XIV
Antes
Le llevó un tiempo separar los párpados y abrir los ojos. Incluso entonces fue incapaz de ver nada. Todo lo que estaba al alcance de su vista parecía estar situado tras un cristal por el que corría incesantemente la lluvia. No distinguía bordes, sólo sombras que confluían sin transición, y aquí y allá alguna que otra mancha más clara.
Sus pensamientos eran lentos, y avanzaban por su cerebro como lava volcánica.
—Hola.
Una voz ronca, pero inteligible. Se preguntó si habría hablado ella. No estaba segura.
—Hola. ¿Puedes oírme?
Su corazón comenzó a bombear en su pecho cuando recordó a la otra mujer, la que el monstruo había traído antes. Debía de encontrarse en algún lugar cercano, próximo a una pared, justo delante de ella. ¿O era detrás?
Quiso responder que sí, que podía oírla, pero sólo logró articular un graznido que ni siquiera a ella misma le pareció un sonido humano. Cerró los ojos y los volvió a abrir con la esperanza de que desapareciera aquella visión borrosa. Seguía sin poder reconocer nada; parpadeó, una y otra vez, hasta que, de repente, pareció romperse la película que cubría su visión y pudo ver a la mujer que estaba de pie frente a la pared, con los brazos atados y alzados. La cinta aislante colgaba de la comisura de sus labios hacia abajo.
—¿Quién eres? —preguntó aquella voz, que no parecía ronca, sino aterrorizada—. ¿Eres Heike Kleenkamp?
Intentó responder de nuevo, y en esta ocasión logró milagrosamente formar algo así como palabras con su boca; difíciles de distinguir quizá, pero seguro que eran las palabras adecuadas.
—S… Sí.
—Yo soy Nina Hartmann.
No sabía si había oído alguna vez aquel nombre o lo había olvidado, no importaba ahora. Era otra cuestión la que le interesaba.
—¿Ccc… cómo… palda?
La mujer guardó silencio. Durante unos instantes miró fijamente su espalda y después comenzó a llorar.