La ajorca

Mahjouba

Estas eran tres chicas que vivían con su madrastra. Un día, el padre le dijo a su mujer:

―Cambia la cena.

La mujer le dijo:

―Te la cambio si abandonas a tus hijas.

El padre llevó entonces a sus hijas a un descampado, las dejó allí tiradas, y se volvió a casa. La mujer le hizo otra cena, el padre comió y las hijas aparecieron de vuelta.

Al día siguiente, les dijo la madrastra:

―Id al río a lavar la ropa.

Las chicas, cada vez que salían de la casa, se llevaban una ajorca,[22] que era el recuerdo que tenían de su madre. Pero esta vez, al llegar al río, se dieron cuenta de que se les había olvidado, así que la más pequeña volvió a buscarla y por el camino se encontró con un ogro. El ogro la capturó y se la puso atada a la espalda como si fuera su bebé, pues quería usarla para mendigar. Así, cada vez que pasaba por delante de alguna casa, el ogro le decía [a la niña]:

―Habla, di algo.

Y la niña empezaba a cantar:

Se me olvidó la ajorca de mi madre

y volví a por ella a casa.

Éramos tres hermanas

y nuestro padre nos abandonó.

Se me olvidó la ajorca de mi madre

y volví a por ella a casa.

Éramos tres hermanas

y nuestro padre nos abandonó.

Se me olvidó la ajorca de mi madre

y volví a por ella a casa.

Éramos tres hermanas

y nuestro padre nos abandonó.

He vuelto a por ella

y el señor Ogro me capturó

y como un bebé a la espalda me ató.

Archivo Central de Melilla

Como a todo el mundo le gustaba la voz de la niña, el ogro salía [a pedir limosna] cada vez más con ella. Al cabo de mucho tiempo pasaron por delante de casa de una de las hermanas [de la niña], y a la hermana le llamó tanto la atención aquella voz que le dijo a su marido:

―Esta noche quiero acoger al mendigo.

El marido contestó:

―Vale.

Así que les invitó [al ogromendigo y a la niña] a entrar. Entraron, y la mujer le dijo al ogro:

―Trae que te guarde eso {señalando al hato en que iba la niña}.

―Toma, pero cuídalo bien.

Él empezó a comer y de pronto se escuchó que alguien tosía y ella dijo:

―¿Qué es eso? ―y abrió el hato que le había dado y vio algo [tan delgado] como un hilo. Sacó [a la niña] y dijo:

―Pero ¿qué es esto?, ¿qué te ha pasado?

Y la niña contestó:

―Nosotras éramos tres hermanas. Nuestra madre murió y nuestro padre nos abandonó. Pero supimos volver a casa. Y al día siguiente, nos mandaron a un río muy lejano, se nos olvidó la ajorca de nuestra madre, volví yo a por ella y el ogro me capturó y empezó a pasearse [mendigando] conmigo por todas partes.

La hermana entonces la reconoció y así, mientras el ogro se preparaba para marcharse, la muchacha metió un perro en el hato. Salió a la calle y cuando [el ogro] dijo:

―Canta algo.

El perro empezó guau, guau, guau.

―Pero ¿qué haces?, ¿por qué no cantas?, ¿quieres cantar de una vez?

Y él guau, guau, guau.

Y cuando se dio la vuelta [el ogro] vio que lo que tenía era un perro. Y la niña, como la adoptó su hermana, se crió con ella hasta que se hizo mayor.

Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.

Alhucemas, 15 de agosto de 2002

Cuentos populares del Rif
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