Segundo pliego de fotografías
Sobre la cara del traidor, el llamamiento a la insurrección
Al amanecer del día 19 de agosto de 1944, sobre todos los muros de París apareció este cartel. Pegado sobre la cara de Philippe Henriot, el célebre orador de la colaboración con Alemania, ejecutado unas semanas antes por la Resistencia, incitaba a los parisienses a alzarse contra el invasor. La decisión de desencadenar la insurrección fue tomada la víspera en una casucha al final de un solar de Clamart. El primer acto del levantamiento fue la toma de la prefectura de policía, a las siete de la mañana. Durante siete días, el pueblo de París, respondiendo al llamamiento de este cartel y de muchos otros, se echó a las calles de París para luchar contra las tropas de Choltitz. (Foto Berson).
Contra los Panzer de Choltitz, un solo carro de combate viejo y pechos desnudos
La desproporción de medios entre la guarnición alemana y los insurrectos era trágica. La insurrección empezó con un centenar de fusiles y ametralladoras. En una fábrica de Saint-Ouen, las FFI de Batignolles se apoderaron del único carro de combate con que contarían los insurrectos durante la batalla. Pero sólo pudo oponer un reto silencioso a los Panzer de Choltitz: no disponía de obuses.
Las FFI organizaron ataques contra los puntos de apoyo de los alemanes con los primeros camiones que cayeron en sus manos París contó pronto con quince mil hombres en armas. Pero faltaban municiones. La víspera de la liberación, en la prefectura de policía sólo las había para dos armas de fuego. Había fallado el lanzamiento de armas en paracaídas, que se había pedido a los aliados.
Por las calles de París resonó el viejo grito: «¡A las barricadas!»
A las cuarenta y ocho horas del levantamiento, docenas de barricadas fueron levantadas en las calles de París. La más célebre, construida en la esquina del bulevar Saint-Germain con el bulevar Saint-Michel, ganó para la intersección de estas dos arterias el título terrible de «encrucijada de la muerte». Ante el teatro de la Comedia Francesa, los actores de la Casa de Molière levantaron su barricada con todos los accesorios que encontraron en los almacenes del teatro. Para que su barrera fuera aún más temible, pintaron en unos bidones la palabra «Minen». Los alemanes quedaron sorprendidos por la rapidez con que surgieron las barricadas en las calles. Sobre el plano de París pegado a la pared de la sala donde estaba instalado el puesto de mando en el hotel Meurice, los oficiales de la 3.ª Oficina del general Von Choltitz trazarían innumerables rayitas que representaban el emplazamiento de las barricadas. Estas rayitas hacían resaltar la importancia de la insurrección, que cercaba, desbordaba y amenazaba los puntos de apoyo alemanes. Al poco, ningún alemán pudo circular por las calles de París sin estar expuesto al fuego de los tiradores ocultos en las casas de vecindad, en los edificios públicos, tras de las barricadas… Para los soldados de la Wehrmacht, a los que cuatro años de ocupación parisiense, apacible y confortable, habían hecho olvidar la guerra, fue aquél un duro despertar.
Nuestro documento gráfico muestra un espectáculo nuevo: este ocupante de París acaba de ser tomado bajo el fuego de los tiradores sin uniforme. Corre a ponerse al abrigo de una puerta cochera. Por una extraña ironía, el café ante el cual pasa en su precipitada carrera evoca el recuerdo glorioso de la «Garde Nationale». La tarde del 19 de agosto, primer día de la insurrección, el subteniente Von Arnim consigue telefonear a su madre en Alemania: «Mamá —le dice—, París se ha convertido en un infierno». Cuando seis días más tarde, París será completamente liberado, en las calles de la capital habrán caído, muertos o heridos, cerca de tres mil alemanes.
Han sido héroes del París sublevado
Jacques Chaban-Delmas. A los veintinueve años era general. Representaba a Charles de Gaulle en París para todos los asuntos militares. Preocupado por el temor de que París se convirtiera en una nueva Varsovia si la población se sublevaba contra los ocupantes, el 8 de agosto se marchó clandestinamente a Londres para pedir a los aliados que fuesen a liberar París lo antes posible. Seis días más tarde estaba de nuevo en París, después de atravesar las líneas alemanas en bicicleta. Impotente para evitar, según De Gaulle le había ordenado, que estallara la insurrección, se esforzó en controlarla. (Foto Keystone)
Pierre Fabien. A los veintiséis años era coronel. Era ayudante del coronel Rol, comandante de las FFI de la Île-de-France. Era comunista. Había sido herido ya tres veces, en España y en Checoslovaquia. Por dos veces, la última minutos antes de su ejecución, se había evadido de manos de la Gestapo. Dos años antes, en el andén de la estación Barbès, había dado muerte al primer oficial alemán asesinado en París. La mañana del 25 de agosto, al frente de sus FFI, y con los soldados de la 2.ª DB, atacó la fortaleza de Luxemburgo. Meses después, hallaría gloriosa muerte en Alsacia.
Yvon Morandat. Veintiséis años. El lunes 21 de agosto, con su secretaria Claire, Morandat, en nombre de la Resistencia, se apoderaba de la residencia de Pierre Laval, el hotel Matignon, calle de Varenne número 57. Era el primer objetivo de la audaz «Operación Toma del Poder» emprendida por los degaullistas para instalar oficialmente el Gobierno de Charles de Gaulle en el París sublevado. Morandat se hizo presentar armas por la guardia de Pierre Laval. El jefe de los ujieres le acompañó a visitar el edificio y le propuso que se instalara en la «cámara verde». Era la habitación destinada a los presidentes del Consejo. La primera noche que pasó en el hotel Matignon, el joven Morandat durmió en el dormitorio de Pierre Laval.
Claire. Transportaba en su bicicleta los fondos destinados a la Resistencia. Los fajos de billetes, envueltos en papel de periódico, los llevaba atados en el portaequipaje. En un solo día, al principio de la sublevación, transportó de esta forma ocho millones de francos. Claire era una de aquellas numerosas heroínas anónimas, que, ante las propias narices de los alemanes, transitaban por las calles de París para llevar mensajes, dinero y armas a los combatientes. Varias de ellas fueron detenidas y fusiladas. Su nombre de guerra era un simple nombre propio. Se llamaban Claire, Jocelyne, Gisèle o Jeanne. Después de la liberación, Claire se casó con su jefe Yves Morandat. También otra Claire contrajo matrimonio con su jefe, el subprefecto Yves Bayet.
Louis Armand. Ingeniero, jefe de una red de la Resistencia de los ferrocarriles franceses, había sido detenido y encarcelado en Fresnes unos días antes del levantamiento. Louis Armand, que estaba convencido de que los alemanes iban a fusilarlo, deseaba ardientemente ser deportado a Alemania. Pero el último convoy, el día 15 de agosto, con casi tres mil camaradas suyos, salió sin él. Al día siguiente, gracias a la intervención del cónsul de Suecia, Raoul Nordling, Armand y los demás prisioneros políticos de las cárceles parisienses fueron puestos en libertad. (Foto A. F. P.)
Marie-Hélène Lefaucheux. Miembro del Comité Parisiense de Liberación. Su marido, Pierre Lefaucheux, fue el predecesor del coronel Rol en el mando de las FFI de la Île-de-France. Detenido por la Gestapo, fue encarcelado en Fresnes. El 15 de agosto, Marie-Hélène lo vio en el momento en el que partía con el último convoy hacia Buchenwald. Al amanecer del día siguiente, cogió su bicicleta y se puso en seguimiento del tren de mercancías hasta la estación de Nancy. De regreso a París, cuatro días más tarde, participó activamente en la insurrección. A primeros de setiembre, logró atravesar las líneas alemanas y llegar a Buchenwald; consiguió hacer salir a su esposo del campo y regresó con él a París. (Foto A. F. P.)
El coronel Rol. Jefe de las FFI de la Île-de-France, Rol fue el jefe militar de la insurrección. Antiguo obrero de Renault, había combatido ya en las Brigadas Internacionales en España. Desde su puesto de mando subterráneo Duroc, a una profundidad de veintiséis metros, mandaba sus tropas por medio de un teléfono especial, que pertenecía a la red de cloacas de París. Rol era un teórico de la lucha callejera. Logró que los parisienses fabricaran botellas incendiarias y levantaran las barricadas que habían de ser la pesadilla de los soldados de Choltitz. Rol era comunista. Pero sus adversarios políticos rindieron muchas veces homenaje a su patriotismo y a su valor. (Foto Keystone).
Este sueco y este alemán salvaron a millares de prisioneros destinados a las cámaras de gas
Raoul Nordling. Era el cónsul sueco en París. Gracias a su abnegación incansable, en el último momento logró que fueran puestos en libertad varios millares de detenidos políticos que iban a partir para los campos de concentración. Gracias a sus numerosas intervenciones cerca del general Von Choltitz, su actuación fue decisiva para la salvaguardia de la capital. El 22 de agosto envió una misión cerca del general Eisenhower para advertirle que Von Choltitz destruiría París si sus tropas no entraban inmediatamente en la ciudad.
Emile Bender. Agente de la Abwehr y miembro de una red antinazi. Bender quedará como el personaje más misterioso de toda esta historia de la liberación de París. Era alemán y tenía libre entrada en el puesto de mando de Von Choltitz. Ayudó a Nordling en la liberación de presos políticos. Gracias a su sangre fría, los emisarios enviados por Nordling al CG aliado pudieron atravesar las líneas alemanas y cumplir su misión. Más tarde, facilitó a la Resistencia francesa una relación de todas las defensas alemanas de París y el texto de las órdenes de Hitler destinadas a Von Choltitz.