ABAD DE LAS RELIQUIAS, EL: Salió de Chipre con las reliquias que se guardaban en su monasterio, de la santa Tecla y de los santos Cosme y Damián. Era un hombre muy alto, que siendo las celdas de su santa casa de las llamadas penitenciales, que son pequeñas, tenía que dormir enroscado como pescadilla. Hablaba de profundis yen la bendición de Pentecostés encendía una vela dentro de la corona, y daba concierto de campanillas. Se decía que, de niño, había tenido un maestro de gimnasia, que su padre lo quería estilita, aprovechando una columna helénica que había en un promontorio, pero el niño no pudo vencer el vértigo. Casó a Nito con Safo, saltando las discrepancias entre romanos y cismáticos con la pregunta famosa, de si Nito creía en las cosas visibles e invisibles.
ABANDERADO DE ÑERO, EL: Alto, seco, mellado, parmesano. Había aprendido de los suizos el volteo de la bandera. A una hija que tenía, una vez, en Sinigaglia, el César Borgia le hizo una seña, y la muchacha se fue, contoneándose, hacia un catre que había en un rincón, junto a la alacena con respiradero donde colgaban el congrio seco. El Valentino se acercó, le olió el congrio, y se fue. Lo que no fue óbice para que los hijos que tuvo la moza presumieran, por lo oído a su madre de la seña de César, que eran de los Borgia y que estaban esperando una herencia.
ALIPRANDO DEGLIALIPRANDI: Rico señor de Borgo San Sepolcro, quien le compró al genovisco de la semilla de pino, la berberisca Leila, que tocaba el pandero. De un viaje a la feria de Lyon de Francia, trajo a Italia la bufanda.
AMA DEL BACHILLER BOTELUS, EL: Viuda, muy blanca de piel, muy pechugona, bien peinada, oliendo a jabón de lima, los brazos al aire, regordeta y muy lúcida, y la mirada amable. Se le leía en voz alta una receta del «Regimiento de Cocina» de los monjes de Guadalupe, y se le quedaba en la memoria.
ANCIANA DE LAS JOYAS, LA: Conozcamos así a aquella honesta dama que en una posada próxima a Florencia, al anochecer del primer día del verano, se sentó a la sombra, a escucharle a un paje suyo cantar el romance de la ausencia de don Lanzarote del Lago, que sospecha la enamorada, doña Ginebra, que va por una selva oscura el paladín, y en la espesura brillan los ojos de las bestias innumerables y humeantes de Broceslandia. Reconoció en el rubio y mozo Fanto todos sus amores de antaño, la fugitiva mocedad, y la melancólica soledad. Por ello le regaló la sortija con el rubí.
ARNALDO DANIEL: Poeta famoso antiguo, provenzal, a quien el Dante deja en el Purgatorio, tras haber conversado con él, viendo cómo volvía al fuego que lo afinaba y dejaba limpio para el Paraíso. Cuando «Lionfante» aprendió provenzal, lo citaba, y tenía de los tercetos en lengua de oc de la Comedia el decir respetuoso aquello de Ara vosprec…
ARTEMISA: La yegua que Fanto heredó de su padre, ser Piero Fantini della Gherardesca. Despertaba en los caballos castrados una exaltación que se resolvía en melancolías. Quizá por la mirada dorada que tenía. Fanto, adquirido Lionfante, la dejó para la iglesia de San Félix, para que saliese engualdrapada y de respeto en las procesiones mayores.
ASNA ZAINA, EL: Propiedad de Guillem el camargués. Salía al campo con Lionfante, ya viejo el famoso caballo de guerra, y le dejaba al anciano corcel desayunar de su leche, que la tenía con un cuarto de grasa. Lionfante le recitaba en germánico variado y algo del Petrarca, y como ventrílocuo imitaba al camargués, y el asna se reía enseñando los dientes. Se corrió por el país la fama de su leche, y de Tolón acudió la mujer de un almirante con sus hijas, por curar las pálidas muchachitas de una anemia.
BACHILLER BOTELUS, EL: Entró en esta historia con motivo de la compra de Lionfante en la feria de San Juan, de la noble ciudad de Florencia. Estaba allí por conocer a Marsilio Ficino y las exquisiteces neoplatónicas. Quiso ser retratado con el Timeo en la mano por uno de los grandes maestros toscanos de entonces, pero los dineros sorianos no le alcanzaban. En la parte tercera del libro, se cuenta detallado de su ciencia, su autografía y su triste muerte.
BAYO DE NITO, EL: Bayo alucerado de Nito Saltimbeni, que había corrido en la contrada de la Tartaruga en la piazza de Siena, que es sabido tiene forma de concha jacobea. Murió del turco en Chipre.
BEATRICE: Es inexcusable citada entre las enamoradas de antaño, parte de todo sueño, lirio en un esbelto vaso lleno de agua en la sombra de un patio.
BECCA, DONNA: Madre de Fanto Fantini della Gherardesca. De la súbita aparición de la fúlgura en la hora del nacimiento del héroe, le quedó un despertar asustado, y corría al tapiz llamado del emperador, por si estaba allí perdido el niño. Por lo demás, era una señora muy quieta y bordadora, muy de estar en la ventana viendo pasar las procesiones.
BETTOBALDO DEI BETTOBALDI: Glosador boloñés que invento una Lex romana por la cual, en habiendo gemelos, el último salido a la luz era el primogénito. Se descubrió el invento y tuvo que huir a Venecia, que los otros glosadores querían matarlo, por el descrédito. Como tenía buena letra lombarda cuadrada, se empleó en los almacenes vénetos para poner BIANCO en las barricas de vino. Era pequeño y picado de viruelas, y estaba hospedado en casa de una tal Marina Marini, que fuera vivandiera de suizos en las campañas de Dalmacia. A las ocho en punto de la noche, en invierno, y a las diez en verano, tocaba retreta con una trompeta que trajera de la guerra. Una noche, medio bebida, entró en la habitación del glosador, lo desnudó, lo adobó con ajo y perejil, se lo echó a hombros, lo llevó a la cuadra, y lo gozó. Se casaron, y el glosador, por el ombligo de Marina, le hablaba en latín al niño que iba a nacer, que lo quería letrado para reinvidicar el apellido Bettobaldi. Pero nació una niña, que desde la sien izquierda al mentón traía en letras Uñosas toda la declinación de lex, legis. Cosas que pasan.
BIRINGUCCIO, EL: Vannocio Biringuccio de Siena, autor de una famosa Pirotecnia, por la cual aprendieron pólvora y artillería todos los cristianos del Quinientos, desde Viena a Finisterre. En Galicia, en el monasterio de Santa María la Real de Oya, los monjes dispararon sus cañones contra el Drake, gracias a que los tenían por el arte biringuchiano. Los cañones de Oya tenían nombres tomados del Antiguo Testamento: Noé, Jacob, David, Josué… Il Biringuccio hizo para Florencia, cuando sitiaron la ciudad Carlos V y el papa Clemente VII para restablecer el poder de los Médicis, una «colubrina» de siete varas de largo y que pesaba trece mil libras, y estaba adornada con una cabeza de elefante. El Varegi cuenta que en un bastión «il quale scendeva fino a la porta a San Piero Cattolini, e in quel mezzo sopra Porto de’Pitti edificó poi un gagliardissimo cavalière, il quale perché altissimo sopraffaceva le mura, ed in su questo pose la grandissima colubiina da mecer Vannocio Biringucho da Siena; aveva nella culata una testa di elefante, e si chiamava da fanciulli l’archibuso di Malatesta». Los florentinos creían que, cuando fuese disparada, aparte de deshojar todas las rosas del huerto de los Pitti, caería la bomba sobre la cabeza de Carlos, rebotando y yendo del casco imperial a la mitra del papa, con lo cual quedaba asegurada la República.
BORDADOR DE GUANTES, EL: Era uno de la secreta de Venecia, que dejaba el oído en casa cuando salía a vigilar por las tiendas en los mercados, y un día al llegar de servicio se encontró con que la mujer que hiciera la limpieza, lo tirara al polvo. Bordaba guantes para la familia Correr, que dio Dogos, y bordaba llamas en la cabritilla del dorso, lo que quiere decir «deseo». Pero estos guantes locuaces sólo los usaban las damas por Carnaval, llevando antifaz.
BOSQUE DE ÁLAMOS, EL: Se pone, por ejemplo, en una colina y con un prado al pie, como muestra de las emboscadas que podía tender Fanto Fantini con sus tropas. Tan pacientes esperaban disfrazados de álamos de abril a que llegara el condottiero enemigo con los suyos, que daba tiempo a que algunas avecillas retrasadas en coloquios de amor, hicieran nido en las lanzas vestidas de hojas nuevas.
BRACCIAFORTE LATINO DAL PICINO: Cuenta de él el signor Capovilla al pasar cerca de su torre, camino de Florencia. Comió su oro, como se dice en el texto, y cuando murió, lo tenía pegado, en escamas, en las tripas. Hubo que quitárselas, como las del cerdo para el embutido, lavarlas y rasparlas, para recobrar el tesoro. Algunos opinaban que murió por no querer hacer de cuerpo, de miedo de que se le fuese en el excremento media onza Carolina.
BÚLGARO MENTOLADO, EL: Compraba por las islas griegas manuscritos para los señores Médicis. Era amigo del monje que curó a Fanto Fantini de sus heridas, al que traía por escrito las opiniones de Pico della Mirándola. Se perfumaba los sábados con menta piperita, y el perro del monasterio daba su presencia media hora antes de que llegase, el búlgaro, si es que había viento favorable. Todavía en las grandes bibliotecas italianas, hay manuscritos griegos que, al abrirlos, dejan salir un leve aroma a menta. Son los comprados en las islas helénicas por el búlgaro. Presumía de virgen, y sabía encender fuego haciendo girar una bolita de serrín y resina entre la yema del pulgar y las del índice y el medio de la mano derecha.
BUONCOMPAGNI, NERO: Condottiero. Primer capitán que tuvo Fanto Fandni della Gherardesca. Innovó en el arte del cuadro, poniendo dos piezas de artillería en cada esquina. Le gustaba cargar desde las colinas al llano, muy rodeado de banderas. En los ratos libres, andaba siempre de consulta de abogado, que tenía en Padua un prado y le robaban el agua los de las tiñerías.
CABO BIZANTINO, EL: Estaba en Tamnos de guardia cuando fue preso Fanto. No entraba en el trato de los serones de Eufrasia, la tía de Safo. Andaba cabreado, porque nadie le soltaba una propina, lo que era debido a que como usaba casco con pluma, lo tomaban por capitán. Cuando se corrió que sólo era cabo, ya fue otra cosa, y llevaba de costadillo una bolsa para que le echasen los pichones y los quesos de cabra. Se casó con una que en la procesión de Santa Eva, la Madre de los Vivientes, salía al natural, lo que el cabo aceptaba por consejos de humildad que le daban los monjes. Terminada la procesión, Eva se vestía y le daba una manzana al cabo, acariciándolo, y jugando al Paraíso.
CAMILLINA: Nodriza de Fanto Fantini. Descubrió que al niño le caía muy bien la perrera a la francesa, y Fanto ya llevó tal peinado durante toda su vida. A veces pedía permiso para salir a dar una vuelta, por ver si tenía noticias de su marido, que se le había perdido yendo a Ultramar. Una tarde regresó diciendo que había encontrado uno muy parecido a su Giuseppe, con lo cual quedó preñada. El niño nació muerto. Habían puesto de moda esas cosas el éxito de los que llaman romances de ausencia.
CANE DE CIMARROSA, UBALDO: Condottiero. Dominaba el arte de vadear. Llevaba siempre en su intendencia barricas con pichones escabechados, y mandaba agentes secretos a las cocinas romanas, por averiguar dónde podía comprarse el mejor vinagre. Llevaba tatuada en la frente una hermosa flor azul, con las letras AVE MARÍA. Lo que le salvó la vida, que un esquilador, por robarlo, le puso la zancadilla en un descampado, cuando el signor Ubaldo regresaba de una cita amorosa, y al ir a meterle las tijeras en el cuello, vio a la luz de la luna el tatuaje de la frente, y lo dejó, huyendo mientras pedía perdón a grandes voces, que creía que había zancadilleado a santo Toribio, que andaba nocturno protegiendo los rebaños del lobo.
CAPELLÁN DE LAS DOMINICAS, EL: Fuera amigo de infancia de Fanto, y jugaba con él a cañas y a barra. Como era zurdo, necesitó dispensa para las órdenes mayores. Era muy apreciado en Sapro, donde estaba su capellanía, porque leía de gratis las rayas de las manos de los vecinos. Fue él que averiguó dónde estaba Fanto prisionero del hosco Vero dei Pranzi. Se hizo famoso cuando descubrió que no había tal demonio Asmodeo, que decían las monjas que les hacía cosquillas en las plantas de los pies y les daba serenatas. Averiguó que las cosquillas eran de una rata sabia que se le perdiera a un bretón, y las serenatas las daba una monja con barba, a la que, en un octubre, con el aumento de la pilosidad se le pusiera voz hombruna, y un raro apetito por pasarle la mano a una lega moza.
CAPOVILLA: El signor Giovanni Andrea Matías Leonardo Capovilla de Torrenera dal Pasmo, caballero de San Juan de Rodas, pariente y tutor de Fanto Fantini della Gherardesca. Era un buen hombre, soñador artúrico. Murió soltero, porque nunca tuvo encuentros que se parecieran a los que él se imaginaba.
CASTRADO RUANO, EL: Caballo del signor Capovilla. Como su amo iba por los caminos ensoñando la Tabla Redonda mientras lo cabalgaba, algo pasó a la montura de las imaginaciones del cavalière y así se compuso una asombrada melancolía, que mostraba cuando se encontraba con las hermosas yeguas de su tiempo. Como había sido castrado a dedo, al pronto no se le notaba.
CATALINA: Campana salvatierra de San Félix, en Borgo San Sepolcro. Tocó para ahuyentar la tormenta el día en que nació Fanto Fantini. La habían fundido en Florencia, y tenía grabada la imagen de la santa de su nombre, con la rueda erizada de cuchillos.
CIRUJANO DE VERONA, EL: Cuando Fanto huyó a través del espejo con dama Diana, su braco Remo estuvo de huésped en casa del cirujano de Verona, Paolo Camerano, sangrador de los Scailígeros y de los últimos Capuletos. Era gran jugador de dados, y tirando con la diestra, echaba del cubilete al aire los huesos, y los recogía en el dorso de la mano. Intentó enseñar a silbar a Remo, pero no lo logró, que el braco estaba siempre con la larga lengua fuera, y así no estrechaba los labios para que saliese el aire. Se le metió de últimas en la cabeza que volaba de verdad cuando dormía, y que no eran sueños, y mandó hacer una jaula, en la que le pusieron colchón, y allí dormía.
COMADRONA DE DONNA BECCA, LA: Viuda de un sangrador por Salerno. Cuando había parto de lujo en Borgo San Sepolcro, mandaba un arriero a que le trajese nieve apenina, para la frente de la parturienta.
CONCISO, EL LICENCIADO: Lo era por Salamanca, en aristotélica y aquiniana. Su verdadero nombre era Pedro Corto o Pedro Cortado, pero él había latinizado en Conciso. Tenía un beneficio en Valladolid, y doce sobrinas. La fama de su elocución latina llegó al señor Erasmo de Rotterdam.
CÓSIMA BRUZZI, DONNA: Hermosura veneciana, blanca, largo cuello, brasas en los ojos, la sonrisa de amanecer de verano. La amó Fanto, y ella al capitán. Quería que este anduviese loco celoso y amenazase con matarla en la cámara misma, en Famagusta, donde el Moro mató a Desdémona. Fingía amores con sombras y muñecos que escondía debajo de la cama. Murió a manos de su marido, ser Franco Loredano, capitán de Mar y Tierra de Venecia en Chipre.
CURRITA: Mona amaestrada, que trabajó en el alambre ante el Patriarca de Constantinopla. Si veía que entre el público había algún tuerto, se negaba a dar el doble salto mortal. Al terminar el espectáculo, hacía la seña de los Verdes con la mano izquierda, que le salía más fácil que la de los Azules, que es pasando la diestra bajo la pata del mismo lado. Los Azules, por creerla partidaria de los Verdes, la ahogaron en el Bósforo. Era portuguesa de nación, y su madre había venido ya embarazada de la Guinea, como muestra de macacos para ilustración del rey don Manuel el Afortunado.
DAMA DIANA: Bellísima señora, muerta en un castillo de Toscana, creyéndose que por veneno. Sus padres recogieron el cadáver de la hermosa y los de sus doncellas, y los llevaron a enterrar al país natal, en el marquesado de Monferrato. Habiéndose salvado de un incendio, en la torre donde murió, un espejo florentino, acudía, fantasma con piel de leche con un poquillo de clavel, a buscar en él las memorias de su juventud. Fanto la vio allí y la enamoró.
DESDÉMONA: Su historia es bien conocida. En la que fue su cámara en Famagusta, se amaban Fanto y donna Cósima. Pasados siglos, alguien que entró en la cámara vio un ratoncillo que corría llevando en la boca un hilo rojo. Asustado el mur, lo dejó y se fue a su agujero. El hilo era del famoso pañuelo rojo de los terribles celos del Moro, por donde le vino la muerte a la niña.
DONCELLA DE DONNA CÓSIMA, LA: Era de Rovigo, y la pretendió Nito, pero ella le dijo al escudero que estaba casada y preñada de ocultis, y que si algún día entraba en el gremio de adúlteras, que le reservaba el primer cuerno de su marido.
DONCELLA DE LAS VIUDAS BANDINI, LA: Refrescaba a sus amas salpicándolas con agua fresca en las calurosas tardes del verano umbro. Cuando las viudas, servidas por sus cuatro primos, le cerraron a Fanto la puerta del huerto, ella se ofreció al mozo, levantándose las faldas. Fanto no la tocó, y le dejó sobre el ombligo una rosa. Nunca más quiso conocer varón, y si le entraban desasosiegos, se iba en busca de una sombra, buscaba una rosa roja, se la ponía sobre el vientre, y se dormía de placer. Murió joven y tísica.
DUQUE DE PROVENZA, EL: Una de las figuras como de teatro que imaginaba el signor Capovilla para que disfrazado de ella encontrase amor Fanto Fantini por las posadas de Toscana. Esta figura estaba siempre llevándose la mano diestra a la frente, como borrando memorias o cenizas de sueños. Ver naranjales, le recordaba el ducado natal.
DUQUE DE URBINO, EL: Este veía a Fanto, según el signor Capovilla, y le daba una bolsa llena de oro para que Majase hasta encontrar a su enemigo mortal, y a escondidas le pasaba un puñal envenenado. El duque de Urbino se retiraba en silencio, pero desde la puerta se volvía y levantaba su copa llena de vino rojo, brindando por la fortuna de nuestro héroe.
ECO VENECIANO, EL: Agente ordinario de la Secreta de la Serenísima. Les vaciaban la cabeza de memorias, y cuando regresaban de misión, traían las conversaciones oídas como grabadas en cinta magnetofónica. El que sale en este libro, estaba a las órdenes de ser Franco Loredano para comprobar los ardientes amores de Fanto y donna Cósima. Con el susto de la bajada del turco a Chipre, quedó tartamudo, y ya no servía de prueba en los tribunales, que se pasaban los plazos tomándole los avisos.
ENRIQUE IV: Emperador de Alemania que fue, rey de Romanos. Ennobleció a los Fantini della Gherardesca en la persona de ser Giovanni, que le sirvió de escudero. El rayo del nacimiento de Fanto le quemó la bragueta, que la tenía muy ostensible en el tapiz conmemorativo del palacio de los Fantini en Borgo San Sepolcro. Fue un iracundo inquieto, y cuando por vez primera probó el helado, se le cortó la digestión.
ESQUILADOR, EL: Lo contrató el cavalière Montefosco de Malapreda para raspar, con un juego de raspadores tortosinos que tenía, las tripas de su primo Bracciaforte, y sacar el oro allí pegado. Era de Asís, pero todos los años iba a ferias a Tortosa a aconsejar en lanas.
EUFRASIA: Tía de la cojita Safo. Hacía el contrabando de los higos pasos en la isla de Tamnos. En algunas de las islas griegas, en los días bizantinos, los higos estaban estancados, y rentaban a los monasterios y a los jueces de lo criminal. Por cariño a la sobrina cojita, y con miedo de que por el defecto de la pierna esquelética no encontrase marido le decía a Safo que esperase todo lo que pudiese para enamorarse, confiando así en que pasándole a la niña los cálidos sueños de la edad moza, luego ya se olvidase de casorio.
FANTINI DELLA GHERARDESCA, FANTO: Nuestro héroe. Durante mucho tiempo solamente se supo de él lo que viene en una crónica florentina: «Nadie fue más hábil en huir de las prisiones de su tiempo, que el capitán Fanto Fantini della Gherardesca». Solía repetir esta cita el escritor Rafael Sánchez Mazas, que tanto sabía, y enseñó al autor de este libro, de la Italia del Cuatrocientos. Más tarde, se fueron recogiendo noticias, hasta que fue posible componer esta biografía.
FANTINI DELLA GHERARDESCA, SER GIOVANNI: Trasabuelo de Fanto, nobile del Sacro Romano Imperio, conte. Sirvió con su lanza al emperador Enrique IV. En la cuna hecha por las ramas de laurel que ceñían su cabeza, apareció Fanto, llevado allí al nacer por el rayo. Se sabe que tenía una herida en el costado derecho, que nunca curó del todo, que era de saeta suiza plana. Ser Giovanni se quitaba la camisa, y silbaba como si viniera otra vez la saeta, y entonces la herida se abría, y aparecían unas gotitas de sangre. Esto solamente lo hacía ante personas ilustres, o médicos que pasaban hacia Padua o Montpellier.
FANTINI DELLA GHERARDESCA, SER PIERO: Padre de Fanto. Nunca hizo armas, porque padeció reuma desde niño, y cabalgaba a mujeriegas en Artemisa, su plácida yegua. Se decía que había esperado una luna propicia para hacer a Fan to, y en habiéndolo hecho que dejó tranquila a donna Becca, sentada junto a la ventana, viendo pasar las procesiones. Cuando enfermó de la peste, hubo un día en el que se creyó salía de ella, y le pasara del todo la reuma, pero a la tarde siguiente pidió un pichel de chianti, bebió levantando el codo, lo que nunca había logrado desde los doce años, y al rematar, se murió.
FLAMENCA: Nombre que llevó una señora provenzal, que iba a baños por verse con su amante, y en su habitación leía Flores y Blancaflor. Pero aquí viene porque era el nombre de la mujer de Guillem, el camargués, tratante en caballos. Era pequeña, muy blanca, el pelo negro en moño trenzado, y el camargués, que era celoso, la guardaba bajo llave. Pero ella se reía, comía nueces con miel, y se pasaba las horas cantando. Con diferencia de pocos meses murieron Flamenca y Fanto, y el camargués los enterró en el mismo nicho, pero como tenía la manía de los celos, puso tres tablas herradas entre ataúd y ataúd. Era un tipo callado, que se frotaba las manos y llevaba una bolsa con habas blancas y habas negras para echar las cuentas.
GARDA, ANDREA DELLA GARDA: Médico de la Escuela de Padua. Asistió al nacimiento de Fanto, y lo halló cortando con su bisturí, en los laureles de la cabeza de su trasabuelo ser Giovanni, en el tapiz de la cámara que honra. Demostró que en el cuerpo humano existe agua estancada y que hay que expulsarla por el vómito, y que la sal evita la podredumbre. Renunció a los vegetales, sospechando que toda col nacía donde estaba enterrado un romano.
GATAMELATTA: «La gata melosa», un famoso condottiero de los que inventaron, en la Italia del Quinientos, el arte militar. Mandaba pintar de oro los genitales de su caballo, y como le molestaban las moscas, andaba siempre seguido de un paje que llevaba un sombrero embadurnado con miel, al que aquellas acudían, dejándolo a él tranquilo, imaginando marchas al amanecer, el cuco a la siniestra.
GENOVISCO DE LA SIMIENTE DE PINO, EL: Llegaba puntual a Borgo San Sepolcro con la simiente de pino, que decía que era la mejor, del camposanto de Génova, dónde aún no había protestantes ingleses enterrados. Traía siempre moza nueva, y cuando se iba, la dejaba alquilada a la florida juventud del Borgo, donde aún regían para amores canciones de Guido Cavalcanti. Era medio cegato, y en los días de sol, andaba por la calle cubriéndose los ojos con un cristal ahumado.
GIORGINA: La nave veneciana en la que fue de Chios a Chipre el signor Fanto, porque se anunciaba la bajada del turco y eran precisos capitanes de guerra. Era de roble esloveno, algo cansada de popa.
GIOVANNA: Así interpretó Fanto, en la torre donde lo tuvo prisionero Vero dei Pranzi, el nombre que se leía en el tabal de oveja salpresa. Se pasó horas y horas, mientras esperaba la muerte, imaginando que aquella Giovanna la había, y era dulce de labios y del mirar, y se dejaba beber como agua.
GUARDIA DEL GORRO ROJO, EL: Vigilaba a Fanto en el patio del gobernador de Tamnos. Escupía negro. Cuando pasó la cojita Safo y le tocó a Fanto el pelo rubio, el del gorro rojo, como medio asqueado, dijo en lo que le pareció veneciano, que todas eran unas putas: «tutanai putanai».
HEREDERO VENECIANO, EL: Una de las figuras de Fanto en las posadas. Salía de su cámara vestido de violeta y plata, haciendo que metía bolsitas de cuero en los acuchillados del jubón, que los que le veían hacer tal creían que estaban llenas de oro del rico heredero. El gesto inventado por messer Capovilla, era que se diese aire con los guantes.
HIJA DE LA VIUDA, LA: Viajaba con su madre, y sabiendo que Fanto iba a un terrible encuentro con un cruel enemigo, César Borgia acaso, le regalaba un nomeolvides de oro con una piedra verde. Esto lo imaginaba el artúrico signor Capovilla. La niña era una morenita muy graciosa y llevaba con ella un mirlo en una jaula de plata.
HORCA DE VENECIA, LA: Se trata de una horca primitiva del tipo de las llamadas ginebrinas que son de triple poste y tablado alto, o sin tablado y con escalera de mano. El nudo es muy corredizo, y se seba el esparto a dos manos por un ayudante del verdugo que se llama il lazzuó, que quiere decir el cariñoso, lo que también se dice del perro que lame la mano del amo. El verdugo se abraza al penado por la cintura, y se deja ir con él por el aire. Después de cada función, se pinta la horca de blanco, en el Arsenal.
INTÉRPRETE DE VENECIANOS, EL: Estaba de oficio en la isla de Tamnos. Creía que era moda en Venecia el hablar por la ese. Alto, flaco, legañoso, usaba bicornio.
IPPOLITOS: Perro dálmata, que fuera amigo del gobernador del Basileo en la isla de Tamnos. Se apartó de la confianza de este por culpa de una perra francesa, que trabajaba a deshora en el puerto, sin guardar las épocas de celo.
ISAAC DE SIENA: El médico judío de los Tolomei que fabricó el compuesto sutil con el que Bracciaforte, tragando su oro, lograba que este le quedase pegado en los intestinos.
ISOLDA: Es una de esas bellísimas señoras a las que hay que citar, por el dorado cabello, por los ojos azules, porque sonríen y porque lloran, y porque mueren de amor.
LANZAROTE DEL LAGO: El signor Capovilla hizo pasar a Fanto, ante la anciana de las joyas en la posada en el camino de Florencia, por un sobrino, y de su mismo nombre, del caballero Lanzarote del Lago. La figura de teatro de Fanto era ponerse donde daban los rayos del sol poniente, acariciando las flores del glicinio.
LEILA: Morisca alquilada por el genovisco de la simiente de pino. Fue bautizada como Verisima Pomposa Capitolina Romana Rolindes y casó en Borgo San Sepolcro, e hizo mahometano al marido. Era una morena muy aficionada a las aceitunas, y se prestaba a que la pellizcasen en las nalgas los canónigos, que querían probar, antes del bautizo, si se tenían carnes tan duras sin comer puerco, dispensado.
LUCA PACIOLI, FRA: Sabio geómatra y matemático, que escribió de la Divina Proporción. Construyó para encerrar en ella a Fanto una prisión mental.
MICHAELE DE CAPRASARDA: Luogotenente condottiero Nero Buoncompagni. Era el que trataba del alquiler de las campañas de su capitán.
MICHAELOS LIPAROS: Gobernador por el Basileo de la isla de Tamnos. Sesentón, pequeño, gordo, se coloreaba las mejillas con papel de Damasco y se espolvoreaba las cejas con purpurina argentífera. Marica, lacónico y jugador de dados, medio se encaprichó de Fanto, cuando lo tuvo prisionero, porque hacía muchos años que no conseguía ver un hombre rubio a su alcance.
MONTEFELTRO DE MALAPREDA: El heredero de Bracciaforte, que alquiló al de los raspadores tortosinos, para sacar el oro de las tripas al primo. Tardó siete años de lavados continuos, y dejarlo dormir en jalea de membrillo, antes de que el oro dejase de oler a podrido, y pudiese pasarlo en las bancas de Venecia.
NITO SALTIMBENI DA SIENA: El fiel escudero de Fanto Fantini. Sabía toscano y provenzal. Casó con Safo. Vio hijos y nietos. Por un genovés, mandó para la sepultura de Fanto el Mozo, como él le llamaba siempre, una cabeza de mármol, griega antigua, que en el perfil mucho semejaba a su amo.
OLALA: Fa perra francesa que trabajaba en el muelle de Tamnos. Decía que había nacido en la place Pigalle, de París. Se enamoraba de los canes forasteros, y les regalaba la comida. Fa dejó en la isla abandonada uno que había llegado a ella, franco de nación, a aprender griego egeo prehomérico.
OTELO: El Moro, marido y matador de Desdémona. Donna Cósima Bruzzi quería que Fanto lo imitase, y diciendo «¡Apago la luz y apago su luz!», celoso, la estrangulase.
PAJE CANTOR, EL: Lo llevaba la anciana de las joyas, que hizo posada en un mesón en el camino de Florencia. Cantaba dulce, dejando las notas de la viola morir en el aire, como mariposas. Sabía una canción de uno que se iba de mañana, saludando las alondras, y no regresaba jamás.
PAJE DE LA GRAPPA, EL: Llamado por la comadrona, cuando nació Fanto, trabajó para sacar del soponcio a donna Becca, un vasito de grappa. Donna Becca estaba con los pechos al aire, blancos surcados por venillas azules, y el paje se turbó, y nunca más se le fueron de la memoria. Murió de la peste.
PANADERA DE BOLONIA, LA: Fue la que dio a luz dos hijos, con tres meses de retraso el segundo. Esto dio origen a la llamada polémica de los primogénitos, que dividió a los glosadores. Bettobaldi dei Bettobaldi inventó una Lex romana que decía que el último nacido, habiendo gemelos, era el primogénito.
PÁRROCO DE SAN FÉLIX, EL: En Borgo San Sepolcro, en la rectoral en medio de las viñas junto a Porta Nuova. Asistió en sus últimos días a la yegua Artemisa, y la enterró engualdrapada, y predicó que bien se veía, como iba pasito en las procesiones y bajaba la cabeza cuanto ante ella pasaba la imagen de San Félix obispo, que si tuviera alma, sería cristiana. Y citó a Tertuliano: «Alma naturaliter christianal».
PERIANDRO: Sacristán griego, quien después de la bajada del turco a Chipre, contrató a Nito para que sirviese de espartarlo bizantino en el traslado a lugar seguro de las reliquias de santa Tecla —que eran una oreja y un rizo—, y las de los santos Cosme y Damián, que eran dedos de los pies.
PIERO DELIA FONTANA, SER: Escribano de Borgo San Sepolcro, administrador de los bienes de Fanto Fantini della Gherardesca. Cuando llegaron noticias de la muerte de este, estando las viudas Bandini pobres, abandonadas de los cuatro insolentes primos, que las habían usado y les comieran todo lo que tenían y heredaran, sabiendo que habían estrenado a Fanto, les pasó en secreto las rentas e intereses.
PRÍNCIPE DE DINAMARCA, EL: Don Hamlet Hardrada de Elsinor. Otra de las figuras de viajero secreto de Fanto Fantini. El índice de la mano derecha en los labios, pasaba rápido e inquieto de un rincón de sombra a otro rincón de sombra.
RENZO DEI MUTTI, PAOLO: Capitán de Pisa, engañado por Ubaldo Cane de Cimarrosa. Fue llevado a ser enterrado en el famoso camposanto de su ciudad, metido en una barrica que había servido para los pichones escabechados de su enemigo. Era un taciturno que no creía en los mapas. En su tumba, no se logra hierba, y se culpa a la fuerza del vinagre en el que viajó hasta Pisa, ya difunto. Era vinagre, a lo que parece, del que llaman «latte del nipotte del Papa», que es como decir en las Castillas, de la mala leche o de la mala uva.
SAFO: La cojita de Tamnos, de los ojos verdes. Libró de prisión a Fanto con ayuda de delfines amigos. Lloró su muerte, pero se consoló, casándose con Nito, el escudero.
SIRENA, LA: Era la última, y ya era vieja, arrugada, y perdiera los dientes, las tetas caídas, tanto que las olas ya no le hacían allí aquella espuma que suelen en los pechos redondos de las sirenas mozas, en las estampas. Pedía limosna en el mar que vio pasar la nave de Ulises.
SOBRINO DEL REY DE ROMANOS, EL: Otra figura de Fanto, en la imaginación del signor Capovilla. Iba a Roma, y llevaba de viaje a Artemisa, yegua de su aprendizaje de jinete, a la que había querido dar el gusto de pasar el Tiber junto al castillo de Sant’ Angelo. En la ocasión, Fanto vestía un traje celeste y oro, que lo hicieran las viudas Bandini con una casulla que sobró del marido de una de ellas, que iba para obispo «inpartibus».
SOLDADO DE VERO DEI PRANZI, EL: Fue el que contó a su amiga donde estaba prisionero Fanto Fantini. La amiga se lo dijo al capellán de las dominicas, que fuera compañero de juegos infantiles de Fanto y era zurdo. Era de labradores lombardos, pero le diera por las armas.
STROZZI, LOS: Banca de Florencia, donde cobró el pagaré de las viudas el capitán Fanto el Mozo. El oro y la plata está en estantes, y la señora Vanna, que es la madre, viuda, pasa de vez en cuando con un plumero, quitándole el polvo. Hay un escribiente para las letras de feria, que usa balanza. No se puede hablar en voz alta en la sala, para no distraer y equivocar a los que cuentan.
TAMNOS: Se discute mucho la existencia de esta isla, próxima a Chios, donde Fanto estuvo preso, y donde Nito casó con la cojita Safo. Muchas islas griegas desaparecieron gastadas poco a poco por el oleaje y una pudo ser esta. Otros dicen que habrá mala lectura en los manuscritos fantianos.
TIPLE DE MAITINES, EL: Iba con los soldados del papa cuando los derrotó el señor Nero Buoncompagni. Era calvo, redondito, y tenía muy bellas piernas. Salía de Colombina en las funciones de la Corte de Roma.
TORTAJA: El morisco alquilado por el ama del bachiller Botelus para ayuda de cocina y picadillos. Tenía el punto del anís.
VERO DEI PRANZI: Condottiero. Era enano, mofletudo, cruel y vanidoso. Hizo prisionero a Fanto. Usaba tacón de Bolonia. Tras haber visto huir a Fanto, envuelto en un río como en una capa verde, le entró una ira triste, con mucha flema amarga, y una mañana amaneció muerto. Su caballo, con la cola, le espantaba unas moscas verdidoradas que habían llegado, en bandos, a la boca del capitán.
VIUDA CON HIJA, LA: Soñaba il cavalière Capovilla encontrarla en una posada, y le daría a Fanto una perla benéfica para que saliese con bien del drama de la venganza. Estaba de buen ver, y se celaba de su hija. Pero al signor Capovilla le gustaba mucho en estas imaginaciones de mujeres, que hubiese dos hermanas, o tía y sobrina, o madre e hija, y funcionar con la pareja, con escondites, y un juego de caricias diversas, para que no hubiese confusión. Eso es mucho de castos tímidos.
VIUDAS BANDINI, LAS: Nunca olvidaron aquel pronto asombrado, los gritos, las corbetas de Fanto, y las dulces noches.