El anciano pobre
Este era un anciano pobre que tenía mujer y cinco hijos. Todos los días se iba a pescar y traía siete peces para comer, uno para cada miembro de la familia.
Y así hacía siempre hasta que un día se hartó de comer siempre lo mismo y poco, y le dijo a su mujer que se iba a buscar trabajo, que aunque fuera mayor pensaba que podía hacer cualquier cosa.
Y eso fue lo que hizo. El anciano se fue sin rumbo fijo en busca de trabajo. Ya lejos de su casa, mientras caminaba, se encontró un pájaro en el suelo muerto de frío. Lo cogió. Tenía tanta hambre que pensó que de buena gana se lo comería, pero sintió tanta pena del animalejo que lo que hizo fue metérselo en la capucha de la chilaba para darle un poco de calor.
Siguió su camino y poco después llegó delante de una casa que parecía habitada por gente rica. Desde fuera se veía un gran huerto, caballos, un buen rebaño de ovejas, cabras... Paró y llamó a la puerta. Le abrió una mujer. Era Nunya, pero él no se dio cuenta. Dijo el anciano:
―Necesito trabajo, he llamado a su puerta porque a lo mejor usted me puede ayudar.
Ella dijo muy entusiasmada:
―Claro que sí, pase. Veo que es mayor, así que no podría hacer gran cosa, pero le haré una prueba y si la supera podrá quedarse.
Él preguntó:
―¿Qué prueba?
―¿Ve aquel árbol? ―señaló Nunya―, pues si es capaz de cortar esa rama de un solo golpe, podrá quedarse.
El anciano sacó las fuerzas de donde pudo y rompió en varios pedazos la rama. Además, asegurándose de que no lo veía Nunya, sacó el pan que traía para comer por el camino y lo tiró al suelo. La mujer corrió hacia su marido y le dijo:
―¡Es increíble, rompió la rama y encima se la come! Ven a verlo.
El marido replicó:
―Hay que hacerle otra prueba.
Ella preguntó:
―¿Cuál?
―A ver quien lanza más lejos una piedra.
El marido de Nunya tomó una piedra y la lanzó todo lo lejos que pudo. Estaba seguro de que su adversario no la iba a lanzar más lejos que él. Pero el anciano sacó sin que lo vieran al pájaro de la capucha, lo lanzó como si de una piedra se tratase y voló tan rápido que desapareció. Entonces el anciano les dijo:
―¿Veis? Ni siquiera se ve dónde ha caído la piedra de lo fuerte que la he tirado.
Nunya y su marido se quedaron mudos, sin saber qué hacer. Desesperados de que el anciano pudiera más que ellos, Nunya decidió recurrir a la hermana de su marido. Y le dijo:
―Seguro que ella sabrá cómo acabar con él.

Mujeres en una fuente. Nótese que llevan el cabello descubierto o con un pequeño pañuelo, no como sucede actualmente con el pañuelo que les tapa todo el pelo. Archivo Central de Melilla.
El marido gruñó:
―Haz lo que sea pero quítame de en medio a ese viejo.
―Pues ahora que está despistado, corre a buscar a tu hermana.
El anciano, que mientras tanto había estado atento a toda la conversación, antes de que pudieran ellos actuar, cogió un puñado de clavos y él mismo se dirigió en busca de la supuesta malvada, y cuando supo que estaba cerca de ella empezó a tararear: "Hago pequeño lo grande y grande lo pequeño, tra la ra."
La malvada dijo entonces:
―¿De verdad me puedes convertir en una niña pequeña?
El anciano le dijo:
―Sí, tengo ese poder, pero si quieres que te convierta en niña pequeña, tienes que estar callada todo el rato, sin gritar haga lo que haga.
Ella le contestó:
―De acuerdo.
La tumbó en el suelo, le clavó las manos y los pies con los clavos, y la degolló. Luego se metió en la granja de Nunya, puso velas en los cuernos a una cabra de cada dos, y a media noche las encendió. Las cabras empezaron a correr y Nunya y el marido, que creyeron que les perseguía alguna maldición, intentaron alejarse de allí lo antes posible.
Así fue cómo el anciano se deshizo de todos. Luego registró la casa y se llevó las cosas de valor. Y llegó a su casa todo contento y gritando:
―¡Por fin nos llegó la hora de vivir bien y comer mejor!
Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.
Alhucemas, 11 de abril de 2002