Mía.
Probablemente te esperes una carta llena de faltas de ortografía donde no entiendas ni las primeras cuatro líneas, pero te sorprenderá saber que esto fue lo único que pude hacer para no trabarme y en lo único en lo que realmente confío para expresar lo que siento por ti. Primero que nada, quiero que sepas que lamento haber intervenido en tu vida de la forma en la que lo hice. Sé que tus planes de vida no estaban conmigo y que realmente, muy en el fondo, te arrepientes de todo lo que pasó. Porque, Andy, uno siempre se arrepiente de las malas historias, de los diálogos inconclusos y de todos aquellos puntos finales que no llegaron a tiempo. A pesar de eso creo que durante el lapso en el que hemos estado juntos, me he estado recordando que mi hija me ama y que tú intentas hacerlo, tal vez no como a él, pero sí un poco más.
Anoche, mientras estaba acomodando mi traje, tuve que darme cuenta de que no esperaba que este día llegara y que tú realmente quisieras esto. Muy en el fondo tenía pesadillas, no quería ni siquiera cerrar los ojos por miedo a que cuando lo hiciera, tú ya no estarías en mi vida. Me ha costado mucho darme cuenta de que este día llegó. De que tú me quieres y que enserio estás haciendo esto por los dos y no sólo para quedar bien.
Ahora quisiera decirte algo importante: Cuando entré a la librería hace ocho años, no era la primera vez que lo hacía. Cuando era pequeño mi madre solía llevarme a las librerías a regañadientes. Decía que era bueno leer, pero yo odiaba hacerlo. Esa mañana, por alguna razón que aún no logro entender, estábamos en la ciudad, justo en esa calle. Entramos y allí me encontré con un libro interesante sobre dinosaurios, le insistí tanto a mamá que me lo compara, que terminó cediendo. Cuando caminamos por la caja para pagar, te vi. Estabas sentada en el mostrador junto a la caja registradora, sonreías y estabas leyendo Peter Pan, algo bastante maduro para tu edad. Tu cabello era corto y negro arreglado en dos coletas bajas. Usabas un vestido color vino con toques color hueso, como esa pequeña flor cerca de la cintura. Recuerdo perfecto que la mujer mayor a tu lado te pidió algo, entonces alzaste tu cabecita, me viste y me sonreíste a penas, luego notaste a mi madre y la saludaste con tu pequeña manita. No volviste a mirarme.
Cuando me fui de la tienda, supe que esa niña de la sonrisa tímida era hermosa. Te olvidé, por supuesto, era un niño. Aún ahora me olvido de muchas cosas, pero cuando llegué a esa calle, justo a esa librería, el día en que corría para evitar ser arrestado, yo me quedé como en pausa total. Allí estabas otra vez, sonriéndome, aunque cansada. Eras tú, Andy. Eras tú. Reíste por alguna estupidez que hice y me di por perdido, en ese mismo instante te pertenecí.
Durante todo el tiempo que estuviste con Diego, traté de conformarme con el hecho de que así era la única forma en que podría estar contigo, siendo sólo un buen amigo. Y yo realmente lo adoraba, porque te veía feliz, te veía disfrutar, veía que reías cada vez que estabas con nosotros y eso me gustaba. Luego vinieron los problemas y bueno, ya sabes el resto de la historia.
Amor, cuando supe que juntos compartíamos algo realmente preciado, que Valentina era nuestra pequeña, estaba tan borracho de sentimiento. Era inmensamente feliz y sentía que no cabía en mi pecho lo grande que era mi corazón.
Hemos pasado por muchas cosas, hemos reído, hemos llorado, hemos gritado, hemos discutido. Pero quiero decirte, que pase lo que pase, digas lo que digas, yo no me voy a ir a ningún lado.
Te amo con locura, Andrea Navarrete, y si tú no estás en mi vida, es como si le quitaras la luz a mis días o las estrellas a mis noches. El día en que dijiste que me amabas, fue el día en el que realmente me sentí completo, porque supe que era posible, que tú enserio podías quererme y que todos esos días en los que yo le rogué a Dios que tú me amaras, dieron resultado.
Ahora estoy aquí, algo nervioso, porque dentro de unas cuantas horas estaré parado a unos metros de ti, rogando porque aparezcas y no me dejes allí. Pensando en lo maravilloso que será el que ahora seas oficialmente mía.
Esto se ha extendido mucho y sólo quiero decirte una cosa más, desde hoy y para siempre, prometo amarte, respetarte, quererte, cuidarte, alimentarte, y hacer hasta lo imposible para que me ames y me necesites,
Por ahora debo irme, me esperan en la punta de un pasillo. Te espero en el altar.
Con amor siempre, Óscar. Un niño enamorado con cuerpo de hombre.
(Carta de Óscar a su prometida, la noche antes de su boda. Jamás leída.)
FIN