CUADRO SEXTO
Habitación de Rogelia.
ESCENA PRIMERA
Antonio, Pedro.
ANTONIO Creo adivinar a qué vienes.
PEDRO No vengo por mí, que soy un muerto. Vengo por Gabriel. Esta noche regresa del monte, de aparcar el ganado. Al llegar, buscará la mujer.
ANTONIO ¡No ha de encontrarla!
PEDRO Para él es el corazón nuevo y fresco, capaz de olvidar las torturas de esta soledad. Está como nuevo, la mirada limpia. Es hermoso ver a alguien así. Tú eres viejo aunque la tierra te haya fortalecido, y sólo consumes rescoldo. El, Gabriel, consume llama viva.
ANTONIO ¡Rescoldo! Me siento joven y fuerte, capaz de amor y de victoria.
PEDRO ¡Cómo te engañas, cómo te engañas! Te ciega todo, como a los mascatos el aire y a las gaviotas el mar. Un hombre no puede cebarse de olvido. Un hombre ha de saber buscarse y, si se encuentra, darse a sí mismo su merecido.
ANTONIO Yo he encontrado mi fortaleza y mi libertad en Rogelia.
PEDRO ¿Dónde tenías guardadas las palabras del amor, el cuerpo del amor, las lágrimas del amor? Crees que eso aparece un día y te engañas. Juan y Gabriel las tenían porque son flor de edad, poderosos como olas de bajío, y su corazón aún no admitía hiel. Y no neguemos que albergaban esperanzas, porque tenían mil y mil. Cuando Juan iba a la mar conmigo, yo temía siempre que quisiera huir, dejar la barca a los vientos, aproarla a un país lejano.
ANTONIO ¿Y yo en la montaña? ¿O es que no he soñado con los países de la otra orilla? Y nudos se me hacían en la garganta cuando veía doblar las puntas a los rebaños de los pastores libres.
PEDRO Rogelia fue de todos: de Juan, para salvarlo; de Gabriel, para resucitarlo; de ti, para darte un hijo y para que conocieras vida con mujer. Casta y fuerte; si yo pudiera decirle una sola palabra, le diría que gozo contemplándola clara y pura en este cementerio de hombres. A cada uno dio lo que más falta le hacía, y usó para cada uno como cebo los manjares más gratos. Tú no puedes monopolizarla. Y soy yo el que puede acusarte, el único que aún puede acusar.
ANTONIO No me importa. No renuncio. Si Gabriel llega, que ella escoja.
Rogelia entra y oye las últimas frases.
ESCENA II
Antonio, Rogelia, Pedro.
ROGELIA ¡Escoger! ¡Qué vana palabra! Un hijo saltará en mi vientre y ni sé quién es su padre ni sé siquiera a quién quisiera atribuírselo. ¡Escoger! Dos veces te lo he dicho: o la mujer o tu amante, o la vida o las noches que se cuentan por los dedos…
TELÓN