Capitulo 10

Jueves, 24 de junio de 1999, 6:58 PM

Charles's Fifth, Upper East Side, Manhattan

Ciudad de Nueva York

El taxi se detuvo ante el toldo de Charles's Fifth, y un portero se adelantó rápidamente para atender a la pasajera. Una joven con un largo vestido de noche de satén de color acero y plata salió delicadamente del vehículo, inclinándose hacia la ventanilla para pasar un billete al conductor. El sol, que estaba convirtiendo el smog de Nueva York en algo parecido a una neblina ocre, sacó unas pocas hebras de cobre de su cabello, resaltando su ligero bronceado. El taxi se marchó.

Mientras las puertas de cristal se abrían ante ella, Elizabeth se dio una última mirada de inspección. Amy había intentado arrastrarla a una ridícula boutique de alta costura: ella se había negado en redondo a entrar en algo que no pudiera llamarse "tienda". El vestido gris bastaría, y aunque finalmente Amy lo había admitido, explicó a la joven que las posteriores citas con Ruhadze harían que Liz necesitase más de un vestido "de verdad".

Elizabeth entró en el salón, y tras dudar un momento, se acercó al hombre del estrado a un extremo de la estancia. Captando su vacilación, él empezó a hablar antes de que ella dijese nada.

—¿Señorita Dimitros? La secretaria del señor Ruhadze nos ha llamado: el señor Ruhadze sufre un ligero retraso, y me ha pedido personalmente que me asegure de que se encuentra usted cómoda.

El hombre guió a Elizabeth a través del atestado restaurante hasta un reservado con una pequeña mesa con un mantel de lino y dos sillas de lujoso respaldo. Un camarero apareció a su lado, con una bandeja en la que llevaba un vaso de agua y un pequeño teléfono.

—¿Le apetece beber algo, señorita Dimitros? —preguntó el patriarcal maître, mientras su subordinado colocaba el agua y el teléfono—. Nuestra lista de vinos...

—No, gracias. Me bastará con el agua mientras espero.

El teléfono sonó a las 8:19, y Elizabeth lo contempló durante un momento, como si hubiese olvidado para qué servían aquellos aparatos. Se tragó el resto de su agua de soda y cogió el pequeño auricular.

—¿Diga?

—¿Elizabeth? Soy Hesha. Lo siento mucho, estoy en una reunión de negocios: mis abogados acaban de encargar algo de comida a domicilio y esperan que me quede con ellos hasta cerrar el asunto. Me iría ahora mismo, sólo para verles la cara de sorpresa, pero si lo hiciera tendría que volver a reunirme con estos bufones mañana por la mañana. Me temo que tardaré al menos otra hora.

—Oh. Bueno, entonces será mejor que lo dejemos para otra ocasión.

—No, debes de estar muerta de hambre. Por favor, cena sin mí. Te recomiendo el boeuf bourguignon: es la especialidad de la casa. Disfrútalo y compadécete de mí con mi comida china en envase de cartón. —Su voz se hizo más grave—. No te dejaré plantada, Elizabeth. Te lo prometo.

—Buena suerte con la reunión.

—Gracias. Te veré pronto.

—Adiós.