CAPÍTULO 16
Llegó puntual como siempre, se asomó y
al ver que no estaban dentro se salió a esperarlas en la
puerta.
Un momento después vio a su hermana
con otra chica que venían hablando y riéndose, no podía
distinguirlas bien.
- ¿En qué nuevo lío pensaba
meterle?
Le parecía ver al lado de Claudia a
una chica menuda con el pelo negro recogido en una cola alta. Un
escalofrío le recorrió la espalda.
- No puede haber sido capaz de hacerme
esto.
Conforme se iban aproximando se dio
cuenta que no era Zoe, no conseguía ver quién era, pero sabía que
no era ella, por un momento tuvo una punzada de
decepción.
Ya cuando estaban cerca, se fijó en
las dos y en la forma que ellas lo miraban, le sonreían y supo
quién era, aunque había pasado algo de tiempo, esa sonrisa y esos
ojos eran los mismos.
- Cuantas ganas tenía de verte, déjame
que te mire bien, estás guapísimo.
- Como has cambiado, estás hecha toda
una mujer. Una mujer preciosa y sofisticada, por cierto. Yo también
me alegro mucho.
- Tu hermana me comentó que no te
había dicho nada, quería darte una sorpresa, espero que
buena, porque al principio parecías un poco
contrariado.
- Creo que conociendo a mi hermano,
decepcionado, te habrá confundido por otra.
Pablo le hizo un mal gesto a su
hermana y esta se echó a reír.
- Que malo es conocerse,
hermanito.
- Espero no haber fastidiado nada,
dijo la muchacha, poniendo una mueca
triste.
- Para nada, me alegro muchísimo de
verte y me gustaría que me contaras como te va. Nuestros
padres nos tienen informados, pero quiero que seas tú, con todos
los detalles.
- Sí, vamos para dentro, y así Olivia
nos pone al día y yo os comento lo que se me ha
ocurrido.
- Tiembla primita, a Claudia
nunca se le ocurre nada bueno, por eso estaba sufriendo, no me fío
nada de ella.
- Su prima se echó a reír, ¿sigue
todavía intentando buscarte pareja y que sientes la
cabeza?
Pablo asintió con la cabeza con un
gesto de desesperación.
Pasaron los tres al restaurante,
estaban muy animados, de verdad le había dado mucha alegría ver a
su prima Olivia, hacía dos años que no se veían, desde que ella se
había ido a acabar la carrera de diseño en Nueva York, allí le
estaba yendo muy bien, había creado su propia firma de ropa y
estaba teniendo mucho éxito.
El camarero les guió hasta las mesas y
les dio las cartas para que pensaran lo que quería
cenar.
- Voy a decir lo que he pensado y así
luego ya nos puedes contar todo sobre tú trabajo, tú vuelta a
España, si tienes novio,.... dijo Claudia con una risita dulce de
niña buena.
- Perfecto, así vosotros también
me contáis que es de vuestra vida, que creo que os va
genial.
Pidieron los platos y la bebida y
mientras se los traían, Claudia les explicó la
idea.
- Si os parece bien a los dos, había
pensado pasar los tres, esta Semana Santa, en la casita de la
playa, así podemos ponernos al día antes de volver todos a nuestra
vida. Paseamos, vamos a la playa, salimos a tomarnos algo con los
amigos, una escapada para relajarnos como hacíamos antes de que te
fueras. Serán unas mini vacaciones, nos vamos hasta el lunes
de monas. ¿A qué es muy buena idea?
- ¡A mí me parece estupendo!, ¡como me
apetece!, tengo muchísimas ganas de volver
allí.
- ¿Y tú qué?, te has quedado muy
callado.
- Me encantaría, me parece una idea
genial, pero...
- Entonces, no hay peros que valga,
mañana salimos para allí, quedamos a media mañana, para que nos dé
tiempo antes de comer a pasear por el pueblo y comprar alguna
cosita para los desayunos, picoteos,... o lo que veamos que
necesitamos.
- Te has dado cuenta de que si salimos
mañana estaremos fuera una semana y pico, se quejó
Pablo.
- Sí, ¿y?, creo que todos necesitamos
un descanso, además tú socio, te debe
muchas.
A partir de ese momento, Pablo estaba,
pero no atendía demasiado a las conversaciones y la
comida.
Su hermana lo observaba con disimulo,
había dado en el clavo, le acojonaba volver a donde pudiera
encontrarse con ella, perfecto. Eso es lo que buscaba, que se
enfrentaran, solo si se volvían a encontrar podrían solucionar sus
problemas.
Ya en su casa, después de una velada
muy agradable, aunque no se encontrara muy centrado, lo pensó
mejor.
- ¿Por qué no? Siempre me ha encantado
pasar las vacaciones en la casita, y voy a tener la mejor de las
compañías, sería una pena desperdiciar una oportunidad así, por si
acaso la veo. Que absurdo. Voy a ir y voy a disfrutar como siempre
lo he hecho.