Las perdices

Mahjouba

Este era uno que tenía dos mujeres. Una era muy tonta y la otra muy lista.

Un día se fue de caza, trajo dos perdices, y le regaló una a cada mujer. La lista cogió la perdiz, la degolló,[23] la desplumó y la puso a cocinar. Y la tonta cogió la perdiz, la metió en una olla, la llenó de agua fría y ya.

Al rato, la lista dijo:

―Voy a ver si está hecha la perdiz.

Y la tonta añadió:

―Yo también iré a ver la mía.

Y cuando la tonta levantó la tapadera de la olla, la perdiz salió volando, y ella, que estaba embarazada, y una hija suya echaron a correr detrás de la perdiz. Pero cada vez que creían que la pillaban, se les escapaba de las manos y echaba a volar. Y así pasó hasta que llegaron muy, muy lejos, tanto que se cansaron y se quedaron allí a dormir. Entonces les salió un ogro. Y cuando salió el ogro, la hija se subió {alargando la mano hacia lo lejos} allá en un monte. Pero la madre se quedó donde estaba. Y la madre avisó a la hija:

―Si me pega [el ogro] por la derecha, entonces pariré un niño y tienes que recogerlo. Pero si me pega por la izquierda, entonces será una niña: déjala. Si es niño, cúbrelo con paja, y si es niña, déjala, no la cubras.

Llegó el ogro y le dio por la derecha, y mientras tanto la niña, que lo veía todo desde lo alto, empezó a echar paja para cubrir a la criatura mientras el ogro se estaba comiendo a la madre. Cuando terminó de comérsela, le entró mucha sed. Y mirando a la niña le preguntó:

―Dime dónde hay agua o si no subo y te como a ti también.

La niña contestó:

―Allí muy, muy lejos, hay una fuente.

El ogro empezó entonces a correr buscando la fuente, y cuando ya casi había llegado, ella cantó:

Sécate, sécate, fuente

como lo que Dios dio a mi madre

y como su alma se han secado.

Y la fuente se secó. Y cuando llegó el ogro, no encontró más que arena. Y empezó a cavar y cavar mientras cantaba:

Mis manos son picos

y mis piernas, sacos.

Mis manos son picos

y mis piernas, sacos.

Mis manos son picos

y mis piernas, sacos.

La niña se subió a un árbol y el ogro empezó a agitar mucho el tronco, mientras le decía:

―Baja y dime dónde hay agua o te como ahora mismo.

Y la niña le respondía:

―Por allí a lo lejos, pero muy lejos, hay un río.

Así que el ogro empezó a correr y cuando estaba a punto de llegar al río, la niña cantó:

Sécate, sécate, río

como lo que Dios dio a mi madre

y como su alma se han secado.

Y cuando llegó al río, estaba seco. Y a la tercera vez que volvió a preguntarle por el agua, ya no podía más. La garganta, de lo seca que la tenía, se le quemó. Y se murió. La niña se bajó entonces del árbol, cogió al niño, se lo ató en un hato a la espalda y se encontró a una liebre que estaba pariendo. Y la liebre le dijo:

―¿Me ayudas?

―Sí, si me das un gazapo.

Y cuando parió, la liebre se lo dio. Y la niña siguió caminando, caminando, y se encontró con una leona pariendo. Y le dijo la leona:

―¿Me ayudas?

Y ella dijo:

―Sí, si me das un cachorro.

Y cuando parió, la leona le dio un cachorro. La niña siguió caminando, caminando y se encontró con una zorra pariendo. Le dijo [la zorra]:

―¿Me ayudas?

―Sí, si me das una cría.

Y cuando parió, la zorra le dio una cría. [La niña] se fue y se encontró con una jabalina pariendo. Y le dijo:

―¿Me ayudas?

―Sí, si me das una cría.

Parió y le dio la cría. Y se fue y se encontró a una perra pariendo. Y le dijo:

―¿Me ayudas?

―Sí, si me das un cachorro.

Y cuando parió, le dio la cría. Y así hasta llegar a siete [animales]. La niña se llevó a todos aquellos animales a casa y los crió con su hermano. Su hermano creció y empezó a usar a los animales para cazar. Pasó algún tiempo y el hijo del Señor de la aldea la empezó a cortejar, y un día le dijo que quería casarse con ella. Y ella le contestó:

―Pues pídele permiso a mi hermano.

Y le pidió permiso a su hermano, pero éste se lo negó. Así que [el hijo del Señor] fue a ella y le dijo:

―Tú hermano no quiere.

Y ella le contestó:

―¿Y qué puedo hacer yo? Si mi hermano no quiere, ¿qué puedo hacer yo?

[Él fue a ver al hermano y] dijo:

―¿Sabes? Si no me das permiso para casarme con tu hermana, te voy a matar.

Al día siguiente, volvió a ver a la chica y le dijo:

―Tu hermano no quiere, pero ¿sabes lo que puedes hacer?; reúne a todos los animales, mételos en un silo subterráneo y no dejes que cace con ellos mañana.

Al día siguiente, el hermano fue a buscar a los animales y le preguntó a la hermana:

―¿Dónele están los animales con los que suelo cazar?

―Pues no han pasado la noche aquí. Desde anoche no he visto a ninguno. No sé dónde están. No sé dónde se habrán metido.

El hermano se fue a cazar solo, y de repente le salió el hijo del Señor que le preguntó:

―Bueno, ¿me vas a conceder a tu hermana o no?

Y él le respondió:

―A mi hermana no te la concedo aunque se desplome el cielo sobre la tierra.

A lo que replicó el hijo del Señor:

―Pues si así lo quieres, aquí estoy para matarte.

Y [el otro] dijo:

―Sí, pero déjame antes que dé siete voces.

Y el hijo del Señor contestó:

―Y hasta veinte si quieres.

Entonces el hermano empezó a dar unas voces que sólo entendían los animales, y los animales empezaron a oír su voz. Primero el conejo intentó salir [del silo], pero no podía. Lo intentó la zorra, y tampoco podía. Todos lo intentaron, pero ninguno pudo salir. Hasta que faltaban sólo el león y el jabalí. Cuando escuchó [que lo llamaban], el jabalí, mirando al león, le dijo:

―Nuestro amo nos está llamando.

Así que el jabalí pegó un salto y chocó con la tapa del silo. Pero no pudo salir. Y entonces el león escuchó que lo llamaban a él, y dijo al jabalí:

―Es verdad, nuestro amo nos está llamando. Tenemos que ir.

Así que el león pegó un salto y abrió la tapa del silo, y la tapa golpeó a la muchacha que estaba sentada justo allí, le dio justo en el corazón, y se murió. Mientras tanto, el hijo del Señor de la aldea dijo al hermano:

―Ahora te voy a matar. Ya has dado siete voces.

Le dijo:

―Espera, espera. Cuando llegue aquel remolino de arena, entonces me matas.

{Haciendo ruido de animal corriendo con los dedos sobre la esterilla}: Y llegó el león. Y una vez delante de ellos, destrozó al hijo del Señor. Luego el chico recogió al animal, se fue a su casa y se encontró a su hermana muerta.

Y después de andar por aquí y por allí, me puse el calzado y se me rompió.

Alhucemas, 15 de agosto de 2002

Cuentos populares del Rif
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