X

Antes

Se le había secado la boca, hacía horas que se sentía incapaz de tragar. Al menos creía que eran horas…

Estaba sedienta. Quizá moriría a causa de la sed. Al tratar de mover la lengua, reuniendo todas sus fuerzas, la sentía como un objeto extraño de enormes dimensiones que chocaba contra sus dientes y su paladar. Se había visto extrañamente obligada a mover aquella cosa agrietada en la boca, concentrándose en la sensación que le producía y que lograba distraerla unos instantes. Ahora apenas podía hacerlo. Debía concentrarse antes de decidir qué músculo era necesario mover y, aún así, sólo a veces tenía éxito. Todo su cuerpo le resultaba ajeno. Ignoraba en qué posición se hallaban sus piernas. No las sentía y tampoco podía moverse lo suficiente para verlas. Lo había intentado antes, hacía… no sabía cuándo. Había tratado de mirar hacia abajo y sólo había logrado estrangularse hasta el punto de que le faltó poco para ahogarse por la falta de aire. Era incapaz de realizar ningún movimiento. Al ordenar a su cuerpo bajar la cabeza, ésta había caído y el alambre se había cerrado en torno a su cuello.

De vez en cuando escapaba algún sonido de su boca. La primera vez que lo percibió se asustó terriblemente, pues imaginó que procedía de la mujer muerta.

Una eternidad después una voz en su cabeza le recordó que aquella mujer ya no estaba allí con ella.

Ahora volvía a percibir sonidos. Alguien se aproximaba. El monstruo. Era incapaz de verlo. Tal vez la capacidad de visión de sus ojos inflamados y que no cesaban de dolerle había remitido. Tal vez era su cerebro el que se negaba a interpretar las señales que éstos le enviaban. Quería suplicar que la libraran de aquel alambre que tenía alrededor del cuello, pero ese enorme objeto pegajoso que se había instalado en su boca era incapaz de articular palabras. ¿Qué importaba? ¿Importaba algo ya?

Mientras reflexionaba sobre esta cuestión advirtió que el monstruo comenzaba a tocarla.

Se movía. Se desplazó hacia la izquierda dejando tras de sí un rastro de color. Ahora se desplazaba hacia la derecha, hacia arriba. El mundo comenzó a girar y girar. Un golpe contra su cabeza, se desorientó, otro golpe, contra la frente, la nariz, y de repente ya no se movió nada. Aunque, ¿se había movido anteriormente? ¿La habían movido a ella? En un breve instante de lucidez registró que se hallaba de nuevo tumbada sobre la camilla, con el rostro hacia abajo, en idéntica postura a la de la mujer que había muerto horas antes. ¿O había muerto hacía pocos minutos? ¿O tal vez incluso ayer? Se preguntó si había llegado su turno. Tal vez. En ese caso, faltaba poco para que todo acabara. Dado que de todos modos esto tenía que acabar violentamente, ¿por qué no darle fin ahora? Aguardó. Pronto lo sabría. Algo se introdujo en su espalda. El dolor fue insoportable. No le importó.