XL

El mentado Gavilán ha quedado bajo la estricta vigilancia de Macho Viejo y a los pocos días cuál no será su sorpresa al revisarlo y notar que su miembro cicatrizaba bien. Inflamado y muy irritado, pero con circulación y los puntos en su lugar.

—¿Pudo orinar?

—Me ardió pero sí, logré mear, aunque con un poco de sangre…

—Mmmm… Tal parece que prendió, pero aún no cante victoria. De todos modos va a seguir bajo observación. Ahora, con mucho cuidado se va a dar ligerísimos masajes tres veces al día para que mejore la circulación.

En eso quedaron y el paciente sale caminando patiabierto y muy lento hacia el cuarto aledaño.

Macho Viejo lo mantiene todavía en observación un par de días, haciéndole curaciones, hasta que Gavilán le comenta que tiene mucha comezón.

—Comezón, sanazón —contesta Macho Viejo—. A ver descúbrete.

La inflamación y la irritación han cedido. Le cuesta trabajo reconocerlo, pero todo indica que una operación tan complicada como elemental había logrado salvarle el miembro al Gavilán Pollero.

—Ya te puedes ir a tu casa —le dice Macho Viejo—, pero más vale que ya te calmes, si no quieres que te vuelva a suceder lo mismo. Tuviste mucha suerte y esa fue solo una advertencia. La próxima vez quién sabe si vivas para contarlo.

—No tengo dinero, doctorcito. ¿Me aceptaría una ternerita que tengo en la casa como pago?

—¿Y cuánto vale tu ternera?

—Trescientos pesos.

Macho Viejo saca cien pesos y le dice:

—La operación te va a costar doscientos. Ten cien y tráemela cuando puedas aquí a la casa.

—¿Doscientos pesos, doctor? ¿Tan poco vale mi verga?

—Tu vida vale mucho más que eso, pero si sigues en esas andanzas terminará valiendo verga.