El prergrino a la Meca

Fadela Najah

Este era un hombre, casado con una mujer mucho más joven que él, que ese año tenía que ir de peregrinación a la Meca, pero no se sentía muy convencido de hacerlo porque su mujer estaba embarazada y no quería dejarla sola.[8] Se sentía muy indeciso, pero tan ilusionado y su mujer le había animado tanto a peregrinar, que estuvo ahorrando todo el año para hacer el viaje. La mujer le dijo:

―Vete, yo puedo arreglármelas sola.

Y dijo el marido:

―Bueno, pero prométeme que si tienes algún problema o necesitas cualquier cosa acudirás a mi amigo, él te ayudará en todo, estoy seguro.

―De acuerdo, no te preocupes por nada.

Le compró toda la comida necesaria para unos días y acudió en busca del amigo para decirle que fuera a visitar a su mujer cuando le hiciera falta. Y a los pocos días partió de viaje. El amigo no tardó en ir a ver a su mujer, pues al poco tiempo le hizo una visita, pero se extrañó mucho al verla embarazada, y exclamó:

―¿Pero cómo ha podido dejarte así, en mitad del embarazo? Siento decirte que el niño no saldrá entero; para que salga entero tiene que estar el padre cerca del niño y sentir su presencia.

Y ella le suplicó muy nerviosa:

―¡Oh, no me digas! No quiero tener un niño incompleto así que necesito tu ayuda, lo tenemos que solucionar.

―No quiero que te preocupes; por mi amigo haré lo que sea, yo haré de padre y dormiré todos los días contigo, así el niño sentirá la presencia del padre.

Y eso fue lo que hicieron, todas las noches estuvo yendo a su casa hasta que nació el niño.

Y entonces acabó la peregrinación y llegó el padre cuando el niño ya había nacido.

El marido le preguntó:

―¿Qué tal ha ido todo? ¿Cómo se portó mi amigo?

Y ella, muy orgullosa, contestó:

―Oh, muy bien. Nuestro hijo nació entero gracias a él.

Él volvió a preguntar muy sorprendido:

―¿Cómo que nació el niño gracias a él?, ¿qué quieres decir con eso?

Y la mujer contestó dando muestras de resentimiento:

―Sí, el venía todos los días a dormir conmigo porque si no, nuestro hijo habría nacido incompleto; no entiendo que sabiendo tú todo esto te fueras tan tranquilo.

El marido no sabía qué contestar, se sintió de repente presa de una gran rabia e impotencia y se le pasaron por la cabeza varias ideas para vengarse de su amigo.

Entonces, mientras pensaba cómo se iba a vengar de él, el marido dijo:

―Bueno, tranquila. Me alegro de que te haya ayudado tanto.

Y fue a buscar a una vidente para que le ayudara. Ésta le propuso un plan que él aceptó sin poner pegas.

Al día siguiente, la vidente fue a la casa del amigo y llamó a la puerta:

―Hola, soy tu vecina ―dijo a la esposa del amigo―, soy nueva en el barrio, no conozco a nadie de aquí y estoy celebrando una boda; me gustaría invitarte.

Y ella respondió:

―Oh, pero tendré que arreglarme para el acontecimiento.

La vidente le propuso:

―No te preocupes, yo también tengo que hacerlo, así que ¿por qué no vamos las dos a los baños y nos arreglamos juntas?

Llegaron a los baños, pero antes la vidente lo había preparado todo para que no hubiera nadie. Entraron y mientras la esposa del amigo del peregrino se desnudaba se le cayó una pulsera de oro muy valiosa. La buscó por todas partes pero no aparecía, pues la vidente la había encontrado antes y la había escondido.

Entonces la vidente le aconsejó:

―Tengo una idea, iré a ver al dueño, seguro que él conoce todos los rincones de los baños y nos podrá ayudar a encontrarla.

―De acuerdo.

Mientras ella seguía buscando la pulsera, entró de pronto el peregrino y la empezó a tocar por todas partes: pensó que era lo que el amigo había hecho con su mujer y que así quedaba en paz con él. Cuando creyó que ya era suficiente, sacó la pulsera y se la dio:

―¡Aquí está la pulsera!

Y ella le dijo:

―Gracias, muchas gracias.

Luego el peregrino fue en busca del amigo, llamó a la puerta y le dijo:

―Hola amigo que completa los niños incompletos.

―Hola amigo que encuentra pulseras desaparecidas.

Y éstas fueron las últimas palabras que se cruzaron.

Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.

Alhucemas, 26 de julio de 2002

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