Epílogo
De las muchas otras cosas que podrían decirse sobre la trilogía de Marte, quiero sólo añadir ésta que responde, como siempre debe, a la prueba de Robert C. Elliott sobre las cualidades imaginativas de un texto utópico dado, a saber, su capacidad para imaginar obras de arte propiamente utópicas.[465] Me gusta la misteriosa ciudad de Medusa, en la que sólidos bloques de roca blanquecina están rodeados por estatuas: «pequeñas figuras blancas se erigían inmóviles entre estos edificios, en plazas blancas rodeadas de árboles blancos» (G, p. 265). Pero ésa es una nota relativamente poco característica en esta utopía principalmente «realista». Por lo tanto prefiero presentar ésta:
Mangalavid ofrecía la primera interpretación de una eolia construida por un grupo en Noctis Labyrinthus. La eolia resultó ser un pequeño edificio, cortado con aperturas que silbaban o ululaban o chirriaban, dependiendo del ángulo o la fuerza del viento que los alcanzaba. Para el estreno se aumentó el viento descendiente diario de Noctis mediante unas feroces ráfagas catabáticas de la tempestad, y la música fluctuaba como una composición, triste, airada, disonante o en repentinos fragmentos armónicos: parecía la obra de una mente, una mente alienígena quizá, pero ciertamente algo más que mera casualidad. La eolia casi aleatoria, dijo un comentarista (R, p. 293).