CAPÍTULO 24
- Ya he pedido la comida, me voy a dar un baño y bajo.
- Ve tranquila, me ducho y yo les abro la puerta.
Cuando bajo, ya estaba la cena. El había puesto las cosas en la mesa baja de centro, descorchado una botella de vino y sonaba de fondo música.
- He pensado que aquí estaríamos cómodos, dijo señalando la mesa.
- Me encanta, yo ceno muchos días sentada en la alfombra.
Cogió unos cojines, los puso sobre la alfombra y se sentaron.
- Me alegro mucho de que hayas venido, siempre da gusto estar con los amigos, dijo sonriendo.
- Yo también me alegro, no se si tú hermano tanto, se ha quedado allí con bastante jaleo.
- Que se aguante, por lo que me dijo, igual pasó pero al revés la semana pasada, y seguro que se habrá alegrado de pensar que iba a estar acompañada.
- No sabe que he venido, no quería que a nadie se le escapara, solo lo sabia Sergio.
- Pues te aseguro que a sido una sorpresa y muy agradable.
Durante la cena hablaron de lo que iban a hacer al día siguiente, de como les iba a cada uno en sus respectivos trabajos,..., pero Gonzalo no sabia como decirle lo que sentía sin volverlo a estropear todo, le daba miedo volverla a perder ahora que la notaba tan cercana.
Recogieron los cacharros mientras se hacia el café y se fueron a tomárselo al sofá, uno frente al otro en el mismo.
Los dos intentaban aparentar normalidad, que estaban relajados, pero sus cuerpos y sus mentes se debatían en verdaderos torbellinos de emociones.
Parecía que les daba miedo rozarse por si salían chispa, mirarse demasiado a los ojos por si el otro leía en su interior sus sentimientos, y miedo a hablar de terceros por si tenían alguien importante en sus vidas y se les resquebrajaba el corazón, vamos, que la velada estaba siendo agradable, pero relajada para nada.
Claudia intentaba no mirar esos pantalones finos de chandal que llevaba Gonzalo, que cada vez que se movía dejaban ver sus músculos duros y su culo apretado, y la camiseta que siendo también ancha, se ajustaba en los sitios adecuados con ciertos movimientos y eso le estaba haciendo derretirse.
Y Gonzalo no podía apartar sus ojos del escote desbocado que ella llevaba y como se le erguían y transparentaban los pezones bajo la camiseta desgastada y ancha, lo que debía ser la antítesis de lo sexi a él le estaba provocando el efecto contrario.
Gonzalo cuando se acabo el café se levanto y poniéndose delante de Claudia, ante la cara de asombro de ella, le tendió la mano para que se la cogiera.
- ¿Bailas?, me encanta esta música y hace tiempo que me apetece bailar contigo, nunca lo hemos hecho.
Ella le dio su mano al tiempo que se levantaba.
- Por supuesto, es una cosa que tenemos pendiente, se rió mientras él la acercaba más para acoplarse los dos cuerpos.
Estuvieron bailando unos minutos en silencio, cada uno notaba los latidos del otro, como sus cuerpos se acompasaban y el calor que desprendían.
Hubiera sido muy fácil caer en la tentación, pero esta vez Gonzalo quería hablar antes con ella, que estuvieran las cosas claras y ella, no quería dejarse llevar por los sentimientos que fluían por todo su ser y estaban diluyendo su autocontrol.
- No puedo perderte, dijo susurrándole al oído. He venido a Londres, para decirte todo lo que siento por ti, quiero recuperarte, debía haberlo hecho hace tiempo, pero he sido un cobarde. La estrecho con fuerza hacia él, como si le diera miedo que si la soltara la perdería para siempre.
Claudia no había dicho nada, estaba con la cabeza apoyada a su hombro sin saber muy bien si lo que acababa de oír era realidad o estaba alucinando.
Gonzalo se separó un poco y tomándole la barbilla la beso con todo el amor que sentía, entonces vio que por las mejillas de Claudia rodaban una lágrimas.
- Lo siento, no quería hacerte llorar, no sabia como decírtelo, soy muy torpe con estos temas y temía tú reacción, perdona.
- Nunca me habías dado un beso con tanto amor, seguía mirándolo fijo.
- Nunca he querido admitir que yo me pudiera enamorar de alguien, quería pensar que solo era atracción. Pero te quiero desde siempre, y el día que nos acostamos en el sofá de tu mini apartamento, me asuste muchísimo, todos mis temores se confirmaron, sentí contigo algo que nunca antes había sentido. Intente huir, pero el destino nos ha ido juntando irremediablemente.
- Jajaja, tú hablando de destino, recuerda que esas eran mis teorías y ahora ni yo misma me las creo, dijo un poco sarcástica mientras se secaba las lagrimas.
- Yo no se si creo en el destino, lo que si se, es que creo en nosotros, en la conexión que nos une, en el amor que aunque queramos no podemos negar que existe. Se que te quiero, y eres a la única mujer que he querido y con la que quiero pasar el resto de mis días.
- Creo que ahora ya es un poco tarde para nosotros, contesto con cierta tristeza en la voz al tiempo que se separaba.
- Solo es tarde si tú ya no me quieres, seria en el único caso que me apartaría de ti, sino, te estaré esperando hasta que confíes en mí, hasta que entiendas que lo que te digo no se lo he dicho nunca a nadie jamás y entiendas que eres la mujer de mi vida. Todos lo sabían desde siempre incluida tú, el único que nunca he querido verlo he sido yo, y no aguanto más, te necesito a mi lado, despertarme y verte, si estas lejos poder llamarte y hablar horas contigo, compartir paseos, charlas, bromas, risas, y por supuesto, viendo que ella sonreía, le guiñó el ojo, sexo, mucho sexo, necesito estar contigo de todas las formas.
- Aunque te dije que no lo volvería a decir, me alegro de decirlo de nuevo, te quiero, siempre te he querido, pero... vamos a estar lejos todavía algún tiempo.
- No me importa, vendré cada vez que pueda y te llamare todos los días, ¿eso significa que si?, y saco un anillo que tenía escondido dentro de una cajita bajo un almohadón.
- ¿Esto qué es?, ¿qué significa?, sabes que yo no creo en el matrimonio.
- Ni yo, pero a partir de ahora creo en el compromiso nuestro, estamos comprometidos para siempre, no ante un juez o un cura, solo ante nosotros.
- Es precioso, le dijo mientras él se lo ponía.
- Lo compre hace ya algunos meses, cuando lo vi, sabia que algún día tenías que llevarlo, pero no he juntado el valor suficiente hasta hace muy poco, y ahora, estoy dispuesto a hacer mi sueño realidad.
Sin dejar de mirarla, comenzó a besarla, y empezó a moverse, acompasando el ritmo de sus caderas y de su lengua. Claudia se abrazó a él con todas sus fuerzas, sentía el temblor que lo recorría, el mismo que a ella. Las sensaciones derribaron sus defensas, los brazos que la asían también le rodearon el corazón.
Él gimió su nombre una y otra vez, y Claudia alzó la cabeza para observarlo a los ojos, él le mostró su maravillosa sonrisa, esa a la que ya no tenía porque resistirse y allí mismo, esta vez con lentitud y mucha ternura, se desnudaron, se tocaron, se empaparon el uno del otro, hasta que sus cuerpos no aguantaron más y a ella se le escapo un prolongado gemido y él se perdió dentro de ella.
Allí abrazados siguieron un buen rato, sin separar sus cuerpos, querían que esa sensación durara para siempre.
Se despertaron a media mañana en la cama de ella, después de haber estado haciendo el amor durante toda la noche y de todas las formas con las que siempre habían soñado hacerlo, él la tenía abrazada por detrás, absorbiendo todas las sensaciones placenteras que le proporcionaba el contacto con ella. Claudia se giró y le mostró su dulce sonrisa llena de amor, a Gonzalo se le lleno el corazón, nunca se había sentido tan bien, tan feliz y tan lleno.
- Creo que deberíamos levantarnos para aprovechar lo que queda del día, dijo Claudia recorriendo con sus manos el abdomen de Gonzalo lentamente.
- Yo creo, dijo con la voz entrecortada por el calor que le estaban provocando sus caricias, que como sigas así, no vamos a salir de esta cama.
Claudia se levanto riéndose y corriendo y se fue al baño, dejándolo a él a solas con sus partes a punto de reventar por la excitación.
- ¡Estoy en la ducha!, si necesitas algo quizás aquí puedas encontrarlo, se oía su risa entremezclada con el sonido del agua.
Automáticamente se levanto de la cama y fue en su busca.
Después de casi una hora, ya duchados, vestidos y algo mas saciados, bajaron preparados para salir.
- Te voy a llevar a desayunar-comer, a un café, que sirven unas tapas muy buenas y unos dulces típicos más buenos todavía, porque si seguimos así, vamos a necesitar algo que nos aporte energía, le guiñó el ojo.
Pasaron el día como una pareja más de enamorados, recorriendo las calles abrazados, se encontraban como en una nube, la noche al igual que la anterior estuvo llena de pasión y amor, pero los dos eran conscientes que al día siguiente Gonzalo tenía que volver y ambos estarían separados hasta que volviesen a encontrar un hueco.
El domingo disfrutaron del mercado, y después de comer se despidieron con la promesa que llamarse todos los días y a partir de Navidad irse a vivir juntos.
- No te olvides que cuando pasees por el parque no estarás sola, yo estaré contigo a partir de ahora, recuerda que tu destino, es mi amor, y eso ya no puede evitarse.
Se fundieron en un beso tan cargado de amor que si alguien se fijaba bien veía salir las chispas de energía.