V
Podemos empezar con un modo muy tosco de formular el problema: ¿qué puede decirse o mostrarse en la narrativa metaforizada (de la ciencia ficción) que es imposible de codificar en el lenguaje psicológico de la realista? ¿Hay eventos específicamente metafóricos que no estén disponibles en el lenguaje de la narrativa psicológica (entendiéndose siempre que un párrafo en apariencia abstracto del «análisis psicológico» probablemente sea en sí una especie de microrrelato en el que las abstracciones psicológicas tienden a desempeñar una función alegórica pero diegética)? O, invirtiendo esto, ¿qué puede alcanzarse en el texto realista que se escapa al registro de la ciencia ficción?
Una única ilustración o caso experimental bastará, pero en muchos aspectos es el propio clímax de la trama telepática: la «cura» de Mischa, su liberación de la empalagosa o chillona posesividad de Gemmi.
Mischa le dejó espolear todo el poder de su furia y acercarse, como si su espíritu tuviera la misma forma que su cuerpo, con agudas garras. Su hermano la arrastró con él hasta que ella pudo ver a Gemmi con más claridad de lo que nunca la había visto o había deseado verla. En esa fracción de segundo Mischa vio todo lo que Gemmi veía: un mosaico de cada conciencia de Centro. Mas ni ella ni Crab pudieron soportarlo. Se retiraron y toda la fusión desapareció. Pero Crab permaneció cerca de Gemmi; Mischa vio lo que él buscaba y lo señaló. Crab lo cogió. «Espera, no —dijo Mischa— ésa primero». Él buscó entre un laberinto de conexiones y arrancó un solo hilo. El dolor de Gemmi se desvaneció en cuanto se destruyó la sinapsis […] Crab cortó la segunda sinapsis, y Gemmi desapareció (p. 204).
Este particular «vínculo», roto por el deforme hermano menor (Crab), es precisamente un evento metafórico, en el sentido en que lo que posee de diegético puede derivarse inmediatamente de la reactivación de metáforas muertas en el lenguaje (en términos tales como «vínculo» o «cortar», que se han usado abstractamente en esta frase). El nuevo evento metafórico empapará y absorberá entonces una masa de afecto que flota libremente en dichas metáforas neutralizadas o amortiguadas: por ejemplo, las ideas de cables o cordones, umbilicales, eléctricos o de cualquier tipo, y nociones de instrumentos de disyunción, tijeras, fragmentos y otros similares. Dichas metáforas están a menudo investidas de connotaciones y trasfondos psicoanalíticos y libidinales o corpóreos que, como un complemento, vienen a enriquecer el acontecimiento en sí, tomado ahora como mero mecanismo de la trama o situación de fondo general (la dependencia que Gemmi tenía de Mischa y el sentimiento de culpabilidad de ésta); esto último es mucho más fácil de parafrasear «de manera realista» o de «traducir» que la resolución textual, que uno podría imaginar, no obstante, como el apoyo de un hermano menor tullido que gradualmente separa a la hermana enferma de la protagonista. Pero el «acontecimiento» de la ciencia ficción es claramente mucho más económico que nuestra paráfrasis, y eso en doble forma.
La historia del propio Crab es un componente de la presentación que la novela hace de sus clases marginadas: el hijo vendido a emprendedores-mendigos al estilo de los de Hugo, que explotan su mutilación a beneficio de horribles espectáculos cuasimedievales (con ánimo de lucro). La mutilación explica el nombre* (aunque la primera aparición del personaje está precedida por una advertencia auditiva, «un suave chasquido», etcétera):
La criatura […] apenas podía reconocerse como humana por su forma, un cuerpo ancho y plano, encorvado sobre piernas cortas y arqueadas, la cabeza apenas distinguible de los hombros. Tenía ojos protuberantes. Levantaba las manos —las garras— y chasqueaba unos dígitos córneos: sólo se distinguían los pulgares, los demás dedos estaban fundidos en uno. Su piel era espesa y escamosa (p. 156).
Crab es también, sin embargo, un mutante psíquico (con una ampliación de las capacidades telepáticas) y por lo tanto representa a toda la gama de esta clase marginada (esclavos, mendigos deformes, mutantes obligados a introducirse más en las profundidades de la tierra). En la tradición de la ciencia ficción, además, es bastante inevitable una fuerte connotación «clásica» —a saber, los decápodos gigantes que aparecen en las últimas páginas de La máquina del tiempo [1895], los últimos seres vivos en la corteza del crepúsculo final de la Tierra— una forma que no tiende a ser el envoltorio más frecuente para las versiones del Otro o el extraterrestre en la ciencia ficción.
Lo que debe señalarse, sin embargo, es que la extremidad similar a la del cangrejo, el emblema mismo que sella el horror de esta visión de la mutilación y la explotación de los niños, es también —en la segunda línea argumental— el instrumento clave y el emblema de la liberación. Lo que en el sistema de imágenes del cuerpo humano es una intensa condensación de imaginario negativo (del que el temor a la castración es el dominante obvio) se convierte en la resolución del relato de Gemmi en un instrumento activo y positivo: la materialización metafórica del «corte del cordón», pero también casi una herramienta de ingeniería parecida a una máquina, cuyo funcionamiento (buscar entre los cables enmarañados, encontrar el correcto) evoca la mecánica casera y la construcción o reparación de aparatos; en resumen, toda una simbología de trabajo, praxis y experiencia y artificio humanos, muy distinta del inquietante imaginario de naturaleza infraorgánica que proporcionan los crustáceos. Ambos se «condensan» de manera elegante en la figura de Crab, y el acontecimiento metafórico se produce en la coincidencia de las dos trayectorias narrativas en cuestión (la clase marginada, el «problema» de Mischa).
Debería añadirse también que la intolerable visión suprema de una fusión total («un mosaico de cada conciencia del centro») sugiere una lectura ideológica diferente pero no menos novedosa de este particular tema en The Exile Waiting, que lo conecta con las connotaciones más comunes de la suspicacia actual hacia los conceptos de «totalidad». La unidad familiar (por parentesco o ingeniería genética) se presenta como algo demasiado pequeño y asfixiante; la revuelta colectiva de los mutantes parece ofrecer una forma de comunidad más amplia y viable, la de los oprimidos; mientras que la perspectiva de establecer una colectividad más amplia que pudiera incluir dentro de sí misma a cada ser humano vivo inspira otra vez inquietud y suscita nuevas dudas.