Rúbrica
Tenía puesto el pijama y acababa de terminar de hablar con sus amigas por el chat del móvil. Se introdujo con ganas dentro del juego de sábanas y comenzó a acomodarse y amoldarse cediendo la forma bajo su cuerpo. Si fuera por ella moriría abrazada a la cama, y más en esos días.
Sin embargo no se sumó el sueño al cansancio. Dio un par de giros y quedó mirando uno de los cuadros en la pared con nacida intención de aburrirse o de quemarse de tanto pensar, lo que antes llegase.
Se trataba de un cuadro con una niña volando al ser llevada por un globo rojo. Aquella imagen representaba bien el temperamento de Elis para sus padres, con una certeza de estar influenciados por las ideas de Joe. Se lo regalaron con buena intención cuando era más niña. Nadie esperó que se lo fuera a tomar tan a la tremenda entre gritos de “¡Que se mata! ¡Crueles!” con lo que el cuadro quedó cara contra la pared.
Conforme Elis creció, dio la vuelta al cuadro y visualizó por un leve momento la idea original del autor sobre una niña soñadora. Su padre alguna vez le había dicho que estaba siempre en las nubes, y que eso no era tan malo como todos insistían en creer: significaba que era una persona “soñadora” con los sinónimos que implica. A Elis le ofendió, porque que ella supiera no se pasaba el día durmiendo como una vaga, y se subió a la silla y le dio la vuelta al cuadro.
Pasó el tiempo y las visitas continuaron sin obtener respuesta del porqué ese cuadro estaba volteado.
En la actualidad lo tenía como debía ser porque ya veía qué significaba: un dibujo de una niña flotando imposible entre nubes gracias a un globo rojo. Y ya. Punto. Una imagen no es más de lo que quiera dar el que visiona, y Elis no estaba para tonterías de perderse en laberintos imaginativos que al final no conducen a nada.
La niña del cuadro sólo era una maldita cría sonriente por la temprana muerte que le esperaba, expresión provocada por la ironía de que un globo la fuera a matar. En sus últimos minutos rezaría porque consideraran aquello un suicidio y no el absurdo que la ayudaría a salir en televisión como la noticia-chiste de la semana.
“Humanos...” pensó la parte alien de la pequeña. Sin embargo no se libró del cuadro y allí continuaba por algún motivo de costumbre o capricho. En el fondo sabía que aún tendría algo más que contar. Podría ser vía de escape para cuando fuese mayor, donde aún viviría entre esas paredes que se fueran a quedar pequeñas. Miraría entonces al cuadro e imaginaría que era ella huyendo de todo, volando lejos del ruido y los pesos de la vida cotidiana.
Comprobó cómo estaba entrando en el sueño y se dejó llevar por la agradable sensación en el pecho antes de la oscuridad...
El transmisor emitió el ruido estático de la frecuencia habitual de la policía.
Elis abrió con calma los ojos. Escuchó y evaluó la petición a la unidad más cercana para comprobar un solar a petición de una llamada anónima. La ubicación no quedaba lejos de su casa.
Antes de terminar de pensarlo ya se estaba incorporando para responder que iría ella. La agente al otro lado confirmó.
Elis fue al armario y escogió uno de los trajes especiales para ponérselo encima del pijama. No tenía el porqué ir si el jefe no se lo pedía. Salió por la ventana sin pensarlo mucho más.