XVI

Al mismo tiempo

El monstruo había regresado, llevaba ya un tiempo allí. Había registrado cómo se había abierto la puerta. No le importó. Había oído cómo aquella otra mujer, Nina, había comenzado a gemir y llorar. Tampoco le importó. Incluso el hecho de que el monstruo no se les hubiera acercado de inmediato, sino que se entretuviera con una especie de instrumental, había dejado de importarle. No fue hasta que una luz intensa la deslumbró, que reaccionó alzando un poco la cabeza y parpadeando ligeramente. Debía de tratarse de una linterna que enfocaba directamente su rostro. Cerró los párpados, pero en ese mismo instante la luz se apagó. Al principio sólo fue capaz de ver un gran punto negro, pero posteriormente comprendió qué había estado haciendo aquel monstruo todo el tiempo. Había colocado dos trípodes. En uno de ellos había fijado una luz, la que acababa de deslumbrarla, y que, aunque apagada, aún seguía enfocándola. Su mirada se desplazó hasta el siguiente, sobre el que descansaba una cámara de video. Su mente intentaba interpretar lo que veía. Y de repente desapareció su indiferencia. La consciencia de lo que iba a suceder a continuación la alcanzó como una potente descarga eléctrica. Se puso en marcha su instinto de supervivencia, su mente se despejó de repente, y la idea de lo que el monstruo se disponía a hacer con ella apareció de forma nítida. Y, para confirmárselo, le oyó murmurar.

—Ahora la película de El manuscrito.

El monstruo se disponía a grabar cómo era asesinada.