
Capitulo 40
Domingo, 18 de julio de 1999, 9:16 PM
Suite de Hesha en el Oberoi Grand Hotel
Calcuta, Bengala Occidental
La última puerta a la gran habitación se abrió, y Hesha apareció con un suelto y sencillo traje negro de corte parecido al de una especie de esmoquin. Miró a la mujer que le esperaba y empezó a llenar de equipo sus bolsillos: teléfono, pitillera, encendedor...
—Date la vuelta, por favor.
Elizabeth obedeció, seguida en su movimiento por capas de gasa ámbar y azul pálido. Thompson se rascó la cerdosa barba, y el Áspid sonrió despreocupadamente. Hesha la inspeccionó con indiferencia.
—Janet. Sus brazos, hombros y pecho están demasiado al descubierto para Bengala. ¿Siguen todas tus elecciones la misma línea?
La voz de Janet Lindbergh respondió a través del teléfono:
—Sí señor. Me dijo ropa de gala. Esto es lo que lleva la alta sociedad. Liz —Elizabeth, que había dejado de sonreír, miró hacia el teléfono para apartar la vista de Hesha—: hay un manto de tela de oro en una de las maletas. Póntelo. Lo encargué por si el tiempo refrescaba.
—Yo lo buscaré —se ofreció Thompson.
—Elisabeth —dijo Hesha—. Vamos a cenar abajo. ¿Has probado alguna vez la comida mughlai? Bien. Entonces pediremos dos bandejas de degustación. Ofréceme cosas de tu plato; yo haré lo mismo. Al final tú habrás comido la mayor parte de lo que nos sirvan. Vas a fingir que eres tú misma hace un mes. No sabes nada de mi casa ni del equipo de seguridad. Has venido a Calcuta desde Rutherford House por petición mía, y estás aquí para ayudarme en la adquisición de antigüedades y su transporte hasta América.
»Espero que quizá media docena de personas vengan a vernos esta noche. Algunas de ellas serán conocidas mías del todo inocentes: cuando os presente, mencionaré a Amy Rutherford. Otras serán menos inocentes, y en ese caso nombraré a Agnes Rutherford: tu dejarás la mesa para ir al tocador de señoras, y después volverás a la mesa. Si menciono a Hermione Rutherford, te levantarás de la mesa, irás al tocador y te quedarás allí fingiendo una indisposición hasta que recibas más instrucciones por teléfono.
Thompson apareció con el chai.
—Estás encantadora —dijo.
Elizabeth sonrió débilmente, pero se mantuvo erguida.
—Vamos —dijo Hesha, y ella obedeció.