221 Helmer dice a Nora: «¿Acaso crees que me eres menos querida porque no sepas actuar por ti misma? No, no; solo tienes que apoyarte en mí; yo te aconsejaré; yo te dirigiré. No sería un hombre si esa incapacidad femenina no te hiciese doblemente más seductora a mis ojos... Tómate un buen descanso y estate tranquila; yo tengo amplias alas para protegerte... Para un hombre hay una dulzura y una satisfacción indecibles en la plena conciencia de haber perdonado a su mujer... En cierto modo, ella se ha convertido a la vez en su mujer y su hija. Eso serás para mí a partir de ahora, pequeña criatura perdida y desconcertada. No te inquietes por nada, Nora; no tienes más que hablarme con el corazón en la mano, y yo seré, a la vez, tu voluntad y tu conciencia.»<<