CAPÍTULO 9

 

 

Había pasado toda la tarde preparándose para la noche, pero,  a diferencia de disfrutar como creía que le iba pasar, fue un suplicio, no se podía quitar de la cabeza lo que sucedió la noche anterior, para ser sincera con ella misma, lo mucho que había disfrutado, todo lo que había sentido.

 

La imagen de Gonzalo, tan atractivo, con esos ojazos que le miraban con un brillo pícaro, sus cálidos y apasionados besos, sus manos tocándola y haciéndole vibrar como nunca lo había hecho, le atormentaban su mente y acaloraban su cuerpo.

 

En los momentos más inoportunos cuando intentaba relajarse en el baño, escoger la ropa que se pondría,... volvían a su cabeza esos recuerdos y le creaban un vacío, el miedo a nunca volverlos a repetir.

 

Estaba preparada un buen rato antes, más nerviosa por la expectativa de volverlo a ver, y encima con otra, que por lo que podía representar esa noche para ella en su futuro profesional.

Iba a ser muy duro, no mostrar sus sentimientos, fingir que le daba igual y aparentar que disfrutaba, ella no era de ese tipo de chica, de la chica que tenía que parecer ser.

 

Llamaron al timbre, cogió el bolso de mano, y se dispuso a bajar.

Comenzaba la función que tenía que protagonizar.

 

Allí estaba esperándola, apoyado en un precioso deportivo negro, su amigo Sergio. Tenía que reconocer que era guapísimo y tenía una planta  que emanaba seguridad y confianza, pero por desgracia, ella no podía mirarlo más que como un amigo. Estaba segura que cualquier chica en su lugar estaría más que feliz de pasar esa velada con él, en cambio en la cabeza de Claudia, sólo existía alguien al que quizás nunca conseguiría.

 

- ¡Estas guapísima!, creo que esta noche vas a ser la envidia  de todas las féminas, y yo el hombre más odiado de la gala.

 

Con una sonrisa de oreja a oreja le dio dos besos que con bastante sutileza, se habían acercado más a la comisura de sus labios que a sus mejillas. Ella con total naturalidad, como si no se hubiera percatado de nada, comenzó a hablar de lo emocionada que estaba, y lo bueno que podía ser para los dos, si el comprador se interesaba por sus cuadros.

 

Se montaron en el coche y se dirigieron hacia donde era la gala.

Al llegar se quedo asombrada. Era distinto totalmente a lo que ella esperaba, era una especie de palacete, muy iluminado. Se entraba por una gran verja a unos jardines preciosos.

 

- ¿Es aquí?, esto es precioso. No me imaginaba que a dónde íbamos fuera de este estilo.

 

- Hace poco que mi hermano lo abrió. Pertenecía a la familia y se estaba dejando perder, el tuvo la genial idea de reformarlo y aprovechar su encanto para que hubiera un sitio con clase y estilo para poder celebrar fiestas, eventos o sólo venir a tomarte una copa en un sitio distinto a los que suelen haber por esta zona.

 

- Pues, no sé cómo será por dentro, pero desde aquí tiene un aspecto impresionante.

 

- Por dentro, es más bonito si cabe, creía que lo conocerías, tu hermano y Gonzalo, son los que se encargaron de la reforma, Gonzalo, es muy amigo de mi hermano, y sabía que si alguien podían sacarle partido a este sitio eran ellos. Han sabido respetar lo antiguo con lo moderno y hacerlo práctico y acogedor al tiempo.

 

Claudia tragó saliva, ¿por qué no había dicho nada al nombrarlo? Seguro que ellos se habrían imaginado que iría allí, pensó.

 

- Es raro, que Pablo no me lo haya comentado cuando le he dicho que esta noche iba contigo a una gala.

 

- No es tan raro, mucha gente, no sabe ni que somos hermanos, somos sólo hermanos de madre, entonces, el primer apellido no lo tenemos común, además, mi hermano ha estado mucho tiempo en el extranjero ocupándose de los negocios que pertenecieron a su padre, de eso conocía a Gonzalo, y hasta ahora, que mi madre le dejo este palacete, no había tenido ningún interés por volver a vivir aquí.

 

Pasaron al interior y efectivamente, Sergio no había exagerado, era una maravilla.

El hall  era enorme, tenía unas escaleras que lo franqueaban a ambos lados y desde el se veían dos arcos con dobles puertas que debían acceder a dos salones. Tenía en el techo una gran lámpara de araña de cristalitos reluciente, en medio había una gran mesa redonda de madera con un jarrón de flores, en sus paredes colgaban cuadros de todo tipo, entre ellos pudo ver, por las subidas de la escalera los suyos, los que Sergio le había comprado, eran paisajes un poco abstractos.

 

Lo miro con cara de interrogación.

 

- Quizás se me olvido comentarte el detalle que el comprador que te quiere conocer, y encargarte más cuadros es mi hermano, le sonrió.

 

- Quedan genial, dan un punto moderno a la estancia sin desentonar, los miraba ensimismada.

 

- Si, le encantaron, y es lo que pretende, esa es la idea, conservar lo antiguo con pinceladas modernas. 

En el salón de la derecha que es más grande, esta la gala benéfica, en el otro creo que celebran un cumpleaños de una amiga de mi hermano y el resto luego te lo enseñaremos.

Fuera, está abierto al público, es para tomarse una copa al aire libre, aunque también tiene un pequeño saloncito, como un tipo pub-cafetería por si hace frío o prefieres estar en el interior. 

La parte de arriba todavía está sin abrir, en esa zona tiene pensado hacer salas para distintas celebraciones pequeñas, cada una tiene su baño y son las que falta toda la decoración.

Ahí es donde entras tú. Cada una va a ser de un estilo, aunque todas tendrán alguno de los muebles antiguos que le han restaurado, y quiere poner cuadros tuyos según el ambiente que le dé a cada una.

 

Pasaron al salón donde se celebraba la gala a la que ellos asistían, era mucho más moderno que el hall, con toques antiguos, pero con mucha clase, no le faltaba detalle. Todo estaba en conjuntado con una armonía exquisita que lo hacía muy bonito y acogedor.

 

Allí estaba el anfitrión, el dueño del palacete, que aunque solo fuera medio hermano de Sergio no podía negar su parentesco, igual de guapo, con la misma sonrisa y la misma planta.

 

Al verlos entrar, se disculpó de la gente con la que hablaba y se acercó a ellos con una gran sonrisa en sus labios.

 

- Que bien que hayas venido, tenía muchas ganas de conocerte, porque supongo que tú serás Claudia.

 

- Si, la misma. Yo también me alegro mucho de conocerte. Este sitio es precioso,  dijo emocionada.

 

- ¿Se lo has enseñado todo?, le pregunto a su hermano.

 

- No, no sabía si querías hacerlo tú.

 

- Si os parece bien, enséñaselo,  porque ahora tengo que atender la gala, y después, cuando pueda escaparme un rato, ya le explico a Claudia exactamente las ideas que llevo para cada estancia, a ver qué piensa ella.

 

- Por nosotros, sin problema, que mejor que perderse con una bella dama en un palacete, le guiñó un ojo en plan pícaro.

 

- Pues en eso quedamos, si cuando me pueda escabullir, todavía no habéis bajado subo a buscaros y ya hablamos. Hasta ahora chicos, disfrutar de la ruta turística, dijo mientras volvía al lugar donde había un grupo de gente charlando.

 

- Si estás de acuerdo, empezamos por arriba, al fin y al cabo, es lo que para tú trabajo más nos interesa.

 

- Perfecto, me apetece mucho.

 

Con el entusiasmo de ver el sitio, y lo bien que se encontraba, se olvido totalmente de que Gonzalo podía estar en el mismo lugar. Su mente estaba tan sumergida en el nuevo proyecto, que la emocionaba tanto, que solo veía lienzos con pinturas en cada habitación que pasaban.

 

Ya habían recorrido toda la parte de arriba, estaban en la última sala, y aunque era enorme, era la más pequeña de todas las que había visto, en cada una habían piezas antiguas sin colocar, supuestamente las que se iban a mezclar con el resto de la decoración.

 

- Cuenta, en esta, algo no me encaja, el mueble antiguo que han dejado es una cama, que aunque es preciosa, no entiendo su sentido, dijo observando el espacio, muy concentrada.

 

- Jajaja, pues lo tiene, mi hermano lo tiene todo pensado.

 

Sergio, se aproximó a Claudia, apago las luces y le cogió de las manos ante la sorpresa de ella, dejando como única iluminación el resplandor de los farolillos del exterior.

 

- Cierra los ojos e imagínate lo que te voy a contar.

Es el día de nuestra boda, ella abrió un poco un ojo.

- Quieres seguirme el juego y no abrir los ojos, se rió ante la expresión de ella.

Como te he dicho, es el día de nuestra boda, hemos venido a celebrar aquí el banquete, un sitio precioso, lleno de encanto y acogedor, y luego que mejor sitio para pasar la noche de bodas, se acercó y en un susurro se lo dijo al oído, que en un dormitorio, no menos maravilloso y que encima no te tienes que desplazar, que está aquí mismo.

 

Claudia se lo imagino perfectamente, aunque con la diferencia, que la cara de su recién estrenado marido, era otro. 

 

En ese instante se encendió la luz, y ante la sorpresa de ambos que pegaron un vote y miraron, oyeron la voz de su hermano.

 

- Por fin os encontramos, parejita.

 

Cual fue la sorpresa de Claudia, cuando vio en la puerta con el hermano de Sergio a Gonzalo que la miraba fijamente, atravesándola.

 

Rápidamente, se soltaron de las manos, que hasta el momento tenían cogidas y se acercaron a ellos.

 

- Veo que esta ha sido vuestra preferida, sonrío su hermano, ¿hemos interrumpido algo?, si queréis volvemos más tarde.

 

- Tranquilo, ya habíamos acabado, ¿verdad Claudia?

 

Esta no quitaba los ojos de Gonzalo, parecía bastante enfadado.

 

- Perdonad, no os hemos presentado, aunque supongo que siendo el socio de tú hermano, ya os conocéis.

 

- Si, nos conocemos hace ya algunos años, aunque tengo que decir, que con esas ropas, al principio, no le había reconocido, dijo Gonzalo muy serio mientras observaba el minúsculo vestido que llevaba y que marcaba todas sus perfectas curvas.

 

Ante el cambio de humor que había tenido su amigo, Jorge, que así se llamaba el hermano de Sergio, supuso que entre ellos había algo más de lo que daban a entender, y dispuesto a fastidiarlo un poco, siguió con sus pullas.

 

- Claudia, ¿has visto ya toda la casa o mi hermanito te ha atrincherado para él solo en esta habitación?

 

- Hemos visto esta planta completa, dijo poniéndose roja como un tomate, tanto por lo que daba a entender como por lo grosero que estaba siendo, solo nos falta la parte que es abierta al público.

 

- Y yo que creía, que habíais pasado aquí toda la hora, se rió ante la cara de mosqueo de los otros dos hombres.

 

- Creo que como gracia, ya ha sido suficiente, dijo Sergio bastante enfadado, cogió  la mano de Claudia, y casi arrastrándola, dijo, otro día volvemos y vemos el resto, hoy se me han ido las ganas, nos vamos.

 

Salieron del edificio cogidos de la mano, y una vez estaban en el coche, lejos del palacete, Sergio, ya más relajado y sereno, se volvía hacia ella y hablo por primera vez.

 

- Perdona por la escénica, no sé lo que ha pasado, siento de verdad que esta noche haya acabado así. ¿Te apetece una copa?, yo creo que necesito una.

 

- No te preocupes, tú no has tenido culpa de nada, y sí, creo que yo también la necesito.

 

Paro en un pub que les pillaba de camino a casa de Claudia, bajaron los dos en silencio, y cuando ya estuvieron sentados y con su copa, Sergio volvió a hablar.

 

- De verdad, que no entiendo porque se ha comportado como un capullo mi hermano, el normalmente no es así, siento mucho que te haya faltado al respeto de esa forma y mas delante de Gonzalo. Quiero que no dudes en ningún momento de mis intenciones, eres una de mis pocas amigas y me dolería mucho que pensaras que he intentado algo, decía esto, mientras le daba un trago a su bebida.

 

- Yo no he pensado nada, y sé que somos amigos y yo tampoco quiero que se estropee.

 

- Hace unos días le conté a mi hermano, que estoy enamorado de una chica, que él sabe quién es y ahora me sale con esto, no comprendo nada, se me escapa algo. De todos modos con el odio que me ha mirado Gonzalo, yo diría que a él le ha sentado peor todavía que a nosotros, dijo mirándola atentamente con una sonrisa en los labios.

 

- No lo creo, aunque me gustaría, él me ve como a una más.

 

- Pues cualquiera lo diría, ¿estás enamorada de él?

 

- Aunque nadie lo sabe, bueno un buen amigo sí, ya que estamos de confidencias y somos también buenos amigos te diré que sí, desde siempre, pero creo que no tenemos mucho futuro, sonrío con pesar.

 

- Ahora entiendo porque Jorge se comporto así, ellos son muy amigos, y debió notárselo, creo que ha intentado darle un empujón, una lección o como quieras llamarlo, porque si no, no tiene ningún sentido su comportamiento.

 

- Pues, no ha servido de mucho, no ha reaccionado, se ha quedado serio, pero no ha hecho nada, ni ha dicho nada para evitar que me fuera contigo, lo que yo te diga, hay cosas, que si una fuese más inteligente dejaría pasar porque no tienen futuro.

 

- No te veo de las que te rindes y menos con esos temas.

 

- Jajaja, me conoces bien, no me he rendido, pero si te digo, que yo también le estoy intentando pegar un empujoncito, pero si no se tira a la piscina antes de que acabe el verano, se acabo, no puedo esperar algo toda la vida que quizás nunca llegue, pasaría página y a vivir que son dos días.

 

Pasaron varias horas hablando hasta que se dieron cuenta que ya era hora de recogerse o iban a desaprovechar el domingo.

 

- Qué te parece si mañana temprano paso por tu casa, me invitas a desayunar y nos acercamos a hablar con mi hermano sobre lo tuyo, así, de paso, quizás nos aclare algo de su comportamiento de esta noche.

 

- Por mi genial y después ya me voy a la playa a seguir pintando.

 

Se despidieron dentro del coche y cuando ella entro en su portal él se marcho.

 

- Que noche más extraña y distinta totalmente a lo que ella imagino en un comienzo, pensó antes de quedarse dormida sin poder quitarse la cara de enfado de Gonzalo de su cabeza, que en parte le alegraba.

¿Quién cerró las puertas al amor?
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