Acción

 

 

Las dos fueron una con el aura morada. La mujer serpiente se vio obligada a soltar conforme sintió por el cuerpo el calor abrasivo. Siseó como si de verdad se cociera.

Se alejó reptando.

Hipergril se tocó el cuello y el costado. Se levantó con esfuerzo: primero la flexión de un pie, levantar cadera, posicionar el otro pie. Estirar espalda. Crujidos. Observó la luz de la farola y se condujo allí en busca de refugio.

Odió tardar en recordar su poder permanente. La mala costumbre del poder diferente cada día aún no decidía a irse de sus manías.

Se apoyó contra la farola y descansó en un intento vano por recuperarse. Se alejó un poco de la luz para poder ver mejor. La última vez que se enfrentó contra aquella mujer fue en la fábrica donde se escondía el asesino de las polillas. Entonces fue igual de entrometida. Su cuerpo ya era un tanto escamoso y sus fríos ojos eran propios de un reptil. Pero en ese momento tenía la novedad en su cuerpo, más alargado como el de la serpiente que prometía ser. Su poder sobrehumano había mejorado.

Encendió el puño con energía: no era la única.

Miró a Christoph, posicionado ahora a cierta distancia. Seguía calmado sin cambiar de postura de brazos cruzados. No lo había escuchado moverse, lo contrario a la sombra que tapó un momento la luz del suelo, lo que sirvió para encaramarse contra el monstruo que regresaba a por más.

Dio un fuerte golpe cargado contra lo que supuso que era el vientre de la serpiente. El grito hizo retumbar los cristales de los coches y las casas. A Hipergirl le dolieron los oídos, y mientras pitaban aprovechó el dolor para saltar y propinar una patada con giro contra el perfil de la criatura.

El ser cayó ladeado al suelo, se retorció y huyó de nuevo deslizándose con presteza.

Hipergirl jadeó, moviendo los ojos al creer seguir el rastro del enemigo. Se acarició uno de los oídos a la espera de calmar el dolor. El nano-iPod en su oído derecho, aunque apagado, no ayudó a relajar el dolor por culpa de la inflamación interna.

—Estás tardando en matar a esa criatura.

Se giró a Christoph y analizó su frialdad. Tragó saliva para poder hablar:

—No quiero matarla.

No dijo nada. El tutor se limitó a seguir mirando a un punto en el vacío justo donde ella. La pequeña siguió observándolo y apenas tuvo tiempo de advertir que la serpiente estaba detrás.

Cerró los ojos por el golpe en la nuca. No supo si cayó cara contra el suelo porque durante unos segundos no fue nadie. Se recuperó del repentino mareo y se giró para posicionar. Descubrió el agarre al cuello de su maestro donde alzaba con una mano a la criatura. La zarandeó como si manejara un papel y la lanzó sin esfuerzo contra su alumna. Hipergirl recibió de lleno el cuerpo de la criatura y esta vez sí sintió el suelo, añadiendo el peso de la adulta sobre ella.

Ambas tornaron a retorcerse y gritar por el esfuerzo. La pequeña vigilante propinó puñetazos que no logró cargar al completo con la energía, pero le permitió no quedar dentro de los brazos y el cuerpo de su rival, que intentaban aprisionar y oprimir como en una llave de lucha libre. Recibió un par de vueltas que aguantó bien. Entremedias notó el aliento de la criatura, un olor fétido que le recordaba al verde más oscuro. En lo imaginativo era digno de un muerto viviente.

La pequeña dio un codazo preciso que hizo saltar un largo colmillo. La mujer se detuvo un momento y después alzó el rostro. El grito fue potente.

Hipergirl lo recibió de lleno. Quedó aturdida.

Conforme volvía en sí, el mundo era otro, mucho más líquido e impreciso. Un detalle la ayudó a ir regresando. La vista se ajustó conforme notaba su brazo húmedo e imposibilitado. Analizó que la mujer serpiente lo estaba engullendo. Creyó notar en la punta de los dedos un dolor tenue, tan lejano como lo estuviera el estómago del ser.

—¡Joder!

Se centró en intentar sacar el brazo de la enorme boca. La succión era tan fuerte como repulsiva. Posicionó las piernas contra el cuerpo de la mujer y comenzó a ejercer fuerza. Los brazos del enemigo le rodearon la cintura. Fue tarde antes de reaccionar y notar la presión y el crujido. Hipergirl soltó una bocanada de aire mudo y debilitó la maniobra.

Notó engullirse hasta la altura del hombro, y debido a que no podía tragar más, la serpiente se esforzó e Hipergirl notó como si su cuerpo se fuera a partir desde ese punto del brazo. No permitiría despedirse de la clavícula.

Miró a su maestro. Seguía observando en la misma postura en el mismo punto. Creía que la ayudaría en caso extremo, ¿cuál era para él ese punto? ¿O con una vez era suficiente? Se sintió herida. Un crujido le dio la razón. Se sintió angustiada por el sonido de succión justo al lado de su oído. En los documentales no reproducían el sonido de los animales comiendo, dignos de pesadillas olvidadas.

Se relajó para vaciar su mente y relajar al cuerpo. Cerró los ojos. Siguió visualizando a Christoph con esa chulería innata en él, engreído al saberse superior... no, se trataba de no decepcionarlo.

Colocó la mano libre contra la cabeza de la criatura y concentró el poder violeta que pudo. Tenía que expulsar lo suficiente, un destello en lugar de un ataque explosivo que pudiera matar a la mujer desde el interior. Creyó encontrar el nivel de aura.

La vigilante gritó por el esfuerzo y produjo por su piel una pequeña llama que quemó el interior del traje y, por lo tanto, el interior del ser que la engullía. Sucedió una llamarada violeta alzándose en el aire.

No hubo grito. La pequeña sintió el brazo liberado, escurriéndose de la boca para caer sin fuerza. La serpiente la soltó también de la presa. Hipergirl cayó. Se quedó en el suelo sin poder moverse, sintiendo el hormigueo concentrado en su brazo debilitado, pareciendo fuego a la altura del hombro.

Alzó lo que pudo la cabeza y vislumbró al enemigo moverse inquieto aguantando el dolor, a excepción de la cabeza que quedaba fija observándola, sin ser acorde el movimiento de su cuerpo por debajo del cuello. Abrió la boca con un siseo y la pequeña no pudo evitar quedar a merced del contraataque rabiado de la criatura.

La sacudida no llegó. Hipergirl miró de reojo y vio al hombre plantado al frente, agarrando de nuevo el cuello del monstruo. Observó cómo lo lanzaba contra el suelo. La criatura se retorció y siseó con más rabia. Comenzó a alejarse y, antes de desaparecer por la esquina, los miró. Aquellos ojos serían imposibles de olvidar. Se alejó y se escuchó el golpe de una tapa de alcantarilla.

“Si huye significaba que puede morir”, concluyó con ironía la pequeña heroína.

La pequeña miró a su héroe y le sonrió. Éste se limitó a mirar con seriedad y un toque de decepción. A ella no le importó.

Se levantó con esfuerzo y pidió al tutor que se marcharan, que ya habían hecho mucho el ridículo por esa noche. El tutor rumano no rechistó y comenzó a andar. De hecho incluso pareció más decepcionado por retirarse tras un único encuentro.

Hipergirl quedó caminado detrás observando la espalda del hombre, peregrina de la lástima. Aún tenía esperanza de las volandas, pero no sucedería. Salvarla era mucho por parte de Christoph, y lo tendría en cuenta por un tiempo. ¿Cuánto era eso en un Perfecto? No importaba, lo importante era seguir esforzándose, concluyó mientras intentaba limpiarse la baba del brazo. Cuánto ansiaba una ducha, sería la tercera del día por lo menos. Fue dejando un reguero de gotas transparentes y pegajosas, similar en lo metafórico al goteo de su dignidad frente a lo platónico.

 

 

Al despertar se sintió en forma. La pelea nocturna no había significado nada. Eso le hizo darse cuenta que en los últimos días se había levantado con los mismos ánimos y energía. Miró su cuerpo y se percató que no tenía ni una sola herida o cardenal, los cuales estaban antes de irse a dormir. Eso más bien la preocupó.

Bajó las escaleras con calma y su familia la recibió con alegría. Se sentó al desayuno y pronto desaparecieron las preocupaciones.

Camino al colegio, analizó la alegría de su familia y el tiempo que hacía que no tenían días así de felices. Analizó en frío el comportamiento. De nuevo se sintió preocupada.

La mañana en el colegio fue a la par. Todo el mundo estaba alegre y nadie parecía recordar que existían los problemas. Le daba cierto escalofrío ver a profesores como René de un humor exquisito como jamás había mostrado. Al final decidió dejarse llevar. Supuso que siempre había querido una vida como esa.

En clase de informática tocaba una lección que conocía, así que se dedicó a buscar por la red información sobre Hipergirl. Los foros de la ciudad no parecían hablar de otra cosa a pesar de la inminente huelga de funcionarios. No existían otros problemas, sólo la salvación bajo la forma de una nueva heroína.

A Hipergirl le pareció exagerado, la ciudad siempre había gozado de buenos vigilantes y una policía eficaz. Repasó varios hilos y comprobó que la noticia del almacén en el puerto pasaba un tanto desapercibida con comentarios de aprobación bastante escuetos. Sin embargo en el relacionado con el asalto a la casa River eran la misma clase de comentarios pero más extensos, sin llegar a ahondar en un sentimiento u opinión clara.

Parecía como si su nuevo nombre idiotizara a la gente.

Un comentario la descolocó, donde se criticaba a los River de tener que ser salvados, que si hubiesen tenido en su momento a Hipergirl jamás se hubieran visto obligados a dejarlo. Resultaba un comentario extraño. Comprobó que muchos se imaginaban que Hipergirl era una de las mellizas River, la conocida como Violet cuando formaba equipo con su gemela Onix. Aun con tal dato, actuaban u obviaban el hecho de la nueva identidad. Incluso encontró comentarios negativos a su persona —pocos, aunque precisos— y cómo esos mismos usuarios la alababan como Hipergirl.

Rió frustrada por la ironía sin importar que la mirasen. ¿Qué sucedía? ¿Eran efectos secundarios del día perfecto?

Siguió buscando por la red y encontró dibujos y montajes de Hipergirl hechos por fans. Se divirtió con ellos y algunos eran tan inmaduros que resultaron entrañables. Hubo en algunos donde le inventaban un “sidekick” (el compañero típico de todo gran héroe) y eso hizo a la pequeña imaginar que Christoph lo podría ser a partir de un punto dado, con lo que siempre serían dibujados uno al lado del otro. Siempre.

Miró dibujos hasta que encontró uno de otra clase de naturaleza. Cerró el navegador con rabia, sonando el clic del ratón como si lo fuera a romper. La compañera de al lado la miró asustada, desviando la mirada con rapidez por la cólera repentina que mostró Hipergirl.

A la hora del patio buscó por sus amigas pero no las encontró. Era extraño, porque a Janet sí que la había visto por clase. Aburrida, se limitó a pasear en plan guardia de seguridad por si algún niño necesitaba ayuda. Desde que ella era Hipergirl los matones parecían más relajados. Eso la preocupó por si fuera del recinto se desahogaban con más saña.

Dio la vuelta entera y sólo había logrado acrecentar el aburrimiento. Se colocó en la valla y miró el exterior, tranquilo de tráfico y transeúntes. Miró hacia el fondo, guiada su vista por la carretera pensando que hacía tiempo que Gigi no la visitaba. Sacó el móvil y repasó sus conversaciones. Había una que no recordaba. El chico parecía apurado, como si intentase animarla. Era difícil interpretar las emociones por un chat, y si ya le costaba en persona...

Quedó mirando el paisaje urbano. Se mantuvo ignorando a la sirena para regresar a las aulas. Estuvo allí sin moverse durante la siguiente hora. Nadie se lo reprochó, y eso la preocupó.

 

 

La tarde en comisaría emanaba calor y aburrimiento. La gente bostezaba y los aires acondicionados se hacían escuchar. No parecía haber mucho trabajo siquiera para los agentes de tráfico; mucho menos para la única vigilante del departamento. Se entretuvo tomando café y jugando a las cartas con un par de agentes, manteniendo contra la mesa la cabeza sobre el brazo y la mano del mismo sobre la cabeza.

Muchos le preguntaron si no tenía calor con el traje de vigilante puesto, que parecía llevarlo todo el día. Ella ni se había percatado que tenía que sentir frío o calor. Asumía que estaba haciendo un clima templado, agradable e indiferente.

Estuvo jugueteando a menudo con el móvil sin saber muy bien el porqué. Con calma fue reconociendo que era por Gigi. Rebuscaba por la excusa para llamarle, pero no quería quedar con él, no quería que la malinterpretase. Quería saber de él pero poco más. La espalda se le tensó al recordar el sueño. ¿Era por eso? No lo creía, interponiéndose la imagen de Christoph alternada con al de... ¿Cómo se llamaba? El otro Perfecto de su edad, el supuesto ex de su hermana... lo dejó pasar.

En eso el móvil comenzó a iluminarse y vibrar por una llamada entrante. El corazón se le aceleró un poco y lo alzó con impaciencia. Era de casa. Sopló sin emitir ruido y descolgó. Era su madre, preguntando si iba ir a cenar, que en los últimos días llevaba un descontrol que ya cansaba. No lo pensó cuando respondió que estaba en comisaría:

—¿Qué ha sucedido?

—Poca cosa. No hay mucho trabajo —dijo la pequeña con naturalidad.

—¿Qué quiere decir eso?

Hipergirl enmudeció.

—¿Estás ayudando a la policía? —el tono de Hala cambió—. ¿Cómo y por qué?

—Bueno. Es que, claro, soy Hipergirl.

—¿Eres Hipergirl? —hubo una pausa—. Lo que me faltaba —se la escuchó distanciada del interfono.

—¿No lo sabías?

—Claro que no, encanto. Cuando vuelvas a casa, eh —remarcó y subió el tono—, tu padre, tú y yo vamos a tener una charla —dio la impresión de que señalaba—. ¿Qué te parece?

Hala colgó. La niña quedó boquiabierta. Los agentes esperaban a que realizara su jugada, pero los ignoró.

Se percató por el cristal y cortina del despacho del jefe que Charles cogía el teléfono. Comenzaba a hablar de forma seria. La miró. Ella apartó la mirada.

Supo bien que el alcalde también recibiría una llamada.

Decidió que no volvería por ese día a casa. Se quedaría con los agentes del turno de noche por la ayuda que necesitasen, aunque fuese ir a la tienda de la esquina a por provisiones.

El móvil emitió el sonido de chat. Miró por inercia y la rompió al sobresaltarse. Era Gigi. Esperó un largo rato antes de responder. El chico alegaba que lo tenía olvidado, reforzados los mensajes por emoticonos de lágrimas, abundantes y excesivos. Lo mandó al cuerno y se inició una corta conversación sobre qué era de la vida de cada uno. Hipergirl quiso hacer la prueba y lanzó una indirecta bastante clara sobre si el chico sabía que ella era la nueva vigilante de la que todos hablaban. Un “m l imagnaba” fue la respuesta.

Se quedó analizando que habían demasiadas piezas y ninguna parecía encajar, salvo dos: día y perfecto. Se estaba arrepintiendo de su elección. Pidió disculpas a los compañeros y se fue a dar una vuelta por comisaría.

Fue dando vueltas sin mirar pero esquivando todo mueble y persona. Fue chateando con Gigi, comentando lo primero que se les ocurriera a ambos. Con el tiempo volverían a leer la conversación y les parecería estúpida. En el fondo sonreirían porque sabían lo necesario que es comportarse así.

En un punto de su paseo, decidió adentrarse donde las salas de interrogatorios. La pequeña no lo solía contar, pero ese lugar la relajaba. Le gustaba su ambiente tétrico auto-impuesto, su aura pesada para todos, no sólo para los que la sufren. Fue acercándose a casa puerta y escuchando por si había alguien dentro. No hubo suerte. Fue contando lo que hacía a Gigi. Éste pareció divertirse, añadiendo broma y métodos de tortura que se ganarían la expulsión del cuerpo en pocos segundos:

“pro n m dgas q no sria dvertido?”.

“divertido no se pero si molaria que escribieras un poco mejor encanto”.

“m intrrogrias s m vras ahi?”.

“no se”.

Esperó un rato antes de añadir:

“que tendrias que confesar?”.

“q m gstas mcho”.

Hipergirl no escribió nada. Decidió seguir la conversación como si el chico no hubiese dicho nada. No sirvió de nada:

“porq m ignoras? s tb t gst”.

“nunca saldria con nadie que escribe asi”.

“y tu no escribs comas”.

Mientras escribía un gran párrafo como respuesta, la heroína regresó a las oficinas y comprobó que la comisaría estaba revolucionada. El jefe salió deprisa de su despacho y comenzó a hablar con algunos hombres mientras terminaba de ponerse el abrigo. Varios agentes se dirigieron junto al jefe dirección al parking.

Hipergirl aguzó el oído y la palabra “polilla” fue suficiente. Preguntó a varios de los policías hasta que obtuvo el emplazamiento donde se dirigía el jefe Charles.

Dejó de ignorar los pitidos del móvil y se centró en la conversación donde volvía a sucederse las lágrimas digitales. Borro el texto condenatorio y le respondió que no fuese tan tonto, que si le hacía el favor de acompañarla a su siguiente misión. El chico aceptó con entusiasmo de exclamaciones. Eso la hizo sonreír. Al momento dejó de hacerlo y analizó mejor lo que acababa de hacer.

Cita y trabajo en uno. Se iba superando.

Un día perfecto para Elis
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