—Es una historia muy larga. Y no tiene importancia. Sigue con las presentaciones, por favor…
Andrés no tenía ganas de que Lola Pastrana se burlara de que Salcedo le hubiera quitado a su Margarita hace miles de años. Y, precisamente, en el mismo lugar en el que ahora se encontraban y que recordaba como si acabara de suceder.
Tenía catorce años y llevaba desde los diez enamorado en secreto de Margarita, fingiendo que lo suyo era solo amistad, hasta que aquella mañana antes de las vacaciones de Navidad, se hartó de disimular y decidió que debía saber lo que en verdad sentía por ella.
Se puso su jersey de la suerte, le pidió a su abuela que rezara todo lo que pudiera por él y robó unos alhelíes de las macetas de su vecina. Cuando llegó al colegio le cagó un pájaro en la cabeza y segundos después empezó a nevar. Él se lo tomó como un buen augurio, entró convencido de que todo iba a salir bien, saludó a don Casimiro que le gruñó como siempre, y se dirigió al salón de actos donde su clase estaba citada para preparar el último ensayo de la función de Navidad.
Abrió la puerta y la vio. Estaba más guapa que nunca, llevaba un jersey azul turquesa y se estaba probando un sombrero de plumas para la representación. Caminó hacia ella, que se encontraba junto al escenario, muy nervioso, estrujando los alhelíes robados a doña Juana, pero confiado y feliz porque al fin iba a poder abrir su corazón y soltar todo lo que tenía dentro: torrentes y más torrentes de amor infinito.
Sin embargo, cuando apenas les separaban tres pasos del beso que les uniría para siempre, apareció Salcedo para arrebatarle el sombrero a su Margarita, tomarla por la cintura, girarla hacia él y darle el beso que tenía que haber sido suyo.
Se sintió morir, le dolió como si le hubieran hecho la fimosis en el corazón. La fimosis por aquel entonces era el dolor más grande que había conocido y aquello dolía tanto como eso. Desolado, triste y vencido, decidió que desde aquel momento odiaría para siempre a los alhelíes, a los copos de nieve, a los pájaros cagones, a los jerseys azul turquesa, a los sombreros de plumas y a los futbolistas, por supuesto. A los futbolistas los que más, porque si el merluzo de Salcedo le había birlado a su Margarita, solo podía haber sido por su habilidad absurda para dar pataditas a un balón. Pero la vida era larga, y ya llegaría el día de la revancha…
Sin embargo, no solo llegó ese día, sino que ahora tenía delante de sus narices al fruto de ese amor, a un mini Salcedo para recordarle lo megaperdedor que era…
Mientras se perdía en sus cavilaciones, Lola fue presentando a todos sus alumnos hasta que anunció:
—Bien, pues hechas las presentaciones, vamos a comenzar con el ensayo de una de las primeras escenas: el encuentro del chico del futuro con la pastorcilla en Belén. Se miran, el chico se queda embelesado y canta Creep de Radiohead. Vlada ¿estás preparada para tocar la canción?
Vlada se puso roja, clavó la mirada en el suelo y susurró:
—No.
—Chicos, subid al escenario y empezad a ensayar el encuentro. Xiaomei entra por la izquierda y Mariouzs, tú, por la derecha, quedaros uno frente al otro y tú canta a capela la canción, mientras hablo unas cositas con Vlada. Andrés tú haces de director un rato. ¿Podrás?
Andrés le dijo que sí con un movimiento de la mano y en tanto que los chicos seguían las instrucciones de la maestra y esta hablaba con Vlada, Luis se acercó a él, en el proscenio, y le susurró:
—Tío, me caes de puta madre y creo que tienes que conocer la verdadera razón por la que he escrito esta obra.
—Pues conociéndote me temo cualquier frikada…
—Shhhh. Baja el tono. No lo sabe nadie, más que Mariousz y yo. Te necesitamos como cómplice y por supuesto que tienes que guardarnos el secreto. ¿Crees que podrás o eres un bocachancla?
—Depende de qué vaya el secreto. ¿Es algo ilegal? —susurró al oído del niño.
—Es algo romántico.
—El amor es la droga más dura. No sé cómo no os la prohíben. Pero bueno, cuenta, creo que podré mantener el pico cerrado.
—A Mariousz le gusta Xiaomei, mucho, muchísimo, está loco por ella, pero a ella le gusta Salcedo y a Salcedo le gustan todas.
¿Salcedo hijo era tan cabrón como su padre?
—Malditos Salcedos, son lo peor.
—Ya. Como mi amigo está desesperado, se me ocurrió escribir esta función para que pueda besar a Xiaomei, se dé cuenta de que Salcedo es un chungo y que quien la quiere de verdad es mi amigo.
Andrés solo pudo abrazar a Luis y emocionado decirle:
—¡Joder, Pedrín! ¡Qué pena que hayas nacido tan tarde! ¡Tú eres el amigo que yo hubiese necesitado tener! Si me llegas a escribir una papurrachada como esta, ese Salcedo sería un Olavarría y te garantizo que sería un tío legal que no andaría quitando las novias a los demás.
—No entiendo lo que me quieres decir… —murmuró el niño rascándose la cabeza.
—Que a mí me levantó a la chica de mis sueños el padre de Salcedo y en este mismo salón de actos.
El niño con la boca abierta solo pudo farfullar:
—¡Tío qué fuerte! ¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte! Debe ser algo genético entonces… Estos tíos deben llevar siglos robando novias, ¡Mariousz lo tiene de culo para ligarse a Xiaomei! ¡La situación es más crítica de lo que pensaba porque...!
Luis se tuvo que callar porque Mariousz empezó a cantar delante de Xiaomei, con los ojos llenos de lágrimas y temblando de la emoción el Creep de RadioHead: I wish I was special/ You’re so fucking special/But I’m a creep/I’m a weirdo/What the hell am I doing here?/ I don’t belong here.
—¿Qué hace cantando esa mierda de letra? —protestó Andrés, muy nervioso—. ¡Está quedando como un auténtico pringado! ¿Cómo le pones a cantar Creep? ¡Por Dios, Pedrín, que te tenía por alguien más inteligente! Uno no se puede poner delante de una chica y decirle ojalá yo fuera especial, tú eres jodidamente especial, pero maja has tenido mala suerte porque ¡yo soy un puto troll de fango! ¡Así no se ganan partidos, Pedrín! ¡Así no!
—Tío ¿no tienes orejas? ¡Canta muy bien! Xiaomei es una chica sensible, estas cosas deberían derretirle…
—Pues mírala, está tan pancha. El otro a punto de llorarse océanos y ella como si le estuviera leyendo la lista de la compra. ¡Fría como una gamba congelada! ¡A las mujeres no les gustan los losers!
—Es que es por el guión, ella está interpretando su papel. En esta escena el chico acaba de aterrizar del futuro en su nave y se encuentra a la pastorcita, se miran, él tiene un flechazo pero a la vez se siente poca cosa para ella, un bicho raro. No sabe qué hace en este lugar…
—Mira, Pedrín, tu guión es una mierda. ¡Y más con un Salcedo rondando por aquí! Estos tienen que besarse ya…
—Pero es que en el guión el enamoramiento es lento, no se besan hasta el final de la obra, en la última escena.
—¡Sí, hombre! ¡Y el Salcedo nos vuelve a comer la merienda! ¡Ni de coña! ¡Soy el director en funciones y me paso el guión por donde quiero! —Andrés se plantó en mitad del escenario y dando unas palmadas ordenó—: A ver, chaval, para ya un poquito de cantar, ya hemos visto que lo haces genial, no hace falta que ensayes más. Mejor sigamos con la siguiente escena, que es que coges por los hombros a la pastorcita, la miras con la cara esa de pardillo que tienes y le plantas un beso en todos los morros tan bien dado que la pastorcita se queda muerta de amor en Belén. ¡Venga, a ensayar!
—Pero esto no está en el guión… —protestó el niño, con el ceño fruncido.
—Chico, mira que eres lerdo. ¡Haz lo que te digo, que estoy aquí para ayudarte! Tú eres el elegido para vengarme —cuchicheó Andrés.
—¿Vengarte de qué? —preguntó el niño.
—¡Haz lo que te digo! ¡Soy el director! ¡Obedece y sin rechistar! —gritó Andrés, con un tono autoritario que se escuchó en todo el salón de actos.
Lola que seguía hablando con Vlada, se acercó al escenario muy preocupada y preguntó:
—¿Se puede saber qué está pasando aquí?
—Profe, el productor quiere que bese a Xiaomei en los morros y… ¡es que no viene en el guión! —contestó Mariousz, confundido.
Lola resopló, se llevó las manos a la cabeza y después dijo muy seria:
—¡Andrés, tenemos que hablar!