Ahora 31
Fingir que no te interesa alguien es sumamente complicado, sobre todo si vives con él, ¿cómo se supone que no iba a pensar en él, si se aparecía en todos lados?
Fingí no verlo y di toda mi atención a la pared que estaba pintando. En serio lo intenté, pero mi vista periférica no estaba de mi parte, sin mover la cabeza seguí sus pasos mientras les daba instrucciones a los voluntarios de ese día; El Centro ya estaba listo, solo faltaba una que otra pared en los dormitorios para estar en condiciones. Fue hasta que mis ojos dolieron que me di por vencida, giré un poco mi cuerpo para buscarlo y encontrarlo a dos pasos de mi.
―Hola.
―Hola.
Las manos me empezaron a sudar. Era gracioso volver a sentir el cuerpo de una colegiala; Sudé, sonreí con timidez, ¡uf, un fracaso como devoradora de hombres!
―Me sorprende verte aquí.
― ¿Por qué? Yo también formo parte del Centro ―mojé la brocha de pintura y regresé a la pared. Me gustaba el tono que se estaba usando, era un verde entre periquito y menta, las columnas iban en blanco y todo el mobiliario en color madera natural.
―Bueno, supuse que querrías descansar después de anoche ―aun cuando no lo veía de frente, pude sentir su sonrisa. Era una sonrisa coqueta, presuntuosa, y para ser honesta, bien ganada. Me mojé los labios y dejé mi faceta como pintora para otro día, ladeando la cabeza le sonreí.
―Alguien está muy orgulloso de sí mismo, aunque dejara el trabajo a medio terminar ―dio un paso hacia mí, y por segunda vez en las últimas veinticuatro horas temí no controlar mis impulsos. Quería brincar sobre él e irme a su yugular.
―Te veo cansada, puedo invitarte un vaso de agua… ―su brazo se elevó, pero a medio camino recordó que estábamos en público. Yo también lo recordé. Con un paso atrás me alejé de él.
―No hagas eso.
―Hacer, ¿qué?
―Eso… ―con un agitado dedo señale su cabeza―. Imaginar… tener ideas… lo de anoche, fue solo eso, una noche ―levantó las manos en rendición y también dio un paso atrás.
―Solo quería invitarte un vaso de agua.
―Estoy trabajando ―recalqué levantando la brocha.
―Yo también ―dio otro paso atrás difuminando la sonrisa. ¡Diablos!
―Escucha… ―di los pasos que nos separaban, paré hasta que pude sentir el calor de su cuerpo. ¡Diablos, otra vez! ― No quiero ser grosera. Es solo que… tienes razón, no puedo tener una relación, no quiero... tener ningún tipo de ataduras. No puedo relacionarme con nadie ahora ―cruzó los brazos sobre su pecho, y como si fuera la primera vez, me observó de esa manera tan única que tenía de inspeccionar a las personas. Hurgaba el alma.
―Está bien. Solo te recuerdo que fuiste tú la que inicio lo de anoche. Me aprisionaste, no yo a ti ―las chispas de sus ojos te hipnotizaban―. Y no es que me queje. Estuvo bien. Muy bien… ―su cabeza bajó un poquito, solo un poquito―. No sé tú, pero yo disfrute mucho anoche, aunque dejara el trabajo a medio terminar ―sin darme cuenta me hallaba sonriendo, asintiendo, y deseando estar a solas con él. De mi orgullo maltrecho ya no había señales, entre sus ojos, la sonrisa y el recuerdo, se recuperó.
Salí del trance cuando en vez de besarme, se irguió.
―Pero si ahora crees que eres la luna y las estrellas, estás equivocada. Solo permito que abusen de mí una vez ―lo dijo tan serio, tan ofendido, que te cautivaba. Alan y su hijo extendían una red debajo de mis pies, me querían conquistar―. No eres la antorcha que alumbra la cueva, ni la última Coca―Cola del estadio, si te toco no te vas a elevar, y definitivamente no voy a quedar ciego por esa angelical cara ―ahora fue él el que agitó su dedo sobre mí.
―Pues qué bueno que lo tengas tan seguro ―sí, aunque usted no lo crea, con ese léxico litigaba.
Pasamos el día fingiendo no conocernos, no ser conscientes de los rayos de energía que retumbaban cerca de nuestros cuerpos.
∼∼∼§∼∼∼
―Voy a ser honesta, y solo lo voy a aceptar una vez ―miré a mi alrededor antes de acercarme al oído de Jesse y murmurar―: Tengo miedo.
― ¿A qué? ―Murmuró de regreso. Esto me estaba costando más de lo necesario, no sé por qué sentía tanto miedo de un romance pasajero… Tal vez porque en el fondo deseaba que no fuera pasajero.
―De no ser suficiente.
Jesse suspiró, cerró los ojos… A veces es difícil dar un consejo cuando no estás preparado para darlo. La vida amorosa de un alcohólico puede ser tierra tenebrosa.
―No sé decirte si eres suficiente o no, eso depende de ti misma. Lo que, si puedo decirte, es que el amor más que nada se trata de respeto. Respeto hacia ti, hacia los demás. No hagas nada que tú conciencia grita que no hagas, mientras tú conciencia diga que está bien, está bien.
―Por seguir a mi conciencia es que me metí en problemas, Jesse.
―No ―aseguró con firmeza―. Precisamente te metiste en problemas por no seguir a tú conciencia, muy en el fondo tú sabías que estabas cometiendo un error, pero preferiste escuchar a los demonios de esa cabecita, en vez de escucharte a ti misma. Escúchate, piénsalo, si sientes que es un error iniciar una relación con Alan, no lo hagas. Pero, si tú corazón dice: “¿Qué estás esperando?”. ¡¿Qué estás esperando?! Recuerda que el amor no viene en tren, no puedes tomar el siguiente. Y si es el verdadero, tal vez solo venga por ti una vez.
Los sentimientos no los podemos controlar, el comportamiento... deberíamos.
―Siempre termino con niños malos, Jesse, ¿y si nunca encuentro a uno bueno? ¿Y si convierto a Alan en uno malo?
―Cariño, los niños malos hieren, los buenos son los que te matan. No dudo que Josh te hiriera, pero definitivamente no te mato. Trata con uno bueno, solo para variar.