Las dos amigas

Fadela Najah

Estas eran dos amigas inseparables. La más guapa de las dos se echó un novio que después de dejarla embarazada la abandonó. Estuvo varios días muy triste pero su amiga la animó para que siguiera con el embarazo.

Pasaron los días y conoció a un millonario que le pidió casarse con él. Ella no sabía qué hacer, puesto que al matrimonio tenía que ir virgen[9] y ella estaba embarazada. Como no quería dejar pasar la oportunidad de casarse con alguien con el que no le iba a faltar de nada económicamente, no tuvo más remedio que recurrir a la ayuda de su amiga.

Así que ella escuchó y luego le aconsejó:

―Pues cásate con él.

―¿Cómo? Si estoy embarazada, se dará cuenta, sabrá que no soy virgen y la misma noche de bodas me repudiará y toda la gente del barrio hablará de mí y estaré marcada durante toda mi vida. Nadie me querrá nunca.

La amiga le prometió:

―No te preocupes, yo te ayudaré, tú sólo dile que sí quieres casarte con él y déjalo todo en mis manos, verás como todo sale bien.

Llegó el día de la boda y se puso su traje de novia. No se le notaba el embarazo, pero no sabía cómo demostrar que era virgen.

Ya en la noche de bodas, sin que su marido se diera cuenta, se las arreglaron las dos para que la amiga se hiciera pasar por ella. Todo salió bien, incluso siguieron la estrategia hasta que llegó el embarazo a su fin. Suerte que el día del parto el marido estaba de viaje. Así dio a luz, pero tenían que hacer algo con el bebé.

La amiga le aconsejó otra vez:

―Vamos a trocearlo y nos lo comeremos, seguro que nadie se da cuenta.

Así lo hicieron, nadie se enteró de nada y menos el marido, que casi nunca estaba en la casa.

Después de tantas visitas, la amiga se dio cuenta de que se estaba enamorando del criado de la recién casada.

―No te preocupes ―le dijo ésta―, yo te ayudaré igual que lo hiciste tú cuando te necesité.

La amiga le preguntó:

―¿Qué vas a hacer?

La otra le respondió:

―Hablaré con él, es mi criado y tiene que obedecerme.

Seguidamente fue a buscar al criado a su habitación y le dijo:

―Vas a casarte con mi amiga, peto debes conformarte con ella tal como es, si algo no te gustara de ella no te vayas a quejar ni a decirle nada a nadie; si no haces lo que te ordeno puedes perder tu empleo.

Ismoren 1944, 112 Villa Sanjurjo (Alhucemas). Boda rifeña. Grupo de mujeres, familiares, amigas y jóvenes "casaderas", del lugar o venidas del entorno para participar con música y baile durante los tres días que duran las bodas en el Rif. (Archivo Plácido Rubio Alfaro, Málaga).

El criado, viendo que estaba en juego su empleo, asintió con la cabeza y los dos fijaron rápidamente el día de la boda.

Pronto se casaron, y a pesar de ser bastante pobres fueron muy felices, incluso más felices que su amiga a pesar de estar casada con un hombre adinerado.

La amiga se empezó a dar cuenta de todo esto y le empezaron a invadir los celos, no soportaba que su amiga casada con un pobre hombre fuera más feliz que ella, con lo cual decidió de nuevo hablar con su criado:

―Quiero que te deshagas de tu mujer, no la quiero ver nunca más.

El criado se quedó perplejo y le dijo:

―Pero... ¿por qué? ¿Ha hecho algo malo?

―No me importa lo que haya hecho, sólo quiero que desaparezca y te encargarás tú de ello, recuerda que está en juego tu empleo.

El criado no se podía creer lo que estaba pasando, y dijo:

―Pero, ¿qué puedo hacer?

Ella le contestó:

―Quiero que la mates.

El criado se vio entre la espada y la pared, pero como quería mucho a su mujer intentó salvarla llevándosela lejos, a casa de su madre que vivía en una aldea muy, muy lejana. Ella, como no sabía lo que estaba pasando, preguntaba con mucha insistencia:

―Por qué tengo que esconderme aquí, qué está pasando.

Y él decía para tranquilizarla:

―No te preocupes, no tardaré en venir a recogerte y entonces te lo explicaré todo.

El criado volvió a casa de su ama, quien rápidamente le preguntó:

―¿Qué has hecho con ella?

―Está muy lejos, no volverás a verla ni ella a molestarte.

Ella no se lo podía creer y preguntó:

―¿Está viva?

Y el criado contestó:

―Sí, pero te aseguro que no la volverás a ver.

Ella le gritó:

―¡Te dije que la mataras!

El criado fue a recoger a su mujer y le contó todo lo que estaba pasando; ésta no podía creer lo que escuchaba.

―No, no puede ser, es mi mejor amiga y no me puede hacer esto.

Y el marido dijo:

―Yo tampoco entiendo nada.

―Bueno, pues si es así dile que "gracias amiga del alma", que recuerde muy bien que "hemos compartido lo que no se podía compartir y comido lo que no se podía comer". Díselo, por favor ―le pidió su mujer con mucha amargura.

Cuando el criado llegó junto a su ama se lo contó todo y a ésta no dejó de invadirla una gran tristeza, le empezaron a brotar las lágrimas y el criado que no entendía nada le pidió que le explicara qué significaba compartir lo incompartible y comer lo que no se podía comer. Ésta empezó a contarle lo sucedido muy nerviosa pero sin saber que el marido había llegado y lo estaba escuchando todo. Ninguno de los dos podía creer lo que oían y ella, cuando se dio cuenta de que estaba presente el marido, sufrió como una especie de ataque, cayó al suelo y se murió.

Pasaron los días y el millonario le pidió a su criado que le cediera a su mujer, pues le había gustado mucho su comportamiento y se estaba enamorando de ella.

―Yo te traeré a todas las mujeres que quieras, podrás elegir a la que más te guste, deja que me case con la tuya.

Y eso fue lo que pasó: el criado cedió a su mujer y volvió a casarse con otra.

Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.

Alhucemas, 26 de julio de 2002

Cuentos populares del Rif
titlepage.xhtml
sec_0001.xhtml
sec_0002.xhtml
sec_0003.xhtml
sec_0004.xhtml
sec_0005.xhtml
sec_0006.xhtml
sec_0007.xhtml
sec_0008.xhtml
sec_0009.xhtml
sec_0010.xhtml
sec_0011.xhtml
sec_0012.xhtml
sec_0013.xhtml
sec_0014.xhtml
sec_0015.xhtml
sec_0016.xhtml
sec_0017.xhtml
sec_0018.xhtml
sec_0019.xhtml
sec_0020.xhtml
sec_0021.xhtml
sec_0022.xhtml
sec_0023.xhtml
sec_0024.xhtml
sec_0025.xhtml
sec_0026.xhtml
sec_0027.xhtml
sec_0028.xhtml
sec_0029.xhtml
sec_0030.xhtml
sec_0031.xhtml
sec_0032.xhtml
sec_0033.xhtml
sec_0034.xhtml
sec_0035.xhtml
sec_0036.xhtml
sec_0037.xhtml
sec_0038.xhtml
sec_0039.xhtml
sec_0040.xhtml
sec_0041.xhtml
sec_0042.xhtml
sec_0043.xhtml
sec_0044.xhtml
sec_0045.xhtml
sec_0046.xhtml
sec_0047.xhtml
sec_0048.xhtml
sec_0049.xhtml
sec_0050.xhtml
sec_0051.xhtml
sec_0052.xhtml
sec_0053.xhtml
sec_0054.xhtml
sec_0055.xhtml
sec_0056.xhtml
sec_0057.xhtml
sec_0058.xhtml
sec_0059.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_000.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_001.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_002.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_003.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_004.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_005.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_006.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_007.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_008.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_009.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_010.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_011.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_012.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_013.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_014.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_015.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_016.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_017.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_018.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_019.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_020.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_021.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_022.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_023.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_024.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_025.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_026.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_027.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_028.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_029.xhtml
notas_a_pie_de_pagina_split_030.xhtml