Capítulo 18: Revelaciones

 
 

— ¿Te sientes bien?—Indagó Daniel incorporándose con el rostro lleno de preocupación al ver a su esposa tan demacrada, tan agotada que pensó que lo mejor sería hablar mañana. No obstante Chicago se sentó a su lado, con una mirada casi suplicante le indicó que la imitara.

 

—La verdad no. —Se recostó en el respaldar del sofá como si el peso del mundo cayera en sus hombros. Y de alguna manera así era. Estar tan enredada, con una maraña de pensamientos confusos no era fácil para ella. Después de la confesión de Jasón, había quedado demasiado trastornada y enternecida como para fingir que las cosas estaban de maravilla. Suspiró para calmarse y dar paso al siguiente round.

 

—Si quieres…

 

—No, nada de descansar—refutó mirándolo fijamente—. ¿De qué quieres conversar?

 

Se pasó las manos por el cabello, la verdad es que no tenía idea de que sacar a colación primero; si su comportamiento con Jasón, la aparición repentina de Bianca, o el hecho de que escondía algo que no tenía nada que ver con los anteriores.

 

— ¿Qué pasa con Bianca?—Decidió comenzar por ese lado—. Te comportaste extraña cuando los viste, cuando la viste para ser más claro. Quiero saber porque esa reacción

 

—Porque es una irresponsable que no hace sino causar problemas. Además como querías que no me sorprendiera cuando la vi con Jasón. No sabía que tenían algo. —Desvió su mirada a otra dirección para no llorar. Le había creído a Jasón, solo que recordarlo aun la afectaba, la molestaba, la jodia tanto que quería salir y cortarle la cabeza a su hermana.

 

— ¿Te molesta que este con Jasón?—Inquirió directo, esta vez quería la verdad. Le tomó la barbilla para no perderse nada en su expresión. Cualquier cosa sería algo delatador y quería acabar con la incertidumbre de una buena vez.

 

—No. —Al decirlo sus labios temblaron, no pasó desapercibido para su esposo. Era un ligero tic, pero al estar tan cerca para él ese detalle lo percibió en su totalidad.

 

—Mientes—afirmó agarrándola más fuerte de la barbilla. No quería lastimarla, ni siquiera la dañaría físicamente si dijera la verdad. Solo quería un poco de sinceridad para no sentirse desplazado. Que esa bruma extraña que habitaba entre ellos desapareciera de una buena vez.

 

—No lo hago—siguió con lo mismo, esta vez sus ojos titubearon. Ya no lo podía negar, le afectaba tanto que sus ojos estaban a punto de desbordar un torrente de lágrimas. Se las tragó a las malas para que su esposo no se ofendiera al entender que su llanto era por lo que sucedió en la mañana.

 

—¡¡ Si lo haces!!—Se levantó agarrándose el pelo con fuerza, apretó la mandíbula y caminó de un lado a otro como si fuera un animal enjaulado. Chicago se incorporó y lo tomó de los hombros para detener el paseo de su esposo, pero él se apartó disgustado porque Chicago no era capaz de poner las cosas en su lugar. De alguna manera podía entender que quería proteger su matrimonio. No obstante, las cosas estaban tomando tonalidades que los afectaban. Si querían salvar algo, lo mejor era hablar de frente.

 

— ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué quieres escuchar?—Suplicó llorando por la reacción de su esposo, por lo mal que lo encontraba, porque si hablaban de lo indecible entonces el punto de retorno se perdería.

 

— ¡La verdad, Chicago! ¡Te pido sinceridad, por favor! Sé que te enojaste cuando los viste esta mañana—dijo compungido al recordarlo—. A mí también me sorprendió que tu hermana se apareciera, no sabía que ellos tenían algo. Pero lo que me queda claro es que lo que te impactó fue el hecho de que Jasón estuviera con ella, se perfectamente que eso fue. ¡No me lo niegues porque lo que más me molesta es que me veas como un idiota!

 

El silencio se hizo presente. Esa era la verdad innegable, palpable, evidente para cualquier persona. Negarlo no servía de nada, las cosas estaba saliendo a la luz. Tarde o temprano aquello que queremos ocultar siempre busca la forma de escapar. Solo que al hacerlo el impacto es tal que daña lo que toca, en este caso el hecho de que la bruma que habitaba entre ellos se difuminaba, dando paso a lo que dolía: la verdad.

 

—Esto es mi culpa. —Daniel se sentó derrotado, aplastado por admitir que la situación se les salió de control y que aceptarlo era admitir la carga de todo—. Yo lo traje a nuestra intimidad, permití que te tocara, te presioné y no te di salidas. Fui un tonto. ¡Te vendí en bandeja de plata!—Gritó metiendo la cabeza entre sus brazos, apretando su cabello con fuerza. Chicago se agachó y tocó sus manos, las acarició para brindarle algo de sosiego a sus pensamientos atormentados. Aunque ella estaba mucho peor, estaba en un dilema demasiado complejo como para tomar una decisión a la ligera. Le tomó la barbilla para que la mirara a los ojos y no se avergonzara. Estaba llorando al igual que ella, lamentándose un hecho que lo mataba: su esposa tenía sentimientos por Jasón.

 

—Es mi culpa por no luchar más. Cedi porque fui una tonta. —Acercó su rostro al de él, colocando su frente junto a la de Daniel. Sus respiraciones se mezclaron, al igual que sus alientos. Ambos estaban tan extenuados, tan débiles por un día de mierda. Se dejaron llevar un poco más por los sollozos, compartiendo la desazón de tener un destino tan desafortunado—. No quiero que pienses que cosas que no son. Yo te quiero a ti, ¿entiendes?—Afirmó sin duda, Daniel notó que decía la verdad. Su rostro al decirlo parecía de piedra, pero con todas las emociones que enmarcaba su confesión.

 

— ¿Sabías que en los exámenes no me fueron tan bien?—Comenzó a decir limpiándose el rostro—Mis nervios están casi inservibles, a pesar del antibiótico para el dolor, mis terminaciones están en un estado deplorable. El trasplante se demorará más de lo que pensamos. Además de eso existen otros participantes en el procedimiento, con más probabilidades de éxito que yo—dijo, cerrando los ojos ante la derrota—. Yo sé que algo pasa con Jasón, lo veo en tu mirada, en tu forma de actuar cuando lo menciono. —La estaba preparando para lo que iba a decir: —. Quiero lo mejor para ti… por eso te dejaré ir, para que estés con quien te pueda dar todo de lo que yo carezco. Te dé hijos, estabilidad, fortaleza. Todo aquello que no pude darte.

 

     Incrédula y herida por lo que insinuaba, se apartó como si tocarlo quemara. Se puso de pie con la mirada velada por la rabia que comenzaba a brotar.

 

— ¡¿De esto se trata todo?!—Gritó manoteando, alejándose como si hablara con un desconocido—, ¿tan rápido te rindes, después de todo lo que hemos pasado?—Dijo con tanto resentimiento que a Daniel le ardió el pecho. Todo lo que habían hecho solo para que el tirara la toalla porque un examen no era tan alentador. Alzó la vista para decir algo pero Chicago no lo dejo hablar—. ¿Para qué terminar la propuesta? ¿Para dejarme tirada cuando más te necesito?—Reclamó entre lágrimas.

 

—Debes entender…

 

—¡¡ No quiero entender ni mierda!!—Se secó las lágrimas rápidamente. Tomó todo el autocontrol que le quedaba y lo enfrentó por última vez—. He hecho muchas cosas por ti. Te he cuidado, me acosté con otro mientras tú veías como un depravado, te he amado desde que te vi. Para ti esas cosas no significan nada, ¿verdad?—Daniel abrió la boca pero Chicago levantó la mano para callarlo—. He sacrificado mi dignidad porque quise seguirte el juego como si tuviera un retraso mental. Tú simplemente te lamentas y no luchas, no te esfuerzas por mí. No es el único médico que existe, hay alternativas. Solo debemos buscar bien. —Se encogió de hombros, luego cerró los ojos para abrirlos con determinación. Esta vez para terminar la conversación—. Jasón fue a verme, ¿y sabes que me dijo?—Daniel la observó expectante, ella, como si fuera una cucaracha—. Que me amaba, ¿y sabes que le dije?

 

Hubo una pausa, Daniel estaba procesando la información, Chicago simple y sencillamente estaba esperando a que lo asimilara, porque aún seguía impactada por las palabras tan sinceras, dulces y tormentosas que uso para declararse. El recuerdo de ese momento la hizo estremecer y derramar un par de lágrimas más.

 

—No—contestó secamente.

 

—Le dije que no podía porque te amaba, pero al parecer eso no es suficiente para ninguno de los dos, ya no. —Entró a su habitación, dejándolo con un terrible escozor en el pecho. En ese momento quería entrar y consolarla, decirle lo arrepentido que estaba. Pero fue demasiado duro, cobarde. No tuvo en cuenta la opinión de Chicago, algo que le indignaba. Se sentía como si la regalara a cualquiera. Se estaba arriesgando a perderla, y así seria, porque ella no seguiría soportando sus lamentaciones sino enfrentaba la realidad. Ella dijo que no podía amarlo, más no que no quería. Aquella realidad lo golpeó, dejándolo fuera de base. A lo mejor ella quería amarlo, pero no quería lastimar a nadie en el proceso. O peor aún… se estaba enamorando de él. Al darse cuenta que de alguna manera él tuvo que ver con eso, el dolor de su pecho se acrecentó de tal manera que le costaba respirar. Se levantó para pedir disculpas desesperadamente, perderla era lo peor que morir. Al entrar vio que su esposa dormía dándole la espalda, su corazón se quebró en pequeños pedazos que comenzaron a sangrar, a enterrarse en su caja torácica hasta quitarle de a poco la vida. De alguna manera su posición indicaba que no quería saber nada de él, tal vez nunca más.

 

 
 

Al día siguiente ninguno habló en toda la mañana, Chicago lo ignoraba como si fuera un adorno más del lugar. Preparó el desayuno para ambos y se lo dejó encima de mesa. Daniel le sonrió en agradecimiento, pero ella lo miró como si quisiera que desapareciera. Después de pasar esos momentos tan dulces, ahora le tocaba vivir los amargos.

 

Intentó articular algo, lo que saliera de sus labios, sin embargo su garganta estaba sellada. No encontraba las palabras adecuadas para obtener su perdón. Siempre fue demasiado temeroso, y más cuando su esposa parecía explotar cada vez que cruzada su mirada indiferente con él.

 

Chicago estaba saliendo cuando Daniel logró decir algo:

 

—Que te vaya bien hoy, mi amor. —Al pronunciar las últimas palabras, Chicago volteó a verlo como furia contenida, como si quisiera saltarle al cuello y rompérselo.

 

— ¿Soy tu amor hoy?—Inquirió cínica— Pensé que no era nada tuyo, ya que querías que me largara de tu vida porque te cansaste de mí. ¿No era eso lo que me dijiste ayer?—Punzó con tirria.

 

—Las cosas no son así. —Chicago quería interrumpirlo pero él se le adelantó tomándola de la cintura y acercándola a su cuerpo. En ese momento, en ese instante, parte de su molestia se fue. En los brazos de su esposo sentía la paz que él quería ahuyentar con sus pretensiones. Quiso apartarlo porque estaba ofendida por lo dicho anoche, no obstante Daniel parecía reacio a soltarla. Apretó sus dedos en sus brazos, atrayéndola a su cuerpo sin lastimarla—. Anoche estaba mal porque las cosas no fueron como yo quería. Deseaba darte la mejor de las noticias, pero… me aterré cuando las opciones se cerraron. Sé que han pasado cosas feas entre nosotros y sé que cometí errores. Pero lo que me aterra de verdad…—La miró intensamente, ella se perdió en sus ojos negros, en lo divino que hallaba en la oscuridad de estos. Pudo encontrar ese brillo de hace unos días, aquel… que la dejaba boba, que le quitaba todo y le daba más de lo que buscaba. Sin quererlo, sonrió tímidamente al ver que su caballero relucía nuevamente, con ella entre sus brazos—, es perderte Chiqui. Perdóname… por favor. Últimamente he estado irascible contigo, me has apoyado desde que te conocí. Te he amado desde que mis ojos se posaron en tu silueta tan inocente. —Rozó su nariz por su rostro, dibujando sus facciones tan definidas, tan puras para cualquier persona que la viera. Sus corazones se aceleraron, sus cuerpos reaccionaron, sus mentes se conectaron para perderse el uno en el otro—. No quiero lastimarte, no quiero que pienses que te quiero desechar. Me mata saber qué crees eso. Te amo tanto… mi linda Chicago.

 

Temblaron, se sacudieron por el contacto. Siempre después de una discusión venia una buena reconciliación. Sin embargo, Chicago tenía muchas cosas en su mente. El momento del perdón no era en ese instante. Lo observó una vez más y respondió:

 

—Debes pensar… debemos hacerlo. Yo… en este momento me debato entre cortarte el cuello o besarte. Y prefiero no hacer ninguna de las dos cosas. —Se apartó dolorosamente de su esposo, respirando agitadamente—. Necesito… quiero que nos replanteemos que estamos haciendo juntos. Que es lo que queremos el uno del otro en realidad, antes de que esto realmente explote.

 

Sin esperar la réplica lo dejó pasmado. Tenía toda la razón, no podían seguir bien y a los dos minutos pelear. Su relación se estaba yendo por el barranco y si no definían las cosas de una buena vez, entonces tendrían que decirse adiós para siempre. Y eso no estaba dentro de las opciones de Daniel.

 

*****

 

— ¿Cómo va nuestra próxima entrega?—En la mesa se encontraba un pequeño papel desdoblado, con un polvo blanco. Joshua estaba probando un poco de aquello, lo suficiente para comprobar su calidad. Asintió en aprobación, sonriendo porque estaba haciendo mucho dinero, recuperando lo que perdió hace un par de años. De a poco iba construyendo su propio negocio, con cautela pero determinado a ser grande.

 

—Genial—respondió la chica de cabello azul. Se encontraban en el canal. Bianca lo observaba con deseo. Nunca tuvo la oportunidad de probar las habilidades sexuales de Joshua. Él jamás le había puesto un dedo encima, y seguiría de esa forma porque los negocios y el placer no iban bien juntos.

 

—Sabes que si me fallas esta vez, te cortaré el cuello—aseveró rodeando la mesa, colocándose en el borde para mirarla fijamente, constatando su amenaza.

 

—No te he fallado… de nuevo—se corrigió—. Cuando estuvieron a punto de capturarme, hui. Los que fueron apresados están…

 

—Muertos. —Terminó por ella—. Nadie me traiciona y vive para contarlo. Me ha costado mucho trabajo reponerme después de que perdí tanto dinero por tu maldita culpa—le recriminó—. No fue suficiente que te salvara la vida, sino que te encargo algo tan sencillo como guardar mi dinero y se desaparece.

 

—Si insinúas que lo robé, no es así—afirmó segura de sus palabras. En efecto, ella no le robo tal cantidad, simplemente se evaporó. Si ella lo tenía en su propiedad estaría soportando las humillaciones de Joshua—. Además, te pagué el dinero con algo a lo que le sacaste muy buen provecho.

 

—Es verdad—dijo pensativo—. La virginidad de tu hermana compensó mucho. Más de lo que pude imaginar—suspiró ante el recuerdo—. La quiero solo para mí—manifestó apretando los puños.

 

— ¿Pero que tiene ella que todos quieren tener un pedazo?—Comentó amargamente, con la envidia a flor de piel—. Fuiste el primero, te la ofrecí para que nuestra deuda quedara saldada. No sé porque demonios sigues obsesionado con ella. ¿Acaso no trabaja aquí? ¿No la tienes aquí todo el día de rodillas contigo detrás embistiéndola como un semental?—Insinuó imaginándoselo con ella, manoseándola, haciéndoselo como si quisiera atravesarla. Ronroneó ante la idea.

 

—Es diferente, siempre lo fue. —Su mente se remontó al pasado que tuvieron juntos. Como lo evitó, como terminaron las cosas. Apretó las manos, formando un puño, frustrado por tenerla cerca y no poder acercarse—. Está casada—reveló a punto de reventar.

 

— ¿Y eso que?—Bianca se encogió de hombros—No creo que eso te detenga, ¿o sí?

 

— ¡Por supuesto que no!—Proclamó irritado—Mi padre. Esta molestándome con querer alejarla de mí. Además, no pensé que su maridito fuera una molestia tan insistente.

 

— ¡¿El cari bonito?!—No pudo evitar reírse como loca, Daniel no le haría daño a nadie. Parecía más el tipo de hombre manso que no mataría, solo de aburrimiento.

 

—El muy imbécil me golpeó cuando intenté… acercarme más de la cuenta a tu hermana. Estaba tan cerca de hacerla mía nuevamente, para que recordara quien la hizo mujer. Pero llego el maldito de Jasón Willows a joderme. Tengo que admitir que me dio una paliza, aun así le grité que fui yo quien la tuvo primero—sonrió satisfecho ante el recuerdo de la cara de Jasón cuando las palabras salieron de su boca. Estaba pálido y confundido. La mejor imagen de su vida.

 

— ¿De qué estás hablando? ¿De qué Jasón estamos hablando?—Preguntó con las manos sudadas. Tenía que ser una horrible coincidencia que fuera el mismo, en el mundo existían millones de homónimos. Eso debía ser, un homónimo.

 

—Un tipo alto, oji verde, que se cree lo mejor el muy imbécil. Fue a mi fiesta en la cabaña, donde me vendiste a tu hermana—saboreó lo último que dijo, rememorando cada momento sucio como algo glorioso y casi celestial.

 

—No… pero

 

— ¿Pero qué?

 

—Es… que… no. —Sacudió la cabeza y comenzó a caminar de un lado a otro. La descripción coincidía, al menos casi por completo. Sin embargo el detalle de la cabaña… era demasiado. Definitivamente no podía dudar al respecto, era el mismo Jasón con quien dormía ocasionalmente—. ¡Ese no es el esposo de la idiota de mi hermana!

 

— ¿Cómo qué no? Él mismo se presentó como su esposo. Una vez los agarré por sorpresa besándose. ¿Cómo no podía ser su esposo?

 

—No lo es, ¡no lo es!—Ratificó firmemente—Te puedo garantizar que él no es el  esposo de Chicago. Su esposo parece un maldito pájaro de la paz—se burló oscuramente—. Su esposo se llama Daniel Sanders, es un tipo agradable a la vista, pero se nota que le falta carácter. No sé a qué demonios está jugando mi hermana, pero lo que sea que esté haciendo te puedo asegurar a tal punto de cortarme una mano de que Willows no es su jodido esposo.

 

Se quedó una pieza al escuchar las afirmaciones de Bianca. Ella podía ser una arpía, pero cuando estaba frente a él siempre le hablaba con la verdad. Debía hacerlo porque a Joshua no se le escapaba una, al menos con ella. Bianca era su mano derecha, su testaferro, en ella recaía mucho poder. No obstante ella temía de su reacción, sabía lo visceral que era y no se detendría si alguna vez lo traicionaba.

 

En ese momento, una idea siniestra se manifestó en la mente del rubio, algo tan peligroso, casi tétrico. Tendría que esperar el momento correcto, pero sin lugar a dudas sacaría sus armas y atacaría sin ser esperado.

 

—Vamos a saber a ciencia cierta a que juega tu hermana. —Sacó una moneda y jugó con ella entre sus dedos

 

— ¿En qué estás pensando?

 

—No te importa. Limítate a tu trabajo. Lleva el cargamento y asegúrate que todo salga bien, ya sabes que debes hacer con la paga. —Lanzó la moneda y la guardó con una sonrisa secreta y calculadora—. Vamos a ver qué punto atacar—susurró para sí mismo, acariciando la idea que se formaba en su mente como si fuera un gatito ronroneando en su regazo—. Lárgate, la otra vez Chicago nos vio hablando, no escuchó nada pero no me quiero arriesgar.

 

Bianca se acercó para darle un beso, pero Joshua se alejó como si tuviera un brote en los labios. Hizo un gesto de asco y la empujó, sacándola del canal antes de seguir levantando más sospechas de su presencia. Ella desentonaba con el lugar, por lo que no podía permanecer ahí sin que algún perro sabueso de su padre lo sospechara. Aun no sabía quién lo vigilaba, cosa que lo irritaba. No veía nada sospechoso. Rebuscó en cada rincón en busca de una maldita cámara y no encontró nada. Si su papá estaba jugando con su cabeza, lo estaba enloquecerlo.

 

Chicago llegó una hora después. Entró a la sala de juntas porque fueron convocados para dar la información sobre el concurso de Miss Internacional, seguramente se darían los detalles sobre dicho evento. Cuando todos entraron, el mensajero llegó con una canasta.

 

—Perdón. —Todos voltearon a verlo—. Esto es para la señorita Adams.

 

Chicago, extrañada se acercó al muchacho. Frunció el ceño recibiendo la canasta. Era algo pesada, pero no reveló su contenido en el momento, prefirió hacerlo a solas. La recibió, dándole las gracias al chico y se ubicó en su lugar.

 

Joshua entró, al ver la canasta que apretaba Chicago cerca de ella le pareció extraño. De hecho, le pareció fuera de lugar que una cosa tan ordinaria estuviera en un precinto tan pulcro como lo era la sala en la que se encontraban. En sus manos traía unos papeles, en ellos estaban los detalles tan esperados del evento.

 

—Buen día para todos. —Los presentes asintieron. Joshua se sentó mirándolos a todos, cuando posó su mirada en Chicago, ella sintió unos escalofríos espeluznantes, como si hubiese algo particular en la forma en la que la observaba. Como si supiera algo que le revelara algún misterio sobre ella. El rubio sonrió en secreto y luego continuó con la reunión—. Me llegaron los datos finales, el evento se realizara en Barbados. —Todos sonrieron felices por la noticia. Eso sería igual a playa, brisa, relax total—. Sin embargo, no iremos todos. —Inmediatamente alargaron sus caras, casi haciendo pucheros. Se perderían del sol, la brisa y todo lo que soñaron despiertos—. Solo los involucraros, que son: la sección de farándula y mi persona. —En ese momento Chicago palideció. Quiso que la tierra se abriera y se la tragara, que le arrancaran la piel. Viajar con él representaba un peligro latente para la poca tranquilidad que tenía. Mantenerlo alejado sería una tarea titánica. Seguramente no dormiría tranquila con el terror de que encontrara la forma de escabullirse en su habitación.

 

— ¿Cuántos días serán?—Logró preguntar con los nervios de punta. El solo hecho de imaginárselo acechándola, persiguiéndola, molestándola a tal punto de obtener lo que se proponía… No, eso no podía pasar. Debía, tenía que existir algo para que ella no viajara.

 

—Cuatro días, eso porque nos perdimos los preliminares. No importa, llegaremos a lo importante.

 

— ¿Es necesario que viaje?—Era la pregunta más estúpida del mundo, no obstante quiso saber para visualizar su panorama.

 

—Por supuesto que es necesaria tu presencia—contestó con una sonrisa triunfal, saboreando el momento para tenerla sola, bajo su cuerpo, gritando por él mientras se enterraba con dureza en su cuerpo. Ya podía escuchar sus gemidos, sus cuerpos sudorosos, la forma en la que la marcaria, porque la marcaria como si fuera ganado. ¡Oh sí! Ella estaría a su merced—. Eres la nueva cara de la sección. Ya que entrevistaste a una estrella de la televisión, todos demandaran que cubras el evento.

 

— ¿Con cuantas personas viajaremos?—Deseaba saber quiénes estarían con ella, así podría escudarse de cualquiera, apoyarse en alguno para que la protegiera, por lo menos hasta que el evento terminara.

 

—Iremos varios, maquillistas, camarógrafos, tú y yo. Debo supervisar que todo esté en orden en este evento que representa una apuesta importante para nuestro crecimiento.

 

Suspiró aliviada, al menos no viajarían ellos dos solos. Aunque él podría muy bien arreglar eso, no se lo permitiría. Lucharía para protegerse, de ninguna manera ese bastardo lunático la dañaría.

 

Todos salieron de la reunión después de acordar un par de cosas. Michelle se pegó al brazo de Joshua, él intento zafarse para alcanzar a Chicago. No obstante la chica parecía sacar fuerza sobrenatural y no lo soltaría hasta que le quitara la calentura. Al parecer le gustaba el trato que le daba Joshua, quería más de eso, se había vuelto una droga para ella. Sin embargo, Michelle no representaba nada para él, era una más de la que ya se estaba aburriendo. No aportaba nada a su vida, ningún reto, ningún interés. La estaba encontrando insulsa al acostarse con ella. Chicago representaba ese reto que tanto le gustaba, hacia su vida más interesante. Y aún más el saber de su pequeño secreto. Lo sabría usar, pensaba en chantajearla con esa información. El triunfo estaba cerca.

 

Chicago ingresó a la sala de maquillaje, debía estar lista pronto. Sin embargo decidió esperar un poco. Llevaba la canasta en su mano, imaginándose el contenido. Sin esperar, abrió la manta y el aroma delicioso la golpeó. En ella se encontraban unas fresas con chocolates. Se veían apetitosas, separadas en una bolsa transparente para que se viera más estético. Encontró una nota al revisar la canasta. Sus manos temblaron ante la anticipación de encontrarse con algo escabroso, o algún tipo de nota extraña de parte de Joshua.

 

Sin seguir delirando al respecto, abrió la nota y leyó atentamente, era un mensaje corto pero que significaba mucho para ella:

 

Unas cuantas fresas para compensar las flores. Espero que no las destroces ;). Deseo que las disfrutes tanto como lo hice al obsequiártelas. Que al probarlas sepas la sensación que despiertas en mi cuando tuve la oportunidad de probarte”

 

Jasón

 

Con un par de lágrimas deslizándose por sus mejillas, y una sonrisa por su ocurrencia. Se comió unas cuantas, disfrutando tanto de las palabras de la nota como del sabor tan decadente de las fresas achocolatadas. Lloró en silencio mientras devoró casi la mitad del contenido. En ese momento deseo viajar, alejarse de tanto tormento, olvidar, recordar, dejar de sentirse tan confundida, tan desorientada en lo que debería sentir. La situación en su interior era un infierno y no veía la salida. Al menos si estaba unos días fuera, podría aclarar su mente, así tuviera que lidiar con el patán de Joshua, eso era mínimo cuando pensaba en Daniel y Jasón. Ambos, su dualidad, su cielo y su infierno. Uno, porque era paz, sosiego, ternura; y el otro porque la turbaba de una forma placentera, pecaminosa. Tenerlos a ambos en su vida se estaba volviendo algo complicado de manejar, de soportar. Se estaba volviendo invivible para ella. Por lo que por ahora Barbados parecía un buen destino para perderse.

 
La propuesta
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