CAPÍTULO 21

Se fueron los tres a pasear por el pueblo y hacer unas compras de algunas cosas para tener en casa.

Iban disfrutando del paseo, Olivia parecía que volvía a retomar sus recuerdos, todo le parecía fantástico.

El pueblo tenía un encanto especial, había una mezcla entre la tradición y lo moderno, lo típico y lo turístico. Las calles eran adoquinadas, las casas casi todas blanquitas con toques de añil y distintos tonos de azul en sus maderas, puertas antiguas, contraventanas, muchas macetas con flores, farolas de pared o suelo, según zonas, imitando la forja antigua, hasta los bares, talleres de artesanía, panaderías y todo tipo de establecimiento estaban en armonía con el resto. Nada desentonaba.

Después de hacer algunas compras se fueron a la pequeña plaza del pueblo donde había varias terrazas a tomarse el aperitivo.

Se sentaron en una de las mesitas que habían y pidieron. Justo entonces, Pablo vio a lo lejos a Zoe, con un hombre mayor, estaba en la floristería escogiendo algunas plantas, como ella no lo había visto aprovecho para observarla con detenimiento. Por suerte su hermana estaba de espaldas y Olivia de canto y no se habían dado cuenta.

- Esa chica le gustaba más de lo que era sano para su salud mental, pensó.

De golpe vio que se iba a volver y rápidamente, se acercó a Olivia y le puso el brazo sobre los hombros, y le dijo algo al oído, a ella  le dio la risa y  de igual forma le contestó.

Por el rabillo del ojo se dio cuenta de que ella lo había visto. Hizo como si nada con sus compras y el señor que iba con ella cargó lo más pesado y se fueron.

- Estaba pensando, que ya que sé, que me vas a obligar a estar cuando quedes con Zoe, cuanto antes lo hagamos mejor, así ya podrás ver, con tus propios ojos, que no existen las almas gemelas, o como mínimo, que seguro que nosotros no lo somos, y me dejas disfrutar de las vacaciones en paz.

- La verdad es que yo había pensado lo mismo, pero, por la razón contraria, así tenéis todas las vacaciones para disfrutar y conoceos mejor.

- ¡Agggg! No tienes arreglo, así que Gonzalo no te soporta. Yo, porque soy tu hermano, sino,... seguro que tampoco.

- A Gonzalo el único que le gusta es Gonzalo,  dijo con mala leche.

- Oye, oye, oye, creo que me habéis ocultado muchas cosas. ¿Quién es Gonzalo?

- No es nadie digno de mención, es el imbécil, engreído, superficial,... socio y amigo de tú primito.

- Seguro que si yo fuera como ella, ya vería ahí dos almas gemelas, contestó Pablo.

- ¡Vete a la porra! No compares.

Los otros dos se echaron a reír al ver lo encendida que Claudia se había puesto, no era propio de ella.

Al final les hizo una mueca de burla y se unió también a sus risas.

Después del aperitivo, decidieron volver a comer a la casita, harían una ensalada y un poco de carne, que acababan de comprar, y ya saldrían esa noche a cenar al chiringuito.

Claudia llamó a Zoe y le dijo que no tenía excusa, que esa noche a las 9:00 en su casa para ir a cenar, que tenía muchas ganas de verla.

Pablo, no sabía porque, pero la idea de volver con ella al chiringuito, aunque fuese con más gente le ponía un poco nervioso, por supuesto, no solo no lo demostraba, sino, que además gastaba bromas sobre el tema.

Las otras dos mujeres, no solo porque lo conocían, sino, también, por el hecho de ser mujeres, se lo notaron y se cachondearon  de él.


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Tomás, le había comentado que quería comprar unas plantas para poner en un parterre del jardín, en unos maceteros de las terrazas y en unas zonas de la casa, y le había pedido que lo acompañara.

Él era el entendido, pero le gustaba contar con la aprobación de Zoe, quería que fueran de su agrado.

Salieron casi al medio día, cuando ella volvió de su encuentro con Pablo y de haber hablado con Claudia por teléfono. No estaba de muy buen humor, pero no podía darle plantón, Tomás la estaba esperando. Después de aprovechar para hacer unas compras por el pueblo, pasaron por la floristería que había en la plaza.

La dueña les estaba esperando con algunas plantas que creía que eran las adecuadas para las partes que le había explicado Tomás.

Estando allí, seleccionando para cada zona unas, se giró, y lo vio, allí estaba él, con esa chica tan mona y risueña, haciéndose carantoñas.

Sintió una punzada de envidia y celos, pero en seguida se volvió, para que él no la viera.

Acabaron de  comprar y se fueron con todo, hasta el paseo, donde tenían aparcada la pickup de Zoe que normalmente usaba Tomás,  la cargaron y se fueron de vuelta a casa.

Aún no había llegado cuando le sonó el móvil. Era Claudia, parecía que la oliera.

Le contestó más tensa de lo que debiera, pero no pudo evitarlo.

No le había dado opciones, esa noche salían a cenar.

Cuando llegaron, ayudo a descargar y se metió un rato a la piscina, antes de comer. Se le había ido el apetito.

Con esfuerzo y por no oír a Elisa, había comido un poco y después se fue al dormitorio. En seguida le venció el cansancio y la falta de sueño y se quedó dormida.

Cuando se despertó ya estaba oscureciendo.

- ¡Mierda! ¿Qué hora será? Solo faltaba que llegara tarde.

Vio que eran las 8:00, solo le quedaba una hora para ponerse imponente y llegar. Tenía que darse prisa.

Se metió en la ducha, cuando acabó se puso una toalla en la cabeza, se pintó un poco, se quitó con el secador la humedad del pelo, dejándoselo despuntado, para que por el camino se terminará de secar con algo de forma y se puso un conjunto de ropa interior de encaje negro.

Luego, se enfundó en un vestido muy ajustado, negro también, corto, con cuello de barca y mangas al codo.

Iba recatada pero sexi, muy sexi, eso es lo que quería, solo le faltaban los complementos adecuados, unas buenas sandalias de tacón en plata y cristales, unos pendientes de medio aro de  plata con cristales y una cartera plata.

Cogió un pañuelo que tenía en colores muy bonito y con una borla en cada extremo, por si acaso, y salió camino de la casa.

Llego 5 minutos tarde, había sido todo un récord.

 
¿Quién cerró las puertas al amor?
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