Nota del autor

Si el amable lector ha conseguido llegar hasta esta página —lo que le agradezco profundamente—, espero que lo haya hecho con una sonrisa. Y de igual manera espero que esta novela de ficción le haya resultado entretenida y divertida, que es únicamente lo que se busca con ella, entretener y divertir.

Casi todos los personajes son ficticios, y los poquísimos que no lo son, los afectados los saben y han dado su cómplice visto bueno para aparecer en el texto.

Todos los escenarios públicos donde se desarrolla la trama, sobre todo los edificios religiosos, son reales y, en algún momento del año, visitables. Espero que las andanzas de los protagonistas induzcan al lector a pasarse por ellos algún día. Los tesoros artísticos que son en sí mismos y que poseen en su interior hacen que valga la pena el desplazamiento.

Por el contrario, el Hotel La dalia negra, el interior de la casa de la calle de La Carrera —y su garaje—, y las viviendas de los personajes son inventados y no se corresponden con otros que puedan asemejarse a ellos. Fruto de la imaginación es también la madre abadesa del convento de las Claras que aparece en la novela. La reverenda madre real es de una amabilidad y dulzura asombrosa. El lector no debe preocuparse, ya me ha perdonado.

La teoría de una ciudad ideada según los criterios de Platón existe y fue aportada por la profesora María Luisa Navarro, en su libro La Laguna 1500, la ciudad-república: una utopía insular según Las Leyes de Platón[1]. Bien acogida en los círculos políticos, fue fundamental en la obtención del título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. La teoría del crecimiento evolutivo, por el contrario, fue mantenida por los historiadores Elías Serra Ráfols[2] y Alejando Cioranescu[3], y últimamente por el profesor Eduardo Aznar Vallejo[4]. Como autor de la novela, prefiero no decantarme por ninguna, y que el lector elija —si desea profundizar en el tema— la que más le satisfaga. Sólo quiero hacer constar mi agradecimiento a la profesora Navarro por aportar la idea en la que se ha inspirado parte de la trama de este libro.

Hasta donde yo sé, no existen en La Laguna disposiciones esotéricas o mistéricas de sus edificios. Es pura invención, y los errores en que haya podido incurrir al tratar la terminología al uso son de mi exclusiva responsabilidad. Nadie debe sentirse molesto ni atacado, porque ésa no ha sido nunca la intención del autor. No obstante, es cierto de que se trata de una asombrosa casualidad…

Esta novela posee tantas referencias a lugares de la ciudad de La Laguna que muchos lectores tal vez no hayan tenido la suerte de visitar, que exige un par de mapas. En el último, el lector que quiera entretenerse puede dibujar, a medida que avance en el texto, las líneas que faltan para desarrollar el polígono completo, tal como lo hacen los protagonistas. Y no se olvide de los excéntricos.

En nuestra página web www.iradei.es aparecen fotografías de las principales localizaciones religiosas que se detallan en el texto. Tal vez ellas aclaren algo las cosas.

En la redacción de esta novela he tenido el apoyo diario de mi esposa Elisa, que ha racionalizado mis ideas en más de una ocasión; de Madi Ramos, la directora de publicaciones de Oristán y Gociano, que puso toda su confianza en el texto desde el principio; y de mi padre Eusebio, que me aportó convenientemente la visión del lector escéptico, lo que redunda en un texto más cercano y creíble, dentro de la ficción.

Quiero agradecer la colaboración prestada por los doctores Carlos Rodríguez Morales —un guía de lujo de los edificios religiosos de La Laguna— y Miguel Ángel Rábade —por su feliz combinación de sapiencia latina y entusiasmo literario—, cuyas aportaciones han sido fundamentales en el desarrollo de la novela. Espero que me perdonen que no les haya contado el final.

Por otro lado, extender mi gratitud al deán de la Catedral, don Julián de Armas, y al arquitecto del obispado, Aurelio Hernández, cuyas gestiones me permitieron una visita a fondo del edificio del obispado.

Es imprescindible que conste también mi agradecimiento y toda mi simpatía a mis amigas y colaboradoras Victoria Martínez Lojendio, Mamen Diez y Doris Martínez, que han logrado con su meticulosidad profesional que la novela sea más legible.

De igual manera hago mención del soporte anímico que han representado para mí otras personas como Charito, Raquel, Dulce, Sandra, Carlos, Mar, Pablo, Maru y Cristina, y todos aquellos que conforman la comunidad Ira Dei en Facebook.

Finalmente, emplazo a todos aquellos que hayan disfrutado con Ira Dei y con El Círculo Platónico, a la próxima cita en La Casa Lercaro.

Hasta entonces.