XIII
En ocasiones había buscado refugio en alguna nativa que se le ofrecía, como le ocurrió antes de conocer a Rosa, cuando acompañaba al maestro Félix a bañarse al río. La primera vez se encontraron a un grupo de mujeres completamente desnudas, unas bañándose y otras lavando ropa. Él sintió un poco de pudor y quiso retirarse para no importunarlas, pero el maestro Félix lo conminó a quedarse y a meterse juntos al río. Félix se desnudó y se echó al agua como si nada, acercándose a las mujeres que, muy quitadas de la pena, siguieron en lo suyo. Cuando Ricardo vio que a ellas no les importaba la presencia de un par de hombres, ni que las vieran desnudas, se desvistió también y se echó a nadar acercándose a ellas. Las chicas les prestaron sus jícaras y sus jabones; estuvieron departiendo amigablemente y así se empezó a hacer costumbre ir al río a bañarse con las mujeres, unas blancas, otras morenas, con las que empezó a tener primero una amistad y luego amoríos de soltero. Lo más curioso era que hacían el amor en el agua, en lo que él y el maestro Félix llamaban «palos submarinos». Cuando se entendía con alguna, se separaban un poco del grupo, se acercaban a una de las orillas cubiertas de follaje y todavía en el agua y ahí en mitad del río, donde alcanzaban a tocar piso, hacían el amor. A veces la mujer se sentaba a horcajadas colocando las piernas sobre los flancos de él y sus brazos sobre el cuello mientras él la sostenía de las nalgas para que juntos pudieran balancearse con el cuerpo cubierto por el río. Otras veces ella nada más se reclinaba, el agua un poco arriba de la cintura, y él la poseía por detrás mientras ambos sentían al ritmo de su vaivén la tenue corriente del río, todo lo cual le proporcionaba un enorme placer, pero sobre todo un gran alivio. ¡Ay, Macho Viejo, cómo te gustan las hembras! Ahora todavía las admiras, pero eres más cauteloso, pues cuando alguna mujer se te insinúa vas con mucho tiento: quieres sentir placer pero sin levantar ninguna emoción en tu alma, nada que te involucre y mucho menos que te deje algún interés en volver a verla. Es el mar lo que te ayuda a ahogar parte de tus deseos y tu memoria, sobre todo la memoria del corazón.