Al llegar al bar de Beltrán, Lola le estaba esperando en la puerta con una cara que no auguraba nada bueno. Se acercó a ella, quiso darle un beso, pero le retiró la cara.
—¡Estoy muy enfadada, Andrés!
—¿Con quién? —replicó él, sin entender nada.
Lola sacó el móvil de Olga del bolsillo de su abrigo y se lo pasó para que viera las fotos del Instagram de Lidia.
—Con el señor que se va a Candanchú, a exposiciones y a conciertos… ¡Es lamentable que enterarme de lo que haces en tu tiempo de ocio por el Instagram! Pero ahora comprendo a la perfección lo que decías acerca de que el amor no existe. Yo soy con la que follas y Lidia es a la que soportas, a la que necesitas y a la das disgustos a partes iguales.
Andrés quería decirle que no sabía nada del amor hasta que la había conocido, que por ella estaba sintiendo cosas que no había sentido nunca, que por ella se estaba cuestionando todo. Pero no dijo nada, porque sintió que no era el momento, en su lugar echó un vistazo al móvil y dijo sin darle importancia:
—Son montajes que hace Lidia con un programa de retoque fotográfico.
Lola resopló y luego replicó más enojada todavía:
—¡Andrés, por favor! ¡Encima no me tomes por idiota!
Sin perder la calma, pero triste por sentir a Lola tan lejos de él, explicó mientras le devolvía el móvil:
—A Lidia le encanta hacerse selfies, cada vez que paso por su conserjería nos hacemos fotos y ella luego le cambia los fondos.
—¿Qué me estás contando? ¡Si sale hasta Leocadia y su óptica!
—¿También ha subido esas fotos? Me la encontré de casualidad en la óptica y menos mal que llegó porque Leocadia quería encasquetarme unas gafas de yayo. Lidia fue la que eligió este modelo…
A Lola le entraron ganas de arrancarle las gafas y pasar siete veces por encima de ellas con la Vespa, pero en vez de eso, respiró hondo y dijo:
—¿Has leído los comentarios del Instagram? ¡La gente da por hecho que sois pareja! ¡Y tan buena pareja!
Andrés lo que quería era ser pareja de Lola, ¿tanto le costaba entenderlo? Lo mejor era acabar con ese malentendido cuanto antes, por eso soltó:
—¿Y a mí qué me importa lo que diga la gente que ni conozco? Mira, lo que vamos a hacer es ir a hablar con Lidia para que te quedes tranquila.
—¡Lo que me faltaba!
—Lola lamento mucho el mal rato que has pasado viendo esas fotos, si yo llego a verte con un niño de 20 años en un montaje en Candanchú, ahora mismo estaría banneándole todas sus cuentas y luego me plantaría en su casa para meterle los copos de nieve por el orto. Pero créeme que entre Lidia y yo no hay nada. Yo conocí a su padre, a don Casimiro, el antiguo conserje, era un tío entrañablemente desagradable, y la hija me contó que me tiene mucho cariño y que me admira, no sé por qué, pero siente admiración hacia mí, cariño que ella por lo visto ha heredado. Lidia estudia Informática y para esos chicos soy un referente, muy a mi pesar. No me considero ejemplo de nada, pero por extraño que me parezca cada vez que esa chica me ve, se emociona muchísimo, me mira con una admiración tal que me sabe fatal negarme a que me haga las fotos.
—¿Tú has visto la cara de enamorada que tiene? ¡Y tiene vuestras fotos repletas de corazones!
—Yo en su día sentía algo parecido por Steve Jobs, puedo entenderla…
Lola tuvo que morderse los carrillos para evitar soltar la carcajada.
—¿A ti cuando veías a Steve Jobs se te ponía esa cara de estar orgasmando?
—Si hubiese tenido la posibilidad de encontrármelo a diario le habría dado la brasa todo lo que hubiera podido. Y en cuanto a Lidia, ¿qué puedo decir? He sido idiota pero es que solo tengo espacio en mi disco duro para ti, no puedo ver más allá de ti. ¡Lo ocupas todo!
—No entiendo nada —musitó Lola, cruzándose de brazos, pero ya más tranquila, a pesar de todo.
—Lo entenderás cuando estemos en el colegio… Ven… —Andrés le tendió la mano para llevarla hasta su moto, pero ella la rechazó.
—No me apetece ir de tu mano. Pero llévame al colegio.
Se desplazaron en Vespa hasta el colegio, sin decir nada, y ya solo cuando estaban a punto de pasar junto a la conserjería, Lola le pidió:
—Sé lo más discreto y lo más breve que puedas. Este asunto es muy desagradable para mí.
Andrés quiso darle un beso para decirle que no tenía nada de lo que preocuparse y para pedirle perdón por la angustia que estaba pasando. Pero Lola dio un paso hacia atrás y muy seria, le dijo:
—Ahora no.
Después, siguieron caminando en silencio hasta a la conserjería…
—¡Buenas tardes, Andrés! —exclamó Lidia, feliz, levantándose de su silla y dándole dos besos muy efusivos—. Lola… —saludó sin ganas levantando la mano.
—¡Buenas tardes, Lidia! Mira, tengo que pedirte algo…
—¡Lo que quieras, cielo! —replicó Lidia, enroscándose un mechón de pelo en el dedo.
Lola al escuchar la palabra “cielo” sintió el zarpazo de los celos más fuerte que nunca. Cuando había visto las fotos del Instagram lo había sentido, pero tenía la esperanza de que fueran montajes de una niñata con demasiado tiempo libre. Sin embargo, ese “cielo” decía demasiadas cosas y todas horribles…
—Quiero que me hagas una foto con mi novia.
A Lidia se le quedó el dedo tieso, enroscado al mechón, y tras parpadear muy deprisa unas cuantas veces, preguntó:
—¿Novia?
Andrés sonrió, sacó su móvil del bolsillo, se lo tendió y luego cogiendo a Lola por la cintura respondió:
—Lola, mi novia.
Lidia pensó que qué inocentada era esa, que desde cuándo Andrés tenía novia y menos a la repelente de Lola. Esa maestrita que se hacía la enrollada, pero que tenía tatuada la palabra “cabrona” en la frente. ¡No podía ser! Andrés era un tío divertido y moderno al que no le pegaba para nada una siesa como Lola. Tenía que ser una broma, por eso rompió a reír, como una loca y gritó:
—¡Qué gracioso, Andrés! ¡Me parto y me mondo!
Lola seguía furiosa y, a pesar de que reconocía que le había gustado, y mucho, que la hubiera llamado “su novia” por primera vez, no entendía qué le hacía tanta gracia a Lidia.
—Sí, la verdad es que es divertidísimo hacerse fotitos. ¡Qué te voy a contar a ti que cada vez que nos vemos me fríes a selfies y luego les pones los fondos que te da la gana! —replicó irónico.
—Y a ti te mola, Andrés.
—Porque sé que te hace ilusión, como a mí me haría ilusión sacarme fotos con Steve Jobs.
¿Steve Jobs? ¡Ella se sacaba fotos con él porque era el hombre de su vida!
—¿Qué coño dices de Steve Jobs?
—Que yo me hago las fotos contigo porque eres estudiante de Informática y me contaste que querías ser como yo, que no sé por qué porque no soy modelo de nada.
Lidia de repente se percató de lo que estaba sucediendo, Lola se le había adelantado y ahora quería pista libre para birlarle a su Andrés. ¡Ni muerta iba a consentirlo! ¡Las posesiones se defienden! Por eso dijo, convencida:
—Nos hacemos fotos porque yo siento cosas por ti, como tú por mí.
Lola miró a Andrés asustada, tenía tanto pavor a que lo que estaba diciendo esa chica fuera cierto, que quería huir de ahí como fuera:
—Yo me voy. Los chicos me están esperando y hoy tengo un ensayo muy importante.
Andrés cogió a Lola de la mano y le pidió:
—Me voy contigo, pero antes tengo que decirle a Lidia algo.
—Dime… —musitó, revisando su manicura.
—Yo solo he sido amable contigo, nada más. La única mujer por la que siento de una manera que me desborda, que me llena y que me hace completamente feliz es Lola y solamente Lola. ¡Que tengas una buena tarde, Lidia!
Andrés tiró del brazo de Lola, que estaba petrificada por lo que acababa escuchar, y se marcharon hacia el salón de actos, mientras Lidia se quedaba sola rumiando su venganza… que por supuesto iba a ser terrible.