INMADUREZ DEMOCRÁTICA
El pasado lunes 2 de junio de 2014, mientras unos ya llevaban unas horas de trabajo y otros tomaban el desayuno, el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, nos dejaba a todos con cara de póker al anunciar que S.M. el Rey Juan Carlos I, había decidido abdicar el trono en favor de su hijo y Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón y Grecia (Felipe VI, en adelante). Tras un par de horas de revuelo, estupefacción y cachondeo (por qué no) llegaban las primeras reacciones.
Resulta que toda la clase política lo sabía. Alfonso Guerra declaraba públicamente que hacía tres años (sin el melón de Urdangarín o Botsuana, entre otros, abiertos…) que el Rey se lo había dicho. Zapatero, que hacía semanas. Y otros muchos que no les había pillado de sorpresa. Vamos, que era un secreto a voces que menos los periodistas (que saben hasta la talla de calcetín que visten sus majestades) y nosotros los ciudadanos, lo sabía hasta el “apuntaor”, que diría mi padre. Yo entiendo que ante una noticia así uno no sepa qué decir o que humildemente afirme que bueno, se le había pasado por la cabeza. Pero que no me tomen el pelo, basta ya de tomaduras varias, que esa postura de superioridad “sabemos los secretos de Estado pero los ciudadanos vulgo, no” me saca de quicio. Y don Alfonso Guerra, un poquito “de por favor”, que está Vd. haciendo el ridículo. No si sólo faltaría que todo fuera un montaje de Jordi Évole (“El Follonero”) que tras descubrirse todos también supieran que lo era. Como ocurrió con la famosa Operación Palace, en la que aquellos que ahora resulta que sabían de la abdicación pidieron durante la emisión del documental explicaciones al Gobierno e incluso una Comisión de Investigación en el Congreso. A mí la chulería, repito, me saca de quicio; más cuando me están chuleando todos los santos días con casos de corrupción, subida de impuestos y prebendas varias y me quieren hacer creer que algo como la abdicación del Rey, el Jefe de Estado, era por todos conocido.
Era de esperar que una de las reacciones principales ante la abdicación de Juan Carlos I fuese pedir el cambio de la forma de estado al de república. Ojo, que no restauración de la república, que es en lo que al final se ha convertido la reivindicación. La razón de la imposibilidad de la restauración de la república es que nos regimos por otras leyes totalmente distintas, entre ella nuestra Carta Magna, la Constitución de 1978, que