I

¿Es posible inventar un modo de leer la Utopía [1516] de Moro de manera que podamos recuperar parte del escándalo y la frescura que su latín nuevo y elegante tuvo para los primeros lectores europeos? No son los componentes, sin embargo, ni sus modos individuales, sino por el contrario la desacostumbrada combinación de connotaciones hasta entonces no relacionadas, lo que compone este hapax legomenon genérico; y un tipo de sintaxis que podría de ordinario decir que el «humanismo» se encuentra extrañamente transformado como parte de un mensaje complejo que en sí mismo es una especie de «único en su especie» semántico.

Incluso desde el comienzo, sin embargo, debemos tomar una decisión que nos enfrentará con dos interpretaciones específicas, en la medida en que se sabe que el Libro Segundo, la parte propiamente utópica del texto, se escribió primero. ¿Debemos entonces reincorporar este conocimiento filológico y tratar el Libro Primero como una especie de ocurrencia tardía o una cauta y políticamente prudente (aunque también osada) recontextualización del relato de la propia isla, la cual se distancia cuidadosamente de los entusiasmos de Hitlodeo y rehuye todas las apuestas? ¿O deberíamos permitir que el orden siga dictando un dinamismo evolutivo en el que la visión utópica emerge dialécticamente de las propias contradicciones tanto de la Primera parte como del presente histórico? Esta segunda lectura alternativa, y la decisión interpretativa que exige (tomarse en serio la visión de Moro), queda reducida y caricaturizada por la postura revisionista y antiutópica (que siempre parece resurgir en periodos de estancamiento político) de acuerdo a la cual la «utopía» es en realidad, después de todo, un jeu d’esprit, y los nombres absurdos (Hitlodeo = Nonsenso, etc.)[48] están pensados para que se tomen satíricamente. El mejor método siempre es convertir dicho problema en una solución por derecho propio, y hacer de esta alternancia objetiva e incompatible un fenómeno interpretativo en un (meta) nivel más elevado.[49] Aquí lectura e interpretación confrontan hasta el extremo el binario ético fundamental, y se les pide al mismo tiempo que tomen postura respecto a esa pregunta ideológica por excelencia, que es también la cuestión política fundamental, a saber, si las utopías son positivas o negativas, buenas o malas.

Pero esto no debe preguntarse al principio sino al final del todo, y las señales interpretativas iniciales, aquellas que hacen girar la rueda hermenéutica en un nivel exterior de lectura y descifrado, serán las genéricas. Presumiblemente el género rige la interpretación de los detalles narrativos y figurativos situados dentro de su marco, y en el texto de Moro ofrece además una alternativa relativamente austera y global entre dos posibilidades. Pero no son, pienso, las propuestas arriba entre la utopía tomada en serio como proyecto social y político, y el pensamiento utópico ridiculizado y entendido como sueño que nunca se cumple. Y esa oposición tampoco se corresponde con la gran propuesta dialéctica planteada por Robert C. Elliott de que, en cuanto género, la utopía es lo opuesto a la sátira propiamente dicha, y el trastocamiento estructural de ésta.[50] Porque lo que Elliott entendía por sátira no era el rechazo antipolítico a programas utópicos no realistas e imaginarios, tales como la abolición del dinero y de la propiedad privada, sino por el contrario el ataque apasionado y profético contra las condiciones del momento y contra la crueldad y la estupidez de los seres humanos en el mundo caído del aquí y el ahora. Dicho de este modo, podemos ver que la alternancia genérica de Elliott se corresponde básicamente con la oposición entre los dos libros de la propia Utopía,[51] y de ahí se deduce que la interpretación genérica del texto en su totalidad dependerá mucho de qué parte consideremos que va primero y ofrece la clave hermenéutica fundamental. Así, si postulamos la prioridad del Libro Primero, querremos poner en primer plano la sátira y su estructura genérica; si damos prioridad al Libro Segundo (y en la medida en que la utopía como género no existe aún) será el relato de viajes el que establezca el programa genérico.

Arqueologías del futuro
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