra civil, el rey y su familia se marchan de España. El terror nuevamente se apodera de Margarita y con la incertidumbre de no saber qué pasará, le ruega a su marido radicar permanentemente en Madeira.

En Noviembre de ese mismo año se acusa al rey de alta traición y la corte emite una ley que pone precio a su cabeza si decide regresar España, en donde de hacerlo sería aprehendido. Se degradaron sus derechos y títulos que no ostentó fuera de España, el estado lo declaró decaído sin que pudieran ser reivindicados para él y sus sucesores (algo que más delante se cambió por el mismo Franco) también se incautaron los bienes. Margarita y Francisco veían lejos que su hija se convirtiera en infanta.

En los siguientes años y aprovechando su residencia en Palermo se consiguió que los jóvenes siguieran en contacto a pesar de los estudios de Gonzalo en Bélgica. Isabella se sentía desesperada al no poder estar con Ludwig el cual le pedía más tiempo, a finales de 1933 se pacta el posible compromiso entre Isabella y Gonzalo y en una carta a Ludwig le manifiesta la decisión de sus padres sin que ella pueda hacer algo, éste molesto por creer que ella lo ha aceptado y lo ha traicionado pone fin a la relación lo que sumerge a Isabella en una gran depresión sin que sus padres entiendan, ellos creyeron que se debía al compromiso con Gonzalo y no dieron marcha atrás.

A principios de 1934 ya sonaban los rumores de boda y aunque el joven era un dulce caballero que trataba de ganarse el amor de la chica, ella no podía disimular su verdadera tristeza.

Pero una vez más la tragedia envolvió a las familias, en Agosto del mismo año y durante sus vacaciones en Austria mientras Gonzalo y su hermana se conducían en coche manejado por ella, colisionó en un muro al tratar de esquivar un ciclista y aunque ambos salieron ilesos del accidente, pocas horas más tarde Gonzalo comenzó a dar síntomas de sangrado abdominal y, a consecuencia de esto y de su débil estado de salud, murió dos días después siendo enterrado en Austria.

A consecuencia de estas tragedias la salud de Margarita decayó, si bien su hija había sido una bendición que Dios les había mandado para evitar morir en el trasatlántico el destino parecía haberse ensañado por el mismo motivo, si no cobró sus vidas en ese tiempo lo haría con cada pretendiente de la joven y esa era una cruel maldición o al menos era lo que Margarita pensaba. Después de la tragedia regresaron a Madeira y su salud mental fue empeorando cada vez más, hasta que murió sin conocer a su yerno y sus nietos en Enero de 1936.

Ese mismo mes muere Jorge V de Inglaterra y su hijo Eduardo VIII asciende al trono británico sólo para abdicar 325 días después, por haberse enamorado de una ciudadana americana que había sido dos veces divorciada. Fue sucedido por su hermano Alberto quien tomó el nombre de Jorge VI una vez coronado. En 1937 en España, Franco traiciona al rey Alfonso XIII el cual veía una esperanza en la restauración de la monarquía. Mientras el hermano mayor de Isabella ya se había casado y vivía en Londres, ella se quedó al cuidado de su padre junto con su hermano menor en Madeira. Isabella se había dedicado por entero a ellos, era la princesa de su padre y a la muerte de su madre el cariño entre ambos se intensificó, Isabella llegó a pensar que su madre seguramente tenía razón y aunque seguía pensando en Ludwig, si por alguna extraña razón todos sus supuestos pretendientes habían muerto prefería saberlo lejos pero con vida a perderlo definitivamente de esta tierra, eso era algo que no soportaría el amor que sentía hacia él era muy grande y prefería resignarse, que buscarlo nuevamente aún con el apoyo de su padre.

A mediados de ese mismo año y gracias a su hermano mayor que visita Madeira junto con su esposa, conoce a un noble inglés llamado George Hampton de origen alemán y a la vez piloto militar que es primo de su cuñada. Aunque se muestra desconfiada al principio, reconoce que el hombre es muy atractivo y encantador y poco a poco logra verlo de una manera diferente. Francisco sabe que si su hija lo acepta tendrá que renunciar a su fe católica, pero a esas alturas de su vida poco le importaba las cuestiones religiosas y ante todo, deseaba ver a su hija feliz.

Entre reuniones familiares y paseos a caballo, Isabella se da cuenta que posiblemente él sea su felicidad y aunque los fantasmas que rondaban a su madre la acechan a ella también, decide perder el miedo y arriesgarse aceptando su proposición de matrimonio en Febrero de 1938, renunciando a sus creencias católicas y convirtiéndose al anglicanismo. Seis meses después se celebra la boda y la pareja pasa su luna de miel en Escocia, pero después y a petición de Isabella que desea cuidar a su padre, se quedan viviendo en Madeira.

Para 1939 se desata un conflicto militar global en el que se vieron implicadas la mayor parte de las naciones del mundo, incluidas todas las grandes potencias. Se desata la segunda guerra mundial y Europa se ve amenazada y sacudida. Como caballero inglés y piloto militar, George es llamado a servir a su nación y aunque tiene origen alemán por vía materna aborrece la dictadura de Hitler por lo que viaja a Inglaterra dejando a Isabella con más de tres meses de embarazo. El miedo y la tristeza abarca completamente a los recién casados que tienen que separarse sabiendo que tal vez nunca volverían a verse, ya que nadie sospechaba que ese sería el conflicto más mortífero en la historia de la humanidad.

Entre intensa correspondencia llena de ternura y romance que llenaba de tranquilidad de los esposos, en Marzo de 1940 nace la pareja de gemelos fruto del matrimonio a los que su madre llamó George y Gisselle, el abuelo Francisco estaba feliz y realizado al conocer a sus nietos y sentía que ahora si podía irse en paz al haber tenido la satisfacción de haberlos conocido, sentía que había cumplido con su deber. En 1941 la noticia de la muerte del rey Alfonso XIII llena de tristeza a la familia por lo que él había significado para ellos y 1942 a consecuencia de una caída y de un golpe en la cabeza muere Francisco Alfonso Alessio. En 1944 y sin haber conocido a sus hijos, George Hampton es declarado perdido en acción y un año después la guerra termina.

Nieblas del pasado 2
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