—¡Tío, como molas! ¡Te has disfrazado de tío duro para ligarte a la profe! —gritó Luis desde el escenario, en cuanto vio aparecer a Andrés en el salón de actos.
Lola se dio la vuelta para ver el disfraz y no pudo evitar soltar una carcajada:
—¿Vienes del pasado en una máquina del tiempo, Olavarría? ¡Qué ilusión! ¡Tal vez todavía haya esperanza para ti!
—Eso es lo que tú quisieras, Lola Pastrana. ¡Pillarme con 20 años! Pero te advierto que con 35 estoy mucho mejor.
Andrés caminó hasta el escenario y cuando llegó al lado de Lola, se situó frente a ella…
—Será de cuerpo porque de cabeza… —masculló Lola, sin dejar de reír.
—Soy un todo maravilloso —replicó sin poder dejar de mirar a la boca de la maestra. ¡Qué perdición! ¡Qué tentación! ¡Qué ganas de besarla hasta que le arrancara los ropajes de su juventud!
Lola por su parte no podía dejar de preguntarse qué pretendía Olavarría vistiéndose de esa forma que no podía decir que le quedara mal, porque a pesar de la vida de adicto al trabajo que llevaba, tenía buen cuerpo, pero no le pegaba para nada. ¿Pensaba que porque llevara una cazadora de cuero en vez de su traje y corbata habitual iba a pasar por alto sus salidas de pata de banco? ¡Apañado iba! No pensaba pasarle ni una, empezando por esas miraditas suyas que le ponían muy nerviosa y que decidió cortar cuanto antes.
—¡Vamos a trabajar que tenemos faena por delante! —gritó dando palmas y dirigiéndose a todos, Andrés incluido.
—¡Qué enérgica! ¿Qué te ha dado tu Beltrán de comer que estás con tantas ganas?
—Mira, tengo que agradecerte la idea del Facebook, nos estamos empezando a intercambiar impresiones por privado y me reafirmo en lo que pensaba: Beltrán es un hombre muy interesante.
Lo cierto era que lo que se habían intercambiado eran tres naderías después de que ella pusiera un “Me gustas” a la foto del menú del día y él le entrara al privado a las dos de la tarde para informarle de que se había quedado sin espárragos trigueros. La conversación no había sido gran cosa, no obstante de todo aquello se podía deducir que era un hombre con una consideración, respeto y amabilidad que Andrés no conocía ni por el forro.
—¿Interesante como los campeonatos de petanca del abuelo de Pedrín? —preguntó Andrés, con su mejor sonrisa sarcástica.
—Me parece un hombre honesto, íntegro, equilibrado y maduro.
—Suena tan divertido que me están dando ganas de darme un perfil para agregármelo yo también. ¿Y de qué te habla? ¿De lo que le desespera su cocinero que es lento como él solo? ¿O te manda videos de esos soporíferos con frases de manual de autoayuda y música para cortarse las venas?
Andrés no podía dejar de pensar que cuánto tiempo iba a necesitar esa mujer tozuda para darse cuenta de que Beltrán era un pelmazo de tío. ¡La creía mucho más perspicaz!
—Te recuerdo que tenemos que montar una función, no podemos perder tiempo con tonterías.
—O sea, que te habla de tonterías… —concluyó Andrés, triunfante.
—¡Tú eres el de las tonterías! ¡Quién si no! Y ahora, te voy a presentar a mis alumnos… ¡Sígueme! —Andrés siguió a Lola hasta el centro del escenario desde donde exclamó—: ¡Chicos, atención, por favor! ¡Os presento a Andrés Olavarría, nuestro patrocinador al que estamos muy agradecidos y que va a acompañarnos durante los ensayos!
—¡Hola! El que está agradecido soy yo, de verdad que estoy feliz de estar aquí y solo puedo prometeros una cosa: ¡vamos a pasarlo genial! —gritó Andrés, alzando el brazo al aire y los chicos rompieron a aplaudir entusiasmados.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —susurró Lola, desconcertada—. Por favor, un poco de seriedad. Esto no es una discoteca…
—Seguir tus consejitos del otro día, estoy motivando a los chicos de la manera más eficiente que conozco: garantizándoles diversión.
—No te voy a pasar ni una, Olavarría —le advirtió entre dientes—. ¡Silencio, por favor, que quiero presentaros uno a uno! Como puedes ver, en aquella esquina están ya trabajando en la escenografía Alejandra y Javier…
Los chicos saludaron a Andrés con la mano, este les devolvió el saludo y luego preguntó en voz alta, para que pudieran escucharle:
—¿Qué es lo que estáis haciendo?
—La estructura de la máquina del tiempo, tenemos que hacer una esfera que luego pintaremos de blanco —respondió una niña con aspecto de elfa.
—¿La máquina del tiempo es una bola de ping-pong gigante? —replicó Andrés, pidiendo explicaciones a Lola.
—¡Yo te lo explico, Andrés! —gritó Luis desde el foso—. He elegido la esfera porque simboliza la totalidad y la perfección, y como estos tíos del futuro han ideado una máquina total y perfecta, solo podía tener la forma esférica. ¡Es que no puede ser otra! Y blanca por lo mismo, porque es el color de la pureza y la perfección y también porque soy socio desde mi nacimiento del Real Madrid. Me gusta hacer guiños. La obra es que tiene mogollón de homenajes… Por ejemplo, quería que la parejita hiciera el viaje de vuelta al futuro en una esfera, porque me he inspirado en las esferas transparentes con parejas de novios dentro del cuadro El jardín de las delicias del Bosco que le mola cantidad a mi abuelo. ¡Tiene una copia en el salón y de tanto mirar el cuadro se me ha metido la imagen muy dentro! ¿A que es una flipada, Andrés?
—Tío, eres un friki pero de los gordos… —dijo Andrés y Lola le miró escandalizada.
—No le estoy llamando gordo, Lola Pastrana. Pero entiende que el niño muy normal no es, es un pedazo de friki. Y no pasa nada. Al contrario. ¡Es genial! El mundo necesita de gente como él, ahora que no espere tener muchos amigos y eso… Ni novias. A mí me viene este pájaro a pedir la mano de mi hija y empieza con estas ralladuras de esferas transparentes y te soy sincero: no vuelve a poner un pie en mi casa.
—Es que no aceptas la diversidad. Tienes unas miras tan reducidas, Olavarría —sentenció Lola, con desprecio.
—Que le cuente esto a tu Beltrán, a ver qué le dice… ¡Tiene una pinta de libre pensador! ¡Si no hay más que ver su menú!
—¿Quieres dejar de hablar de Beltrán? ¡Estás obsesionado con él! A ver, sigamos con las presentaciones… Ella es Vlada —dijo Lola, señalando a una niña rubia y muy tímida, escondida detrás de su violín—, hoy mismo hemos ido a comprarle su violín nuevo y en agradecimiento te va a tocar algo que tiene preparado, ¿verdad Vlada? ¡Silencio absoluto que va a tocar Vlada!
Vlada resopló, muy nerviosa, se colocó el violín en el hombro y cuando estaba a punto de sacar las primeras notas, levantó el arco y musitó:
—No puedo.
—¿Qué le has pedido a la pobre niña que me toque? Si yo con cualquier cosita me conformo… —le reprocho Andrés.
—Es que está muy nerviosa. Es ella la que ha elegido una pieza muy difícil en señal de gratitud —susurró Lola a Andrés.
—Tranquila, guapa, si yo no tengo oído, aunque toques como el culo ¡ni lo voy a notar!
—Otro día, si no le importa…
—Sí, claro, cuando quieras. Y tú no te preocupes, que si eso el día de la función ponemos una grabación de Yehudi Menuhin, tocas en playback y nadie lo va a notar. ¡Tranquilidad absoluta!
Lola echaba chispas por los ojos y en voz baja le recriminó:
—¿Esa es tu manera de motivar a la gente? ¡En vez de decirle que puede, le dices que toque en playback? ¡Abstente de hacer recomendaciones de ese tipo, Olavarría!
—Yo solo intento que se sienta bien…
—¡No intentes nada! Bien, pues sigo con las presentaciones, aquella chica de rosa es Xiaomei, que interpretará a la pastorcita, a su lado está Mariousz que es el chico que viaja a Belén en la máquina del tiempo, con el malo malísimo que interpretará Fran Salcedo, que es el chico moreno que está detrás…
Al escuchar ese nombre el que viajó en el tiempo fue Andrés…
—¿Fran Salcedo? —preguntó estupefacto porque ese chico era idéntico a su padre.
—Sí, Fran Salcedo Barreira es nuestro malvado!
—¿Barreira? —Andrés escandalizado se llevó la mano a la boca y luego susurró—: ¡No me jodas que el muy cerdo de Salcedo le hizo un hijo a mi Margarita! ¡Qué cabrón! Pero qué cabrón…
—¿Se puede saber de qué estás hablando? —preguntó Lola, desesperada.