Capítulo 17: Declaraciones y verdades.
— ¿Qué demonios estás haciendo con mi hermana?—Soltó Chicago, entrando con taconazos estruendosos a la oficina de Joshua, este la miró como si tuviera viruela y se hizo el desentendido. Tomó unos papeles y fingió revisarlos. Chicago se quedó de pie con los brazos cruzados esperando a que hablara, no se iría hasta encontrar una respuesta de su parte.
— ¿De qué hermana hablas? ¿Tienes hermanas? ¿Son igual de deliciosas que tú?—Dejó los papeles con una sonrisa perversa, sentándose en su silla. Colocó las piernas en la mesa y llevó sus manos tras su cabeza.
—No te hagas el que no sabes—le recriminó quedándose en el otro extremo de la mesa—. ¿Qué demonios estás haciendo con mi hermana?—Repitió la pregunta con firmeza.
—No sé de qué me hablas—comentó calmado—. No conozco a nadie de tu familia, así que no entiendo a qué viene tanto reclamo absurdo—se encogió de hombros, mantenía esa sonrisa macabra que ocultaba algo.
—¡¡Eres desesperante!!—Chilló la castaña con ira—Te vi hablando con la mujer de cabello azul. Ella es mi hermana, ¿porque estas con ella?—Dijo con la respiración entrecortada
— ¡Vaya, vaya!—Se levantó de la silla acercándose a Chicago, ella se retiró asustada por lo que pudiera hacer. Aunque últimamente parecía olvidarse de ella, no se podía confiar cuando había algo amenazante en el brillo de sus ojos—. No sabía que tenía una hermana tan… peculiar—la reparó de arriba abajo, deleitándose una vez más con la figura angelical, sensual, delicada que poseía Chicago. Su erección se alzó como un poste. La saboreaba y ella lo sabía, por lo que se alejó otro poco—. La verdad es que no encuentro el parecido. Tu eres hermosa, una mujer provocativa, aunque no lo notes. Eres inteligente, te adaptas fácil. Elegante, versátil, y me pones duro cada vez que te veo. En cambio tu hermana—se acercó dos pasos, Chicago retrocedió tres—, es… singular—concluyó con sorna.
— ¿Tu… eres su pareja o algo así?—Indagó horrorizada porque su hermana corriera peligro con él.
—No es mi tipo—reveló sereno—. ¿Por qué? ¿Te dan celos imaginarlo?—Se acercó acorralando a Chicago, ella se agito, intentando no temblar ni demostrarle lo aterrada que estaba por tenerlo casi encima.
—De ninguna manera—expresó mirándolo fijamente—. Es mi hermana y me preocupo por ella, es todo. No quisiera que le hicieras nada malo—añadió como una fiera dispuesta a destajarlo si le ponía un dedo encima. Bianca no era precisamente una santa, pero ella como hermana mayor debía protegerla aunque no lo mereciera, y más cuando aún conservaba la imagen fresca de Jasón y ella juntos. Le hervía la sangre de imaginarlos tan pegados el uno del otro. Y lo peor es que como un pusilánime se lo ocultó para poder gozar de los dos cuerpos.
—Como se nota que no la conoces—se rió ladeado la cabeza soberbio—. Si tanto quieres saber qué hace conmigo, ¿qué me darás a cambio?
—Nada—zanjó—. Es mi hermana y todo lo que tenga que ver con ella me compete. Es mi derecho y tú no puedes negociar conmigo.
—Yo puedo negociar lo que me dé la regalada gana, chiquita—aseguró a centímetros de su cuerpo—. A cambio de lo que sé de tu hermanita, tú me harás algo con tu boca. ¿Qué te parece?
—Me parece que te hace falta cordura, imbécil. —Lo empujó, apartándolo unos pasos. Ella se acercó a la puerta, sintiéndose segura ahí en caso de tener que salir corriendo.
—No es cordura lo que me falta—dijo con voz estrangulada por la lujuria que poseían sus ojos—. Estoy hambriento de ti. No creas que te he olvidado—aseveró llevándose la mano a la entrepierna, frotándoselo con descaro delante de Chicago—. Es solo… que me gusta esperar para lo mejor—la señaló—. Tu hermana y yo trabajamos juntos—aclaró mientras seguía frotándose la entrepierna por encima de la tela, fantaseando con Chicago mientras ella lo miraba a la cara pálida. Abrió la puerta para huir despavorida, pero Joshua bramó: — ¡Te quedas donde estas! Aun no acabo—ronroneó mientras su mano cobraba vida por su sola, estrujando su propio miembro sin control.
—Ya me has dicho lo que quería saber. No me quedaré a ver este espectáculo tan enfermo que tienes. —Sin hacerle caso salió a la sala de juntas, donde darían los resultados de la entrevista con Chis Evans.
Chicago se reunió con los nervios de punta con sus demás colegas, a excepción de Michelle, quien seguramente estaba con Joshua, saciándolo para calmar a la bestia. Minutos después aparecieron, ella arreglándose la maraña de cabello y limpiándose la boca, Joshua sentándose en la cabecera de la mesa, como el rey que se creía. Estaba impecable, de hecho lucia bastante tranquilo, Michelle logró el objetivo, al menos momentáneamente.
—Como todos vieron. —Joshua comenzó a hablar, clavando su mirada en Chicago—, la señorita Adams ha logrado el rating más alto en la historia de este canal con la entrevista al Capitán América. Estrellas como esas seguirán llegando a nuestras puertas— garantizó sin quitarle la mirada a Chicago—. Por lo cual debemos seguir trabajando más duro, imitar el trabajo tan impecable de la señorita Adams. Un aplauso para ella por favor. —Todos hicieron lo que ordenó Joshua, excepto Michelle, quien gruño envidiosa del triunfo de Chicago, la odiaba por tener las atenciones de Joshua, y lo que más deseaba era verla destruida—. Esto da paso a otro evento muy importante para todos. —Joshua se incorporó, alargando el suspenso del momento—. Habrá un concurso muy importante, aún no han confirmado el lugar pero seguramente lo harán mañana. Por lo que algunos tendrán que prepararse porque seguramente no será en el país.
— ¿Cuál es el concurso?—Preguntó uno de los presentadores
—Es el concurso Miss Internacional. Como saben, aunque no es como Miss Universo también es importante. Por eso nosotros como canal en crecimiento debemos hacer cubrimiento. Estaremos con otros canales más grandes, aprenderemos a mezclarnos en estos eventos y nos daremos a conocer mejor. —Hablaron de un par de cosas más. Al parecer el concurso no sería en el país, cosa que preocupó a Chicago. Si tenía que cubrir el evento por ser la presentadora, Daniel se quedaría solo y no podría cuidarlo. Además estaba aterrada con la idea de viajar con Joshua. Esa sería su oportunidad para atacar y temía que le hiciera daño.
En el transcurso del día no hizo sino recibir elogios y hasta regalos. Por ella, el canal estaba siendo tomado en cuenta y creciendo. Entrevistar personajes tan influyentes denotaba cual profesionales eran. Aun así ella estaba pensativa, cabizbaja, la aparición de su hermana la estaba atormentando. Verla debería ser un motivo de alegría, pero cuando los descubrió… quería enterrarles un cuchillo a ambos por mentirosos. Lo peor es que no debía sentirse así, no tenía ningún derecho porque Jasón no era nada de ella, no le pertenecía, aunque lo sintiera dentro de su pecho, martillando sus pensamientos, no era correcto. Todo aquello en lo que creía se estaba desmoronando y no podía pensar con claridad. Tal vez con el viaje podría recuperar un poco la cordura y definir su vida de una buena vez.
Salió relativamente temprano, esquivando a todos sus compañeros, a ese punto las felicitaciones estaban demás y no quería tener perros falderos adulándola para sacar provecho. Aunque no era de esa manera, no tenía humor sino para hablar con su esposo.
Camino rápidamente para tomar el autobús. Cuando un carro, que ella perfectamente identificó, comenzó a pitar, tratando de llamar su atención. Chicago apresuró los pasos, pero el conductor era tan insistente que la iba a dejar sorda.
El carro se parqueó al frente mientras Chicago estaba trotando para tratar de perderlo. No obstante no fue tan rápida porque unas manos la agarraron. Se petrificó sin dar la vuelta. Las lágrimas se acumularon en sus ojos sin ser desbordadas. Jasón colocó el ramo de rosas en su campo de visión. No tenía idea de cómo compensarla, ni siquiera de cómo hacerla entrar en razón con respecto a él. Pero tenía claro que debía agarrarse de cualquier cosa, y un ramo de rosas era algo que no se rechazaba.
Chicago cogió las flores, desfogando su ira en ellas, destrozándolas. Las pisó y quiso escupirlas. Aquellas bellas rosas pagaron la rabia de una mujer a punto de desplomarse. Dio la vuelta encontrándose con la mirada sumisa y suplicante de Jasón, sus ojos estaban hinchados, su expresión parecía desgastada, su cabello despeinado y su postura cansada reflejaba lo mal que estaba. Chicago pretendió no notarlo y lo empujó con toda la fuerza que tenía, logrando moverlo unos pasos atrás.
— ¡¿Qué putas quieres, mentiroso de mierda?!—Exclamó fuera de sí. Sus ojos trasmitían odio, su expresión parecía la de una asesina serial, y su postura decía lo mismo. Lo desafío con la mirada para que se largara, pero él no se amínalo, al contrario, se acercó a ella cerrando la brecha entre ellos.
—Explicarte cómo sucedieron las cosas. Chicago… debes creer cuando te digo que no tenía ni la más mínima idea que eran hermanas—expuso intentando recurrir a su ingenio para explicarse. Debía decir la verdad absoluta o sino la perdería y eso no estaba en la lista.
—Cuéntame una de Aliens, retrasado de porquería. Tal vez así te crea un poco—lo retó con la barbilla. Estaba cegada por la indignación, la cólera de tener que verlos, y así no le creería absolutamente nada.
—Tienes que escucharme…
—¡¡Yo lo que tengo es que morirme!! ¡¡ Tú no me mandas!!—Gritó manoteando como una salvaje. En ese estado no razonaría con ella, pero no se rendiría. Por lo que decidió apoyarse en la terapia de choque. La tomó de los brazos, acercándola a su cuerpo. Ella se estremeció por la cercanía y pataleó, no obstante eso no disminuyó la fuerza del agarre. Él quería ser firme y por la forma que la tomaba lo estaba demostrando.
— ¡No quiero mandarte, quiero que me escuches!—Igualó su tono de voz. Sentir el aliento de Jasón la dejó estática, perdida en una bruma deliciosa. Comenzó a agitarse y asimismo a calmarse. Jasón comenzó a hablar: —La conocí en la fiesta del puto… en la de la cabaña. Ella se acercó a mí con descaro y yo cedi, me acosté con ella…
—Sabiendo que era mi hermana—susurró con la mirada en otro lado
—No lo sabía—insistió—, ni en ese momento ni después. Es que... maldita sea—la soltó y se pasó las manos por la cabeza, caminando de un lado a otro desesperado por no tener argumentos para que ella le creyera. Estaba completamente desorientado en todo lo referente a ella. Quería meterla al auto y zarandearla hasta que se metiera en esa cabeza loca que nunca estuvo enterado de su parentesco—, no se parecen. —Tomó varias bocanadas de aire—. Se ve que eres la mayor por la actitud sobreprotectora que tuviste en mi casa. Pero ella… se ve más mayor. —Intentó halagarla, pero ella lo miraba como si tuviera cinco segundos más antes de recibir una bala en el cráneo.
— ¿Por qué estaba ayer en tu casa?—Cuestionó autoritaria.
—Porque…—Revelarle lo siguiente seria incomodo, no obstante lo hecho, hecho estaba—, me dejaste plantado anoche. —Chicago sintió una punzada al verlo tan decepcionado. En realidad no lo hizo a propósito, simplemente Daniel y ella merecían tiempo juntos y lo demás era secundario.
—Lamento eso… yo…—Comenzó a disculparse pero Jasón la detuvo con la mano.
—No tienes por qué hacerlo, Fresi. Entiendo perfectamente que Daniel es… mucho más importante que lo que yo tuviera que decir. —No quiso sonar herido pero no lo pudo evitar. Estaba ofendido, triste, deprimido y por no poder tener el espacio que él quería en la vida de Chicago.
—Por eso llamaste a mi hermana, para descargarte con ella, ¿no es así?—Esta vez ella sonó más herida de lo que hizo antes
—Cuando… me siento solo, o… bueno… caliente como una brasa, la llamo. Ella siempre asiste a mí y… lo hacemos—admitió avergonzado por primera vez en su vida desde que perdió la virginidad. Verse vulnerable frente a ella era una experiencia brutalmente humillante. No obstante si quería que ella lo escuchara, debía acudir a lo que tuviera a la mano.
—Entiendo perfectamente. —No lo entendía pero pretendió hacerlo para no seguir discutiendo por lo mismo. Se secó las lágrimas que no notó haber derramado y se relajó momentáneamente.
—No lo haces—la contradijo—. Estas molestan y lo entiendo. Si alguna vez me preguntaran si ustedes eran hermanas, lo primero que hubiese hecho seria reírme como un loco y luego burlarme porque realmente no se parecen.
—Eso ya lo sé.
—Si… pero… solo quería que supieras que nunca te engañe, jamás te mentí. Primero me corto un testículo antes de mentirte.
—No necesito sacrificios, idiota. Solo… aléjate de mí. La propuesta se acabó y lo que dices no cambia las cosas. Eres libre de hacer lo que quieras con tu vida. Es más si quieres hacer las cosas más oficiales con mi hermana…
—¡¡NO!!—Jasón volvió a tomarla por los brazos, la puso a centímetros de su rostro, intentando refrenarse para no besarla porque solo se ganaría un bofetón y un profundo odio—. Yo no quiero a nadie más, no quiero que se acabe nada entre nosotros. Yo…
— ¿Tu qué?—Comenzó a revolcarse como un gusano, pero Jasón la sujetó bien para que no escapara, si fuera posible, nunca escapara de él.
—Yo quería que nos viéramos porque…
— ¡¿Por qué qué?!—Lo estaba llevando al borde de un ataque, y su actitud no ayudaba mucho.
—¡¡Ya deja de presionarme!!—Chilló en su cara con la mirada desorbitada— ¡¿Crees que con forzarme me harás callar?! ¡¿Eso es lo que quieres?! ¡¡No te daré el gusto, Fresita!!—Lo dijo con sarcasmo. No se acobardaría, ya no. Era el momento que tanto espero y no retrocedería, así las consecuencias fueran mayores a lo que pudiera manejar. Sin dejarla replicar, continuó: —. Quería decirte que me gustas, no solo que me gustas, joder. Que te quiero, te deseo… yo te... ¡maldita sea mi vida! ¡Yo te amo! ¡Te amo desde que me rechazaste por mi forma de ser! ¡Te amo por ser tan autentica, tan valiente, por amar a mi amigo! Y sé perfectamente que soy una mierda de ser humano por querer estar contigo cuando estas con Dani. Pero… Dios, te he amado al mismo tiempo que lo hizo Daniel. He vivido su relación como si fuera la mía, y seguramente pensarás que soy un parasito. La verdad es que en un principio los envidiaba, luego pensé que era porque querías quitarme a la única persona que me entendía. Finalmente te veía con ojos diferentes, cuando visitabas a mi amigo y aceptabas a regañadientes que los acompañara yo… quería besarte por quererme en la vida de Daniel. Y cuando me enteré que te propuso matrimonio… en ese momento algo dentro de mí se quebró por completo. No entendía que era, ni siquiera sabía que me pasaba. Me dolía el pecho tanto que pensé que tendría un infarto. Pensé que se debía al hecho de que mi amigo se alejaría de mí para siempre, pero entendí que mis posibilidades de tenerte una sola vez se habían esfumado.
—Jasón…
—No, Fresi. Déjame terminar. —La soltó sin alejarse de ella. La tomó de la barbilla para que la mirara a los ojos y entendiera que se estaba abriendo por completo, quedando expuesto a un rechazo; cosa que temía. Si pasaba entonces… se hundiría en la soledad y desolación para siempre. Sin embargo debía entenderlo y tratar de seguir adelante—. Entonces Daniel propuso esto y yo… carajo debía sacarte de mí sistema. Si me acostaba contigo entonces se me quitaría lo que sentía por ti y me daría cuenta que solo era un encaprichamiento tonto. Pero no fue así. Cuando te besé en mi apartamento, todo mi cuerpo reaccionó violentamente, necesitaba terminar, tenía que meterme en ti y sacar todo porque tanto anhelarte me estaba enloqueciendo. Y cuando finalmente me acosté contigo…Dios había probado el cielo y quería más pedazos de eso. Me importó una mierda las condiciones, me valió todo porque me di cuenta de que de verdad estaba enamorado de ti. No solo porque eres una hermosura andante, sino por tu carisma, porque siempre le sacabas una sonrisa a Dani, porque eras sincera en tus acciones, y sobretodo porque siempre me rechazabas o me apartabas sin darme la oportunidad de darte la réplica. Estoy convencido de que cada célula de mi te ama con desesperación.
—Jasón detente…
—No lo haré—resolvió firme—. Quiero decirte que… sé que no soy el caballero que es Daniel, ni el romántico cursi, ni el hombre con los modales más finos del mundo. No cambiaré porque no es justo, no me inventaré nada para que me quieras porque creo que la autenticidad está por encima de todo. Seguiré siendo yo, pero con un corazón que te ama y lo hará hasta que se detenga por un taponamiento en las arterias y muera.
—Por favor—sollozó mirándolo hechizada por sus palabras. Estaba de vuelta en un dilema terrible. No quería herir a nadie porque… ambos eran la mitad de su ser. En ese momento solo quería lanzarse de un edificio. Agitada y conmovida por escuchar sus palabras, no se sentía en la capacidad de tomar una decisión, ni siquiera pensaba con claridad. Solo quería retroceder el tiempo y nunca aceptar ir con Jasón a su apartamento, besarlo con ese fervor, dejarse tocar con ese descaro, sentir toda su potencia sobre ella. No obstante, ese era un maravilloso recuerdo al que no estaba dispuesta a renunciar nunca, aun si eso le costaba perder la cordura por completo—. No me pidas cosas que no puedo darte—dijo en un hilo de voz—. Tienes que entender que amo a mi esposo, lo que hice esto por él, por mí, por vivir algo nuevo. Yo no puedo cambiar a Daniel, no lo haré Jasón. Lo siento… yo… necesito que te alejes de mi porque me… confundes—aceptó temblando porque no quería enfrentarse a una gran verdad, no quería sentirse una perra asquerosa por amar a dos personas tan distintas y que la complementaban. Porque a pesar de todo, ella aprendió a quererlo, incluso lo admiraba por su carácter tan fresco, desinhibido, algo descarado para su gusto. No obstante siempre le dio un toque especial a su relación con Daniel, por eso lo apreciaba, lo quería, aunque le costaba admitirlo.
—Yo sé que algo pasa entre nosotros—susurró sobre sus labios—. Lo último que quiero es que te confundas, Fresi. También soy consciente de que quieres a tu esposo, a mi amigo. Pero sé de igual forma que algo dentro de ti pasa cuando estamos juntos. Porque me has besado, me has escuchado. Cuando te toco reaccionas de una forma tan deliciosa que no es normal…
—Para— pidió a punto de desmayarse—. No uses lo que ha pasado entre nosotros para manipularme porque no lo voy a permitir. —Se apartó bruscamente, retomando la compostura pérdida—. Lo mejor es que dejemos las cosas así. Entre menos te vea mejor para nosotros. —Al ver como el rostro de Jasón se contrajo por sus palabras se detuvo—. Tengo que irme a mi casa. —Se impulsó un poco para besar su mejilla. Se demoró un poco más en el gesto, dándole a entender que se estaban despidiendo.
— ¿Puedo llevarte?—Preguntó esperanzado de compartir un poco más con ella antes de dejarla para siempre.
—Es mejor que no—le acarició la mejilla y se apartó secándose las lágrimas—. Que tengas buena suerte—logró decir alejándose, dejándolo completamente destruido. Sabía que ella sentía cosas por él, no lo negó, pero tampoco se quedaría con él. Por lo que su suerte era una mierda y había perdido lo mejor que le pudo pasar en su cochina vida.
Chicago llegó casi arrastrándose a su casa. No quería pensar, no quería rememorar esas palabras tan sinceras. No quería permitirse siquiera tomar esas palabras y almacenarlas en su un rincón de sus recuerdos. Sin embargo, le estaba pidiendo demasiado a la providencia. Al abrir la puerta se encontró a un Daniel con un gesto inescrutable. Comprendió que la noche no había terminado, y que debía enfrentar otra verdad que quería esconder.