Agradecimientos

A Miguel Ángel Lahoz, por todo lo que me ha enseñado de indumentaria, que siempre resulta útil en las novelas con ambientación histórica.

A Olga Segura, por servirme de inspiración para uno de los personajes y por recordarme que, aunque hay algo más allá de lo tangible, lo más importante está aquí, y al revés.

A Antonio Merino, por compartir siempre sus descubrimientos históricos.

A Carlos Español, por sus acertadas recomendaciones bibliográficas. Fue una casualidad que yo tuviese la idea de esta novela en la cabeza cuando él se hallaba inmerso en una profunda investigación sobre el tema de la brujería en nuestra tierra. Escuchar las hipótesis y conclusiones de los buenos narradores es siempre un placer, y él sin duda lo es. Todo lo que he aprendido sobre este tema se lo debo a él.

A mis amigos, por seguir ahí, después de tantos años, cuidando de mí. Ellos saben quiénes son.

A mi familia de Casa Sopena de Serrate, en el Valle de Lierp, por tantas y tan sabrosas y fructíferas veladas a la sombra del Turbón que continúan ahora con el recuerdo de yaya Pilar.

A mi madre, María Luz, y a mis hermanas, Gemma y Mar, por la ilusión con que me acompañan en este viaje literario y en todas las celebraciones de nuestra vida juntas.

A mi padre, Paco, por seguir presente.

A mi marido, José, y a mis hijos, José y Rebeca, por comprender y asumir con naturalidad mis ausencias y horarios difíciles y por ser la verdadera razón de todo.

A Cristina Pons, por estar siempre al otro lado de ese hilo invisible que nos mantiene literariamente conectadas y por convertir el proceso de creación en un placer absorbente.

A Puri Plaza, por sus emotivas palabras tras leer el manuscrito y sus oportunos comentarios.

Al Grupo Planeta por haber confiado de nuevo en mí, y, en particular, al equipo con quien he trabajado estos tres últimos e intensos años de mi vida: a Ruth González, por su disponibilidad y amabilidad; a Emilio Albi, por ser siempre portador de buenas noticias y buenas ideas; y a Silvia Axpe, por lo que he aprendido de las candilejas de una editorial. A Isabel Santos le debo mucho: su compañía, su sonrisa, su inagotable vitalidad, su complicidad, su capacidad resolutiva y su inigualable profesionalidad como encargada de comunicación han sido fundamentales en todos los viajes y eventos de lo que para mí ha sido y es una extraordinaria y dura aventura. Y a Belén López Celada, directora de Planeta —y a quien nunca le he dicho en persona cuánto la admiro por su valía, su coraje y su ilusión—, por acompañarme en momentos inolvidables.

Mi más profundo agradecimiento, cargado de cariño, a mi querida editora, Raquel Gisbert, directora de ficción de Planeta, por sus acertados y necesarios comentarios y por creer y confiar en mí y en mis historias. De su inteligencia, perspicacia, preparación e intuición, de su amable exigencia y de su sinceridad no puedo sino aprender día tras día.

Por último, mi agradecimiento especial a todos los lectores que me han acompañado y acompañan, por sus afectuosos comentarios, a mí y a mis familiares.

Anciles, enero de 2014