CUADRO QUINTO
Habitación de Juan, ahora de Rogelia.
ESCENA PRIMERA
Manuel, Rogelia, Antonio.
ROGELIA Siéntense: pueden hablar.
MANUEL Sabemos la pérdida de Gabriel y pensamos que no podemos remediar tanto mal.
ANTONIO No podemos. No se salvará mozo entre nosotros.
ROGELIA ¿Sabéis algo de esto? Nada sabe usted, Manuel, ni nada sabe usted, Antonio.
ANTONIO Manuel tuvo mujer y yo conocí a mi madre. Algo sabemos, podemos esperar. Es preciso que tengamos un niño, un hijo joven. Esto es conveniente: un hijo joven. Aún puedo educarlo, llevarlo de la mano, tenerlo firme en la fe. Aunque tenga, el que de nosotros haya de ser padre, que pagar la más dura de las penitencias, condenarse si así es la voluntad de Dios. Le venimos a pedir, Rogelia, que escoja en nosotros el padre de un hijo que se llame Gabriel y nos entierre a todos.
ROGELIA Escojo en ti, Antonio.
MANUEL ¡Alabado sea Dios! [Sale].
ESCENA II
Rogelia, Antonio.
ANTONIO Mi obligación ahora era la oración, eran las lágrimas. Toda mi vida la pasé acallando lo que quería destruirme, apretando mi vida, que la sentía rebrotar a burbujones en el pecho; mi obligación ahora era maldecir mi suerte, mesarme los cabellos, decir cien veces «¡Yo pecador!»… Rogelia, mi obligación era esta. No puedo, sin embargo, romper las palabras que se encadenan en la garganta.
ROGELIA Las encadena tu lujuria, Antonio. Las encadena tu demonio…
ANTONIO Ríete de mí, pero no pienses que sólo el deseo vence ahora mi fe. Cuando fuimos a inscribirte, yo recordé, exaltando tu castidad, a mi madre apoyada en el hombro de mi padre en el baile de San Andrés.
ROGELIA Sé que algo que no es deseo escondes, pero ni aun así te amo. Hablabas de que antes, en casa del alcalde, exaltaste mi castidad. ¡Mi castidad! Ya sé que crees que no existe, que piensas que cien agujas me carcomen, que soy del vicio y en él me anego. ¡Cómo te equivocas! Yo nací para compañera del hombre, de un hombre y no sé repartirme. Has de aceptarme tal y como soy, si no no seré madre de tu hijo. O hombre mío o tendrás que contar tu amor por noches, como Juan, como Gabriel, quizá como otro…o tuya, propiedad y unción tuya, bien y cadena tuya, o déjame que mienta la voz que no te he oído, las caricias que no me diste, el deseo que no me das.
ANTONIO ¿Ese es el precio?
ROGELIA Así es.
ANTONIO ¿Y si te dijera que te amo?
ROGELIA Habrías de pagar encima tu hipocresía.
ANTONIO Temo, lo temo todo. ¡Quisiera poder huir! ¡Huida!
ROGELIA ¡Excelente comienzo de una noche de bodas!
ANTONIO Desde el primer día no pienso en otra cosa. Pero el hijo, al hijo lo dejarás, ¿verdad? Lo dejaremos aquí y yo te llevaré lejos. Tengo oro, sé las lenguas, conozco los caminos. Te llevaré y el hijo medrará aquí entre Pedro y Manuel y no traicionará… ¿No es muy alto el precio, Rogelia?
ROGELIA Sin tu amor bien bajo sería. [El la coge fuertemente de las manos].
TELÓN