Arranca-Pieles
Provenía de los pies de ella, y comenzó a ahogarlo.
Polo miró abajo y vio la sombra de la niña rellenada con el color violáceo, ascendiendo como líneas hasta el cuello donde tomó forma y dolor.
Primero aguantó, reaccionando al saltar hacia atrás, lo que disolvió a la sombra como una pintura que no mancha.
Más centrado, el chico adelantó una carrera y saltó con un ataque directo, enfocando a tiempo las rodillas por delante.
Hipergirl se movió con lentitud efectuando una de sus maniobras marciales mezclada con el Taichí. Retrocedió el puño de una forma irreconocible —honor a su maestro Christoph— y lo proyectó con violencia como si se liberara de un resorte. El impactó estalló con un sonido metálico y la luz fue de un tono.
Polo cayó al suelo con un grito quebrado.
Retorciéndose, observó en alerta como los pies de Hipergirl daban una pequeña explosión morada que la elevó en un salto de al menos metro y medio. A los dos segundos, la niña cayó sobre él enfocando un pie contra su estómago y otro contra la cara.
El chico notó el golpe, realzada al momento su mejilla debido a la alta temperatura de la planta del pie del atacante. Entonces su estómago se hundió y el cuello le emitió un crujido. Hipergirl mantuvo el equilibrio en una postura de brazos cruzados en la espalda. Se mantuvieron forcejeando con ella manteniendo el control; el apresado era pura tensión, todo lo contrario a la pequeña. Sin aviso, ella levantó el pie del cuello y lo apoyó en la pantorrilla de la otra pierna, quedando con la rodilla flexionada, inamovible. Entonces realizó un par de giros sobre sí misma, lo que retorció la piel de la barriga del apresado. Éste intentó reaccionar levantando el torso, pero le fue pateada la cara por la pierna flexionada. Repitió el gesto de girar y varió la acción al ir pisando el cuerpo de Polo con el pie libre, dando una impresión de baile. Dio un pequeño salto para posicionar con ambos pies, que a su vez golpearon. Retorció el pie que quedaba más extendido. Saltó hacia atrás para liberar el cuerpo de Polo.
La niña buscó por la bata con intención de cogerla.
Tras un tiempo en que le dio tiempo a experimentar con otra muestra, escuchó la respiración y miró hacia atrás. Su hermano terminaba de incorporarse. No había recuperado el aliento, pero se enfocó en decir:
—Tú...
Desistió demasiado rápido, apoyándose con las manos en las rodillas.
—Y en el siguiente acto es cuando te vas —amenazó la niña—. Estoy intentando curarme.
—Cu-curarte —dijo Polo y comenzó a frotarse la barriga—. ¿Vas a envenenarte?
—Pudiera ser.
—¡Maldita sea...! —no debió haber gritado, tosiendo así por la falta de aire—. Por favor, déjalo estar...
Dijo un nombre que produjo dolor de cabeza a Hipergirl.
—...y atiende a razones. Deja que te ayudemos —dijo sin poder evitar asomar una lágrima.
—¡No llores!
No se vio cómo. Al son de la bata tocando el suelo, el puño de Hipergirl se hundió en la barriga de su hermano. El puñetazo lo lanzó a un metro contra el suelo.
—Lárgate, Polo. Por favor.
El chico se retorció. Sus gemidos salieron como un hilo de aire. Tosió como si tuviese bronquitis y se escuchó oculto el rasgar de ropa. En un interior los músculos se fueron afianzando y encajaron en una nueva forma.
—Criaja —comenzó a decir mientras se levantaba. Respiraba con calma—. A ti lo que te hace falta es una buena hostia que te abra los ojos —la miró sin temor ni lágrima alguna.
Su cuerpo se notaba distinto: su poder sobrehumano estaba hormonando.
—Me vas a devolver a mi hermana aunque sea a base de puñetazos.
—¿Por qué insistes, Polo? —sus cejas se levantaron—. Me siento traicionada...
—Hala y yo lo teníamos planeado desde el principio —aguantó los pulmones doloridos—. ¿Qué te pensabas?
La niña entornó los ojos. Un atisbo de decepción se intuyó.
—Desde el principio hemos estado vigilando tus pasos. Si te seguí el juego fue para protegerte y recuperarte —descansó la voz un momento. Respiró hondo por la nariz antes de seguir—. Yo también creí que serviría quemar aquel siniestro lugar.
Hipergirl continuó sin decir nada, sintiendo una pena patética por el chico medio ahogado. Por otro lado sintió que esa especie de traición también era parte del día perfecto que insistía en seguir conspirando.
—Ya hicimos antes una expedición a ese sitio. ¿Qué te creías? —dijo y esperó por la reacción. Sonrió con seguridad—. Volver por un momento al trabajo fue gratificante. Reconozco tener envidia de tu estancia en la policía.
—Me da igual. ¿Qué hicisteis allí?
—Buscamos a Alexander y nos enfrentamos a él. Nos derrotó a los cuatro —apartó la mirada como triste gesto de recuerdo—. Ese tipo no es humano. Ni la rabia que sentimos por lo que te está haciendo sirvió.
—Yo escogí tener éste día y... —tartamudeó un momento— me sigo arrepintiendo, ¿contento? —sacudió la cara—. Déjame en paz con mi culpa —dijo por lo bajo.
—No me refiero a eso —afirmó con lástima—. Me refiero a los sueños.
La niña ladeó la cabeza.
—Desde que eres Hipergirl gritas en sueños. Las veces que has dormido en casa te escuchábamos gritar. No podíamos despertarte, nada servía. Tuvimos que limitarnos a escuchar cómo sufrías y te removías como en una tortura. Supimos de ese hombre porque gritabas su nombre en todas las veces.
—Mientes sobre esas pesadillas.
—Por eso no veo a mi hermana frente a mí —negó asumido con la cabeza—, sino a ese tal Alexander que poco a poco ha ocupado su lugar. Los Perfectos esos no son nadie, son cáscaras vacías.
Recuperado, posicionó e hinchó un poco más los músculos.
—Son representaciones de Alexander. Es la única conclusión posible.
—¡Mientes!
Polo ya se había lanzado y le propinó un golpe en la cara. A continuación efectuó un barrido que hizo perder el equilibrio a Hipergirl. Como conclusión a la combinación de golpes, la agarró del suelo y la elevó con facilidad para lanzarla contra la pared, donde golpeó retumbando la superficie.
Hipergirl comenzó a incorporarse con los antebrazos y se quedó en esa posición, mirando al suelo como si nada hubiese sucedido:
—Desde el principio mentías. Me siento traicionada.
—¿Traicionada? ¿Por qué? —dio una pequeña sacudida con los hombros—. ¿Tu propio hermano? Todo lo hacemos por ti. Siempre ha sido así.
—¡Cállate!
La energía surgió de ella. Su tono violáceo se tornó anaranjado y luego rojo. La ola de sangre descendió sobre el chico. Se cubrió con los brazos antes de gritar. Lo impulsó hacia atrás, aguantando y produciendo un arrastre con los pies. La ola cesó y un olor a quemado se quedó.
El chico se miró pero no notó nada raro, y sin embargo se sintió dolorido. Miró imposible cómo la inhumana se elevó con sólo los talones. Una niebla de energía se formó debajo de ella. Ambos se miraron por unos segundos; por dentro de sus mentes fue un poco menos que una eternidad, donde dos voluntades pelearon en lo abstracto sin conclusión.
—Si pretendes curarte, significa que aún queda algo dentro de ti.
—Necesito la droga alien. Tráela y me ayudarás.
Una corazonada impactó al chico. ¿De verdad era necesario tal compuesto para romper una maldición... o lo que quisiera ser?
—No lo entiendo.
—Forzaré a mi cuerpo a tener más poderes. ¿Comprendes?
Esa era la clave. Quería tener más poder para... Torció la cara: tenía que avisar a los demás cuanto antes.
Polo se dio la vuelta y comenzó a correr. Sintió el agarre que le impidió continuar. Fue notando por su cuerpo a la sombra solidificada de energía, cubriendo y desprendiendo un tono carmesí.
—Si me ayudas te recompensaré.
—No quiero la perfección.
—No. Puedo hacer que te readmitan en la policía.
—Me da igual volver a ser vigilante, maldito monstruo.
La energía apretó. No dolió por fuera.
—Pues si no quieres que te rompa el cuello, colabora.
Hubo un silencio delator. Hipergirl comenzó a sentirse satisfecha.
—Vas a perder —sonrió engreído.
—Imposible. Eso es así.
—Ya lo creo que sí vas a perder —la expresión siguió emanando un sentimiento superior.
—¿De qué v...?
Sucedió un impactó en el costado e Hipergirl ladeó como empujada. El dolor se fue intensificando y emitió un chasquido que le hizo dar un paso lateral. Le costó hasta pensar.
El chico se liberó y a tiempo impidió darse contra el suelo. Cojeando corrió hacia la puerta, se dio la vuelta y miró cómo las dos barras de hierro regresaban arrastradas por los hilos de acero que las sujetaban. Saltaron.
El clonck metálico en el arma eléctrica alien terminó de despejar a Hipergirl. Miró a la puerta y vio a Polo apoyado contra la pared. A su lado quedaba lo contrario con la forma de Hala vestida con su traje de vigilante especializado, portando entre los brazos una de las armas más efectivas de su colección. La expresión de la madre alien era de fiereza, sin parecer querer albergar la pena o la compasión.
—No, no... —repitió la pequeña—. ¿Por qué...?
—¿Quién eres tú? —dijo Hala con tranquilidad—. ¿Dónde está mi hija?
—Estoy aquí —se apoyó contra las rodillas cuando notó una nueva punzada de dolor del costado—. ¿Por qué todo el mundo se ha vuelto loco?
El arma eléctrica apuntó de nuevo, donde esta vez Hipergirl sí pudo esquivar las dos pequeñas barras que chocaron contra la pared emitiendo chispazos.
La pequeña se tornó una bola roja que chorreó energía disipándose al tocar el suelo. La esfera imperfecta recorrió la habitación hasta Hala, que bloqueó ladeando el arma. Un trueno se produjo y el arma emitió chispas y humo.
La alien soltó el arma, que comenzó a arder con pequeñas llamas. Sin dejar de mirar las llamas rojas de energía de su lado, buscó por su espalda en la mochila-reactor y agarró el guante conectado con una manguera de acero.
Hala ejecutó un puñetazo con el guante que reaccionó con energía blanca. Hubo una nueva reacción entre las dos fuerzas, disipándose lo rojo para descubrir a la niña bloqueando el puño de su madre con las palmas.
Cruzaron las miradas, donde Hala no pudo expresar lo que sintió.
—Me haces daño.
La afirmación de Hipergirl destrozó los ánimos de Hala. Se reprimió y dijo en voz alta:
—Polo, ve de una vez a buscar ayuda.
Ya que imaginó que Hipergirl tenía algo que objetar, aumentó la energía del puño con una orden neuronal y la doblegó a que forzara el bloqueo.
El chico desapareció por la puerta.
—Cobarde —fue lo único que se le ocurrió decir a la niña.
—¿Qué estás haciendo tanto tiempo aquí abajo, cariño?
—Curarme... —un chirriar de dientes se distinguió—. ¡Estúpida!
La energía del puño aumentó e Hipergirl se vio obligada a soltar y saltar hacia atrás. Restos de energía desprendiéndose de sus hombros surgieron para desaparecer.
—Necesito la droga alien para curarme.
Hala recibió la frase como un golpe. Su mente comenzó a fluir.
—Te has vuelto adicta a la droga. Eso ha provocado un desequilibrio en el poder del tipejo ese, de Alexander. ¿Qué te dijimos de los desconocidos, cariño? —su broma sonó venenosa.
—Eso no es así...
—¿Tomaste la droga antes de acabar en esa maldición?
Así fue.
—¿Qué quieres decir? —se limitó Hipergirl a preguntar.
—¿No lo ves? ¡Tu cuerpo se comporta con ansia!
Recordó que ella no estuvo consiguiendo el día perfecto, y lo que hizo fue forzar a la droga que le brindara un poder que diera ventaja. ¿Resolvió el enigma gracias a su mente potenciada? ¿No era tan digna como creía desde el primer segundo congelado...?
Ella no tenía el poder que le correspondía por el día perfecto, ¿era ese el problema?
Maldito Alexander, ¿qué te has callado esta vez?
—Necesito la droga para formar más poderes y crear más líneas de tiempo —dijo Hipergirl sin dejarse impresionar—. Así podré ir añadiendo y tener más de un día perfecto hasta el punto de volver a ser yo.
—Ese plan —entrecortó—. Ese plan es propio de alguien que piensa como un adicto —Hala entristeció—. Cuánto lo siento, mi vida. Me siento tan culpable...
—Ni nadie ni nada tienen que ver. Todo fue decisión mía —gritó. La energía en sus hombros aumentó—. No sigo el consejo de nadie, es responsabilidad mía... —arrugó el rostro—. ¡Mía! Todo es cosa mía —apretó los dientes—. ¡Deja de pensar que siempre me dejo llevar! ¡Ella ya no está!
Pero Hala no pareció escuchar, se limitó a mirar con pena; de nuevo había surgido esa persona que provocaba molestias hasta en la muerte.
—Yo... —Hala pestañeó de forma lenta—. Lo siento tanto.
Una lágrima recorrió la mejilla de la madre. Elevó el puño y alcanzó el límite de su capacidad energética. Era capaz de dejarla inconsciente por salvarla de sí misma. En aquella mirada, Hipergirl comprendió que ambas se sentían igual de impotentes.
Como no quedó otra, olvidaron sus identidades y se abalanzaron para pelear hasta que una de las dos ya no pudiera bombear más adrenalina.