Ahora 11
Después de aceptar que su hijo hacia lo que quería, y de que yo no le iba a hacer daño al chiquillo, la convivencia en el loft se aligeró. Ya no desaparecía si yo estaba presente, de vez en cuando me regalaba una sonrisa, incluso me ayudó a mover un par de muebles para mi habitación. Ya éramos amigos. O eso creí antes de ver salir a Mary ―la maestra de piano del Centro; Una mujer alta, muy estética de ojos azul turquesa brillantes y pestaña espesa, ¡súper atractiva! Bien podía ser modelo, solo le faltaba un poquito de firmeza, aunque era muy alta, su postura denotaba inseguridad―, de su habitación. No fue una sensación conocida la que me poseyó, no era vergüenza, no era envidia, era algo más visceral, más intenso.
No lo podía entender, sabía que él tenía todo el derecho de dormir con quien quisiera, y de todos modos nació en mi una necesidad primaria de golpear, de destruir algo.
―Oh, cariño, eso que sentiste, es el horrible y abominable monstruo verde de los celos.
No pude evitar reír de la conclusión de Nic.
― ¡Estás loca! ¿Por qué estaría celosa?
―No sé, Chris, tú dime.
Le di vueltas, muchas vueltas, y no llegué a ningún lado.
Pasé uno de los peores días de mi vida, y ni siquiera se trataba de la bebida, no tenía antojo, no tenía ansias por un trago, lo que tenía, era un pequeño enamoramiento por un hombre que no me soportaba. La noche no fue mejor, di vueltas y vueltas tratando de alejar la sonrisa, los ojos dorados, el musculoso cuerpo de mi mente. No lo logré.
Salí rumbo al baño medio dormida, necesitaba una buena ducha fría. La cabeza me estallaba un poco, una noche en vela nunca es buena, sobre todo si la pasas peleando con la bestia de la lujuria. Ya me lo habían advertido en El Rancho, los adictos a veces tienden a cambiar una adicción por otra. Y parecía que mi nueva droga se llamaba: Alan.
Mi pijama no era gran cosa, un short y playera de tirantes con la leyenda: “Keep Calm. I’m An Alcoholic”, un regalo muy apropiado de Nastia cuando salí del hospital. Cubría lo suficiente y me mantenía con los pies en la tierra. Desafortunadamente, Alan insistía en hacerme volar, lo vi salir del baño con paso firme, quise evitar cualquier tipo de enfrentamiento con él ―imaginarlo revolcándose con Mary era suficiente para mi―, y usé mi mejor arma, bajar la mirada y centrarme en poner un pie enfrente del otro. Eso no evito que lo viera acercarse a mi con esa figura alta y firme, y solo una toalla rodeando su cintura.
―Hoy tenemos compañía, Chris ―levanté mi pulgar en señal de reconocimiento. Muy bien, hoy teníamos compañía… Otra vez.
Mi bata colgaba de mi brazo descuidada, era una de esas mañanas que no quieres despertar, pero tampoco puedes dormir. Ya lo había pasado cuando su mano en mi brazo me detuvo.
―Christine…
¡Oh, diablos, su voz!
―Mmm…
Mirándome a los ojos, directamente a los ojos como nunca nadie me veía, fue deslizando mi bata retirándola de mi brazo. Me observó a cada instante, cada segundo que fue deslizando uno de mis brazos por una de las mangas, después hizo lo mismo con la otra, en el momento que apretaba el nudo para cubrir mi cuerpo por completo, tuve que bajar la mirada. Si la sostenía un poco más… no sabía que podía pasar.
Llegando al baño desperté del momento más íntimo de mi vida; no hubo besos, no hubo caricias, ni siquiera hubo palabras, pero hizo que el mundano acto de vestirme fuera terriblemente personal. Ese hombre me confundía, me volvía más loca de lo que ya estaba.
Inconscientemente empecé a hacer cosas que sabía le iban a gustar como elogiar su ropa, su corte de cabello, no fue algo premeditado, simplemente las palabras salían de mi boca antes de que las pudiera detener. Eran conscientes, porque sabía que funcionaban, para mi hermano tenía más fuerza que elogiaras su ropa, a que elogiaras su trabajo. Cosas raras de los hombres. Alan tomaba bien mis intentos de coqueteo, sonreía, nunca con disgusto, pero nunca dio pie a nada. Simplemente se alejaba. Cosa que le agradecí profundamente, él tenía mucha experiencia tratando con adictos, sabía las tretas, los insanos pensamientos que a veces se tenían, y lidiaba con ellos. Además de que, obviamente, tenía muchas opciones como para fijarse en alguien como yo.